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domingo, 25 de agosto de 2024

¿Qué es la ecología? La ciencia que entiende el planeta, por @bbva


La ecología es la ciencia que explica cómo se relacionan los seres vivos entre sí y con el entorno. La observación de la naturaleza nos lleva hasta Aristóteles, pero es a partir de mediados del siglo XX cuando se vislumbra el impacto del desarrollo humano en el medioambiente. Es entonces cuando la ecología ganó estatus científico al explicar cómo se relacionan los seres vivos entre sí y con el entorno. Hoy este término adquiere aún más importancia para la sostenibilidad del planeta.

Communications

A principios del verano de 1903, Theodore Roosevelt hizo algo poco habitual para un presidente de Estados Unidos. Pasó una noche al raso, sin más protección que las estrellas, en uno de los picos emblemáticos del Parque Nacional de Yosemite: Glacier Point. Le acompañaba un hombre de barba desaliñada y, ya entonces, canosa. Una persona que había hecho de la defensa de Yosemite su vida.

Medioambiente
¿Qué es el medioambiente y por qué es clave para la vida?


El medioambiente es el espacio en el que se desarrolla la vida de los distintos organismos favoreciendo su interacción. En él se encuentran tanto seres vivos como elementos sin vida y otros creados por la mano del hombre.

Aquel hombre era John Muir; y aquella noche no solo logró cambiar la forma en que Roosevelt observaba la naturaleza, sino que sentó las bases de un cambio que resuena en nuestros días. Muir fue uno de los primeros exponentes del conservacionismo y dedicó su vida a proteger espacios naturales emblemáticos del impacto de la civilización. Fue, también, el fundador de Sierra Club, una de las organizaciones ambientales más antiguas, aún hoy en funcionamiento.

Pero la historia de uno de los precursores del ecologismo no tiene sentido de forma aislada. La vida de Muir no puede entenderse sin la de Alexander von Humboldt, un científico alemán nacido casi 150 años antes de la excursión de Roosevelt y Muir. Los viajes de Humboldt por América, abriendo camino para otros grandes exploradores científicos como Darwin, inspiraron la obsesión de Muir con la conservación de la naturaleza.

A principios del siglo XIX, Humboldt recorrió los territorios de lo que hoy es Venezuela, Colombia, México o Perú. Navegó el Orinoco y subió al Chimborazo. En todos sus viajes, tal como explica su biógrafa Andrea Wulf en ‘La invención de la naturaleza’ (Taurus, 2016), Humboldt buscaba entender la relación entre especies animales y vegetales con el medio, la relación de la biología con la física y la química. Su obsesión era demostrar que todo estaba conectado. Quería entender los ecosistemas más de un siglo antes de que se inventase la palabra.

Alexander von Humboldt.

Humboldt es uno de los padres de la ciencia de la ecología y una de las primeras personas en describir científicamente cómo el ser humano tenía la capacidad de alterar su entorno de forma irreversible. Su historia y la de Muir son la historia de la ecología y del ecologismo. Una ciencia y un movimiento social que recorren caminos separados, pero con algunos puntos de encuentro.

Agua limpia y saneamiento
La Fundación BBVA impulsa 15 investigaciones punteras en Ecología, Economía y Humanidades Digitales
La Fundación BBVA ha seleccionado los 15 equipos que recibirán las ayudas que anualmente concede esta institución para financiar investigaciones en Ecología, Economía y Humanidades digitales. A estos proyectos se sumarán otros 11 en las áreas de Biomedicina y Big Data.

Diferencias entre ecología y ecologismo

Por mucho que pueda ayudarnos a entender las cosas, nada tiene origen en un único punto. La ecología y el ecologismo tampoco. Antes de Humboldt y Muir hubo muchos otros y, tras ellos, llegarían muchos más. Para recorrer los caminos de la ecología y el ecologismo, sin embargo, es necesario hacer una pequeña parada antes. Porque, aunque a veces se usen de forma similar, no son lo mismo.

