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domingo, 6 de agosto de 2017

Ningún pueblo debe ser pesimista en medio de la crisis, por @mpilarsilveira



María del Pilar Silveira 05 de agosto de 2017

Cada 24 de marzo es una oportunidad para acercarnos a la persona de Mons. Oscar Arnulfo Romero. Fue reconocido mártir por el papa Francisco el 3 de febrero de 2015. El motivo de su muerte cruenta fue por “odio a la fe.”¿Qué significa esta definición? Que la Palabra del Evangelio se hizo carne en él. Su vida reflejaba el rostro de un Jesús víctima de los excesos de un régimen violento y ante esto no se doblegaba, sino que de su boca se escuchaban denuncias a los atropellos defendiendo a sus hermanos y hermanas del pueblo salvadoreño.

En sus gestos, se reflejaba el amor paciente que sabe responder al mal con el bien, buscado la conversión del que descargaba su odio, pues no quería su muerte, sino la vida. En esa persona veía un hermano confundido, que creía y ponía su confianza en una interpretación errónea de la realidad, una ideología que cegaba. Allí ejercitaba su fe viendo lo que no se ve: la presencia escondida del Espíritu de Dios que habita en cada uno de sus hijos y hace su obra mostrando la verdad, en el tiempo preciso.

El ejercicio cotidiano de las virtudes teologales a través de la oración y de los sacramentos, le impulsaba a vivir con optimismo cada día, sin evadirse de la realidad. Por eso en sus homilías animaba a los fieles a vivir con esperanza, sin dejar que la situación les agobiara.

“El Señor está cerca”. ¿Ven, queridos hermanos, como la presencia de Dios en la historia es una tesis sustancial de la Biblia, de la revelación de Dios? Ningún cristiano debe sentirse sólo en su caminar, ninguna familia tiene que sentirse desamparada, ningún pueblo debe ser pesimista aún en medio de las crisis que parecen más insolubles como la de nuestro país, Dios está en medio de nosotros. Tengamos fe en esta verdad central de la sagrada revelación. Dios está presente, no duerme, está activo, observa, ayuda y a su tiempo actúa oportunamente. Por eso la presencia de Dios despierta en el corazón la verdadera alegría: “Alegraos en el Señor!; de nuevo os repito: ¡alegraos porque Dios está cerca!” (Homilia del 16 de diciembre de 1979).

A lo largo de su vida, la pequeña semilla de fe, como grano de mostaza, recibida en su bautismo, fue creciendo hasta convertirse en un gran árbol cuya sombra y frutos recogemos en la actualidad. Esa fe en comunión con su padre Abraham le hizo ver en medio del conflicto lo que no se veía y esperar contra toda esperanza en medio de la crisis.

El aparente triunfo del odio que terminó con su vida, no fue tal, basta conocer la vida de los autores intelectuales y materiales de su asesinato, para ver como el odio hizo su trabajo en ellos. En unos los condenó a una vida oculta y anónima en países extranjeros y en otros la misma historia se va encargando de hacer justicia sacando a luz la verdad y haciendo que los culpables muestren su rostro y cumplan sus condenas.

La fe de Mons. Romero en el Dios activo que ayuda y cuida a sus hijos se manifiesta en cada ser humano que nace, pues el Espíritu de la verdad no descansa. Su voz en el interior del corazón humano, ningún régimen la puede callar. De esta manera Dios se sigue revelando en la historia, dando a luz la verdad y los frutos del odio como la mentira quedan descubiertos. Por lo cual afirmamos con Mons. Romero que “ningún pueblo puede ser pesimista en medio de la crisis (…).Dios está presente, no duerme, está activo, observa, ayuda y a su tiempo actúa oportunamente.”