EZIO SERRANO PÁEZ 11 de marzo de 2024
La
molienda contra el líder, (en este caso la líder) funciona compaginando las
miserias de un sector opositor con el desenfreno del régimen.
Con 25
años de Revolución Bolivariana a cuestas, ya está probado el método de
represión selectiva, cuya síntesis pudiera expresarse
en la molienda del líder. Es el núcleo de la
franquicia castrista: descabezar todo intento de oposición real a su
sistema de dominio. A medida que los líderes opositores van caducando, el
puñado de agentes estelares de la destrucción, engordan, fagocitan, envejecen y
se reproducen en la endogamia del poder despótico venezolano.
Nuestra sociedad, de manera deliberada o inconsciente, ha prestado las aspas al molino. No obstante, la larga lista de hombres y mujeres que han persistido en enfrentar la tiranía, incluso a riesgo de sus vidas, representan en esencia lo poco que nos permite afirmar “Venezuela no es Cuba”. Debería ser reconfortante contar con líderes y millones de seguidores dispuestos a continuar luchando sin invocar la lástima del mundo pero sí, nuestro derecho a ser libres.
Cabe
preguntarse, ¿por qué ha sido tan eficiente esa máquina trituradora? ¿Existe
una debilidad intrínseca que permite al régimen moler a los líderes hasta
volverlos detritos? Y más aún, ¿hasta qué punto la sociedad
venezolana participa del aquelarre demoledor que termina descabezando la
resistencia a la opresión? Nos aventuramos en algunas respuestas:
Los
pecadillos de origen
Tal
vez se podría empezar en el Golpe Adeco del 45 admitido como pecado original. Y
cuando ya pocos se dedicaban a la caza de máculas históricas, saltó a la
escena un militar golpista que arribó al poder por medios eleccionarios.
Nuevamente un zorro con inapetencia por las gallinas, otra vez la sombra de Don
Laureano y su Cesarismo, agregando leña al fuego de la “genética
democrática”. Entre tanto, las élites del momento serruchaban el tronco
principal del famoso árbol de la libertad, sin percatarse que pendían de sus
ramas. La sociedad venezolana parecía dividida en tres
toletes:
a.- Los
practicantes del pecadillo de la complicidad, quienes tendieron la
alfombra roja y se entregaron sin censuras, al festín populista del momento
inspirados en el militarismo.
b.-Los
aquiescentes e indiferentes, ocupados esencialmente en preservar su zona
de confort, a veces despreocupados pues “nuestra cultura democrática” nos hace
inmunes ante cualquier sarampión revolucionario. Algo obviaron: para este
momento el Pacto de Puntofijo y el Espíritu del 23 de enero eran
perros muertos a la vera del camino.
c.-La
amplísima legión de los aplaudidores, quienes sin amagos de pudor,
estuvieron dispuestos al aplauso con desenfreno de cualquier estornudo
producido por el amado líder. Cuando la polvareda populista empezó a
dispersarse y el viejo militarismo empezó a mutar, las élites despertaron
de su borrachera, entonces decidieron corregir los pecados con más pecado.Esto
significó el Carmonazo, un modo de enmendar el entuerto. Pero la
abuela parió morochos y a partir de abril del 2002, se produjo una metamorfosis
kafkiana que habría de marcar el futuro de la política venezolana. Esto se
plasmó en la ampliación de la brecha dentro del liderazgo opositor formada por los
monjes de la democracia, más preocupados por reafirmar su pureza que
por enfrentar a la bestia que habían contribuido a formar. Y los
radicales, dispuestos a transitar caminos heterodoxos, voluntaristas pero
sin tener claro el verdadero talante del enemigo a enfrentar.
El
Carmonazo resultó letal para la causa democrática pues impulsó el triunfo de la
narrativa victimista de “la revolución popular asediada por el Imperio y sus
lacayos”. La metamorfosis se expresó en:
– Los golpistas
originarios, los auténticos, ahora serían cruzados defensores de la
democracia, verdadera y protagónica. El dicterio “golpista” fue usado como
mandarria para demoler toda forma de oposición real mientras se
perfilaba una oposición avergonzada por el último pecado.
–
Buena parte del liderazgo compró el relato victimista sin percatarse de la
aproximación del militarismo con el castrismo. Este relato resultaba
ideal para frenar a los resabiados del mundo militar, inconformes con el
desmantelamiento institucional, pero neutralizados por el trauma moral que
entregaba toda legitimidad al proceso en curso.
-Se
impuso el correctismo político, tan de moda como útil a las
tiranías. Con ese collar de bolas criollas en el cuello, se
lanzaron a las cristalinas aguas del mantra: toda solución debe ser
constitucional, electoral, democrática, pacífica y bañada en agua
bendita. Es la auto flagelación usada por las élites para expiar sus culpas.
– El
éxito del discurso antigolpista, se añadió al otro, al de “las cúpulas podridas
del puntofijismo”. La República Democrática Liberal quedó en cueros
al admitirse que su defensa debe hacerse prescindiendo de la fuerza.
Mientras los avispados castristas atizaban la legendaria desconfianza entre
civiles y militares y pregonaban su revolución pacífica pero armada.
