CARLOS RAÚL HERNÁNDEZ 15 de noviembre de 2015
Nadie
sabe qué hará el 6D el gobierno que anuncia que “no entregará la revolución”
(como llaman esta vergüenza), “hay que ganar como sea”. Como en Burundi o Costa
de Marfil, amenaza con un golpe de Estado (“cívico militar”) acompañado del
“pueblo”, lo que precisamente tienen en contra en 90%. Algunos opositores
frente a esas amenazas, en vez de cerrar filas y amenazar, por su parte, con su
arma de reglamento, el voto, la emprenden contra quienes dan la cara y los
acusan de no saber qué hacer frente a esta eventualidad. Un comportamiento como
el de quien le secuestran a su mujer, y se pone de parte de los secuestradores
porque “le he dicho a esa gafa no se deje secuestrar.” Desde hace más de década
y media, la oposición se enfrenta agónicamente al Leviatán totalitario que
devora la libertad y la vida civilizada. Protestas, grandes marchas desmañadas,
errores, aciertos, procesos electorales, artículos, declaraciones de prensa,
radio y televisión, recorridos al país. Una pasión con uñas y dientes mantuvo a
distancia, hasta ahora, el destino cubano.
Las
bases de la lucha han sido el coraje y la desigualdad, el ventajismo y el
abuso, en una refriega de opositores “armados más de valor que de acero” como
decía Zorrilla, contra el dragón revolucionario amoral e inconstitucional. Así
es en todas las luchas contra autocracias a lo largo de la historia. Por
fortuna quedó atenuada la prédica que llamaban a abstenerse, porque “no había
condiciones” y solo uno que otro excéntrico insiste en semejante cosa. El 6D no
puede verse como un duelo al amanecer, con padrinos, pistolas calibradas, paltó
levita y leyes caballerescas. Una esgrima olímpica en la que por falla técnica
se gana o pierde la condecoración. La lucha contra las dictaduras es
existencial.
La Unidad va de frente y da la cara
Quienes
han dado las batallas se entregaron a fondo, en renuncia de comodidades o
privilegios. Otros se han vendido roñosamente al gobierno, como varios hoy
candidatos del MIN. Y muchos comen y callan. Pero la Unidad se mantiene, da la
cara. Chilenos, argentinos, brasileños, cubanos desafiaron con el físico
regímenes atroces sin “garantías” de Pinochet, Videla o Castro. Es defender la
familia de un atraco o secuestro sin poder valerse más que de lo que se tenga a
mano. A nadie se le ocurrirá reclamar al padre o la madre que se enfrentaron
“que lo hicieron sin exigir condiciones justas” en la refriega, que no se
plantó y dijo “¡iguáleme señor secuestrador. Si no lo hace me voy a mi
habitación y lléveselos a todos!” ¿Es que David debió negarse a defender su
tribu a menos que le pusieran “uno de su tamaño” y un árbitro imparcial? Hay
que entender el despecho y la amargura de muchos por la derrota
Hay
gente que lo único que ha hecho de vez en cuando es votar o ir a alguna marcha,
y anuncia “no voto más. Perdí la esperanza”. Pero es traición en “expertos” que
llenan la cabeza de los electores de inseguridad y obviedades rotundas. Sugerir
entregas o trapicheos de Capriles, Falcón, Rosales, López, Borges, Ramos,
Rondón, Márquez y tantos otros que se juegan el físico en esto, es más que
canalla en boca de “conocedores”, que preparaban en 2013 la calumnia con el
mísero axioma de “Capriles sólo pierde con fraude”. Perdió con votos de
convencidos y de empleados públicos aterrados porque su voto no sería secreto,
-gracias, entre otras, a prédicas de opositores-, mujeres que alimentaban sus
hijos en la mano del gobierno, gente presionada y engañada. Es luchar en
desventaja o entregarse. That is the question.
Gracias a los prudentes
Como
escribió Spencer es “el Estado contra el hombre”. El gobierno dilapidó la renta
petrolera para arrasar la democracia y logró un apoyo que ya se consumió y hoy
tiene el agua al cuello. Crece el prestigio de los candidatos opositores en la
antesala de las elecciones de diciembre, por el simple hecho de que el país ve
el 6D como una tabla de salvación. Los venezolanos no quieren violencia y saben
que un triunfo democrático recupera la lucha por la paz y la convivencia y otra
será la historia.
No
habría un CNE hegemónico, ni un Tribunal Supremo de militantes del PSUV, ni
presos políticos. El gobierno aún más debilitado necesitará de la mayoría
opositora para sostenerse y su peor escenario será que pretenda un arrebatón
cuando tienen el país masivamente encrespado. El gobierno anuncia un golpe de
Estado, que lejos de perpetuarlo haría que la ilusión revolucionaria terminara
más ruinosamente. Es probable que se haya sostenido hasta ahora porque manejó
hábilmente una ilusión de legitimidad basada en las elecciones. Las dictaduras
dicen fundamentarse en el llamado al orden, la disciplina, la seguridad y los
actuales desvencijaron todo en anarquía y el país se los reclama. Una dictadura
maneta, incompetente, desorientada, inútil, terminaría como su caso más
parecido: Perú de Velasco Alvarado. La refriega continúa a fondo, sin descanso,
para recuperar la Asamblea para la democracia y para torcer la marcha
económica. Hay que agradecer a los abstencionistas que se incorporaron a la
lucha electoral o mantienen la prudencia. No hay cansancio ni desmoralización
en los que luchan todos los días, porque nadie puede cansarse de respirar.
Venezuela no será Cuba.

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