Fernando Martínez 11 de marzo de 2024
Algunas
coaliciones tienen como hipótesis que el narco régimen venezolano está
inyectando células criminales para desestabilizar a ciudades en donde esos
nacionales piden protección. Piden todo el peso de la ley para quienes se
compruebe son criminales. Migrantes exponen que ciertas etiquetas son una
piedra de tranca para su progreso
La diáspora
venezolana creció en la Gran Manzana, en cuestión de 22 meses, de una
forma meteórica: !En un 1.000%!
En ese
corto espacio de tiempo, también aparecieron una serie de estigmas en el
epicentro de comunidades hispanas, que asocian particularmente a estos
“recién llegados” con etiquetas muy negativas. Hoy para esta
comunidad, ya no es solo un desafío integrarse a una ciudad complicada,
costosa y multicultural, sino también a expresiones de rechazo muy
difíciles de ocultar.
Toda esta tendencia ha sido atizada por una secuencia de hechos criminales que saltaron a los titulares nacionales durante las últimas semanas.
“Desgraciadamente
para una gran mayoría que ha venido a trabajar, a pagar impuestos y aportar con
su gran talento, la terrible conducta criminal y el comportamiento de un grupo,
ha creado narrativas que nos colocan a todos injustamente en un mismo
lugar. Reconocemos que hay connacionales que han tenido comportamientos
terribles aquí y en otros países“, describe Pedro de Llano, un
profesor universitario y creador de contenidos en plataformas digitales.
Este
venezolano, con 25 años en la ciudad de Nueva York, dirige la
mirada hacia las manifestaciones de odio que son muy palpables en las redes
sociales y en comentarios despectivos que son fáciles de escuchar en
muchos espacios, especialmente en donde coexisten otros migrantes
latinoamericanos.
“Creo
que a los venezolanos de bien, nos toca mucho trabajo por hacer, para vencer
una estigmatización que está impulsada por actitudes y acciones totalmente
deplorables de gente de nuestro país. Lo justo sería definir a los
seres humanos, por sus particularidades, no por su nacionalidad“, agregó.
Entre
pánico y vergüenza
Para
los venezolanos, con un largo camino recorrido en esta ciudad, las etiquetas
negativas, podrían llegar a ser solo una anécdota incómoda. En cambio, para
miles de recién llegados, es simplemente un gran muro, cada vez más
difícil de escalar.
En
esta orilla, se encuentra la migrante venezolana Vanesa Delgado,
quien llegó con su hijo hace seis meses y tiene la misma percepción de rechazo
por su origen: “nunca he podido trabajar. Cuando saben que eres venezolano y
vives en un refugio, inventan excusas para no darte una oportunidad.
E incluso conozco a muchos que ni siquiera le quieren rentar un cuarto. Justamente
yo vengo huyendo de la xenofobia de Perú”.
Otros
como la contadora pública caraqueña, Mildred Sánchez, de 38 años, quien
emigró en 2017 y todavía espera por su entrevista sobre su solicitud
de asilo, expone que siente “pánico y vergüenza” por estas noticias
sobre sus compatriotas. Lo peor, es que tiene la certeza que esos
“escándalos”, podría afectar alivios migratorios que han venido peleándose por
años, no solo para los venezolanos, sino para todos los migrantes: “esto
no afecta solo a nuestra bandera, sino a la comunidad hispana como un todo”.
“Todo
el peso de la ley”
Ante
esta compleja circunstancia, Venezuelans and
Inmigrants Aid (VIA) una organización de voluntariado fundada por
migrantes venezolanos, la cual por siete años ha atendido a personas
desplazadas de ese país, emitió un comunicado concluyendo que “son muchos
más los ejemplos y las historias de aquellas personas que con su talento y
conocimiento han aportado a esta gran ciudad en ciencia, tecnología,
deporte, música y artes culinarias”.
Eso
sí, VIA dejó claro que la mayoría de los ciudadanos venezolanos “de bien”
exigen “todo el peso de la ley” a quienes incurren en acciones criminales.