–
La oposición convirtió la práctica política en un duelo moral. La
hipocresía de esta postura se hizo visible en la pretendida búsqueda de
un líder perfecto. Un ángel de la política incapaz de irritar la
delicada piel de los revolucionarios, pero capaz de gestionar el permiso
sanitario que nos regresara al glorioso pasado democrático. Con esta narrativa
triunfante el molino castrista aceitaba sus engranajes. El casting para
seleccionar el liderazgo opositor estaba regido por normas
impuestas por el propio castrismo.
La
molienda del liderazgo se aseguró desde muy temprano, no sólo por el éxito
discursivo del castrismo mimetizado, sino que además no se produjo la
caracterización adecuada del enemigo a vencer. El uso de la
palabra enemigo es de absoluta pertinencia pues el castrismo es abrazado
por quienes conciben la guerra comocontinuación de la política
por otros medios (Clausewitz). El mimetismo del castrismo en el chavismo
introdujo la ambigüedad necesaria para alimentar la división y la traición
entre opositores. Además de existir en Venezuela una vieja clientela
que siempre suspiró por la barba de Fidel Castro.
Al no
caracterizarse adecuadamente al enemigo que nos declaró la guerra, el
liderazgo opositor quedó amarrado a la institucionalidad mimetizada,
indispuesta para admitir acciones no controladas. Pero la
efectividad de la acción política se mide siempre por resultados. Con las amarras
autoimpuestas el resultado no puede ser otro que la acumulación de fracasos o
breves victorias convertidas pronto en fracasos. Improbable vencer a un
adversario desconociendo o negando la naturaleza de lo que se enfrenta.
La
sucesión de fracasos arrojó como productos de utilidad para
el castrismo:
a.-La
desesperanza, lo que incluye la credibilidad en el voto como opción para el
cambio.
b.-Un
liderazgo opositor demolido.
c.-Reforzó
el mito de un régimen invencible.
e.-Estimuló
el éxodo.
f.-
Estimuló el supuesto realismo y pragmatismo de los
cohabitadores.
El año
2023 sorprende al país con una dirigencia política buscando la normalización de
la tiranía para sobrevivir, justo cuando se hace plenamente evidente la
naturaleza criminal del régimen. Las dudas sólo sirven para alimentar una
ficción de normalidad. Una buena parte de la sociedad al fin entendió que no
volverá la democracia si no nos tomamos en serio la lucha por la
libertad.
En
esas condiciones y contra todo pronóstico, se logró culminar exitosamente el
proceso de elecciones primarias. La maquinaria trituradora se activó de
inmediato para convertir la victoria en fracaso a partir de:
a.-El
estéril debate sobre si se había escogido una candidata o una líder.
Hasta lo obvio sirve de trinchera a la hora de prestar el molino.
b.-La
discusión abierta en torno a un plan B para complacer los
deseos de Maduro, sin siquiera exigir un cronograma electoral.
c.- La
visibilidad de los demócratas unitarios con fecha de caducidad: “soy demócrata
y estoy con la unidad hasta que mi candidato pierde las primarias”.
d.- El
ejercicio buitre de la política: esperar se concrete la inhabilitación para
lanzarse en procura de los sobrados que deje el régimen.
Estos
aspectos dejan perfectamente claro que la molienda contra el líder, (en este
caso la líder) funciona compaginando las miserias de un sector opositor con el
desenfreno del régimen.
María
Corina Machado viene confrontando al sistema desde los tiempos del pecado
arriba descrito. Formó parte del radicalismo voluntarista que terminó
por acertar al caracterizar el régimen que destruye al
país. Sus fracasos anteriores quedan sepultados por los errores,
inconsistencias y corrupción de sus adversarios. Pero también está demostrando
virtudes deseables en un líder:
a.-Tiene
la persistencia de un cuchillo de palo. Alguna vez Woody Allen dijo: “el 80%
del éxito se basa simplemente en insistir”.
b.- Ha
demostrado probidad. Un valor muy estimable en una sociedad con carcoma
moral.
c.-La
coherencia discursiva con valentía, focalizada en destacar la catadura
del régimen y la necesidad de liberar al país para poder reconstruirlo.
d.- Ha
logrado conexión emocional con los sectores más golpeados por la crisis, factor
esencial para impulsar la movilización. Aunque para las élites
progresistas esto exhibe una versión femenina de Chávez.
Lamentarán no contar con un líder nórdico.
e.-
Aprendió de sus errores y ha logrado proyectar una imagen de mayor madurez con
capacidad para tender los puentes y negociar sin abandonar los principios.
f.-
Reivindica la importancia de acumular fuerza ciudadana y apoyo
internacional, sin lo cual no se puede doblegar a un enemigo sin
escrúpulos.
En
fin, cuando ya no valen dudas sobre el talante del régimen, cuando tenemos a
Cuba como espejo; contar con una líder dispuesta a luchar por la
libertad, ¡debería ser una buena noticia! Sabemos que eso no
es suficiente para salir del hoyo. Pero la sociedad venezolana, responsable
de su propia ruina, debería tomar en serio un dilema obviamente existencial: o
hacemos un bloque sólido a favor de la libertad, o aportamos nuestro silencio y
complicidad para que siga la molienda.
EZIO
SERRANO PÁEZ


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Para comentar usted debe colocar una dirección de correo electrónico