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sábado, 1 de junio de 2024

Necesitamos uno, dos, muchos Mandela en Venezuela / Rafael A. Sanabria M. rafaelsanabria17091979@gmail.com

 


Todos los venezolanos, a lo largo y ancho de la geografía nacional, están atentos a lo que sucederá el venidero 28 de julio en el país con los comicios presidenciales convocados. Dos fuerzas luchan, una por llegar a la butaca de Miraflores y la otra por mantenerse. En fin, dos corrientes que persiguen simplemente un acto de equilibrio entre la gente que quiere entrar y aquellos que no quieren salir, porque la ambición de poder es gigante.

Pero nadie se pregunta que va a pasar el día después si una de las fracciones pierde. ¿Cuál sería la reacción de la tolda políticas? ¿aceptara los resultados? Tal vez son interrogantes que en estos momentos no tienen respuestas inmediatas, pero quizás tenemos una posible imaginación del escenario.

Probablemente de acuerdo al veredicto final que emita CNE, especulo se armará como dicen en el argot popular «una sampablera» o tal vez no pasará nada, todo se mantendrá en la quietud, son cosas que no podemos predecir, pero tampoco son descabelladas pensarlas; es decir, están allí y tiene un nombre: probabilidad.

Porque en política como en religión hay devotos que manifiestan su devoción por su santo, de allí que en ese momento no hay hombres, hay ideas, no hay sentimientos, sino intereses, como decía mi padre: «En política no se mata a un hombre, sino se allana un obstáculo».

Entonces, si sabemos que estas pueden ser las posturas, con mayor razón debemos trabajar con voluntad para en vez de buscar con afán un presidente o un vengador que solo serviría para agudizar nuestra deteriorada convivencia social, deberíamos modelar unos cuantos Mandela en el país, que fomenten el reencuentro entre venezolanos, en vez de continuar descalificándonos, ultrajándonos, lastimándonos verbal y moralmente.

Los candidatos deben llamar a la reconciliación nacional, se debe orientar el discurso de alguna u otra manera, hacía la consolidación de estrategias viables que permitan la gobernabilidad para todos, con todos y no solo para un sector en específico. Es decir, propiciar un diálogo creíble que este por encima de los intereses particulares de los líderes, ajeno a líneas trazadas por conveniencias para salir del paso o tomar un atajo.

El país requiere de hombres desprovistos de odios, envidias y rencores para asumir su gerencia. No podemos continuar de forma indefinida viéndonos todos en el tema político como enemigos y no como adversarios. Basta de la ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente. Al final de todo, lo único que   han logrado estos actores políticos con tendencia radical es a sembrar el síndrome del rencor entre los conciudadanos.

Si consideramos que todos los que aspiran a la presidencia son demócratas, como ellos pregonan, entonces hagamos entender el valor del concepto democracia, pero no solo vociferando que significa vivir en libertad, sino que va mucho más allá, nos convoca a convivir con los demás, respetando las formas de pensar. Porque hay quienes en nombre de la libertad viven sin valores, en vulgar libre albedrío y a eso no le podemos denominar democracia, porque la democracia fomenta valores.

domingo, 31 de diciembre de 2023

¿Por qué nochevieja y las doce uvas? / Rafael A. Sanabria M. rafaelsanabria17091979@gmail.com

 


Es costumbre escuchar en la tradición oral de muchos hogares decir los 31 de diciembre, hoy es la cena de año nuevo, recayendo en un error semántico, pues es la Nochevieja, o víspera de Año Nuevo, que es el último día en el calendario gregoriano y es una festividad que se celebra prácticamente en todo el mundo el 31 de diciembre. Cada año, las familias y amigos se reúnen para cenar y dar la bienvenida al nuevo año, con tradiciones y costumbres supersticiosas para que el año venidero traiga suerte y salud. Por lo tanto, debemos darle el nombre que corresponde a cada acontecimiento para no distorsionar nuestras tradiciones y costumbres.

