LUIS UGALDE 12 de marzo de 2024
El
exrector de la UCAB destaca la urgencia de un cambio político «sabio,
tolerante, inclusivo, para rescatar la democracia y reavivar la economía y las
libertades». También resalta la importancia del liderazgo de María Corina
Machado para la transformación y la necesidad de luchar por su candidatura
presidencial
Son
muchas las diferencias entre los venezolanos, pero tenemos un consenso: queremos
con urgencia un cambio político para salir de este desastre con una inteligente
transición.
Las grandes transiciones políticas producen cambios partiendo de enfrentamientos radicales entre el régimen reinante y la realidad naciente. Ejemplos, como en Polonia, España y Chile, que pasaron de la dictadura a la democracia, demuestran que al comienzo no parecía posible ningún cambio pacífico. Pero visto en perspectiva, sorprende gratamente el “milagro” de una evolución en la que conviven y colaboran los perseguidos y perseguidores de ayer. Descubren que unos y otros no sólo son tolerables, sino que son necesarios para la alternativa. Por ejemplo, en Chile, el sangriento dictador Pinochet colabora como ministro de la Defensa en el giro democrático. En ese tránsito reconocen sus errores y van descubriendo el valor y la necesidad de la convivencia entre distintos. El cambio no es sustituir una exclusión dictatorial por otra.
Sin ir
lejos, en Venezuela vivimos una muy exitosa transición, de la dictadura
gomecista hacia las libertades democráticas, con el general López
Contreras, que heredó el poder por ser ministro de la Defensa de Juan
Vicente Gómez. Su gobierno combinó la continuidad dictatorial con cambios
democráticos que eran defendidos por los opositores en la cárcel y en el
exilio. El general López Contreras, con su Congreso Nacional, cambió la
Constitución, acortó de 7 a 5 años su período presidencial y prohibió la
reelección presidencial inmediata.
Con
él, muchos perseguidos regresaron del destierro o salieron de la prisión para
hacer política partidista opositora, y a la enorme manifestación
de protesta antidictatorial del 14 de febrero de 1936 no la reprimió, sino que
respondió con el audaz Programa de Febrero, que se nutría de las exigencias de
la oposición. Pronto nacieron instituciones tan importantes como la Oficina
Nacional del Trabajo y el Instituto Pedagógico. Los impacientes y
puristas podrían criticar la lentitud e incoherencia de las reformas, pero
visto en perspectiva, la vida política de Venezuela en 1941 no es la de 1935.
El enfermo social no salta de golpe y sin transición desde las puertas de la
muerte al pleno disfrute de la salud.
Las
transiciones exitosas muestran que en la Fuerza Armada debe haber continuidad
institucional, con voluntad y visión de cambio democrático.
Ahora,
Venezuela necesita un cambio sabio, tolerante, inclusivo para rescatar la
democracia y reavivar la economía y las libertades sociales. Este
año 2024 es clave para abrir las puertas de la democracia; será exitoso si
sabemos recorrer ese camino con grandeza, humildad y sentido del
perdón, para juntarnos todos en el esfuerzo común del cambio y dela
reconstrucción.
Hace
pocos meses, en las primarias de la oposición, la gente sorprendió con
su concurrida votación pacífica y llena de esperanza de renovación. Y el
Gobierno autocrático básicamente respetó los resultados. La opositora
María Corina Machado ganó la candidatura con más de 90% de los votantes. Con
ello, Venezuela le dio el mandato claro para convertirse en líder
principal del giro democrático y de la restauración del país. Una
tarea casi imposible, si el régimen y la oposición no se inventan de nuevo.
Ahora
María Corina no es solo la jefa de un pequeño partido, sino
que ha recibido la misión de renacer como la líder con la sabiduría y el coraje
para que Venezuela renazca social, política y económicamente desde las
ruinas actuales. De ninguna manera es aceptable que el régimen la excluya y
la inhabilite para ser candidata presidencial porque la ve como ganadora y
conductora del CAMBIO PARA SALIR DE LA DICTADURA. No hay ninguna
condena judicial que la invalide y es una barbaridad eliminar a la elegida por
el pueblo, porque encarna el cambio anhelado. Más insensato sería que
la oposición mansamente aceptara la eliminación de la candidatura de MCM,
porque no le gusta al régimen o porque ha sido crítica de la oposición.
Pero
esa candidatura obliga también a MCM a nacer a la nueva responsabilidad y asumir
el reto inmenso de liderar la transformación y la transición sumando todas las
fuerzas posibles. La tarea es abrumadora y las fuerzas, escasas. La
misión de MCM no termina con la próxima elección presidencial, sino que apenas
comienza.
En
resumen, Venezuela necesita un CAMBIO y para salir de esta muerte ha
escogido a MCM, porque siente que la encarna y debe liderarlo. El
éxito pasa por el desarrollo de cualidades de líder con tan difícil misión.
Nacional e internacionalmente hay que reforzar su liderazgo para el rescate y
la reconstrucción de la nación, y ella tiene que buscar y atraer a los
múltiples liderazgos, reforzarlos; aprender también de ellos en las diversas
regiones y en diversos sectores sociales e instancias no políticas.
MCM es
la líder escogida para ganar la presidencia y conducir la tarea de recuperar a
Venezuela. Desde ese liderazgo tiene (y tenemos) que enfrentar la
anticonstitucional inhabilitación, sabiendo que el régimen está
decidido a mantener su eliminación. Ella no puede renunciar a la candidatura,
ni puede dejar a los demócratas sin alternativa electoral para derrotar a
Maduro. Hay que luchar para que sea candidata a la elección
presidencial, o en caso extremo ponga en el peso de su liderazgo con otra
candidatura suya y nuestra, capaz y abierta para sumar fuerzas para la
transición y la recuperación nacional.
LUIS
UGALDE


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