FEDERICO RIVAS MOLINA 01 de agosto de 2016
El Mercado Común del Sur
(Mercosur) atraviesa una de las peores crisis institucionales de su
historia. La decisión de Uruguay de dar por cumplida su presidencia pro
tempore y traspasar el mando a Venezuela, país
al que le corresponde la sucesión por orden alfabético, ha sumido al bloque en
una situación de acefalía que no tiene precedentes. Caracas envió el viernes
una carta al resto de los socios para comunicar que asumió la presidencia de 6
meses porque le corresponde “de forma automática", según la interpretación
que ha hecho de los estatutos de la unión. Sin embargo, Brasil y Paraguay han
advertido que no reconocerán su mandato porque entiende que los estatutos
citados por Caracas exigen que la rotación del mando sea acordada con el
“consenso de los socios”, algo que no ha sucedido. Argentina, por el momento,
ha mantenido una posición ambigua.
"Tenemos
a bien informar que, a partir del día de hoy, la República Bolivariana de
Venezuela asumirá con beneplácito el ejercicio de la Presidencia Pro Témpore
del Mercosur, con fundamento en el artículo 12 del tratado de Asunción y en
correspondencia con el artículo 5 del Protocolo Ouro Preto", escribió la
Cancillería venezolana en una carta que remitió a los países del grupo. El
texto destacó que esos artículos son los "únicos instrumentos normativos
fundacionales que regulan la procedencia y continuidad de la rotación
alfabética del mando en el Mercosur".
El
sistema funcionó hasta ahora sin problemas, incluso cuando Argentina decidió en
2013 no tomar el relevo de Venezuela, que extendió su mandato durante un año.
En todos los casos las decisiones se tomaron con “el consenso y con la
participación de todos los Estados partes”, como establece el artículo 37 del
protocolo de Ouro Pero. Paraguay ha citado ese artículo para denunciar que la presidencia de Venezuela es en el Mercosur es ilegítima. "Es
una decisión unilateral de Venezuela. Para nosotros no existe la mentada
automaticidad que señala Venezuela por el Protocolo de Ouro Preto",
advirtió el canciller paraguayo, Eladio Loizaga.
Sin
consenso
Paraguay
ha sumado a su postura el apoyo de Brasil. El presidente
interino, Michel Temer, dijo que Venezuela debe, antes de tomar el
mando del Mercosur, cumplir con el proceso de adaptación que inició en 2012,
cuando fue aceptado como miembro pleno. En una rueda de prensa desde Brasilia,
Temer aclaró que "Brasil no está exactamente oponiéndose a que se
transfiera la presidencia a Venezuela", pero "está ponderando que,
para ser parte integral" del bloque, "tiene que cumplir requisitos
pactados hace cuatro años que aún no ha cumplido".
La
crisis se inició tras la decisión de Uruguay de traspasar el mando del Mercosur
sea como sea. En un comunicado de la Cancillería, dijo que “al día de hoy no
existen argumentos jurídicos que impidan el traspaso” del mando a Venezuela,
pese a la oposición de Paraguay y Brasil. El tercero en discordia ha sido
Argentina, que hasta el momento ha mantenido una posición ambigua. Su
canciller, Susana Malcorra, ha defendido el diálogo como la mejor salida al
atolladero legal, sin condenar pero tampoco apoyar a Venezuela en sus
ambiciones dentro del bloque. Algo más directo, sin embargo, ha sido elpresidente
Mauricio Macri. En una entrevista que dio al diario El Comerciodurante su
visita a Perú, donde participó de la asunción de Pedro PabloKuczynski, el mandatario
argentino atacó con dureza la situación de los derechos humanos en Venezuela.
“Lo que allí sucede es inaceptable. Es la violación absoluta de los derechos
humanos. Hay presos políticos, existe desabastecimiento, eso es algo con lo que
no se puede convivir, dijo Macri desde Lima.
Cambio
de rumbo
Lo
cierto es que el Mercosur está acéfalo y ha sido Macri quien visibilizó el verdadero
origen del problema. El giro político hacia la derecha en la región ha dejado
solo a Venezuela, y los socios del Mercosur ya no son tan propensos a amparar
lo que consideran una situación política insostenible. “La crisis con Venezuela
es síntoma de que hay una descomposición de alianzas que ya no se sostienen y
de un Mercosur que está muy austero en cuanto a sus pretensiones” dice a EL
PAÍS el director de las licenciaturas en Ciencia Política y Relaciones
Internacionales de la Universidad de San Andrés, Federico Merke. “Hay un
intento de desideologizar al Mercosur, de volver a los objetivos originales,
que eran profundizar el comercio. El bloque está pagando el arribo de Temer en
Brasil, el triunfo de Macri en Argentina y el hecho de que Tabaré Vázquez no es
[José] Mujica", agrega.
Si las
decisiones contra Venezuela no son más drásticas, es porque hay un escenario
económico que los socios prefieren cuidar. “Argentina, Brasil y Uruguay tienen
empresas a las que el gobierno de Venezuela les debe mucha plata y han dejado
de cobrar. Por eso hay un sector privado que preferiría que no se rompan las
relaciones. En el momento en que a Venezuela le iba bien, los países del
Mercosur hicieron muy buenos negocios y se tejió una red de intereses
comerciales que son más propicios a la paciencia estratégica. Brasil y
Argentina están apostando a eso”, explica Merke.
No es
casualidad que el más duro con Caracas sea Paraguay. El gobierno de Cartes ha
decido pasar la factura del ingreso de Venezuela al bloque: cuando se votó,
Asunción se encontraba suspendida por la destitución del presidente Fernando Lugo decidida por
el Congreso, una medida que mereció la activación de la Carta Democrática del
Mercosur y de la Unasur en su contra. Asunción considera que Venezuela entró
“por la ventana” y no tiene entidad para ponerse al frente en un momento en el
que está bajo la lupa internacional la calidad democrática del gobierno de
Maduro.
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