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sábado, 13 de agosto de 2016

La encíclica “Mater et Magistra y las cooperativas”


Por Carlos Molina Camacho


El humanismo cristiano de las cooperativas se puso de relieve, por el Papa Juan XXIII, en su encíclica Mater et Magistra (año 1.961). Era la primera vez que un documento de esta importancia, no sólo para los que profesamos la religión católica, sino para todos aquellos que desean la edificación de una mejor sociedad que la que tenemos, aludía a las cooperativas de modo tan favorable.

Esta encíclica se refiere a las cooperativas como siendo las estructuras socio económicas más acordes con la dignidad del hombre, y más idóneas para estimular en el trabajo el sentido de la responsabilidad.

Señala también que las uniones cooperativas han de asegurar a la pequeña y mediana empresa las ventajas de la gran empresa.

Asimismo, se afirma en el documento que “deben asegurarse y promoverse, de acuerdo con las exigencias del bien común y las posibilidades del progreso técnico, las empresas artesanas y las agrícolas de dimensión familiar, y las cooperativas, las cuales pueden servir también para completar y perfeccionar las anteriores”.


“Las cooperativas, según la encíclica, son creadoras de auténticos bienes y contribuyen eficazmente al progreso de la cultura, ya que con su trabajo pueden despertar cada día más en todas las clases sociales el sentido de responsabilidad y el espíritu de activa colaboración y encender en todos el entusiasmo por la originalidad, la elegancia y la perfección del trabajo”.

En efecto, las cooperativas de trabajo asociado, en donde los trabajadores dejaron de ser simples asalariados para acceder a la propiedad de su empresa, realza la dignidad del trabajo humano y repara ¡al fin! la gran injusticia de situar al capital por encima del trabajo, al conceder al primero el derecho de percibir la mayor parte del beneficio económico obtenido y de dirigir como le plazca la empresa de naturaleza plutocrática.

Prosigue el documento haciendo énfasis en que “los hombres del campo establezcan una extensa red de empresas cooperativas. Los cultivadores del campo, dice, deben sentirse solidarios los unos de los otros, y colaborar todos a una en la creación de empresas cooperativas”.

Finalmente la Mater et Magistra del llamado Papa Bueno, Juan XXIII, expresa “complacencia por aquellos hijos nuestros que en diversas partes del mundo se esfuerzan por crear y consolidar empresas cooperativas”.

Ojalá que la venidera Administración dé luz verde a la creación y fomento de cooperativas, no sólo las de trabajo asociado, sino también las que exigen la organización colectiva de consumidores y usuarios, para que cese la expoliación a que son sometidos por capitalistas inescrupulosos.

Me refiero a las cooperativas de consumo de alimentos y otros rubros; las de ahorro y préstamo; las de vivienda; las de servicios educativos y de salud, etc.
Hay que superar el mal recuerdo de la organización de cooperativas llevada a cabo por la presente Administración, que ha dado lugar a un gigantesco cementerio de cooperativas (según el profesor UCV Oscar Bastidas Delgado el mayor del mundo) por la concesión de créditos sin la debida evaluación de los cooperativistas, en punto a formación y capacitación para administrar tales empresas, y otros gruesos errores de promoción, entre los cuales hay que destacar la politización del movimiento cooperativo.

Un pujante movimiento cooperativo en los próximos años nos ayudaría a ir forjando una sociedad más justa, más humana, más cristiana en suma, si nos atenemos a lo expresado por el Papa Bueno en la comentada encíclica.

Ex Superintendente Nacional de Cooperativas


Nota: las citas del documento han sido tomadas del libro “Capitalismo, Socialismo y Cooperativismo en la enseñanza social de la Iglesia”, del profesor Jaime Miró Miró (Unellez, San Carlos, Cojedes, Ediciones Trípode, 1991).

12-08-16




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