Por Soledad Morillo Belloso, 08/01/2014
Columnista censurada por @ElUniversal
Aburren los pesimistas. Empalagan los optimistas. Convencen los
realistas. Indignan los engañadores. Interesan los precursores. Motivan los
reformadores. Entusiasman los realizadores. Destruyen los ladrones. Animan los
demócratas. Espantan los autócratas. Enamoran los pensadores. Despechan los
embaucadores.
Se fue 2014. Chao. No fue bonito, ni amable, ni gentil. Se va por la
puerta de atrás. No se lleva el reguero. Lo dejó ahí, en el territorio,
ensuciando, carenciando, suspirando por lo que pudo ser y no fue. Los
optimistas sonríen. Creen que hay que creer en el futuro casi como dogma de fe.
Como si las decisiones mundanas fueran actos religiosos. Empalagan sus
serenatas. Los pesimistas hacen un gesto amargo. Nada ni nadie los convencerá
de alguna luz al final del camino. Uf, cómo aburren con su cantaleta de
penurias. Los realistas intentan conservar la serenidad y confianza. Y
transmitirlas. Y, ojalá, contagiarlas. Difícil asunto en un país donde ya ni a
las ranas se les cree cuando croan augurando lluvia.
Los embaucadores sonríen. Les fue bien en el 14 y todo pronostica que
saldrán airosos en el 15. Hasta el tarot les es favorable. Con sus lechugas
trajinadas compraron de todo, para ellos, para los hijos, para la mujer y
también para la otra mujer, eso que llaman "el segundo frente". Todos
felices. Todos contentos. El súper carro, la súper moto, la súper lancha, el
súper avión, la súper casa, el súper apartamento de playa, los súper trajes,
los súper viajes, las súper joyas, los súper tragos y, también, el súper bulín
para la otra mujer. El mayor cúmulo de felicidad posible. Promesa básica
cumplida. Juego ganado.
Los esperanzados, esta vez, salvan el voto. Que no encuentran ya en el
repertorio el argumento para defender lo indefendible. Qué miedo causa la lluvia
que cae sobre los techos de zinc y azota las paredes de cartón. La velita
encendida a San Isidro Labrador, a ver si escucha las plegarias y quita el agua
y pone el sol. Al pueblo llegaron el diputado, el concejal, el alcalde, el
gobernador y el recién nombrado segundo asistente del recién nombrado
viceministro. Bajaron de las camionetas blindadas y pusieron mala cara cuando
las botas relucientes de novedad miamera se les hundieron en el barro. Hicieron
promesas misioneras, se sacaron selfies para el Facebook y el Twitter, los
escoltas repartieron unas bolsitas de granos con gorgojos, besuquearon viejas y
triponcitos y se fueron. En la estación de gasolina los vieron bajarse varias
friitas.
Los demócratas respiran. Hondo. Piensan. Se niegan a abrirle la puerta
a la rendición. Hay que plantarle cara a los autócratas. Desenmascararlos.
Vencerlos. No con balas, ni con botas, ni con sepelios ni sepulcros. No con
hormonas sino con neuronas. Con inteligencia, y carácter, y decisión, y aplomo,
y convicción. Metabolizar la rabia y cancelar los discursos necios. Sacar del
cajón el liderazgo.
"Houston, we've had a problem"
Apolo 13. Tres astronautas. El vuelo fue comandado por James Lovell con
John L. “Jack” Swigert como piloto del módulo de comando y Fred W. Haise como
piloto del módulo lunar.
Rumbo a la Luna. Algo falla y se enciende una luz en la nave que
advierte de una avería. Tan grave era la situación que no sólo convertía en
imposible la misión, sino que hacia dudar de la factibilidad de traer de vuelta
a La Tierra a los astronautas. Apolo 13 fue la séptima misión tripulada del
Programa Apolo de los Estados Unidos y la tercera con el objetivo de alunizar.
La nave fue lanzada el 11 de abril de 1970 a las 13:13 horas. El
alunizaje se hizo imposible porque explotó un tanque de oxígeno en vuelo dos
días después del despegue, inhabilitando el módulo de servicio, del cual
dependía el módulo de comando.
A pesar de la energía limitada, la pérdida de calor en la cabina, la
falta de agua potable y la crítica necesidad de reparar el sistema de
extracción de dióxido de carbono, la tripulación pudo regresar a salvo a la
Tierra el 17 de abril. Tenían todo en contra, pero usando inteligencia,
conocimiento, experiencia y sin rendirse jamás, las mentes más brillantes de la
NASA consiguieron instrumentar un plan que trajo de vuelta a casa a los tres
astronautas. Fue un aprendizaje de vida y un ejemplo de coraje, de trabajo en
equipo y de no ceder ante la rendición.
Llegó 2015. Le digo Hola. Deseo que sea el año en el que podamos
escribir un capítulo de lucha, valor y sensatez. Si los científicos y técnicos
de la NASA y los astronautas del Apolo 13 hubieran enfrentado la situación como
un hecho irreparable, Lowell, Swigert y Haise hubieran fallecido en el espacio
sideral, nadie hubiera sabido cómo levantarse de la depresión y el programa
espacial hubiera sufrido un terrible revés. Sin embargo, de aquel desastre
aprendieron todos. La NASA y la Agencia Europea del Espacio acaban de
hacer un lanzamiento de prueba de la nave Orion, un vehículo de traslado multipropósito
con el cual esperan llegar a Marte en 2020.
Las dificultades no se enfrentan con falsos optimismos, desgastantes
pesimismos o domesticadas rendiciones. No es cuestión de ser héroes. Se trata
de algo mucho más importante: ser ciudadanos que se ponen de pie, que no se dan
por vencidos.
Chao 2014. Te fuiste para no volver. Hola 2015. Te doy la bienvenida.
No me asustan tus gritos. Tampoco los que le hacen el juego al fracaso. Ni unos
ni otros podrán con nosotros. Bueno, siempre que nos demos cuenta de una vez
por todas que la tolerancia no es esta necedad cursi de calarse todas las
sirvengüenzuras impávidos, como si no fuera con nosotros.
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@solmorillob
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