Por Roberto Patiño
En medio de las mayores
crisis humanitarias que atraviesa nuestro país, una de las pocas certezas que
aún conserva el venezolano está en la capacidad de trabajo y entrega de nuestro
personal sanitario que sigue aferrado a la frontera que separa a los ciudadanos
de la vida y la muerte.
Hay que tener profundas
convicciones personales y una ética de trabajo inquebrantable, para seguir
asistiendo a centros de salud sin recursos ni condiciones, y aún así exponer la
vida frente a una pandemia letal, con el único incentivo de tratar de salvar al
mayor número de venezolanos que sea posible.

