“La ecología es al ecologismo lo que la sociología al socialismo”, ironiza Jaume Terradas, catedrático de Ecología de la Universidad Autónoma de Barcelona, hoy emérito y honorario. “El ecologismo es un conjunto de activismos y movimientos políticos, mientras que la ecología es una ciencia. Lo que ocurre es que muchos ecólogos somos un poco ecologistas, porque nuestro conocimiento de la relación entre el ser humano y los sistemas ecológicos nos hace pedir más prudencia y más conservación de los espacios naturales”.

La ecología es una ciencia que bebe de la biología, la química, la geología, las matemáticas o la física. Persigue, tal como perseguía Humboldt, entender las complejas relaciones que mantienen los seres vivos entre sí y con su medio, comprender los entresijos de los sistemas ecológicos. El ecologismo es, sin embargo, un movimiento social y político de defensa de la naturaleza; un movimiento que tuvo su origen en conservacionismos como el de Muir, pero que hoy va mucho más allá.

“La relación del ecologismo con la ecología es fundamental. La ecología nos hace entender que todas las especies están interrelacionadas entre sí y con su medio, formando los ecosistemas”, señala Luís Suárez, coordinador de conservación de WWF España. “Según se desarrolla la ecología y nos damos cuenta de la complejidad de estas relaciones, la respuesta del ecologismo se hace también más compleja. La ecología es la ciencia base que nos da la información teórica que necesitamos”.

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El pasado y el futuro de la ecología

En un sentido amplio, la ciencia lleva miles de años acompañando la historia del ser humano. Muchas civilizaciones antiguas manejaban conocimiento científico y estudiaban la anatomía, la biología, las matemáticas o la astronomía, entre otras disciplinas. Pero, si hay una civilización clásica en la que la mayoría de las ciencias hunden sus raíces, esa es la griega.

La observación de la naturaleza de Aristóteles o el análisis de la relación del entorno y el ser humano de Hipócrates son algunas de las primeras señales que marcan el camino de la ecología, tal como recoge en ‘Breve historia de la ecología’ el ecólogo José María Blanco Martín. Aun así, tendrían que pasar todavía muchos siglos para que la ciencia de la ecología empezase a tomar forma.

Anton van Leeuwenhoek, quien estudió las cadenas alimentarias; Carl Linneo, que puso nombre a miles de especies y desarrolló la idea de la economía de la naturaleza; Charles Darwin y el origen de las especies, o el propio Humboldt abrieron las puertas al nacimiento de la ciencia de la ecología durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Fue, precisamente, pasado ya el ecuador del XIX cuando apareció por primera vez el término ecología en los escritos de un ferviente defensor de las teorías de Darwin.

La historia de la ecología

“Ernst Haeckel, un estudioso de la biología, propone por primera vez el término ecología para referirse al estudio de las relaciones de los seres vivos entre sí y con el medioambiente”, señala Jaume Terradas. “Este término quedó aparcado durante algún tiempo, pero a finales del siglo XIX empezaron a salir algunos trabajos que se podrían adscribir a esta nueva línea de investigación biológica”.

Durante el siglo XX, explica el doctor de la Universidad Autónoma de Barcelona, la ecología se desarrolla y gana estatus científico con la aparición de nuevas teorías y conceptos, así como la publicación de estudios detallados y profundos sobre los ecosistemas. Hoy es una ciencia que intenta avanzar en el entendimiento de las dinámicas complejas que rigen nuestro planeta y, sobre todo, busca el encaje del ser humano en todo ello.

“Nosotros formamos parte de los sistemas ecológicos y, como todos los organismos, los alteramos. Pero, en nuestro caso, debido a las derivaciones culturales de nuestra evolución, la alteración del medio es mucho más profunda”, subraya Terradas. “La ecología nos ha ayudado a darnos cuenta de que los seres humanos y sus culturas son un resultado de la evolución biológica, una cultura que ha hecho que nuestra relación con el medio sea mucho más fuerte”.

