MICHAEL RENNIER 13 de agosto de 2016
Cuando
mi esposa me dio la excelente noticia de que esperábamos un bebé, nuestra
primera hija, salí inmediatamente a la calle lleno de principiante entusiasmo
paternal a comprar una edición de coleccionista de El Principito. Esta célebre
obra de Antoine de Saint-Exupéry es uno de mis libros favoritos y estaba
deseoso de empezar a leérselo a mi pequeña.
Aunque
mi compra se produjo con bastantes años de antelación, en los años siguientes
lo leímos al menos veinte veces de principio a fin. El libro, con su profundo
mensaje espiritual y sus fantásticas y originales ilustraciones, sigue
despertando todas nuestras atenciones.
El Principito es un libro profundamente
espiritual
El
Principito es sin duda un libro infantil, pero trata algunos temas de adultos
bastante serios. No hay nada edulcorado: un accidente aéreo, los peligros de la
inanición en el desierto y una serpiente venenosa que, al final, causa la muerte
del Principito.
El
mismo Principito destaca durante la historia que añora su hogar y que “es tan
misterioso el país de las lágrimas” de este mundo. Cuando lo leí a mis hijos,
anticipaba que ellos tendrían que esforzarse por entender algunos de los momentos
más emotivos, en especial la muerte del Principito, pero me sorprendió ver que
lo aceptaron con mucha calma.
No es
que la televisión y los videojuegos los hayan desensibilizado ante la muerte y
la violencia; de veras creo que se sentían tristes al final del libro, pero de
una forma más contemplativa de lo que yo esperaba. Así que pasamos un rato
hablando y reflexionando sobre eso juntos, y me di cuenta de que el libro en sí
ofrece un antídoto para el dolor dentro del texto: escondido en el corazón de
El Principito hay una profunda reflexión espiritual que les ayudó estar en paz
con el final.
“No
importa en qué desierto metafórico nos encontremos en el transcurso de nuestra
vida, siempre hay un pozo oculto que la riega y la hace florecer”.
En la
historia, el narrador hace un aterrizaje forzoso en el desierto con su
aeroplano y al poco se encuentra con el Principito. Los dos hablan y tratan de
arreglar el avión, pero el Principito parece poco preocupado sobre morir en el
desierto. No es que sea un suicida; es que tiene un secreto: hasta en el
desierto hay agua. “Lo que más embellece al desierto”, dice el Principito, “es
el pozo que oculta en algún sitio…”.
No
importa en qué desierto metafórico nos encontremos en el transcurso de nuestra
vida, siempre hay un pozo oculto que la riega y la hace florecer. Para
encontrarlo, debemos aprender a ver más allá de las cuestiones materiales y de
nuestra situación inmediata e ir directamente al corazón de la vida.
El Principito no ignora la realidad de que la
vida puede ser menos que perfecta algunas veces. Los desiertos áridos son bien
reales y hay ocasiones en las que tenemos que atravesarlos, a menudo de forma
inesperada. Pero el autor recuerda a sus lectores que lo que vemos con nuestros
ojos físicos no revela la imagen completa.
El
Principito dice: “Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es
invisible para los ojos”. En otras palabras, siempre podemos extraer más de la
vida si tan sólo nos tomamos el tiempo de mirar con nuestros corazones. Lo que
se revela así es a menudo mucho más importante que las distracciones del mundo
visible.
“Si te
gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por la
noche. Todas las estrellas han florecido”
Para
el Principito, lo que ve con su corazón es su querida rosa (y para
Saint-Exupéry, la flor representaba a su esposa en la vida real). No puede ver
su rosa físicamente porque está muy lejos, creciendo en su planeta natal,
perdido en la vastedad del cielo nocturno. Pero como sabe que su rosa está ahí
fuera en algún lugar y debido a su inquebrantable amor por su rosa, todas las
estrellas del cielo parecen sonreírle alegremente. Según él mismo explica: “Si
te gusta una flor que habita en una estrella, es muy dulce mirar al cielo por
la noche. Todas las estrellas han florecido”.
Yo,
como padre, quiero proteger a mis hijos desesperadamente y ahorrarles cualquier
peligro (ya sean serpientes o simplemente un día malo en el colegio). Pero
llegará un momento en que crezcan. Quizás sus corazones se romperán después de
un romance o se enfrentarán al reto de sus carreras o se encontrarán en el
torbellino emocional de algún desastre imprevisto.
No
puedo protegerles de todo y me duele mucho admitirlo. Pero lo que sí puedo
hacer es ayudarles a ver que en todo desierto hay un pozo de agua, y que oculta
en todo cielo ennegrecido hay una rosa, y que cuanto más nos amemos los unos a
los otros más fuertes seremos, aunque el amor sea invisible al ojo humano.
El
amor es el regalo más preciado que recibimos de Dios. Con amor, no hay
adversidad, contratiempo ni dificultad que pueda arrebatarnos la belleza y la
alegría de vivir, aunque en algunos momentos experimentemos la tristeza y
sintamos que nos hemos estrellado en un desierto. Por encima de cualquier
circunstancia, la vida es hermosa porque en el universo hay un amor tan
poderoso que vencerá a todo mal.

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