Páginas

sábado, 2 de febrero de 2013

EE UU alcanzó récord en envíos de gasolina hacia Venezuela


ANDRÉS ROJAS JIMÉNEZ 2 DE FEBRERO 2013

El Departamento de Energía informó que exporta 111.000 barriles por día de productos refinados

El ministro de Petróleo y Minería, Rafael Ramírez, ha sido reiterativo al negar que se está importando gasolina y menos de Estados Unidos, pero mensualmente –desde diciembre de 2011– el Departamento de Energía reporta que en 12 meses se han incrementado los despachos de este combustible, que se suman a los de aditivos que se importan para la producción de refinados.

Esa oficina del gobierno estadounidense informó en su más reciente reporte que en noviembre del año pasado se importaron 85.000 barriles diarios de gasolina convencional, volumen que marca récord respecto a las cifras que reporta esta agencia desde 1993. Incluso, este volumen es mayor a las compras que se hicieron en Estados Unidos en febrero de 2003 cuando se compró un nivel diario de 36.000 barriles diarios, debido a los problemas que se generaron en las refinerías por el paro petrolero.

El reporte señala que el total de importaciones de productos refinados hechas por Petróleos de Venezuela alcanzó en noviembre 111.000 barriles diarios, de los cuales 76,5% corresponde a gasolina. 23,4% corresponde a la compra de 25.000 barriles diarios de un aditivo para la elaboración de gasolina como el metil ter-butil éter –conocido comúnmente por sus siglas MBTE– y 1.000 barriles diarios de lubricantes.

El mayor nivel de despachos de productos refinados desde Estados Unidos hacia Venezuela se registró en septiembre cuando se alcanzó el pico de 196.000 barriles por día, pero en esa oportunidad la importación de gasolina fue de 68.000 barriles diarios.

En lo que respecta a exportaciones por Venezuela, el Departamento de Energía informó que en noviembre de 2012 se colocaron por encima de 1 millón de barriles, de los cuales 96,4% es crudo y 3,5% combustibles.

Crudo sube a $ 104,92 por barril

El precio del petróleo venezolano se cotizó en la quinta semana del año en 104,92 dólares por barril, la cotización más alta en lo que va de 2013. Esto representa un aumento de 1,76 dólares respecto a la jornada anterior.

“El optimismo sobre el desenvolvimiento de la actividad económica global y las preocupaciones por los suministros debido a las tensiones geopolíticas en el Medio Oriente impulsaron los precios”, dijo el Ministerio de Petróleo y Minería en su reporte semanal. 

El precio promedio anual de la cesta venezolana se ubica en 102,25 dólares, lo que representa 85,9% por encima de la referencia de 55 dólares que se utilizó en el presupuesto público.  

Formar mayorías en democracia


Escrito por Adela Cortina Viernes, 01 de Febrero de 2013

La democracia representativa no es el gobierno del pueblo, en ningún lugar de la tierra gobierna el pueblo. Es más bien el gobierno querido por el pueblo, y ni siquiera eso: es el gobierno querido por la mayoría del pueblo, incluso por la minoría cuando los partidos en el poder no tienen mayoría absoluta. Cómo se forma esa mayoría cuyos representantes pactan con las minorías es un gran problema.

Puede hacerse por agregación de los intereses de los votantes. Los partidos políticos compiten por sus votos tratando de sacar a la luz cuáles pueden ser los intereses de los distintos sectores y les aseguran que van a satisfacerlos. Las gentes sopesan bien las diferentes ofertas, las estudian y optan por las que les parecen mejores. El deliberacionista critica esta forma de actuar porque la considera equivocada. No nacemos ya con intereses, sino que los intereses se forman socialmente, ni es auténtica democracia aquella en que las gentes buscan su interés particular, como si no fuera posible forjarse una voluntad común mediante la deliberación y el intercambio de argumentos. Esto es lo propio de un pueblo, de un demos, el poder decir “sí, nosotros queremos”, y sin él no hay democracia posible. Aquí en España no hay nosotros que valga, y cuando lo hay, es contra otros.

Pero tampoco es muy seguro que estemos mostrando el caletre necesario para sopesar qué nos interesa, para estudiar las propuestas y pedir responsabilidades cuando no se cumplen. Estamos más bien en manos de quien nos sepa manipular.

Como el colesterol, que puede ser malo o bueno, hay una buena retórica y una mala. La primera trata de conocer los sentimientos de los interlocutores para que puedan entender el mensaje que se les quiere transmitir y por qué les beneficia. El mensaje, claro está, ha de ser bueno para ellos. Si no se logra la sintonía, si no se alcanza la comunicación, entonces el buen mensaje no llega. La mala retórica, por su parte, trata también de conocer los sentimientos de los interlocutores, pero para intentar colocarles el producto que interesa al retórico sin que se den ni cuenta, aunque se produzca con ello un daño irreparable. Al arte el de la mala retórica se le puede y debe llamarse manipulación. En él tienen un papel clave los medios de comunicación con sólo destacar unos sucesos u otros, con sólo subrayar unas frases y callar otras.

