Técnicamente, Venezuela salió en 2021 de la hiperinflación en la que se encontraba desde 2017, aunque sigue atrapada en una elevada y creciente inflación, que varios especialistas estiman seguirá siendo de 3 dígitos en 2023. La pregunta es, entonces, cómo se puede atacar y abatir el azote de la inflación.
En la literatura económica hay múltiples ejemplos de lo que hicieron otros países, incluyendo varios de América Latina, para doblegar la inflación que padecieron, algunos con problemas similares al caso venezolano.
He aquí tres acciones básicas:
Lo primero es imponer disciplina fiscal y monetaria, para que el gasto público corresponda a los ingresos esperados, evitando con ello que los gobiernos se endeuden masivamente y, eventualmente, acudan a sus bancos centrales, buscando que financien los enormes déficits mediante la creación recurrente y creciente de dinero inorgánico, lo cual se traduce en expansiones de la oferta monetaria, por lo que habrá más dinero persiguiendo los mismos bienes, con lo cual los precios subirán.
Lo segundo es instaurar normas muy claras que obliguen al respeto de la autonomía de los bancos centrales, los cuales deben tener la potestad no solo negarse a financiar gasto público deficitario, sino también establecer metas anuales de inflación, a los efectos de instrumentar las políticas y acciones en procura de las mismas. Esto, obviamente, no ocurre en Venezuela, porque el BCV se ha convertido en un apéndice del gobierno nacional.
Lo tercero es tener políticas económicas centradas en estimular la oferta mediante incentivos a la inversión productiva en sectores como la manufacturera, la agroindustria y la agricultura, de manera de incrementar y diversificar la gama de productos que se ofrecen en el mercado interno y de aquellos destinados a la exportación. Eso se logra con incentivos financieros, fiscales y de otra índole, y con respeto al Estado de Derecho y a las reglas de funcionamiento de la economía de mercado, lo que es fundamental para la creación de confianza.
Esto es contrariamente lo que ha ocurrido en Venezuela, donde ha prevalecido durante un largo período un entorno hostil para las actividades productivas por los excesivos controles y regulaciones que impiden el funcionamiento racional de los mercados y la óptima asignación de los recursos, lo que ha originado un proceso de desinversión por parte de la empresa privada, expresado en el cierre de miles de fábricas y de muchas otras que se encuentran operando a un tercio de su capacidad, con lo cual se ha afectado severamente a la oferta de bienes y servicios, factores todos que generan presiones alcistas de los precios.

