Alessandro Di Stasio 18 de marzo de 2022
@adistasiob
En la
casa de Glenda Boscán tiemblan las paredes, los resplandores de las explosiones
iluminan por los vidrios congelados de las ventanas y los bombillos no se
encienden en las noches para protegerse de posibles ataques. Es su
nueva rutina, una que comenzó el pasado 24 de febrero, cuando las tropas
del Ejército ruso invadieron Ucrania, y aún no termina.
Konotop, en la provincia de Sumy, al noreste de Ucrania, fue una de las primeras ciudades en ser sitiada. Su posición geográfica, limítrofe con la frontera entre ambos países, la hizo un territorio usado por los militares rusos para su avance hacia Kyev, la capital ucraniana, a solo 257 kilómetros de distancia, que ha sido constantemente bombardeada.