Que un país sumido en una brutal crisis económica tenga que soportar que el Gobierno se ocupe de eliminar de la enseñanza pública la asignatura Educación para la Ciudadanía es un síntoma pésimo. Se trata de un país que no tiene pueblo, sino masa, dispuesta a seguir bailando a cualquier flautista embaucador.

Algunos hemos dicho que la asignatura no va a forjar ciudadanos comprometidos ni detritus sociales, que el asunto son los manuales y quién imparte la asignatura, y sobre todo que el problema de la educación no se reduce a enseñar el uso del preservativo, que es lo que al parecer les importa a representantes visibles de los dos grandes partidos. Cuando la educación en su conjunto es deplorable y los alumnos llegan a la Universidad con un nivel cada vez más bajo.

Hay muchas tareas pendientes para la construcción de una democracia: crear partidos democráticos, capaces de contagiar a la sociedad democracia y pluralismo, poner trabas al gobierno de las minorías, quitar fuerza a los aparatos de los partidos, promover una ciudadanía activa. Pero la más importante consiste, a mi juicio, en formar mayorías cultivando pueblo y no masa.

Catedrática de Ética y Filosofía política de la Universidad de Valencia
Recibido por correo

viernes, 1 de febrero de 2013

El Concejal en el Municipio: 3 décadas


Por Carlos Romero M., 31/01/2013

En un escrito anterior[1], afirmaba que el Concejal es un actor clave en la tarea de atraer al ciudadano a los asuntos públicos locales, y así promover la revalorización del Municipio. Esa tarea se debe lograr a través de los distintos mecanismos que el legislador le ha otorgado al Concejal para poder cumplir su labor legislativa sobre los asuntos estrictamente locales.

La Ley Orgánica del Poder Público Municipal vigente establece que esas herramientas previstas para promover un ciudadano más interesado en la política local y así mucho más identificado con las instituciones locales, son: la consulta de ordenanza, el asesoramiento vecinal, lo que he llamado el debate vecinal y por último, el Consejo Local de Planificación Pública, instancia de planificación local en la cual los Concejales también son parte activa junto a los propios vecinos.

Esas herramientas de participación orientadas hacia la inclusión y cohesión social, no son exclusivas y menos aún son consecuencias de la democracia participativa y protagónica que hoy marca el sello de un llamado Socialismo del Siglo XXI.

Si nos remontamos a la Ley Orgánica del Régimen Municipal de 1978 nos encontramos allí con herramientas que permiten afirmar que en esencia el Concejal como representante de una comunidad y del Concejo Municipal tiene como responsabilidad esencial el contacto permanente y directo con el ciudadano; por lo tanto, lo hace actor principal en la tarea de acercar al ciudadano a las instituciones políticas locales y en la actualidad, a recuperar el valor del Municipio en la construcción de una mejor calidad de vida en un ambiente plural y democrático.

En 1978 no existía la figura del Alcalde, era el Concejo Municipal quien asumía la responsabilidad deliberativa, normativa y de administración del Municipio. La Ley Orgánica del Régimen Municipal de 1978 es el primer texto legal que viene a desarrollar un nuevo modelo de organización política local, pues a partir de la Constitución de 1961 cuando el Estado empieza a dividir su territorio en Municipio.

En el marco de la Constitución del 47 y del 53 expresamente se establecía que los Estados dividían su territorio en Distritos y éstos a su vez se dividían en Municipios. Es entonces la Ley de 1978 la que intenta concretar esa transformación que solo se logra completamente en la práctica hasta finales de los años 80. Por lo tanto es común encontrar documentos que por ejemplo fueron dictados por el Concejo Municipal del Distrito San Cristóbal del Estado Táchira o partidas de nacimiento que señalen haber nacido en un Distrito del Estado Miranda por ejemplo.

La Ley Orgánica del Régimen Municipal de 1978 es clara al señalar que es el Concejo Municipal el responsable de estimular la colaboración y la solidaridad de los vecinos para la mejor convivencia de la comunidad y a tal fin se obligaba a mantener informada a la comunidad de la marcha de las actividades municipales y a interesarla en la solución de sus problemas.

Esa misión del Concejo Municipal se concretaba con varias herramientas: la primera de ella era la obligación del Concejo Municipal de celebrar cada tres meses, por lo menos, una sesión en la cual se colocaban en agenda aquellos temas que los vecinos solicitaban. En ese orden del día los vecinos podían emitir opiniones y formular preguntas. Esta figura aún sobrevive en la Ley Orgánica del Poder Público Municipal.

La otra modalidad es la reconsideración de aquellas ordenanzas que no sean de temas tributarios, a tal fin la Ley del 78 obligaba al Concejo Municipal a recibir esta reconsideración y a responderla en un plazo no menor de 60 días.

