Francisco Fernández-Carvajal 30 de junio de 2022
@hablarcondios
— Las
mortificaciones nacen del amor y a su vez lo alimentan.
—
Mortificaciones para ayudar y hacer más grata la vida a los demás; las pequeñas
contrariedades de cada día; espíritu de sacrificio en el cumplimiento del
deber.
—
Otras mortificaciones. El espíritu de mortificación.
I. Nos
relata San Mateo en el Evangelio de la Misa1 que,
después de responder a la llamada de Jesús, preparó una comida en su propia
casa, a la que asistieron el resto de los discípulos y muchos
publicanos y pecadores, quizá sus amigos de siempre. Los fariseos, al ver
esto, decían: ¿Por qué vuestro Maestro come con los publicanos y los
pecadores? Jesús oyó estas palabras y Él mismo les contestó
diciéndoles que no tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Y a
continuación hace suyas unas palabras del profeta Oseas2: más
quiero misericordia que sacrificio. No rechaza el Señor los sacrificios que
se le ofrecen; insiste, sin embargo, en que estos han de ir acompañados del
amor que nace de un corazón bueno, pues la caridad ha de informar toda la
actividad del cristiano y, de modo particular, el culto a Dios3.
Aquellos
fariseos, fieles cumplidores de la Ley, no acompañaban sus sacrificios del olor
suave de la caridad para con el prójimo y del amor a Dios; en otro lugar dirá
el Señor, con palabras del Profeta Isaías: este pueblo me honra con los
labios, pero su corazón está lejos de Mí. En aquella comida en casa de
Mateo manifiestan con su pregunta que les falta comprensión hacia los demás
invitados y que no se esfuerzan por acercarlos a Dios y a la Ley, de la que
ellos se muestran tan fieles cumplidores; juzgan con una visión estrecha y
falta de amor. «Prefiero las virtudes a las austeridades, dice con otras
palabras Yahvé al pueblo escogido, que se engaña con ciertas formalidades
externas.