“Estamos alterando enormemente lo que era la diversidad antes de nuestra aparición. De hecho, lo hacemos desde hace solo 5.000 años, que es cuando empieza a notarse el peso de la ganadería y la agricultura”, añade. “Se habla incluso de que estamos en una nueva fase geológica: el Antropoceno, una época dominada por el ser humano. La ciencia de la ecología debe ayudarnos a entender de qué manera los ecosistemas reaccionan a nuestro impacto y a hacer propuestas que mejoren nuestra relación con el entorno”.

EFE.

Greta Thumberg y los retos del ecologismo

La historia del ecologismo es más corta pero puede que más intensa. El movimiento ecologista tiene sus precursores en el conservacionismo de Muir y en el pensamiento romántico que recupera el valor de lo salvaje. Pero, tal como recogen en el artículo ‘Environmentalism and ecologism’ los sociólogos Kevin Harrison y Tony Boyd, es, sobre todo, un movimiento de la segunda mitad del siglo XX.

La sensación de que el desarrollo de nuestras civilizaciones estaba causando impactos profundos en la naturaleza llevaba décadas presente. Pero fue durante los años cincuenta y sesenta del siglo pasado que la ciencia empezó a demostrar claramente que aquello era más que una simple impresión.

“En aquellos años percibimos las primeras señales fuertes de este impacto. Las especies que desaparecen o las alteraciones de espacios naturales fantásticos hacen saltar las primeras alarmas”, explica Luís Suárez. “Habíamos iniciado un camino de destrucción, aunque los impactos se notaban todavía a nivel muy local. Poco a poco, con el paso del tiempo, nos hemos ido dando cuenta de que el daño se produce en todo el planeta”.

El ecologismo empieza como una suma de movimientos locales, bastante espontáneos y desestructurados, en diferentes países. Además, bebe de varias fuentes distintas. “Al principio, el ecologismo se centraba en la conservación de especies y hábitats. Pero pasa a integrar también el movimiento antinuclear, que a su vez integró otros movimientos sociales y pacifistas”, añade el coordinador de WWF España.

Entre 1961, año de la fundación de WWF, y 1971, año del nacimiento de Greenpeace, el movimiento ecologista empieza a articularse en asociaciones y organizaciones cada vez más estructuradas. Poco a poco, deja de ser un conjunto poco definido de protestas locales y va ganando influencia. La constatación del cambio climático y la pérdida alarmante de biodiversidad durante las décadas siguientes contribuiría a convertir el ecologismo en el movimiento social que es hoy.

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“El ecologismo hoy se ha profesionalizado a todos los niveles para hacer frente a muchos retos. Ha incorporado más que biólogos y naturalistas, ha sumado administradores, comunicadores, abogados, economistas… El ecologismo es más complejo y más profesional, pero también abarca más temas”, señala Suárez.

La publicación en 1990 del primer informe del IPCC –panel de expertos de referencia en la ciencia climática– marca un antes y un después a nivel comunicación y alcance social. De golpe, la subida del nivel del mar, el deshielo o el futuro de algunas especies emblemáticas ocupan portadas y son objeto de debate político. El impacto del ser humano en su entorno, poniendo en jaque su propio futuro, se transforma en una preocupación global.

Los logros del ecologismo

Conservación de la biodiversidad
La preservación de la biodiversidad emerge con fuerza y será clave en el debate sobre sostenibilidad, según BBVA Research

El llamamiento social a la acción para hacer un mundo más sostenible se ha extendido a gran velocidad en los últimos cinco años, según el informe ‘La sostenibilidad a través de la lente del Big Data’, elaborado por BBVA Research. El estudio destaca que, mientras el cambio climático aún lidera la conversación, la biodiversidad emerge como el concepto de mayor crecimiento, especialmente en América Latina, y anticipa que será uno de los ejes que marcarán el debate sostenible a corto y medio plazo.

“El mayor logro del ecologismo ha sido conseguir que buena parte de la sociedad tenga claro que tenemos que abordar una serie de retos medioambientales, empezando por el cambio climático y continuando por la pérdida de la biodiversidad”, explica Suárez. “Hoy, la sociedad ha adelantado incluso a las organizaciones. Los jóvenes salen a la calle pidiendo más compromiso, más respuestas. Han convertido el cambio climático en la lucha de una generación. Greta Thunberg es el mejor ejemplo”.