La cooperación vecinal, que también sobrevive, son figuras a través de la cual el Concejo Municipal requiere la cooperación de los vecinos, incorporándolos en comisiones permanente o especiales, comisiones administrativas o cualquier otra forma de organización o colaboración vecinal, ésta hoy se resume a comisiones y a contraloría social sobre servicios públicos.

A estas tres herramientas, se agregan dos mecanismos que hacen obligatoria la relación entre Concejo Municipal y vecinos, la primera es la iniciativa de ordenanza y la segunda tiene que ver con el Registro de Asociaciones de Vecinos que a tal fin debe llevar el Concejo Municipal luego que cada Asociación de Vecinos se registren legalmente ante la Oficina Subalterna del Registro.

Intento resaltar que llevamos más de 30 años con normas que otorgan a la figura del Concejal un rol político esencial en la tarea de facilitar, impulsar y concretar en la vida local los mecanismos necesarios para hacer posible que el ciudadano sienta que las instituciones políticas locales tienen sentido. Antes y ahora más que nunca, los Concejales tienen una importante responsabilidad en el ejercicio de su representación popular en la inclusión y la cohesión ciudadana a través de su red natural de electores.

Si con un espíritu Unitario candidatos a Concejales y Alcaldes, asumieran la tarea de reconquistar al ciudadano, de impulsar el valor de las instituciones políticas locales y de replantear el Municipio para hacerlo más cercano al ciudadano, sin duda alguna las elecciones municipales tendría el contenido estratégico que corresponde, pues allí nos jugamos la última oportunidad electoral para enfrentar con lo poco de institucionalidad que nos queda el modelo Comunal.

[1] ROMERO, Carlos. Concejal y Municipio. 23 de enero 2013. Online en.http://algomunicipal.blogspot.com/2013/01/concejales-y-municipio.html

El plan “Cayapa” de la Ministra



Por Golcar, 30/01/2013

La ministra para Asuntos Penitenciarios anuncia que el “Plan Cayapa Judicial” se extenderá a todo el país.

Veo el titular y lo primero que pasa por mi mente es lo desafortunado que es el uso del término “Cayapa” absolutamente cargado de connotación negativa para denominar un plan que pretende recuperar el sistema judicial del país.
No resisto la tentación y gugleo la palabreja para ver qué nos diría la Real Academia Española de la Lengua y consigo que en su cuarta acepción dice:
“4. f. Ven. Conjunto de personas que arremete contra alguien que está indefenso.”.

No tengo más remedio que aceptar que, visto lo sucedido hace unos meses en La Planta y lo sucedido hace pocos días en Uribana, el termino podría ser el apropiado y denotaría con claridad tanto lo acontecido como las intenciones del gobierno con la anunciadas “requisas” a las cárceles que terminan siendo una carnicería.
Evidentemente, los reclusos, o “privados de libertad”, según el eufemismo que le gusta utilizar a los voceros del gobierno para referirse a quienes viven y son tratados peor que presos, no son unos angelitos. Todos sabemos que el arsenal de armas con el que cuentan los pranes y sus luceros incluye granadas, fusiles y ametralladoras, todas armas de alta potencia cuyo absoluto control en Venezuela está en manos del gobierno.
Tan es así que la misma ministra declara que esas armas entran a las cárceles con el consentimiento de “un grupito” de funcionarios corruptos que han encontrado un muy productivo y enriquecedor negocio con el tráfico de armas. Funcionarios que dependen del gobierno central, tanto del Ministerio de Justicia antes, como del Ministerio de Asuntos Penitenciarios ahora y los Guardias Nacionales que custodian los recintos que dependen del Ministerio de la Defensa. Es decir, todo lo que acontece tras las rejas es absoluta responsabilidad del gobierno central, en manos desde hace 14 años del presidente Chávez.
Según declaraciones de un reo de Uribana, la “requisa” se dio en el penal porque ellos -los presos- lo permitieron. Estaba hablado y acordado de antemano con la ministra y las autoridades que la requisa se llevaría a cabo el día pautado.
-Si nosotros no queremos, ellos no entran. Dice el hombre.
Y narra cómo, luego de varias horas de normalidad y sin conseguir armas porque allí no estaban o estaban escondidas, sin mediar palabras, de repente, empezaron a disparar. Los resultados todos los conocemos por las noticias. Mas de 60 muertos incluyendo Guardias y pastores evangélicos.
Haz clic para oir el audio de la entrevista a un preso de Uribana:

