Por Santiago Clavijo, 10/08/2016
Hemos insistido que no hay salida fácil cuando se enfrenta un gobierno
autoritario que se apoya en otros poderes que, lejos de cumplir sus
obligaciones constitucionales, se dedican a darle forma “legal” a todo aquello
que lo favorezca, sin importarle lo que sienta el grueso de los venezolanos.
La Sra. Lucena nos dio ayer una clase mala sobre procedimientos
electorales; mala por la falta de coherencia discursiva, pero sobre todo mala
porque nos demostró que aun teniendo razón, como la tenemos, el manejo
interesado de los lapsos, los formales y los llamados “fantasmas”, le permiten
al CNE torcer lo que es su principal obligación: facilitar la expresión
electoral de los deseos de los ciudadanos.
Es de destacar, que más allá de auto elogiarse constantemente, personal
e institucionalmente en cuanto a eficiencia y probidad, casi de inmediato
presenta como indispensable el uso máximo de los tiempos para el cumplimiento
de las diferentes etapas, algunas de las cuales aunque pudiesen afrontarse en
paralelo, parecieran confirmar que están impedidos para caminar y mascar
chicle.
Lo más destacado de su presentación fue la ratificación de que el
proceso del Referendo Revocatorio Presidencial continúa, dado que se cumplieron
todas las exigencias y se vencieron los obstáculos de todo tipo, creando ex
profesouna gran incertidumbre en cuanto a la fecha del mismo, ya que después de
captado el 20% de voluntades a favor (innecesariamente a finales de octubre) se
aplicará un lapso que podría permitir el ejercicio del mencionado derecho
constitucional en cualquier momento dentro del mismo.
De manera que el CNE no ha fijado fecha para el referendo, un rector y
numerosos técnicos han dicho reiteradamente que el mismo se puede adelantar
este mismo año y que es el deseo de más del 80% de los venezolanos el ejercer
una forma pacífica y constitucional de cambio de gobierno.
En consecuencia, los que hemos solicitado el referendo debemos seguir
exigiendo que el mismo se realice antes de que finalice el 2016 y el
mejor momento para hacer evidente nuestra exigencia es la Marcha a Caracas
fijada para el 1 de septiembre y a la que debemos respaldar unitariamente, sin
olvidar que las elecciones de gobernadores y consejos legislativos ya han
debido ser convocadas, y que su realización es otro derecho que no debemos
ceder.
Recordemos, la lucha no ha sido fácil y no lo será, el adversario no
tienen escrúpulos, como es típico de los que presumen de pureza, y que debemos
estar preparados para nuevos obstáculos. Lo importante es mantener la firmeza,
exigir la más amplia unidad posible, desterrar el desánimo y aceptar que todos
podemos jugar un papel que, ajustado a las circunstancias personales, nos
permita construir un país diferente y mejor.
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