Y, a partir de ahora, qué. “Tenemos que ser capaces de explicarle a la sociedad que la salida a esta crisis pasa por cambiar nuestro modelo de producción y consumo, que estamos viviendo por encima de los límites del planeta”, concluye Luís Suárez. Para ello, el conocimiento que pueda aportar la ecología será fundamental. “La ciencia tiene que acabar de entender el encaje, o el desencaje, del ser humano en los sistemas ecológicos”, añade Jaume Terradas.

Al igual que desde los tiempos de Humboldt y Muir, la ecología y el ecologismo seguirán recorriendo caminos separados. Uno, guiado por la ciencia. Otro, canalizando protestas sociales e intenciones políticas. Pero los puntos de encuentro seguirán existiendo y seguirán girando en torno al planeta y nuestra relación con los demás seres que lo habitan.

Tomado de:

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sábado, 30 de marzo de 2024

¿Qué es el medioambiente y por qué es clave para la vida? por @bbva


El medioambiente es el espacio en el que se desarrolla la vida de los distintos organismos favoreciendo su interacción. En él se encuentran tanto seres vivos como elementos sin vida y otros creados por la mano del hombre.

esenciales para la subsistencia de los organismos vivos y conforman el espacio físico del ambiente, siendo los componentes básicos del ecosistema. Ejemplo de ellos son el agua, el aire y el suelo. En cuanto a los artificiales, destacan las tradiciones, la urbanización o la cultura. Estos se caracterizan por haber sido creados por el ser humano. La suma de todos conforma el medioambiente.

La ciencia que estudia el medioambiente

MEDIOAMBIENTE

BBVA reflexiona sobre la importancia de la reforestación sostenible

Los bosques son fundamentales, pero la actividad humana los ha sobreexplotado. La FAO advierte que solo un tercio se mantienen intactos y que, desde 1990, se han perdido unos 420 millones de hectáreas. Aunque plantar más árboles pueda parecer la solución más sencilla, una reforestación mal planteada puede generar numerosos problemas. BBVA profundiza en un nuevo monográfico descargable de sostenibilidad sobre la importancia de llevar a cabo esta práctica de una manera óptima para garantizar su efecto positivo sobre la naturaleza.

Todo lo relacionado con el medioambiente es estudiado por la ecología, una rama de la biología especializada en los seres vivos y en su interacción con el medio. Los especialistas de esta disciplina tienen en la forestación una cuestión fundamental. Hay que tener en cuenta que los árboles cumplen funciones vitales para gran parte de la fauna existente y para los seres humanos. Tanto es así que son los principales productores de oxígeno de los ecosistemas terrestres.

Cada 5 de junio, el mundo conmemora el Día del Medioambiente. El objetivo es concienciar a la sociedad sobre la importancia de garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales. Las cifras hablan por sí solas: 1.200 toneladas de CO2 se vierten a la atmósfera cada segundo, 8.000 personas mueren al día en algún punto del planeta por causas relacionadas con la contaminación del aire, alrededor de 140.000 elefantes africanos desaparecieron en la última década como consecuencia de la falta de acceso a la alimentación o al agua. De ahí la importancia de contribuir a garantizar una sostenibilidad real a largo plazo de los ecosistemas.


El medioambiente, clave para la vida

Cualquier organismo obtiene del medioambiente el sustento necesario para garantizar su supervivencia, no solo alimento, sino, también, refugio, aire o energía. Por eso, mantener su equilibrio resulta fundamental para asegurar la vida tal y como se conoce hoy en día. En el caso de los seres humanos, precisamos del consumo de gran cantidad de recursos naturales para comer, vestirnos o, incluso, para fabricar herramientas y otros productos que luego utilizamos en nuestras actividades diarias. Cuidar el ecosistema para hacer sostenible el uso de estos recursos y evitar su desaparición no es, por lo tanto, una filosofía simplemente bondadosa en relación con el planeta en el que vivimos, sino que nos va nuestra propia vida en ello.

