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lunes, 5 de diciembre de 2016

Diálogo para la Transición, por @OmarBarbozaDip



Omar Barboza Gutiérrez 04 de diciembre de 2016

Para abordar con certeza la actual situación venezolana, sin correr el riesgo de asumir logros insignificantes como grandes conquistas, es necesario tener una apreciación real de las urgencias impuestas por la profundidad de la crisis general que afecta a la sociedad nacional, y que solo es posible enfrentarla con posibilidades de éxito si las soluciones están precedidas por un cambio político lo más inmediato que sea posible, que dé paso a un nuevo modelo político, económico y social, con capacidad de superar el tamaño de los retos planteados.

El enfoque con el cual se aborde la necesaria y urgente transición, debe tomar muy en cuenta la secuencia de las etapas a cumplir que a nuestro juicio, deben estar ubicadas temporalmente en el siguiente orden: un Plan de Emergencia para atender la crisis económica y social; una etapa de Estabilización Política y Económica; y la etapa final de los Cambios Estructurales, tanto en las instituciones públicas como en la aplicación de modernas políticas económicas y sociales.

Para acelerar ese cambio, en primer lugar, el pueblo venezolano acompañado por la Unidad Democrática debe estar presente en la lucha social por los derechos de todos; los diputados ante la Asamblea Nacional, que recibimos un mandato de cambio por parte de nuestros electores, debemos constituir la plataforma de expresión de los problemas de la gente y utilizar bien nuestra representación para impulsar la transición democrática; el escenario internacional para concientizar al mundo sobre las violaciones que ocurren en el país en cuanto a las reglas democráticas y a los derechos humanos; y, la Mesa de Diálogo para intentar seriamente el cambio democrático por la vía pacífica.

En cuanto al Diálogo, es importante recordar que a esa Mesa llegamos como consecuencia de la estrategia del gobierno de bloquear arbitrariamente las salidas electorales, mediante el secuestro de diferentes instituciones que deberían facilitar el ejercicio de los derechos políticos; y, por tanto, el objetivo principal del diálogo debe ser la restitución del orden Constitucional, definiendo un Cronograma Electoral que nos conduzca a eso lo más pronto posible, que incluya un acuerdo para que por vía electoral el pueblo decida sobre la continuidad o no del Presidente.

Desde el punto de vista de la Unidad Democrática, es muy importante tener definidos, desde el principio, nuestros objetivos en el Diálogo para no correr el riesgo de un fracaso inminente; una vez definidos, fijarles los límites de tiempo para concretarlos de manera que su efectividad sea oportuna.

Por su parte, el objetivo del gobierno está claro: maniobrar para mantenerse en el poder a toda costa; impedir o retrasar cualquier consulta electoral; introducir elementos que puedan lograr su principal objetivo que es dividir a la oposición y ganar tiempo; mientras, el pueblo pierde hasta la vida por falta de medicinas y de alimentos.

Los resultados hasta ahora vistos nos hacen apreciar que la estrategia del gobierno está avanzando, y la de la oposición luce confusa y sin la coherencia necesaria, por lo que es muy urgente revisar nuestra estrategia, ajustarla y avanzar para el logro de nuestros objetivos. En tal sentido, me permito recomendar que debemos empezar por ratificar como estrategia vital, la preservación de la Unidad de la oposición como un bien inestimable en el camino de lograr el cambio político, manteniendo una política de amplitud y tolerancia, pero sin perder la coherencia necesaria para conducir el proceso sin crear confusión en la gran mayoría de los venezolanos que nos siguen con la esperanza del cambio. En segundo lugar, es también urgente la necesidad de una conducción conjunta que funcione permanentemente y que sepa interpretar las grandes expectativas y necesidades del pueblo venezolano.

Dentro de la Unidad Democrática no debe haber diferentes estrategias, la común debe seguir siendo el futuro de Venezuela por encima de los intereses personales o partidistas. Hoy más que nunca ese es un deber histórico. Lo que está en juego es un pueblo sufriendo, angustiado, que necesita de quienes aspiramos a conducirlo, los mejores sacrificios y demostraciones de desprendimiento ante la cercanía del precipicio nacional, que juntos y responsablemente podemos evitar.

Me atrevo a señalar tres objetivos centrales inmediatos para el diálogo y para la lucha: salida electoral; solución humanitaria en medicinas y alimentos para el pueblo; y una navidad sin presos políticos.

Todos debemos estar a la altura de nuestra responsabilidad histórica en estos momentos trágicos de la patria. Mientras tanto, como escribió el Maestro Gallegos al final de su Doña Bárbara: “una raza buena, ama, sufre y espera”.

Omar Barboza Gutiérrez