“Hay
toda una generación que creció bajo la influencia de un régimen criminal en
Venezuela, en donde las instituciones están en manos de mafias. No nos
extrañaría que el régimen de Nicolás Maduro esté inyectando células criminales
para desestabilizar países, en donde una mayoría honesta está buscando
protección”, opinó Niurka Meléndez, directora de VIA.
Meléndez
destaca que no hay que perder de vista que detrás de la historia de cada
venezolano que ha llegado por la frontera, también hay casi siempre una
historia de tráfico
humano. Y que para muchas organizaciones criminales la migración de este
tipo, es un negocio multimillonario.
Detonantes
al debate migratorio
Derivado
de una recopilación de casos reseñados periodísticamente, en los últimos seis
meses, 82 migrantes identificados como venezolanos que fueron recibidos
en el sistema de albergues de NYC, han tenido interacciones con la policía y la
justicia. En una gran proporción, por actuaciones delictivas como agresión
a policías, hurtos en tiendas, asaltos y un intento de asesinato. Pero el
número que ha incurrido con reincidencia en delitos menores, como
robo de tiendas o atracos, sería muy difícil de determinarlo.
Si se
trata de buscar alguna definición estadística informal, esto no significa ni
siquiera el 0.01% de la oleada migratoria de ese país latinoamericano, entre
mayo de 2022 y diciembre de 2023.
Como
coinciden varios líderes de organizaciones, como Jesús Aguais, director de la
organización Aid for Aids, “algunos hechos aislados” pusieron dinamita
a la discusión sobre la migración, en plena disputa por las primarias
demócratas y republicanas hacia las presidenciales de noviembre
2024.
“Con
la influencia de las redes sociales y la necesidad de este momento
político de movilizar emociones de miedo y de rabia, han tomado relieve
algunos hechos que han sido terribles y merecen ser severamente
castigados. Pero también es muy importante, poner en una balanza, que
no son representativos para definir a todo un país”, opinó.
El
activista no duda que está percepción se irá diluyendo en el tiempo. Y aduce
que históricamente en oleadas migratorias tan masivas, es común, que
también se mezclen delincuentes.
“La
gran diferencia es que esta es la primera crisis migratoria que enfrenta Nueva
York con la viralidad de las redes sociales y su capacidad
para polarizar. Estamos seguros que quienes lo están haciendo mal, no
conseguirán aquí un sistema de complicidad. Tarde o temprano se
enfrentarán a la justicia. Y eso ya se está demostrando“, remató Aguais.
En los
titulares…
Desde
el 27 de enero, cuando un supuesto grupo de venezolanos entre 18 y 24
años patearon salvajemente a dos oficiales del Departamento de Policía
de la Ciudad de Nueva York (NYPD), no ha tenido pausa en los titulares de los
tabloides neoyorquinos y en los noticieros en inglés y en español, la
descripción de actividades
delictivas que tienen como protagonistas a jóvenes y adolescentes de
esta nación.
Todo
llegó al límite de la efervescencia, cuando un
adolescente de 15 años, disparó a la pierna a una turista brasileña e
intentó herir a policías cuando los descubrieron robando en una tienda
deportiva en Times Square.
Antes,
la Uniformada en esa misma semana, confirmó el desmantelamiento de una
banda sofisticada de motorizados liderada por un venezolano residenciado en El
Bronx, dedicada a robar teléfonos celulares a transeúntes.
En
este sentido, el comisionado
de NYPD, Edward Cabán sostuvo que “de ningún modo” estos crímenes
representan el perfil de una conducta criminal, que describa a los migrantes
alojados en los albergues.
Luego,
el nombre de otro venezolano, saltó a las cabeceras de los medios del
país en febrero por estar acusado como el único
sospechoso del asesinato de una joven estudiante en Georgia, con el
precedente que había vivido en Nueva York casi por un año. Y ya había
tenido problemas con la policía.
Una
ola que llegó a la Gran Manzana
Hasta
el año 2020, de acuerdo con los reportes censales, la comunidad
de venezolanos en la ciudad de Nueva York no pasaba de 15,000
personas.
De
acuerdo con los balances, en ese momento, más del 70% de este grupo de
migrantes tenía un título universitario, significando el
grupo hispano con más grados académicos en la Gran Manzana.
