Por Oscar Bastidas Delgado
Entre las
«cooperativas» impulsadas por el gobierno desde
la Misión Vuelvan Caras —luego Misión Che Guevara— hubo experiencias
urbanas y rurales, algunas con visos de éxitos, más por esfuerzos de sus
asociados que por orientación o apoyo gubernamental. Numerosas se mantenían
gracias a contratos con el complejo y abundante mundo empresarial del
capitalismo de Estado.
Llegó a calcularse unas
4.000 cooperativas con la empresa petrolera nacional Pdvsa, unas 800 con la
nacional de electricidad, Cadafe; 200 con la telefónica Cantv y 67 con la Electricidad
de Caracas, entre otras. Numerosas de esas cooperativas falsas se mantienen.
Un factor clave en este
oleaje de fracasos lo fue sin duda el desconocimiento sobre cooperativismo del
mismo Chávez y de sus funcionarios.
Desde 1975 y hasta la
llegada al poder de este militar, los superintendentes fueron cooperativistas
escogidos por la Presidencia de la República de una terna presentada por
Ceconave. Chávez tiró por la borda esa opción y nombró a alguien que, solo dos
años después, luego de leer libros sobre el cooperativismo alemán y algo sobre
el mexicano, aceptó reunirse con representantes genuinos del cooperativismo.
Chávez jamás comprendió
lo esencial del cooperativismo. La estocada final a su fracasado cooperativismo
la dio al afirmar que las cooperativas eran “instrumentos del individualismo y
del capitalismo” (2007) y optó por improvisar con la figura de Empresas de
Propiedad Social (EPS), impuesta a empresas y cooperativas que deseasen
contratar con el Estado. Organización que desease prestar servicios al Estado
debían cambiarse a esta forma jurídica.
Hoy, Venezuela es
muestra de lo que ningún gobierno debe hacer en cuanto a cooperativas. El
fallecido y sus funcionarios manipularon esta figura, la utilizaron como
bandera de un populismo sostenido sobre el fácil ingreso petrolero y no sobre
el esfuerzo laboral de la población: en fin, capitalismo salvaje de Estado.
El Estado en manos de Chávez llegó a competir con sus areperas hasta con humildes familias que vivían de estos productos y de las empanadas.

