Lo sucedido en Uribana pareciera obedecer a un guión pre establecido. Todo ocurrió de manera similar a lo acontecido meses atrás en La Planta. Una “rutinaria requisa” se convierte en carnicería, sale a relucir como culpable de la situación el canal de televisión Globovisión y luego se procede al desalojo del recinto y al traslado de los presos (y del problema) a otro penal del país.
Todos esto coincide con la aparición de unos panfletos en el 23 de Enero de Caracas con los nombres de algunos supuestos azotes de barrio como blanco de un grupo de exterminio y el surgimiento de acciones similares en otras partes del país como Maracaibo.
Al relacionarlo todo y ver el nombre del plan “Cayapa” Judicial, uno no puede menos que preguntarse: ¿será que todo obedece a un plan orquestado por el estado? ¿Será que la política de exterminio se está imponiendo como plan de seguridad?
¿Acaso la violencia que el gobierno aupó desde hace 14 años los desbordó y ahora no saben cómo controlarla a no ser con más violencia y muerte?
¿Cuántas de esas armas que hoy se empuñan contra la ciudadanía y contra las autoridades serán de aquellas armas que durante años supuestamente algunos funcionarios del régimen se dedicaron a repartir en barriadas del país y a colectivos con la finalidad de defender la revolución de un posible ataque de la oligarquía “apátrida”? Sí, de esas de la “revolución pacífica pero armada.
¿Como dice la definición de “Cayapa”, debemos esperar que un grupo armado con ventaja y premeditación, al mejor estilo malandro, siga arremetiendo contra seres indefensos?
¿Resurgirán pozos de la muerte y cuerpos para-policiales como la tristemente célebre “Manzopol” de los años ’8O, tan combatida en la cuarta república por esta izquierda de trajes de marca que hoy gobierna a Venezuela y que constituyó una de las aberraciones por las que el país votó a favor de Chávez, en la esperanza de que nunca más existirían esos cuerpos de extorsión y exterminio manejados por el Estado, ni se sucederían masacres como la de El Rodeo en 2011, La Planta en 2012 y Uribana en 2013?
Como es habitual con este régimen, a uno son más las dudas y las incertidumbres que le quedan con sus acciones y omisiones que las respuestas y certezas. No podemos saber si al régimen se le fue de las manos la violencia que estimuló, aupó, incrementó y armó. Uno no logra descifrar si toda la mortandad producida en las cárceles con las medidas adoptadas es producto de ineptitud, imbecilidad e incompetencia u obedece a una política de “limpieza” y exterminio planificada a conciencia. Sea como sea los tristes resultados son los mismos y están a la vista. Nos queda la duda de si todo es un plan macabro que busca además amedrentar, atemorizar y servir de ejemplo para que quienes pretendan seguir el camino de la violencia vean las consecuencias a las que se podrían enfrentar.
De lo que sí no quedan dudas es de que las palabras dicen más de lo que a veces esperamos, y haber escogido el término “cayapa” para denominar el plan judicial tiene mayores y profundas connotaciones que las que quienes lo están implementado pudieran haber pensado o esperado.
¿O será que escogieron la palabra a plena conciencia?
Tomado de:

Gobernando desde las sombras


Por Rene J. Delgado Sanchez, 28/01/2013

Mientras gobiernen las sombras viene a ser algo inaudito para quienes son los materialistas.

Bueno sobre todo cuando algo no es acorde a su acomodaticia conveniencia. Donde habremos visto esto?

Los filósofos del neosocialismo, que por cierto son los enemigos públicos número uno del neoliberalismo; porque esta enemistad cuando también ellos tienen todo ese prefijo?

La nueva sociedad como dijera aquel que destruyo buena parte del mundo allá por los 40's.

El nuevo orden con la nueva raza, solo que ahora esa raza está conformada a la idea de estos superlíderes dejando de lado la etnicidad, quienes se ajusten a su ideológica perversión.

No importan los colores importan borregos que integren en mayor numero el rebano.

Muchos de nosotros en su momento allá por la aciaga década de los 60's vimos con buenos ojos la llegada de algunos rebeldes que les darían lo que no habían tenido a los pobres de la tierra.

El paso del tiempo y sus acciones nos harían volver a la realidad, amén de que como todo joven soñador, solo contaban los sueños y no el conocimiento.

Donde están aquellos defensores del sin sustento? Los que dicen y decían que vivir acorde a lo que tu esfuerzo lograra era tan malo?

Ya no son los paupérrimos con relojes baratos, ahora nos deslumbran sus Tissot o sus Girard Pierregaux. Tal vez sea para cegarnos y que no veamos los demás?

Hay que seguir el show como dicen las grandes estrellas del bussines entertaiment, solo nos disfrazamos con algo suntuario por el espectáculo tu sabes.

Pero como todo comercial o acto riesgoso dejan su consabida advertencia o consejo ( segun quiera tomarlo tu corazón apátrida o revolucionario ):

Todas las escenas están plenamente estudiadas y practicadas sin riesgo , no se practique en casa (solo nosotros somos quienes podemos ).

Y así tendremos acaparado (monopolizado) el espectáculo y nadie más debe de hacerlo so pena de castigos.

Nadie puede ni debe hablar, escribir, dirigir, empuñar, ideas más que nosotros los creadores del nuevo orden.

Y como ejemplo ahí tienen a televisoras, diarios, estaciones radiales y escritores donde deben de estar por atrevidos a desobedecernos.