Luego
de la pandemia, específicamente desde la primavera de 2022, esa cifra se
expandió vertiginosamente en cuestión de meses: extraoficialmente, más de 150,000
venezolanos se encuentran actualmente en la ciudad.
De los
65,000 migrantes que están actualmente bajo el cuidado del sistema de refugios
municipales, más del 50% provienen de esta nación suramericana.
De la
oleada de familias y personas solteras que arribaron en autobuses, procedentes
de Texas, luego de haber cruzado la frontera sur de México, entre el 60-70%
vinieron del país petrolero. En una importante proporción muchos son ‘reinmigrantes’,
que ya habían vivido en países como Perú, Colombia, Ecuador y Chile.
“Se
colaron malas conductas”
Como
era casi predecible, un flujo migratorio tan repentino, masivo y con
escasos controles en la frontera, combinado con las terribles
condiciones de un país con una crisis humanitaria que ha expulsado a
más de 8 millones de sus ciudadanos, no todos llegaron equipados con
la cultura del trabajo, como componente para alcanzar el “sueño
americano”.
“Se
corrió el rumor en redes sociales, especialmente en Colombia, que en Estados
Unidos estaba la frontera abierta y los venezolanos tenían preferencia. Además,
se viralizó que estaban dando casa y comida. Y eso lo aprovecharon también
muchos malas conductas y malandros que no tenían nada que perder. O venían
huyendo de ‘culebras’, (problemas con otros delincuentes) para lanzarse a
esta aventura”, compartió Jerónimo Segovia, de 55 años, un migrante de
Caracas, con un año en la Gran Manzana.
En los
últimos ocho años, en Colombia se han agudizado fuertes debates sobre la
presencia de peligrosas organizaciones criminales que huyeron de Venezuela, por
disputas con efectivos militares y policiales, con los cuales compartían
el control de rutas del narcotráfico, la extorsión y otras actividades
delictivas.
Lo
mismo sucedió en Perú y con más fuerza en Ecuador, en donde la opinión
pública le atribuye a la migración venezolana la proliferación de ciertos
delitos y la violencia.
Jerónimo
quien antes vivió en Colombia, asegura a El Diario desde las “entrañas
del monstruo” del sistema de refugios municipales de Nueva York, que aunque
la aplastante mayoría de sus connacionales llegaron con “falsa información” de
lo que es en realidad Estados Unidos, casi todos hablan en esos espacios que
quieren solo una oportunidad de trabajo.
El
migrante suramericano dice que le preocupa que se “coló un grupito que desde
que nació solo conoció el “malandreo y la matraca” (la delincuencia y
la extorsión) como forma de sobrevivencia en un país, destruido desde
hace 25 años por una “revolución socialista”.
Las
otras etiquetas
Más
allá de los hechos delictivos puntuales recientes, ya esta oleada migratoria
había estado en el centro de otro debate: la inconformidad de los
residentes neoyorquinos sobre el costo financiero y social de la norma
municipal que da derecho al albergue a cualquiera que lo solicite, un
controversial agujero legal que obligó a la Ciudad a invertir millones
de dólares para cubrir costos de alojamiento, comida, servicios médicos,
legales y educativos.
“Además
que lo recibieron con una alfombra roja, les dan papeles, la Ciudad les paga
abogados, viven en refugios, no pagan impuestos, les cubren todas las comidas,
además de eso salen a robar. Ya hicieron lo mismo con mi país, ahora
van a destruir también a Nueva York”, esta frase lapidaria, es en
resumen el sentimiento de Luisa Viloria, que se multiplica
incesantemente y sin disimulo por las calles de vecindarios de mayoría
hispana como Jackson Heights. Y en cualquier foro abierto de comentarios en
las redes sociales.
Aunque
en los refugios municipales de emergencia se han albergado a miles de personas
de Ecuador, Colombia, Perú, varios países caribeños y centroamericanos, además
de migrantes del oeste de Africa, la mayor proporción ha sido de
familias y hombres solteros venezolanos.
El
dato:
- 1.000% ha sido el aumento de la población
venezolana en Nueva York entre mayo de 2022 y
diciembre de 2023.


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