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viernes, 10 de febrero de 2017

La sal de la tierra por @aveledounidad


Por Ramón Guillermo Aveledo


Así se llama la cinta premiada en Cannes sobre la vida del fotógrafo Sebastiao Salgado, dirigida por Wim Wanders y Juliano Ribeiro Salgado, pero su título lo toma del Sermón de la Montaña. “Vosotros sois la sal de la tierra. Y si la sal se hace insípida, ¿con qué se le volverá el sabor?”, nos cuenta Mateo que dijo Jesús. La sal de la tierra y la luz del mundo: hermosas metáforas que hablan de un compromiso enorme e ineludible.

Es el mismo sermón de las bienaventuranzas, resumen doctrinal del cristianismo. El de “Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia o por ser justos”. El de “Amad a vuestros enemigos. Haced el bien a los que os aborrecen y orad por los que os persiguen y calumnian”. Si lo recuerdo, no es para echármela de santo, que no lo soy, sino para recordarme, recordarnos, la magnitud del compromiso asumido. Si no nos atrevemos a intentarlo, se volvería insípida la sal de la tierra y no habrá quien sea capaz de devolverle el sabor.

Porque esa, y no otra, es la medida de nuestro humanismo. Las crisis, sobre todo estas tan anchas y profundas como las que los venezolanos padecemos, pueden ser una tentación para el egoísmo, pero también un incentivo para la solidaridad. Así lo he visto y lo he sentido. He visto conmovedores testimonios de solidaridad en las parroquias. Ollas solidarias para que la gente pueda comer. Recolección de alimentos y de medicamentos, de ropa, de libros, compartir y ayudar a los otros a resolver el problema que los angustia.

El mensaje cristiano es uno de valores para la vida, no solo de fe. Pero esos valores han de ser vividos, practicados, en la vida personal y en la cívica, para que la sal no se vuelva insípida. La convocatoria, el desafío, es poliédrico. La solidaridad es una faceta, la responsabilidad personal otra unida a la defensa activa de la libertad, de la verdad, de la justicia.


El arzobispo de mi ciudad, López Castillo, dijo palabras valientes de amor por la verdad y la justicia. Atacaron su casa. “Bienaventurados seréis cuando os injurien, os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros…”. Igual han sido escarnecidos los pastores de la Iglesia, cuyos voceros son los monseñores Padrón, Azuaje, Moronta y el padre Basabé.

Hace unos años, el hoy cardenal Porras puso como ejemplos de los obispos venezolanos de este tiempo a Montesdeoca, mártir de los nazis, y a Arias Blanco, voz de la justicia social en plena dictadura militarista. No es hipérbole.

09-02-17