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miércoles, 15 de marzo de 2017

“Sopa para un hermano”, una cruzada contra el hambre promovida desde la propia comunidad por @ElPitazoTV


Por Nadeska Noriega


Una familia varguense promueve la solidaridad y el voluntariado para hacer la diferencia, pese a padecer en carne propia la crisis económica que atraviesa el país. Esta acción social la realizan los miércoles y ofrecen una sopa caliente a quienes buscan comida en los contenedores de basura

Heidi Quintero y Lino Oscar Rodríguez recibieron con alarma las advertencias de sus vecinos. Uno de sus hijos, que tiene la condición de síndrome de Asperger, entregaba su comida a unos indigentes que veía a diario en una plaza, en la ruta que transitaba entre su escuela y su residencia, en los bloques Ana Victoria del popular barrio Simetaca, estado Vargas.

Los padres pensaron que su hijo era víctima del robo de su comida o que por su condición se aprovechaban de él. Pero no era así. Al abordarlo el pequeño contó a sus padres lo afortunado que se sentía por poder llevar comida a la escuela, pero que le parecía triste que hubiese gente sin comer o buscando en la basura, y por eso él compartía la suya. Porque aunque fuese poco, era mejor que pudiese beneficiar a muchos.

“Esa fue una lección de vida. La forma particular que tiene nuestro hijo de ver las cosas nos hizo preguntarnos, ¿qué podemos hacer para enfrentar el hambre que estamos viviendo?, estaba claro que si todos ayudamos la carga será más ligera”, reflexionó frente a la hornilla de su casa Lino Oscar Rodríguez, mientras vigilaba el contenido de la olla que preparaba en casa.



Así comenzó la aventura. Los Rodríguez Quintero decidieron no ser parte del problema sino ser activistas de una solución. A pesar de no contar con mayores recursos, pues son una familia humilde, desde diciembre del año pasado, impulsan cada miércoles, una cruzada contra el hambre que bautizaron como: “Sopa para un hermano”.

       El día libre en su trabajo, Rodríguez es el artífice de la sopa que comparten en el casco de Maiquetía | Foto. Vanessa Tarantino

La iniciativa busca alimentar a un promedio de 50 personas, quienes hurgan en los contenedores de basura del casco de la parroquia Maiquetía en busca de comida. La sopa es elaborada con insumos donados por comerciantes, vecinos y voluntarios, que se suman a la voz de los impulsores de la actividad, que aseguran que “una papa hace la diferencia”.

 “Decimos que una papa hace la diferencia, porque a veces en nuestras neveras queda una papa, una zanahoria, un trozo de auyama y nos parece poco y no lo usamos, o se daña. Sin embargo eso puede ser el único plato de comida de un ser humano. Esa papa, ese envase, esa verdura, ese trozo de pollo o hueso, puede salvar a alguien de comer basura”, reveló Rodríguez.

Voluntariado familiar

“Sopa para un hermano” se impulsa gracias a un voluntariado múltiple. Sin embargo, es evidente que el motor es el trabajo en equipo de los Rodríguez Quintero.

Los hijos menores y algún vecino decoran las tapas de los envases en donde reparten la sopa. Rodríguez y Quintero preparan el alimento como si se tratase de una reunión familiar de domingo, solo que en lugar de salir a comprar los ingredientes, estos llegan por obra de la solidaridad.

                         Voluntarios y amigos se unen a la jornada de envasar y transportar las sopas | Foto: Vanessa Tarantino

Así, suena el teléfono y una amiga anuncia que trajo verduras para donar. Un comerciante avisa que pueden pasar por su negocio buscando carapachos de pollo y hueso para la sopa. En bolsitas llevan cilantro y yerbabuena. Otras manos adicionan tres zanahorias, dos yucas, algunos ñames. La suma de todos hace la sopa. La tenacidad de los Rodríguez Quintero da forma a la disposición comunitaria.