Según el Canal Historia, el origen de la celebración de Nochevieja se remonta al Imperio Romano, que rendía homenaje en enero al dios Janus (en inglés, enero se dice january, y en alemán, januar). Este dios tiene la particularidad de poseer dos rostros, uno viejo con barba y otro joven. El primero mira hacia atrás (el pasado), mientras que el joven mira hacia adelante (el futuro), hacia el año nuevo que comienza.

Pero las primeras festividades de año nuevo de las que se tienen registros datan de unos 4.000 años, en la antigua Babilonia. Estas se celebraban a finales de marzo mediante un festival religioso llamado Akitu. A lo largo de la historia, el año nuevo no siempre se ha celebrado el 1 de enero, sino que estaba marcado por acontecimientos agrícolas o astronómicos. Por ejemplo, según la fuente citada, el año comenzaba en Egipto con la crecida anual del río Nilo. Pero los romanos, una vez más, fijaron el año nuevo actual.

Se acerca cada vez más año nuevo y en todo el mundo se tienen costumbres diferentes para celebrarlo, incluso horarios y fechas diferentes.

Una de las tradiciones que siempre sale a relucir es comerse las 12 uvas por cada campanada, sin embargo, no muchos saben por qué se hace esto.

Según las creencias más comunes se debe comer una uva por cada campanada y pedir un deseo en cada una. Esto traerá la buena suerte y prosperidad el año siguiente.

Esperando que cada deseo sea cumplido, sin embargo, dicha tradición que se realiza en varios países latinoamericanos no tienen idea de que es algo adquirido de costumbres de otra civilización.

En esa noche vieja se tiene la tradición de comer 12 uvas exactamente a las 12 de la noche, este rito llegó a América Latina desde España.

Para tener 12 meses de buena suerte y prosperidad es necesario comer una uva con el sonido de cada campanada de la medianoche.

Según el libro «España», del periodista estadounidense Jeff Koehler, existen dos teorías sobre los orígenes de esta antigua costumbre.

martes, 26 de diciembre de 2023

¿Cuál es el origen del árbol de navidad? / Rafael A. Sanabria M. rafaelsanabria17091979@gmail.com

 


Un elemento que no puede faltar en esta época es el árbol de Navidad. Sin embargo, muchos desde los meses de octubre-noviembre se disponen para su elaboración y atavío, pero pocos conocen el verdadero origen y significado de esta tradición. Tan así que en muchos hogares se dice que esta tradición es propia de los protestantes, quizás, tal vez producto del desconocimiento con respecto al tema.

Éste es el símbolo de fertilidad y regeneración, la tradición el árbol navideño se originó en Alemania y se asocia con la fe cristiana, llegando a México alrededor del siglo XIX y convirtiéndose en una gran tendencia decorativa.

Árbol de Navidad: el origen

Existen varias teorías sobre el origen del Árbol de Navidad. Una de las más aceptadas es la que señala que esta tradición proviene de los celtas de Europa central, quienes empleaban árboles para representar a varios dioses.

De manera particular, en invierno celebraban el nacimiento de Frey, su dios del Sol, con un árbol decorado con frutos rojo que recibía el nombre de Idrasil, que significa Árbol del Universo; en su copa se hallaba el cielo y en las raíces profundas se encontraba el infierno.

Fue entre los años 680 y 754 cuando San Bonifacio, uno de los principales evangelizadores de Alemania, entendió que era imposible arrancar de raíz la tradición celta, por lo que decidió adaptarla dándole un sentido cristiano.

Fue así como cortó con un hacha un roble que representaba a Odín y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne simbolizaba el amor de Dios. Así surgió el Árbol de Navidad, cuyo sentido fue celebrar el nacimiento de Jesús entre los nuevos cristianos.

Se dice que la tradición del pino navideño comenzó en Alemania en 1605; en Finlandia llegó en 1800, a Inglaterra lo hizo en 1829, y en el Castillo de Windsor se vio por primera vez en 1841, de la mano del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria. A los hogares españoles llegó en 1870. Los protestantes señalan que fue Martín Lutero quien impuso el pino en lugar del roble de Odín como árbol navideño.

