Páginas

domingo, 11 de enero de 2015

Año nuevo: el desafío ante la violencia, por @rafluciani

RAFAEL LUCIANI sábado 10 de enero de 2015 

Uno de los más urgentes desafíos que tienen los que llevan las riendas públicas del país, es pensar en el valor de la vida y ofrecer soluciones concretas ante el problema de la violencia, que no sólo es verbal, sino también física, con la muerte de miles de personas cada año en nuestro país.

Muchos son los que han llegado a justificar, e incluso, bendecir acciones violentas. Al ver el estilo de vida de Jesús, podemos encontrar criterios coherentes que nos permiten profundizar y discernir este tema tan urgente y álgido para nuestra sobrevivencia.

Jesús propuso el camino de la no-violencia. Con ella expresó un potencial inmenso para producir cambios, pero sin fracturar aún más la realidad. Es una forma de resistencia profética frente al victimario y el poderoso. Viviendo así, tomó postura y se puso del lado de las víctimas, denunciando el empobrecimiento y el deterioro de la calidad de vida.

Cuando una sociedad o sistema de gobierno producen víctimas, desenmascaran la parcialidad de su sistema judicial (Lc 18,2) y la poca voluntad de sus líderes para dar soluciones reales. Pero también el crecimiento de la pobreza produce víctimas, como lo hemos vivido en los últimos años a pesar del boom petrolero que tuvimos. Esto muestra el fracaso de las políticas socioeconómicas (Mt 20,6-7) y una triste dirección insolidaria que se va haciendo normal en nuestra historia frente a los más necesitados.

Pero Jesús no se dejó abatir. Insistió en la búsqueda de la justicia (Mt 5,10-11; 6,33) y la práctica de la solidaridad (Lc 2,21; Mt 25,35). La no-violencia no es, pues, inacción o resignación. «Poner la otra mejilla» (Mt 5,39) no significa renunciar a los derechos y entregarse al victimario. Es un llamado a no ser como el victimario, porque «los que a hierro matan, a hierro mueren» (Mt 26,52). La violencia comienza con palabras y puede crecer hasta convertirnos en víctimas de nosotros mismos (Gn 9,6).

La no-violencia pertenece a la ética de la resistencia activa. Ghandi, Luther King y Mandela hicieron de ella el modo para lograr cambios y caminos de liberación que, para muchos, parecían imposibles. Estos hombres provocaron salidas políticas frente a ideologías totalitarias.

No nos damos cuenta de lo inmersos que estamos en la violencia con nuestras palabras y acciones, viviendo a la defensiva y bajo la sombra de una profunda indolencia. ¿Será que nos hemos acostumbrado a convivir con el mal (Sal 36,4) y hemos pasado a ser cómplices de lo que ocurre (Os 4,2)?

La praxis de Jesús es muy clara. Su rechazo al violento, al «homicida» es absoluto (Jn 8,4-7; Ex 20,13), porque cuando se mata a alguien, se mata a un «hermano» (Gn 4,9-10). Aún más, no solo matamos físicamente, sino también con palabras, con cólera y odio (Mt 5,21s; 1Jn 3,15). No es Dios quien tiene que cambiar de actitud y hacer algo por el mal que nos afecta, sino nosotros mismos los que tenemos la tarea de cambiar y no ser indolentes ante el mal. Solo cuando venzamos la indolencia, podremos decir que «ya no habrá muerte ni llanto, ni gritos ni fatigas» (Ap 21,4).

RAFAEL LUCIANI 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Para comentar usted debe colocar una dirección de correo electrónico