Francisco Fernández-Carvajal 29 de julio de 2023
@hablarcondios
— La alianza del Sinaí y la Nueva
Alianza de Cristo en la Cruz.
— La renovación de la Alianza: la Santa
Misa.
— Amar el Sacrificio del altar.
I.
Leemos en el libro del Éxodo1 que
cuando Moisés bajó del Sinaí dio a conocer al pueblo los mandamientos que había
recibido de Dios. Los israelitas se obligaron a cumplirlos y Moisés los puso
por escrito. A la mañana siguiente edificaron un altar en la parte más baja de
la montaña y alzaron doce piedras, en memoria de las doce tribus de Israel.
Inmolaron unas víctimas con cuya sangre ratificaron la Alianza que Yahvé
realizaba con su pueblo. Mediante este pacto, los israelitas se comprometían a
cumplir los preceptos divinos recibidos por Moisés en el Sinaí, y Yahvé, con
amor paternal, velaría por su pueblo, elegido entre todos los pueblos de la
tierra. El rito se realizó a través de la sangre, símbolo de la fuente de la
vida. Se roció sobre el altar, que representaba a Dios y después de leer Moisés
solemnemente y en voz alta el «libro de la Alianza», roció al pueblo. La
aspersión con la sangre expresaba esta unión especial de Yahvé y su pueblo2.
Tan importante es este acontecimiento que ha de ser recordado y renovado en muchas ocasiones3. El pueblo romperá incontables veces el pacto, pero Dios no se cansa de perdonar y de amar; no solo perdona: anuncia por los Profetas, una y otra vez, la nueva Alianza en la que mostrará su infinita misericordia4. Por la Sangre de Cristo, derramada en la Cruz, se sellará el nuevo y definitivo pacto anunciado, que une estrechamente a Dios su nuevo pueblo, la humanidad entera, llamada a formar parte de la Iglesia. El sacrificio del Calvario fue un sacrificio de valor infinito que estableció unas relaciones completamente nuevas e irrevocables de los hombres con Dios.