Los árboles son símbolo de vida que da sustento, sombra y cobijo. Al estar apuntando hacia el cielo, varias culturas los relacionan con lo divino. El pino navideño evoca en su forma triangular a la Santísima Trinidad y su perenne follaje verde simboliza la vida eterna.

El primer árbol cristiano se decoró con manzanas que simbolizaban el pecado original y las tentaciones, y con velas que representaban a Cristo y su luz. Al paso de los años las manzanas en los pinos navideños fueron sustituidas por esferas que significan los dones de Dios.

La estrella debe ir en la punta del pino navideño. Es un elemento muy importante del arbolito de Navidad, pues representa la fe que debe guiar la vida de los creyentes en Cristo. Evoca la estrella que guio a los Magos hasta Belén.

El Árbol de Navidad debe ir acompañado de un Nacimiento navideño. El origen de esta tradición se remonta al año 1223, cuando San Francisco de Asís ideó los también llamados pesebres o belenes.

Esta práctica se difundió entre los laicos y se volvió muy popular, pues se trataba de una costumbre propia del clero. Recientemente, el papa Francisco se refirió a la importancia del Nacimiento en el festejo de la Navidad, y lo calificó como un «Evangelio vivo».

viernes, 13 de octubre de 2023

El Estado docente / Rafael A. Sanabria M. rafaelsanabria17091979@gmail.com

 


Luis Beltrán Prieto Figueroa razonó en su libro El Estado docente sobre la institucionalización de la educación. En primer lugar indica las diferencias entre Estado y nación:

El Estado es una concepción de carácter jurídico-social. Se refiere a la forma y organización de la sociedad, de su gobierno, y el establecimiento de normas de convivencia humana.

La nación es un concepto, al mismo tiempo de orden biológico, histórico y sentimental. Es además la expresión del pueblo sin organización.

El Estado es la organización de esa nación, las instituciones por las cuales una nación se rige. Pueden existir naciones sin Estado, así como Estados sin nación, ficticios o en el exilio.

Para Prieto Figueroa, el Estado crea por delegación de la colectividad, normas para la función educativa y para que los ciudadanos, tengan adecuada formación. Son normas obligatorias que dependen de la orientación política del Estado. Además existen recomendaciones facultativas.

La libertad de la enseñanza, según el libro, no se puede entender como libertad de expresión sin límites sino como libertad responsable y competente del docente teniendo en cuenta el derecho de los estudiantes a aprender:

La libertad de enseñanza es correlativa del derecho a aprender. El derecho de enseñar es solo un medio de la colectividad para dar cumplimiento al derecho de aprender. El derecho de enseñar deriva de la libertad de trabajo, de reunión y de expresión del pensamiento. Enseñar es una profesión que se ejerce mediante la expresión libre del pensamiento que se desea transmitir o enseñar, en reunión con varias personas.

No se trata de una garantía autónoma, sino de un derecho que presupone la existencia de otro de mayor entidad. Prieto defiende la libertad de enseñanza dentro de las regulaciones indispensables en un Estado de derecho. No obstante, sostiene que no se puede concebir la libertad de enseñanza entendiéndola como la posibilidad de exponer las simples opiniones de los individuos sin considerar los deberes para la comunidad educativa y la capacitación intelectual.

Desde la Edad Media ha habido conflicto entre el Estado y la iglesia porque ésta ha considerado que la libertad de enseñanza debe ser exclusiva de ella misma. No obstante en las sociedades modernas la educación, como función pública esencial de la colectividad, está encomendada al Estado. Ahora el pleito que se entabló entre las llamadas comunidades educadoras y el Estado arranca, como expresa el maestro Ferdinand Buisson, de la supresión del monopolio en la educación, ejercido tradicionalmente por esas comunidades, para dar paso a una nueva concepción que confiere el control al Estado sobre la supresión del monopolio.

La regulación del Estado no significa la supresión del derecho de los ciudadanos privados de establecer instituciones educativas, pero sí implica dice Prieto, que «La educación privada es una forma de colaboración dentro de la función docente que corresponde al Estado. Se trata del ejercicio de una función pública delegada, ejercida dentro de las normas fijadas por el Estado».