BBC Mundo 08 de
enero de 2015
En el caso de Venezuela, una caída de los costos del
crudo aún más acentuada puede resultar catastrófica
Y
como siempre, hay quienes advierten que la caída tendrá efectos negativos, o
incluso catastróficos, sobre partes de la economía global.
Lo
que lleva a preguntar por qué hace apenas unos meses, cuando el precio del
petróleo superaba los 100 dólares por barril, se advertía de lo contrario: que
los altos precios del crudo eran los que presentaban una amenaza para la salud
de la economía del mundo.
Y,
¿entonces? ¿La amenaza para la economía mundial es el petróleo barato o el
petróleo caro? Y ¿por qué, pase lo que pase con el mercado del crudo, siempre
hay voces advirtiendo que su precio actual es una mala noticia?
Depende,
siempre depende
La
respuesta a esta paradoja tiene que ver con la particularidad del petróleo y su
papel absolutamente central en la economía global. Mientras que el mercado para
otras materias primas puede afectar a ciertos segmentos de la economía, el
petróleo es especial en el sentido que afecta a prácticamente todos.
Y
ante eso, es prácticamente inevitable que surjan grandes cantidades de personas
que ganan y otra gran cantidad de personas que pierden con cualquier movimiento
de precio del petróleo.
De
modo que, por ejemplo, un aumento en el precio internacional del cacao
podría afectar positivamente a los cultivadores del producto en Venezuela,
y negativamente a los consumidores de barras de chocolate en Estados Unidos,
pero difícilmente afectará a muchos otros sectores de la economía mundial como
para motivarlos a que expresen su voz de alarma.
En
cambio, una caída en el precio del petróleo afecta a economías
nacionales enteras, como la de Venezuela, cuyas exportaciones dependen en
más de 90% del crudo.
Prácticamente
todos pierden en ese país con la caída del precio del petróleo. Y pierden igual
los que les venden productos a los venezolanos, un grupo tan diverso que puede
incluir a productores agrícolas colombianos o firmas de manufacturas japonesas.
Un
mundo interconectado
También
en Estados Unidos, donde decenas de millones de consumidores se alegran porque
ahora les cuesta mucho menos llenar de combustible el tanque de su auto, hay muchos
otros preocupados con que el barril de petróleo esté por debajo de los $ 50.
El
estado de Texas, el segundo más poblado del país, venía experimentando
una bonanza por su producción de hidrocarburos, que ahora parece llegar a
un abrupto final, amenazando a miles de trabajadores petroleros con el
desempleo.
Y
con esos puestos perdidos, también desaparecerán puestos en los almacenes que
les vendían ropa, los restaurantes que los alimentaban y las empresas que
construían casas que tal vez ya no podrán comprar.
Si
en cambio el precio del petróleo subiera, los consumidores estadounidenses
usarían menos sus autos por el precio del combustible, y así perderían los
cientos de miles de personas que trabajan en los hoteles de carretera donde
llegaría menos gente en vacaciones, o los empleados de las tiendas que
venderían menos porque sus clientes estarían reorientando su dinero a pagar el
creciente costo del transporte.
El
sistema financiero global también extiende los problemas de las naciones
productoras a las naciones consumidoras y viceversa. Si, por ejemplo, se
presentaran quiebras de bancos rusos por los bajos precios del petróleo, y eso
generara nerviosismo de "contagio" en bancos occidentales, las
consecuencias se trasladarían a los ciudadanos de todo el mundo.
"Siempre
habrá riesgos financieros asociados con cambios rápidos, inesperados",
señalaba esta semana Anders Aslund, analista del Instituto Peterson para la
Economía Internacional, citado en la revista estadounidense Businessweek.
Y
eso sin siquiera empezar a discutir las implicaciones políticas de estos
cambios de precios.Si el petróleo cae, como ahora, hay preocupación por la
estabilidad política de naciones productoras en zonas volátiles como
Medio Oriente.
Si
en cambio el precio del crudo sube pronunciadamente, eso causa aumentos de la
inflación y posibles disturbios callejeros contra el costo de la vida en
naciones consumidoras.
¿Y
el bienestar colectivo?
Es
claro que a nivel individual es difícil decir siempre si es más conveniente que
el petróleo suba o baje.
Sin
embargo, teniendo en cuenta que los precios reflejan al menos en parte el nivel
de escasez de un producto en la economía, se podría pensar que el abaratamiento
del petróleo, la fuente central de energía de la economía global, sería una
buena noticia para el bienestar colectivo en la medida en que refleje la
abundancia de un producto crucial.
Y
efectivamente, muchos economistas estiman que en su conjunto, la economía
crecerá más con los precios bajos del petróleo.
Pero
a esto replican los que piensan que, con el crudo barato, se incentiva a nivel
global el consumo de un producto ambientalmente nocivo y pierden fuerza las
iniciativas de energía alternativa.
"Los
subsidios a la energía removable han sido vendidos al público más que todo con
base en sus beneficios económicos", señalaba al diario británico The
Independent el analista Peter Atherton de Liberium Capital.
La
caída de los precios del petróleo puede haber terminado por el momento con esos
beneficios económicos para las energías "verdes".
Y
en el largo plazo, si por consumir más gasolina aumenta la
contaminación, se incurren en unos costos que pueden ser mayores que
el ahorro ofrecido por el combustible barato.
Las
quejas y temores persistentes por el aumento o por la caída del precio del
petróleo revelan, más que otra cosa, la peligrosa dependencia de la economía
mundial en ese producto.
Es
el producto que nos concierne a todos, y por eso el comportamiento de su precio
nunca dejará a todos satisfechos.

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