Por GUAO
Manuel Aristorena S. J.,
actual director de Fe y Alegría Venezuela, cuenta cómo fueron sus primeros
pasos en la educación en los que descubrió, entre otras cosas, que quería ser
jesuita. Sobre la formación educativa reflexiona que
debe haber un crecimiento humano y hace un llamado a la sociedad para que
valore a sus maestros. Al video lo acompaña una semblanza de Luis Yslas.
"Venezuela la habla a la educación" es un proyecto de la organización
Guao que provee contenidos educativos digitales y recursos pedagógicos
para niños y jóvenes, y comenzó a promover la educación a través del testimonio
de distintas figuras públicas venezolanas. Puede ver las ediciones
anteriores haciendo click aquí.
Hace más de medio siglo, el
padre Manuel Aristorena S. J., actual director de Fe y Alegría Venezuela, sería
rebautizado con un nombre que reproducía en una imagen el impacto que causaban
sus palabras. Por aquel tiempo se encontraba estudiando Filosofía en la capital
ecuatoriana y ya tenía la costumbre de soltar frases que poseían la
contundencia y puntería del humor granítico. Su habilidad como “tira piedras”
de la inteligencia le valió el epíteto mineral con el que se le reconoce desde
entonces: el Padre Piedra. Un sacerdote ejemplar entre la gente que trabaja por
el bien común y la educación, y cuyas “piedras” han sido materia invaluable en
tierras venezolanas.
Nacido el 2 de septiembre de
1942 en Alsasua, una pequeña población española de Navarra, Manuel Aristorena
estudió los primeros años del bachillerato en lo que se conoce como libre
escolaridad, lo cual le facilitó una formación en el trabajo personal y
autónomo desde su temprana adolescencia. Finalizó sus estudios secundarios en
el Colegio San Francisco Javier de los Jesuitas, en la ciudad de Tudela,
institución donde estudiara también el fundador de Fe y Alegría, el Padre José
María Vélaz. Es allí precisamente donde nació su vocación de jesuita, que lo
llevó a ingresar con diecisiete años en la Compañía de Jesús, dos meses después
de terminar su bachillerato.
En 1961 viajó a Venezuela como
novicio de la Compañía de Jesús e ingresó a sus dieciocho años en el noviciado
de Los Teques. De aquellos días recuerda que una de las cosas que le causó
mayor impresión en su espíritu fue la vitalidad de la naturaleza. Ese contraste
se instalaría en él como una revelación transformadora. O en sus propias
palabras: “como un segundo nacimiento”. A los dos meses de haber llegado al
país, es enviado al Barrio Unión de Petare, donde confiesa haber descubierto
“la bondad de la gente, solidaria en su pobreza, llena de esperanza en sus
carencias, con una alegría festiva y compartida y, sobre todo madres, con un
amor desbordante y sacrificado por sus hijos. Esta vivencia y encuentro
profundamente humano con la gente ha sido mi enganche y arraigo con este
pueblo”. Con el tiempo, el sentido de pertenencia al país que lo recibiera en
su juventud se hizo tan profundo, que en 1973 renunció a su nacionalidad
española y se hizo venezolano por convicción y gratitud.
El Padre Piedra estudió dos
años en la Escuela de Letras de la UCAB, luego tres años en la Escuela de
Filosofía, San Gregorio, de la Pontificia Universidad Católica de Quito
(Ecuador) y obtuvo la licenciatura en Teología por la Universidad de Deusto en
Bilbao (España). En su nutrido historial de estudios, las ciencias prácticas
ocupan un lugar importante, pues además posee el título de Tecnólogo
Electricista e Ingeniero Electricista por el Instituto Universitario
Politécnico de Barquisimeto –hoy Universidad Politécnica–, del cual es alumno
fundador y egresado en la primera promoción, y ha realizado estudios en la
Maestría de Ciencias de la Computación en la Universidad Simón Bolívar.
Una de las labores que más lo
llena de orgullo y alegría es la de educador. Sus 45 años como profesor guía,
director del Instituto Jesús Obrero y profesor de matemáticas le han dejado la
certeza de que hay que estar ante los alumnos como quien aprende. “De estos 45
años –precisa el recuento–, 42 han sido en Los Flores de Catia, con gente
popular. Ellos me han enseñado matemática, nuevas maneras de entender ciertos
temas y resolver problemas. Pero sobre todo a afrontar la vida y sus carencias
y dificultades con esfuerzo y alegría, capacidad de crecimiento y superación.
Para mí la vida es un regalo amoroso de Dios y de la bondad de la gente. Por
eso mi actitud fundamental es de un profundo y vital agradecimiento. Y es muy
motivante vivir respondiendo a tantos bienes recibidos”.
La experiencia acumulada
durante los años de preparación y enseñanza académicas, pero sobre todo de
compromiso y entrega con los sectores más necesitados de la población, lo
condujo hace 13 años a la dirección general de Fe y Alegría Venezuela, movimiento
internacional de educación popular integral y promoción social. Dicha
responsabilidad no solo lo honra, sino que lo lleva a afirmar, a sus 74 años,
que está “convencido de que el derecho humano a la educación de calidad es
condición indispensable para construir un país digno, libre, próspero, de
hermanos y feliz”. Que sus palabras sigan siendo lo que han sido hasta ahora
para el país: piedras fundadoras de saber y esperanza.
Luis Yslas
09-11-17

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