"De todos los intentos de instalar por las buenas o por las malas una revolución socialista (y hay indicios de que así fue la intención original), el caso venezolano es uno de los más trágicos y cruentos de la historia occidental".
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Augusto Monterroso
Después de veinticinco años del régimen conocido como revolución bolivariana quedan pocas novedades por decir. Es mucho tiempo para cualquiera, sea para los jóvenes que no han conocido otro país, sea para las generaciones que optaron por marcharse o adaptarse, o para los que nos hemos ido resignando a no tener tiempo de vivir el desenlace. Las versiones de lo ocurrido van desde serios análisis políticos, históricos y sociales hasta las pachotadas que se pueden leer a veces en las redes sociales o escuchar en algunas conversaciones, y muchas de ellas concluyen en afirmar que la culpa es de los opositores que no lo han sabido hacer bien. Hay también quien piensa que todo es producto de un diseño de control de la población, y ciertamente es posible que algunos elementos hayan sido preestablecidos con ese fin, pero cuesta suponer que sea así en toda la extensión del daño. No todo es previsible ni controlable, los diseñadores del desastre no son omnipotentes, hay efectos que se escapan a su designio y voluntad y probablemente sean clasificados como daños colaterales. A veces me pregunto qué piensan los protagonistas, tanto los que han aprovechado muy bien su ‘militancia’ y se han ganado el premio universal del cinismo como aquellos que quedaron en las mismas y recibieron el premio nacional de los ilusos, aunque a fin de cuentas mi curiosidad es innecesaria. No nos llevaría a ninguna parte conocer las altas y bajas motivaciones que se sumaron para generar este fracaso. Porque es un fracaso y lo saben. Y esa es una conclusión inaceptable para unos cuantos de quienes lo han llevado a cabo. De todos los intentos de instalar por las buenas o por las malas una revolución socialista (y hay indicios de que así fue la intención original), el caso venezolano es uno de los más trágicos y cruentos de la historia occidental. Solo son medianamente comparables algunos de los países de Europa que quedaron en nada cuando colapsó la Unión Soviética, y digo medianamente porque esos casos son los de países muy pobres.