La libertad no le pertenece a nadie si nosotros no queremos (grave contradicción).

Ahora mucho menos que tenemos un embajador guiándonos..................desde las sombras!!


El poder y la torre



Por Jon Lee Anderson, 28/01/2013

Desde el primer triunfo de Hugo Chávez, hace 14 años, Jon Lee Anderson ha seguido de cerca el proceso político venezolano a través de dos perfiles del Presidente Hugo Chávez en la revista The New Yorker, de la cual es periodista de planta. El propio Chávez reconoció lo riguroso de su trabajo y lo calificó como un "amigo crítico" del proceso. La crónica que a continuación presentamos fue publicada en inglés en The New Yorker en la edición del 21 al 28 de enero de 2013. En ella, Anderson se adentra en la crisis urbana actual de Caracas. El resultado es una de las imágenes más controvertidas del proceso revolucionario y, a la vez, un balance del posible legado de Hugo Chávez. Es una reflexión constructiva e imprescindible, pero a la vez crítica y severa, sobre nuestro país y su futuro.

El 11 de diciembre, Hugo Chávez Frías, el extravagante y radical presidente de Venezuela, se sometió a su cuarta cirugía contra el cáncer y desde entonces ha languidecido en un hospital de La Habana bajo una celosa guardia. Sólo familiares y allegados políticos cercanos —y, se presume, los hermanos Castro— tienen permiso para verlo. No ha habido ningún vídeo de él sonriendo desde su cama de hospital ni animando a sus seguidores. Funcionarios del gobierno reconocen que está experimentando “severas dificultades respiratorias”, a pesar de los rumores de que está bajo un coma inducido y conectado a un respirador. La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, visitó La Habana la semana pasada llevando una Biblia para Chávez. Y aunque no comentó si lo llegó a ver, tuiteó poco después: “Hasta siempre”. Los partidarios de Chávez insisten en que el presidente se está recuperando, y que incluso firmó un documento- una prueba de vida que se exhibió debidamente a la prensa. Pero el mensaje de Kirchner sonaba como un último adiós.
Es apropiado que Chávez haya escogido Cuba como el mejor lugar para recuperarse, ya que el país ha sido un segundo hogar para él durante mucho tiempo. En noviembre de 1999, Fidel Castro lo invitó a dar una charla magistral en la Universidad de La Habana. Chávez, un ex-paracaidista militar, se había convertido en presidente de Venezuela apenas nueve meses antes, pero ya contaba con una audiencia embelesada, incluyendo a Castro, a su hermano menor Raúl y a otros altos cargos del buró político de Cuba. El discurso de Chávez estuvo lleno de expresiones de buena voluntad hacia Cuba y elogió a Castro, a quien llamó “hermano”. Era imposible pasar por alto las implicaciones de su visita. Desde el fin del subsidio soviético, ocho años antes, Cuba luchaba por sostenerse y Venezuela era una nación rica en petróleo. Chávez había viajado con una delegación de la empresa petrolera nacional. El presidente, ya en ese entonces un orador expansivo, habló durante noventa minutos, y Castro sonrió atentamente todo ese tiempo. El hombre que estaba a mi lado susurró que nunca había visto a Fidel mostrar tanto respeto por otro líder.
Esa noche, una multitud llenó el Estadio Nacional de Béisbol de La Habana en ocasión de un partido amistoso entre jugadores veteranos de las dos naciones. El ambiente era festivo. Chávez pichó y bateó para Venezuela, jugando las nueve entradas. Castro, vestido con una chaqueta de béisbol sobre su uniforme de faena militar, fue el mánager de Cuba y aprovechó para darle a su huésped una lección en tácticas: a medida que el juego avanzaba, Castro infiltró jóvenes impostores al campo de juego, disfrazados con barbas postizas que luego se arrancaron, desencadenando aplausos y risas en la audiencia. Al final del juego Cuba ganaba cinco a cuatro pero, como declaró Chávez, “tanto Cuba como Venezuela han ganado. Esto profundizó nuestra amistad”.
Antes de que pasara mucho tiempo, Cuba empezó a recibir envíos de petróleo venezolano a menores precios, a cambio de los servicios de docentes, médicos e instructores deportivos cubanos que trabajaron en un enorme programa de alivio de la pobreza lanzado por Chávez. Desde el año 2001, decenas de miles de médicos cubanos han proporcionado tratamiento a los pobres de Venezuela, y personas con enfermedades de la vista han recibido atención médica en Cuba, en el marco de un programa que Chávez llamó, con su típica grandiosidad, Misión Milagro.
Como parte no escrita del acuerdo, Chávez también adquirió una ideología. Desde el principio él era un ferviente discípulo de Simón Bolívar, libertador de Venezuela y su máximo héroe nacional. Poco después de haber asumido el poder, Chávez cambió el nombre del país a República Bolivariana de Venezuela. Bolívar era un modelo complicado: fue un luchador carismático por la libertad, cuyas sangrientas campañas liberaron a gran parte de América del Sur de la España colonial. Pero, a pesar de ser admirador de la Revolución Americana, Bolívar era mucho más un autócrata que un demócrata. Para Chávez, Castro era el Bolívar de los tiempos modernos, el actual guardián de la lucha antiimperialista. En 2005, después de un largo período de estudio y reflexión, Chávez anunció que había decidido que el socialismo era la mejor propuesta de progreso para la región. En sólo unos pocos años, con sus miles de millones en petróleo y guiado por Castro, Chávez resucitó el discurso y el espíritu de la revolución izquierdista en América Latina. Él transformaría Venezuela en lo que llamó, en su discurso en la Universidad de La Habana, “un mar de felicidad y de verdadera justicia social y paz”. Su máximo objetivo fue elevar a los pobres. En Caracas, la capital del país, los resultados de esta irregular campaña están a la vista de todos.
*
Los colonizadores españoles que fundaron Caracas en el siglo XVI lo hicieron con cuidado: situaron la ciudad en las montañas, en vez de la cercana costa del Caribe, para protegerla de piratas ingleses y de los indios que merodeaban. Actualmente, la costa ubicada a diez millas de distancia de la ciudad es accesible por una carretera escarpada entre las montañas construida por órdenes del fallecido dictador militar Marcos Pérez Jiménez, quien dominó el país durante la década de los cincuenta. De cruel carácter y ampliamente odiado en su país, Pérez Jiménez fue derrocado después de sólo seis años como Presidente, pero dejó tras de sí un impresionante legado de obras públicas: edificios gubernamentales, proyectos de vivienda pública, túneles, puentes, parques y carreteras. En las décadas siguientes, mientras las dictaduras molestaban a gran parte de América Latina, Venezuela resultó ser una democracia dinámica y generalmente estable. Siendo una de las naciones petroleras más ricas del mundo, el país tuvo una creciente clase media con un nivel increíblemente alto de vida. También fue un firme aliado de EE.UU.: los Rockefellers tenían campos petroleros en Venezuela, así como grandes ranchos donde sus familiares montaban a caballo con amigos venezolanos.