BBVA Research: la ciencia profunda es esencial para lograr una UE más sostenible

Un estudio de BBVA Research y BeAble Capital concluye que la innovación disruptiva en tecnologías físicas y tangibles, conocida como ‘deep science’, resulta esencial para alcanzar los objetivos estratégicos de la UE, especialmente los climáticos: ofrece una oportunidad para desarrollar tecnologías que allanen el camino hacia una Europa más sostenible, competitiva y resiliente. Sin embargo, la Unión Europea necesita impulsar vías de financiación eficientes para que los proyectos innovadores puedan desarrollarse, crear valor y crecer.


Por sí solos y sin ninguna intervención humana, la mayoría de los ecosistemas, comprendiendo dentro de estos la distinta flora y fauna que los conforman, serían autosuficientes, gracias al desarrollo de un equilibrio tal que garantizan su propia supervivencia a través de la biodiversidad. Sin embargo, la mano del hombre en el pasado ha sido letal para ellos, ya que el no cuidado de sus interacciones ha provocado la desaparición de especies o la reducción relevante en su número de especímenes vivos.

Por todo ello, resulta fundamental la concienciación global de la sociedad para que realice un uso consciente y racional de los entornos con los que nos relacionamos. De este modo, además de garantizar la sostenibilidad, también se promueve el mantenimiento de los factores bióticos y abióticos para las generaciones futuras, de manera que, a largo plazo, se está trabajando colectivamente en el mantenimiento, en la conservación y en la mejora de los ecosistemas.

Según el Banco Mundial, cuando el medioambiente y los recursos naturales se administran bien, pueden ser la base de un crecimiento sostenido e inclusivo, contribuyendo decisivamente a la reducción de la pobreza. Además, este organismo afirma que un tercio de las 100 ciudades más grandes del mundo se abastece de agua a partir de áreas protegidas, mientras que tres cuartas partes de los 115  principales cultivos alimentarios del mundo se basan en la polinización animal. En los países en desarrollo, los bosques, los lagos, los ríos y los océanos aportan una proporción considerable de los alimentos, combustibles e ingresos de los hogares, y constituyen una red de protección social muy valiosa en épocas de crisis, particularmente para los pobres que viven en zonas rurales.


Sin embargo, hoy, entre el 60 % y el 70 % de los ecosistemas del mundo se está degradando más rápido de lo que pueden recuperarse. La gestión inadecuada del medioambiente y de los recursos naturales da lugar a pérdidas económicas considerables; por ejemplo, alrededor de 80.000 millones al año se desaprovecha debido a la mala gestión de la pesca en los océanos. Por su parte, la contaminación atmosférica es el cuarto factor de riesgo más importante de muertes prematuras, y contribuye a 1 de cada 10 muertes en todo el mundo, causando grandes pérdidas de bienestar e ingresos.

En conclusión, la naturaleza está bajo amenaza y un millón de especies de animales y plantas, de un total estimado de ocho millones, están en riesgo de extinción, muchas de ellas en unas décadas, según el último informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES).

Contaminación y transformación del medioambiente

La vida está en permanente evolución. Desde que se originó hace millones de años, los seres han estado en continua transformación, de modo que algunos se adaptaban a las condiciones cambiantes del ecosistema mientras otros desaparecen por el camino. De esta manera, la vida en la Tierra ha logrado persistir en el tiempo de un modo natural, logrando salir adelante y triunfar en condiciones tan adversas como un gran cataclismo en el clima, inundaciones de la corteza terrestre o violentas erupciones volcánicas.


PROYECTOS SOSTENIBLES BBVA

Javier Rodríguez Soler: “Ya existen tecnologías de descarbonización que funcionan y que son rentables”

Todos estos procesos han sido consecuencia del inexorable paso de periodos de tiempo muy largos, que han permitido a los ecosistemas y a la propia biosfera ir encontrando el equilibrio a largo plazo. El problema es que desde que el hombre dejó de ser un animal nómada e itinerante para establecerse en lugares fijos y desarrollar la economía, cada vez se ha ido acelerando más la influencia y el cambio que ha ejercido en la modificación del medioambiente, utilizando los recursos para su supervivencia y su propio bienestar. Algunas de estas acciones han traído aparejadas consigo la destrucción del medio o, al menos, su contaminación.

