Por
Fernando Facchin B., 07/11/2015
Racionalidad
política es sinónimo de cohesión social y la cohesión social nace de la imperiosa necesidad
de encarar la problemática política negativa para la superación de las
aspiraciones ciudadanas de superación de la indigencia, los altos índices de
pobreza, la desigualdad, la discriminación y la exclusión social. La cohesión social
propende la interacción ciudadana basada en los principios de cooperación y
comunicación.
Venezuela
está hoy en una difícil encrucijada que puede derivar en una anarquía absoluta;
estamos en un punto muerto, sin rumbo, sin salidas, con una grave ingobernabilidad causada por una política
oficialista equivocada y por una insatisfacción social de alto grado, con un
estrepitoso derrumbe del régimen.
La
realidad del país lleva al régimen a actuar con una agresividad inusitada para
enfrentar lo que considera un desafío a su dominación, las parlamentarias, actúan
con un lenguaje impropio y utilizando recursos amorales contra los opositores
para pretender eliminar la esperanza de un cambio radical en el quehacer
político, se observa una gran destemplanza emocional de los capitostes del
régimen, ya entienden que con las parlamentarias en manos de diputados
honestos, no serviles a un régimen depredador, se creará una nueva visión de
país, se modernizaran las leyes y se derogaran todas aquellas innecesarias, repetitivas
y contradictorias.
Frente
a la constatación de la falta de consolidación del régimen, sus protagonistas
reaccionan brutalmente con amenazas, por ejemplo: “como sea”, “ganaremos por
las buenas o por las malas”, “la revolución no se entrega”, “gobernaré con el
pueblo y con una junta cívico-militar”, para ellos la parlamentarias son un
peligro inminente, no cabe duda que tienen en mente la disolución de la AN.
Tenemos
que entender que el modelo político oficial es inviable
por antidemocrático y violador del estado de derecho, una inmoral concentración de poder con captura
de las instituciones y en especial al poder judicial.
Es
hora de abrir una mirada hacia la unidad para engrandecer nuestro país, hacer
un llamado a quienes sufren cada día la escasez, el desempleo, la salud, la delincuencia
y la dificultad para la obtención de bienes para su subsistencia.
El
régimen habla de paz en forma cínica, en el país habrá paz cuando se reconozca
que la oposición tiene derecho de existir y se deje de inculcar odios mortales
contra los disidentes. No habrá paz mientras la ambición de poder y el miedo a
perderlo persistan en aniquilar a la oposición. Maduro no es el hombre indicado
para convocar a la paz, el sólo convoca al caos, a la violencia y a la muerte.
De
acuerdo a lo expuesto estamos obligados a reconstruir la racionalidad política,
para lograr un extraordinario triunfo electoral y así superar el
vaciamiento institucional creado por la
política oficialista. De no hacerlo siempre estaremos en el péndulo de la
ilusión a la frustración

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