Para leer más, haz clic aquí:

Publicado en:

La verdadera polarización



Francisco José Virtuoso SJ Jueves, 31 de enero de 2013
fjvirtuoso@ucab.edu.ve

La asfixia política amenaza gravemente a toda la sociedad, no solo a los partidos de oposición. Amenaza a los familiares de los presos que reclaman justicia y al empresario que es acusado arbitrariamente de acaparador. La amenaza es colectiva

En el país existen distintas visiones sobre qué es democracia, qué modelo económico nos conviene, cuál es la vía más expedita para salir de la pobreza, etc. Hay suficiente base empírica, para concluir que en Venezuela existe un mosaico ideológico que se sostiene sobre un conjunto de creencias comunes que forman parte de nuestra cultura política. Esa variedad se enarbola también por una gama amplia de partidos políticos, voceros independientes, líderes sindicales, etc. Esa heterogeneidad es clara y manifiesta en el mundo de la oposición política y, a pesar de los esfuerzos del liderazgo oficialista por homogeneizar la identidad de su militancia, es posible observar también diversidad de posiciones en ella.

Podemos ir un poco más allá y decir también que esta variedad no ha coexistido pacíficamente. Al menos desde 1936 la confrontación y el debate de ideas toman abiertamente la calle y los medios de comunicación. El trienio 1945-1948 fue especialmente intenso en cuanto a la confrontación ideológica. El régimen de conciliación de elites, por más que intentó conciliar, como su nombre lo indica, siempre dejaba saltar más de un chispazo. En la última década del siglo XX la confrontación se agudizó más, saltando hacia la polarización en los dos primeros años del siglo XXI.

La polarización consolidó la hegemonía del chavismo-bolivariano hacia el 2004 y debilitó las posibilidades de los partidos de oposición para acceder al poder, a la vez que justificó un amplio conjunto de prácticas excluyentes por parte del Estado, que poco a poco se fueron imponiendo como norma de aplicación común.

En los tiempos que corren la polarización ha cobrado un matiz par- ticular. lo que nos divide y enfrenta es la forma peculiar en que manejan y controlan el poder quienes lo detentan y representan. Se trata de una nueva oligarquía que en nombre de determinados principios (la patria, los pobres, la revolución, la soberanía, el bolivarianismo, etc.), dictamina qué es lo conveniente, lo bueno, lo correcto. Sin escuchar a más nadie, desmoralizando y denigrando a quien se atreva a decir lo contrario y, lo que es peor, sancionando a quienes se atrevan a pensar distinto. Como diría recientemente Alberto Barrera Tyszka, se trata de una privatización salvaje del Estado y de sus instituciones.

Esta asfixia política amenaza gravemente a toda la sociedad, no solo a los partidos de oposición. Amenaza a los familiares de los presos que reclaman justicia y al empresario que es acusado arbitrariamente de acaparador. La amenaza es colectiva. Por eso la reivindicación a la libertad, el respeto a la disidencia y la exigencia de justicia debe ser una bandera nacional.
  
