Americo
Martin13 noviembre 2015
Durante
el oscuro reinado de la mentira en Rusia soviética y sus países enyugados, en
Alemania nazi y los suyos o donde eche
raíces el fundamentalismo, la verdad fue y es perseguida con ferocidad. En
cambio, en regiones democráticas la mentira es relativamente venial; coexiste
con la ley y la justicia, empañándolas sin abolirlas, y es mantenida a raya por
las instituciones y la fuerza de la libertad de expresión. “El derecho de
ladrar”, que llaman. Súmense el Derecho Internacional Humanitario y las ONG¨s
de DDHH, en expansión a lo largo del
planeta. La mentira y los abusos no sistémicos se combaten con las armas de la
Ley y el Derecho. El problema es la mentira sistémica, propia de los Estados de
índole o vocación totalitaria.
Un
gran ensayista e historiador de la era soviética, Alexander Solzhenitsyn,
definió con su sangre lo que a su juicio es la mentira bajo el dominio del
terror absoluto:
La
mentira totalitaria reposa sobre dos pilares: la destrucción de la memoria y el
neolenguaje totalitario. No hay conciencia sin memoria. La lucha del hombre
contra ese poder es también la lucha de la memoria contra el olvido.
Los
interesados en falsear la historia u ocultarla para ponerla al servicio de su
egolatría están en el poder. Los urgidos de restablecerla para aprender de ella
y hacerla florecer, en la oposición.
¿Por
qué definir el régimen que hoy oprime a Venezuela como de “vocación totalitaria”
y no llamarlo totalitario a secas? Porque no basta con “desear” la implantación
de un sistema de semejante perversidad; se requiere adicionalmente que la
sociedad civil se rinda, se entregue, se abstenga y se retire de la lucha con
fingida o real altivez. No es ese el caso de nuestro país, donde la contención
democrática ha aprovechado para multiplicarse como los peces y panes del Nuevo
Testamento.
La
causa democrática navega a vela desplegada, va con la corriente; el
totalitarismo se repliega por más que amenace. Se aproxima a una amplia derrota
que nunca imaginó. Que pretenda perpetuarse depende de su fuerza real, hoy
visiblemente menguada, en contraste con el fortalecimiento de la alternativa
democrática.
Escrito
lo anterior, recibo la noticia del escándalo en que se envuelven los sobrinos
Flores. De confirmarse tal información, será un clavo más para el ataúd del
venenoso modelo que asfixia a Venezuela. Un cementerio cubierto de flores.
No
quiero dejar de mencionar a Manuel Rosales, líder máximo de UNT y víctima de un
juicio abominable del cual desertaron el magistrado que lo condenó y el
principal acusador. Rosales volvió al país a contribuir con la hermosa
movilización nacional por la democracia, a sabiendas de que perdería su
libertad. ¡Bienvenido a Venezuela, Manuel! Al igual que Leopoldo López, Antonio
Ledezma y otros precios políticos no hay nada que te incrimine. Tu retorno es
una buena contribución para el cambio. El gobierno te ha convertido en el más
reciente de los bravos rebeldes “sin causa”.
La MUD
cabalga el caballo del voto castigo. No dispersemos la voluntad popular; hay
que sufragar por su posicionada tarjeta, abajo-a-la-izquierda, en busca de una
victoria decisiva, pórtico del cambio que comenzará el 6D. Emularía así
–permítaseme la audacia- a Los Propileos, maravillosa entrada al corazón del arte clásico: la Acrópolis y el Partenón.
¿Exuberancia
retórica? Probablemente, pero no para los que luchan con su alma por una
democracia de veras que dignifique y salve de la ruina a los habitantes de esta
escarnecida nación.

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