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sábado, 21 de enero de 2023

Editorial Revista SIC Nº 842 / Centro Gumilla @centrogumilla

 



L os 85 años de la revista SIC y los 55 años del Centro Gumilla son una ocasión propicia para la autorreflexión, el discernimiento y el relanzamiento de estas dos instituciones que nacieron en momentos distintos y se integraron, posteriormente, para potenciar el deseo de servir al país desde la justicia que brota de la fe y busca la reconciliación, en un contexto de profundización de heridas históricas y de transformación del resentimiento en política de Estado. El Centro Gumilla y la revista SIC desean contribuir a una desafiante misión en un país en transición cultural, social, económica y política. Releer la historia desde los ojos de SIC y aportar al presente, con perspectiva de futuro, desde la acción del Gumilla es un esfuerzo loable. Queremos aprovechar el espíritu de los aniversarios para emprender este reto, como una misma obra que se abre a la voz de Dios y se dispone a ser instrumento de su gracia liberadora en sectores concretos de incidencia. El pensamiento del papa Francisco puede ayudarnos en este cometido. Sus palabras sabias son una inspiración permanente para toda la Iglesia. También alimentaremos nuestra reflexión con elementos propios de nuestra tradición institucional y espiritual. SIC, PENSANDO EL PAÍS DESDE LO COMPLEJO La revista SIC se integró al Centro Gumilla desde la creación de este en 1968, convirtiéndose inmediatamente en su principal órgano de pensamiento. SIC ha ayudado a pensar el país desde una visión amplia, que integró la perspectiva cristiana (particularmente desde la Enseñanza Social de la Iglesia, las preocupaciones sociales de la Compañía de Jesús y luego el Concilio Vaticano II, y la Teología de la Liberación) con las ciencias sociales, en un esfuerzo por aportar a la construcción de un orden social justo que permitiera sacar de la exclusión a las grandes mayorías venezolanas. La incidencia de SIC en el mundo académico, político y social ha sido notable. Hoy sigue siendo un desafío decir una palabra que genere confianza y permita orientar nuestra reflexión y acción social por varias razones. La primera es que SIC es una referencia que recoge los acontecimientos más importantes de la historia venezolana de casi un siglo. Los cambios sociopolíticos y económicos, junto con nuestra influencia en el plano internacional, entre finales de los años 30 del siglo pasado e inicio de los años 20 del siglo xxi, son una clave para entendernos y trazar un horizonte hacia dónde caminar. Pero más allá de lo histórico, SIC está llamada a constituirse en una publicación de pensamiento renovado y abierto, de pensamiento incompleto, como diría el papa Francisco1 . Es importante dialogar con un mundo de cambios acelerados que nos hace salir de nuestros referentes teóricos y culturales inmediatos para tratar de comprender, con otras categorías y estructuras de análisis, la realidad de hoy. Las orientaciones que Francisco dio a las revistas jesuitas de Europa son completamente aplicables a SIC. Por ejemplo, dice el Papa que “… la misión de una revista cultural es comunicar […] de la manera más encarnada posible, personalmente, sin perder la relación con la realidad y las personas, el ‘cara a cara’”2 , pues la realidad es superior a la idea. Y añade que hay que “… ayudar al discernimiento que lleva a la acción”3 para no quedarnos en simples discusiones o debates. “Se discuten las ideas, se discierne la realidad”4 . Sin embargo, en el contexto actual es crucial que la revista ayude a pensar estructuralmente la reconstrucción social del país: ¿Cómo debería ser el Estado? ¿Qué tipo de educación necesitamos? ¿Cómo poner las bases de una reconciliación duradera, con justicia? ¿De qué manera desarrollamos una economía que tenga como centro a las personas? ¿Cómo desarrollar una ciudadanía robusta con sentido global? ¿Cómo hacer la vida sostenible desde una conversión a nuestra relación con la tierra? Este esfuerzo por pensar la reconstrucción nacional es fundamental en un país de tantas urgencias y poca dedicación para trazar proyectos a largo plazo. Sin embargo, solo será posible con un decidido plan de acción que incluya la composición de un Consejo de Redacción de altura y el desarrollo de una agenda sistemática de análisis con temas como los arriba mencionados.

sábado, 12 de noviembre de 2022

El valor de la vejez / Editorial revista SIC 841 @centrogumilla

 


El éxito de una sociedad, de un país, de una nación, puede ser medido con dos indicadores tremendamente elocuentes y sensibles: cómo recibe a sus niños pequeños y cómo atiende a sus ancianos. Es decir, de qué forma se ocupa de los extremos más frágiles de la población. Solíamos pensar y sostener que Venezuela era un país de gente joven, sin embargo hoy son muchos los que se han ido en busca de oportunidades fuera de las fronteras, y esta emigración nos ha convertido en una nación evidentemente envejecida. ¿Y es esto de por sí malo? ¿Puede un país dejar de salir adelante por tener población anciana? “Si queréis leer o escuchar historias de países extranjeros, encontraréis grandes estados arruinados por sus dirigentes jóvenes. Pero estos mismos estados fueron regenerados y sustentados por dirigentes ancianos”. Con esta frase Cicerón dejaba en claro el papel protagónico que la senectud tiene en las situaciones verdaderamente importantes de la vida de los países. Sin duda alguna el ímpetu, la audacia y la euforia son necesarios como fuerzas motivadoras y movilizadoras de los procesos sociales, pero igualmente la experiencia sosegada, los errores aprendidos y la visión a la distancia de los hombres y las mujeres mayores otorgan y traen consigo aportes claves y fundamentales para hacer las cosas bien. Es ese el valor de la vejez. La voz sensata del papa Francisco lo repite con atinada insistencia: “… déjense iluminar por los consejos y el testimonio de los ancianos”. Esto debemos entenderlo todos, de manera especial en Venezuela. Para dejarnos iluminar por ellos, es necesario primero que nuestros viejos vivan bien y dignamente. En un país donde los servicios hospitalarios son tan deficientes, donde la inflación hace que las pensiones se vuelvan sal y agua, es muy difícil para este sector de la población que la dura situación no los arrolle. Lo dicen los expertos, “… la seguridad social de la población mayor no es sólo una pensión, sino que además debería incluir el acceso a medicinas, atención médica y recreación”1 . Desde hace mucho tiempo en Venezuela esto no ocurre, es una deuda pendiente de larguísima data. Nuestros ancianos han tenido que reducir sus porciones de comida diaria, restringir el consumo de ciertos alimentos, dejar de adquirir insumos, medicinas, ropas nuevas. Se van poco a poco pauperizando hasta llegar algunos a alarmantes e inhumanos niveles de cuasi indigencia. Visto así, el valor de la vejez trae un reto doble para nuestro país. Por un lado, exige de las autoridades competentes e instituciones responsables en particular, y de todos los ciudadanos en general, el reconocimiento de los adultos mayores en su especial situación de fragilidad, y la atención digna y respetuosa que merecen. Pero al mismo tiempo, exige de los ancianos en este momento aciago que vivimos en Venezuela que alcen su voz, compartan su experiencia y se sumen a la causa de la urgente reconstrucción nacional. 

NOTAS: 1 Los Angeles Times (abril 9, 2022): “Los pensionados en Venezuela viven de la caridad de terceros"

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