¿Cuáles son los principales factores que afectan el medio ambiente?

A partir de mediados del siglo XVIII en adelante, el despegue de la Revolución Industrial significó la sobreexplotación de los recursos naturales, con la presencia de agentes químicos, físicos o biológicos que han tenido un impacto negativo sobre el equilibrio de los ecosistemas, aumentando, de manera exponencial, la contaminación del medioambiente. La extracción y la utilización sin control de los recursos minerales, la destrucción de los bosques, el crecimiento de la agricultura y de la ganadería intensivas, el desarrollo imparable de las ciudades o la apuesta por las energías no renovables y por la utilización de los combustibles fósiles han provocado unos niveles de deterioro de muchos ecosistemas prácticamente irreparables.

En el caso del agua, los desechos industriales y domésticos o la pesca indiscriminada han diezmado a muchas especies, cambiando los sistemas de equilibrio, por ejemplo, en la pirámide alimentaria. En cuanto a los recursos naturales, el abuso de la minería para producir petróleo o elementos para la industria han llenado muchos ecosistemas de desechos no biodegradables, que tardarán varios siglos en poder eliminarse de un modo natural. Por su parte, el uso de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo o el gas natural, en industrias, sistemas de calefacción o medios de transporte, libera cada día toneladas de gases nocivos, como el CO2, a la atmósfera, contribuyendo, de este modo, al calentamiento global. En cuanto al suelo, los pesticidas y los residuos plásticos han provocado un deterioro en sus propiedades naturales prácticamente imposible de revertir.


¿Se está a tiempo de evitar su destrucción del medioambiente?

Según la Organización Mundial de la Salud, entre el 30% y el 50% de las especies que existen en la actualidad podría haberse extinguido en 2050, como consecuencia de una amalgama de factores, como el cambio climático, la pérdida de su hábitat o el consumo humano indiscriminado. Este organismo, con todo, advierte que todavía se está tiempo de evitar esta y otras terribles consecuencias sobre la biosfera de cara al futuro, pero que, para lograrlo, se necesita de la toma de conciencia y de la involucración de todos los países, de manera que se implementen políticas globales que promuevan el cuidado del medioambiente y el uso racional de los recursos por parte de industrias y dentro de las propias ciudades.

MACROECONOMÍA

¿Qué tiene que ver la Macroeconomía con nuestra vida diaria?

La Macroeconomía estudia la economía de un lugar, país o conjunto de países. La particularidad de esta disciplina es el análisis en su totalidad. Estos datos tienen que ver con el empleo, la renta nacional o las inversiones. El objetivo de estas magnitudes globales es comprender el entorno, tomar decisiones y pronosticar resultados.

Desde el punto de vista supranacional y con una vocación mundial, existe desde hace tiempo el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), que actúa como promotor, catalizador y educador para una utilización sostenible de los recursos naturales, de modo que tenga un efecto positivo en el medioambiente del planeta. En esta entidad se evalúan las condiciones y las tendencias ambientales a nivel global, regional y nacional, además de promover las relaciones y las alianzas entre instituciones para que se lleve a cabo una gestión racional del medioambiente.

A título individual, cada uno de nosotros también podemos tomar nuestras propias medidas con una óptica orientada hacia la sostenibilidad, por ejemplo, realizando un uso más eficiente y consciente del agua, reciclando la basura y evitando el uso de plásticos, cuidando y manteniendo los espacios verdes en las ciudades, no utilizando medios de transporte basados en combustibles fósiles y sí en energías renovables a gran escala o placas solares para autoconsumo, e incentivando la movilidad sostenible, o llevando a cabo un uso racional de la electricidad en casa apostando por la iluminación basada en el bajo consumo.

Tomado de:

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