Por J. A. Ciriza
En este artículo vamos a
tratar de describir cómo el compromiso de los laicos en el trabajo cooperativo
y muy especialmente en las Cooperativas que se implican más a fondo,
compartiendo la economía y el trabajo diario a los socios; es una opción muy
válida para colaborar en la construcción de ese mundo justo y solidario, al que
nos invita San Ignacio.
Se trata de concretar que en
el día a día, en el manejo de los recursos económicos, de la participación en
la toma de decisiones; de la solidaridad en asumir las labores diarias e
incluso las más costosas y menos luminosas, siempre esté presente el bien común
y el mayor bien común posible.
Vaticano II y Medellín
Inspirados por la audacia y
la claridad del Vaticano II, que en nuestro continente tuvo su manifestación
encarnada en la Asamblea de los Obispos en Medellin; los laicos de mediados de
los años 70, nos sentimos llamados con urgencia a implicarnos radicalmente en
la tarea de enfrentar la pobreza, la marginación y el hambre que aplastaban a
las mayorías de nuestros pueblos.
Vimos que el reto era muy
complejo, pues esa situación de desamparo y de hambre, era el fruto lógico de
la organización tan injusta, opresora y egoísta de las estructuras económicas,
políticas y sociales que nos envolvían a todos.
Muchos de nosotros no
creíamos que la educación fuera la respuesta a tan caótica realidad. Más bien
veíamos posibles respuestas por las sendas de la política, la economía y en
particular por la ruta de la Organización Popular.