Tomado de: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/4989907.asp

APORTES ALEMANES PARA ENTENDER EL POPULISMO


H. C. F. Mansilla 30 de enero de 2013

Los réditos que generan las versiones elementales del particularismo político y de su correlato, el multiculturalismo relativista, pueden ser estudiadas brevemente en base a escritores alemanes y austriacos que en los últimos años se han dedicado a enaltecer acríticamente (pero con un gran despliegue conceptual) los regímenes populistas en América Latina. Estos estudios apelan astutamente a las emociones del lector, envolviéndolo en una atmósfera de solidaridad con los explotados, para luego iniciar una defensa de los regímenes populistas (y de la Revolución Cubana). Los autores de estos estudios ─ sobre todo Herbert Berger, Hans-Jürgen Burchardt, Heinz Dieterich, Leo Gabriel, Olaf Kaltmeier y Robert Lessmann ─ no ofrecen una sólida base empírica y documental, sino que justifican estos modelos sociales en casi todas sus manifestaciones a causa de su oposición “indeclinable” frente al imperialismo norteamericano.

Una de las mejores justificaciones del populismo se logra por medio del relativismo postmodernista. No existirían, se dice, criterios definitivos para juzgar a los regímenes populistas, que deberían ser calificados por el voto de sus usuarios, es decir de los ciudadanos que viven en ellos. Estos estudios favorables al populismo atribuyen una relevancia excesiva a los (modestos) intentos de los regímenes populistas de integrar a los explotados y discriminados, a las etnias indígenas y a los llamados movimientos sociales dentro de la nación respectiva. Resumiendo toda caracterización ulterior se puede decir aquí que estos estudios presuponen que las intenciones y los programas de los gobiernos populistas corresponden ya a la realidad cotidiana de los países respectivos. Es decir: los análisis proclives al populismo desatienden la compleja dialéctica entre teoría y praxis y confunden, a veces deliberadamente, la diferencia entre retórica y realidad. Por lo general los autores de estos estudios no se percatan adecuadamente de la dimensión de autoritarismo, intolerancia y antipluralismo, contenida en los movimientos populistas, pues tienden a subestimar la relevancia a largo plazo de la dimensión del autoritarismo tradicional. Sus opciones teóricas, influidas por diversas variantes del postmodernismo y por un marxismo purificado de su radicalidad original, se diluyen frecuentemente en un relativismo axiológico y pasan por alto la dimensión de la ética social y política. Para estos autores los regímenes populistas practican formas contemporáneas y originales de una democracia directa y participativa, formas que serían, por consiguiente, más adelantadas que la democracia representativa occidental, considerada hoy en día como obsoleta e insuficiente.

Estos enfoques teóricos son ilustrativos por varias razones. Todos los regímenes populistas y sus dirigentes cultivan una visión maniqueísta que contrapone la democracia meramente formal, basada en los derechos políticos clásicos, a la democracia directa y sustantiva, que se expresaría principalmente en los derechos vitales a la salud, a la educación y a la vivienda. Un buen número de cientistas sociales apoya esta democracia sustantiva en detrimento de la "formal". El mejor ejemplo apologético ─ a causa de su elevada pretensión teórica ─ es el enfoque propiciado por Hans-Jürgen Burchardt en su análisis del régimen venezolano de Hugo Chávez. Por un lado, Burchardt admite la mediocridad y el desorden en el desempeño del aparato estatal, constata un "marcado incremento de incoherencia institucional", critica la falta de transparencia, la "corrupción desbordada" y los afanes curiosos de brindar a toda costa legitimidad a las actuaciones gubernamentales y de complacer las "preferencias subjetivas cortoplacistas" de las "capas sociales bajas". Este autor reconoce sin ambages el clientelismo prevaleciente en casi todos los vínculos con el Estado venezolano, el paternalismo del presidente ─ Chávez como el "señor personal" de la esfera política ─ y la "manera jerárquica y autoritaria" en la que se implementan los celebrados programas sociales del régimen. Pero, por otro lado, Burchardt celebra no sólo el aspecto del creciente éxito material que él atribuye a las políticas sociales de Chávez, sino que asevera enfáticamente que lo genuinamente importante de las políticas sociales reside en que estas han "devuelto a los pobres de Venezuela también una voz, dignidad, esperanza y una nueva auto-estima", todo esto dentro de una eficaz movilización política.