“La idea es que podamos entender que esta misma sopa la podemos hacer en toda la comunidad, con el apoyo de todos, sin depender de nadie, por autogestión y en un acto de autoayuda, porque no solo ayudo a los demás, sino que no permito que la tristeza y la situación del país me gane. Desde lo poco que tengo, puedo dar mucho”, expresó emocionada Heidi Quintero.

Las sopas las envasan y las llevan en una cava para que conserve el calor. A veces llega un voluntario con vehículo y en otras ocasiones se llevan en transporte público.

Una vez en la plaza Lourdes inicia el recorrido hasta la plaza El Cónsul, en la entrada del terminal del puerto de La Guaira, sus puntos de referencia son los contenedores y depósitos de basura ubicados en el trayecto.

No sólo comida, sino palabras de aliento o consuelo reciben las personas que buscan alimento en la basura en Maiquetía | Foto: Vanessa Tarantino

Quintero se acerca a un hombre que revisa entre la basura. “Señor no busque más allí. ¿Quiere una sopa?” La cara del hombre cambia por completo. Toma el envase humeante y sin temor a quemarse sorbe el contenido con desespero. “Desde ayer no comía. Lo que gano lavando carros no alcanza para comer”, señaló el hombre.

La escena se repite. En algunos contenedores hay hombres ganados por la indigencia, enajenados por la droga. Pero en otros hay personas muy humildes. Quienes viven cerro arriba y bajan a ver si dentro de los desperdicios de los mercados hay para comer.

“Yo vivo por El Cambural, en Quenepe arriba. Gracias por la sopa mija. Es bueno comer caliente. La pensión la cobré pero no alcanza. Ya a la semana no hay que comer y tengo que salir a rebuscarme. Yo le pido a la gente que pasa por la plaza, pero más que plata, te agradezco esta comida”, confesó Miguel, un octogenario que vive de la mendicidad, mientras sus manos temblorosas reciben la sopa como si se tratase de un tesoro.

Además de entregar el alimento, que sirve de aliciente para muchos, Quintero, Rodríguez y los voluntarios, llevan un mensaje de solidaridad y humanismo. Así algunos reciben ropa usada o cobijas contra la intemperie. A un joven de 14 años lo convencieron para que buscara ayuda con las autoridades, pues hace más de un año se fue de su casa, para no ser una carga para su madre. Cada sopa va con un consejo. Cada sopa va con una palabra de ánimo.

“Dios me ha dado herramientas para vencer los obstáculos. Eso es lo que quiero que vean los demás. No es necesario tener de sobra para dar. No es necesario grandes aparatajes. Lo importante es ofrecer una mano, en este caso, un plato de comida y la solidaridad que hemos perdido como sociedad”, afirmó Quintero.

“Mitigar el hambre es asunto de todos. A cada uno de nosotros la crisis nos ha tocado, pero aún estamos en capacidad de brindar algo de ayuda. Enfrentar el hambre no sólo es un tema del que tiene recursos, sino de todo aquel que aspira un futuro digno, no solo para él, sino para sus iguales, por eso uno se suma”, advirtió Luis Manuel López, uno de los voluntarios de la sopa solidaria.

El sueño de los Rodríguez Quintero es que “Sopa para un Hermano” sirva de inspiración a otros. “Que haya tantas sopas para atender a los hermanos hambrientos, no solo de Maiquetía o de Catia La Mar, sino de todo el país.

                          Recibir una sopa dibuja sonrisas en quienes no han probado bocado en todo el día | Foto: Vanessa Tarantino

Por lo pronto, se conforman con seguir con su cruzada cada miércoles. Quienes deseen contribuir, sumarse o conocer más acerca de esta noble acción social, pueden hacerlo a través de las redes sociales, en las cuentas Unasopaparaunhermano en Facebook, Twitter e Instagram y entender cómo desde la humildad de quien poco tiene, se puede dar más que un plato de sopa.

Cada vez es más común encontrar personas buscando comida en los contenedores de basura. Hasta allí los Rodríguez Quintero les llevan una sopa | Foto: Vanessa Tarantino

12-03-17