Al mismo tiempo Burchardt alaba la constitución y los planes de desarrollo chavistas porque estos per se garantizarían una democracia social y participativa, la cual sería cualitativamente mejor que la "fracasada democracia liberal-representativa". En el marco de su argumentación Burchardt supone que la mera existencia de la nueva constitución chavista aseguraría sin duda una ciudadanía social basada en una "universalización de los derechos sociales y excluyente de toda forma de discriminación", la creación de una auténtica justicia social como "primera meta" del orden económico y la conformación de un "espacio participativo para todos los ciudadanos". Cuando se trata de los instrumentos jurídicos y las declaraciones programáticas del régimen venezolano, Burchardt presupone que estos factores pertenecientes al plano de los programas, la retórica y las buenas intenciones tendrían efectos reales inmediatos e insoslayables, olvidando, de modo sintomático, la diferencia y la distancia entre pretensión teórica y realidad cotidiana que generó el pensamiento crítico en los albores de la reflexión filosófica. El enfoque de Burchardt celebra el modelo chavista de forma clara e inequívoca, y sólo encuentra unos determinados elementos criticables que son los mismos que mencionan todos los analistas opuestos al populismo.

Como resumen se puede aseverar que Hans-Jürgen Burchardt ha realizado una oscura apología de las fuerzas políticas colectivistas en menoscabo del individualismo racionalista, con lo cual también reproduce uno de los tópicos centrales de todo populismo teórico-programático. Numerosos pensadores latinoamericanos han elaborado doctrinas para justificar corrientes particularistas y regímenes nacionalistas, enalteciendo enfoques favorables al autoritarismo, combatiendo las tradiciones liberal-democráticas y rechazando la cultura occidental en sus rasgos principales, aunque para ello se basen en mistificaciones historiográficas y en una utilización político-partidaria de datos históricos dispersos. Estos teóricos ─ que abundan también en el ámbito europeo ─ dan a entender que la auténtica misión de los intelectuales es asumir la vergüenza propia a causa de la explotación occidental-capitalista del mundo entero.

Otro representante de esta tendencia es Robert Lessmann, cuyo último libro sobre Bolivia nos muestra una vigorosa porción de esos réditos mencionados y derivados de un multiculturalismo elemental aplicado a la esfera política de un país andino. La obra de Lessmann es, ante todo, el intento de demostrar una continuidad histórico-cultural entre el Tiwanaku prehispánico y el gobierno actual de Evo Morales. El transfondo común de ambos sería un protosocialismo de rasgos muy originales, no derivado de otras fuentes, basado en la genuina voluntad popular, expresada ahora por los movimientos sociales y las organizaciones indigenistas. Todo el texto está engarzado en especulaciones esotéricasen torno a la historia de Tiwanaku y al periodo colonial español. Lessmann reconstruye con esmero rituales religiosos aymaras para demostrar la continuidad y la fortaleza de las tradiciones indígenas desde épocas inmemoriales hasta el gobierno actual. La entronización de Evo Morales en Tiwanaku (enero de 2006) como monarca según los reconstituidos ritos incaicos de coronación, es considerada por Lessmann como el “comienzo de una nueva era”, tomando así la propaganda oficial como un genuino hecho empírico. Muy similar es la creencia de Lessmann de que la nueva constitución boliviana de 2009 representaría una realidad social totalmente renovada, por supuesto mejor que cualquier  régimen anterior. Los movimientos sociales bolivianos, presuntos herederos directos de la gran tradición tiwanakota, serían los portadores legítimos de la nueva identidad revolucionaria, que representaría, por otra parte, la solidaridad práctica de una gran cultura que ha resistido todos los intentos por subyugarla.

El libro de Lessmann reúne así los elementos que hoy exhiben algunas corrientes importantes de las ciencias sociales: una visión idealizada y edulcorada del periodo prehispánico, una vinculación arbitraria entre un pasado remoto y un presente estilizado, y una descripción apologética de los modestos logros del régimen populista El relativismo axiológico sirve para justificar al régimen populista boliviano, pues, como Lessmann lo muestra, no importa el análisis concreto de fenómenos comprobables según criterios racionales, sino la elaboración de una visión especulativa que satisface ante todo necesidades emocionales de solidaridad con causas de aparente justicia social e histórica. O sea: como no hay un criterio racional siempre válido para juzgar un fenómeno histórico, la opinión circunstancial de los “usuarios” del régimen populista sería tan o más válida y aceptable que los análisis de los especialistas. A este tipo de conclusiones llevan las variantes relativistas del multiculturalismo. Es superfluo añadir algo sobre su pertinencia política y calidad intrínseca.

Todos estos enfoques reproducen el paternalismo que numerosos europeos de izquierda y derecha cultivan con respecto a los países latinoamericanos, que son considerados, en el fondo, como sociedades de segunda clase, paternalismo que afloró claramente durante el debate que sostuvieron Günter Grass y Mario Vargas Llosa hace treinta años. Como aseveró Vargas Llosa,  muchos socialistas europeos aconsejan a los latinoamericanos adoptar regímenes autoritarios de izquierda que ellos jamás tolerarían en su propio país, pero que consideran recomendables para las naciones “pobres” del sur. Nihil novi sub sole.

Tomado de:
http://polisfmires.blogspot.com/2013/01/h-c-f-mansilla-aportes-alemanes-para.html