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jueves, 13 de diciembre de 2012

Países Pesimistas y Optimistas

Por Carlos Vilchez Navamuel, 12/12/2012

El periódico digital “5 Días” nos brinda una información curiosa pero importante porque nos revela en parte cual es la actitud que tienen las personas en diferentes países con respecto a la vida y a su que hacer diario, en el boletín se nos indica cuales son las naciones más pesimistas y cuales las más optimistas, la información está basada  en un estudio global elaborado  por BVA-Gallup y publicado por el diario Le Parisien.

El sondeo se hizo a partir de más de 64.000 entrevistas en 53 países y determinó curiosamente que los países más optimistas son los del tercer mundo.





 En Europa, Francia encabeza la lista de pesimistas, Jean-Herve Lorenzi, un profesor de la Universidad de París Dauphine  afirma que “los franceses nunca han sido optimistas en su forma de expresase, pero que siempre han sido emprendedores” Aquí un video de la BBC Mundo hablando sobre este tema.

Los franceses  salen situados en el estudio mencionado con las peores perspectivas con un 61 por ciento de pesimistas,  seguida de Islandia (-46), Rumanía (-43), Serbia (-42), Reino Unido (-42)  y en 6to.  lugar  España (-41)”.  En el estudio  el país más rico del mundo, Estados Unidos, se sitúa en un puesto medio (-8), moderadamente pesimista.

La misma noticia nos dice que: “En el lado opuesto se sitúan países del llamado Tercer Mundo "a pesar de la pobreza, la violencia o la corrupción", según ''Le Parisien''. El país más optimista de los estudiados es Nigeria (+70), seguido de Vietnam (+61), Brasil (+48), Ghana (+48) y China (+46).  http://www.cincodias.com/articulo/economia/espana-sexto-pais-pesimista-mundo-perspectivas-2011/20110103cdscdseco_17/

Worldwide  Independent  network (WIN/GALLUP INTERNATIONAL) una empresa  que acaba de elaborar otro estudio nos dice que: “no es el dinero el que genera la felicidad, sino la juventud, la educación y el empleo.”   Resume que: “Latinoamérica tiene un total de 63% de felicidad neta; África, 66%; Europa del Oeste, 50%; Norteamérica 31%” 

La ironía entonces es que las personas que viven en los países que están mejor, que tienen un nivel de vida superior y que han logrado más, son los más  pesimistas, mientras que la gente de los países que tienen y viven con mucho menos son los optimistas.

Como vemos este tipo de estudios nos ayudan a entender el comportamiento y la actitud de muchos de los extranjeros que conocemos en la vida pues nos indican su forma de ver el mundo y el optimismo o pesimismo con que lo viven.  

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jueves, 5 de julio de 2012

La erosión de la democracia


Por Andrés Oppenheimer | LA NACION Martes 03 de julio de 2012

Disculpen el atrevimiento, pero Brasil, la Argentina, Colombia y otros varios países latinoamericanos tienen mucha de la culpa por la reciente salida forzada del ex presidente paraguayo Fernando Lugo: han permanecido en silencio ante tantas violaciones a la democracia en Nicaragua, Bolivia, Venezuela y Cuba que han contribuido a crear un clima de "vale todo" en la región.

La defensa selectiva de la democracia de muchos países latinoamericanos -que ponen el grito en el cielo cuando presidentes de derecha atropellan las libertades democráticas, pero no dicen una palabra cuando presidentes de izquierda hacen lo mismo- ha dado como resulto una constante erosión de la democracia.

El nuevo gobierno paraguayo de Federico Franco, que fue suspendido del Mercosur, argumenta que el Congreso paraguayo actuó estrictamente dentro de los límites de la Constitución cuando depuso a Lugo el 22 de junio. El artículo 225 de la Constitución de Paraguay permite que el Congreso paraguayo enjuicie al presidente "si desempeña mal sus funciones" y si -tal como ocurre en los sistemas parlamentarios- dos tercios de ambas cámaras del Congreso votan su destitución. La votación contra Lugo fue de 39 a 4 en el Senado y de 73 a 1 en la Cámara de Diputados.

Pero los críticos señalan, acertadamente, que el procedimiento no cumplió el proceso debido porque no se le dio a Lugo el tiempo necesario para preparar su defensa. Aunque el artículo de la Constitución no especifica cuánto tiempo se debe dar al presidente, otros artículos dicen que todo individuo tiene derecho "al tiempo indispensable para preparar su defensa". Lugo había pedido 18 días, pero sólo se le concedieron dos horas.

En cualquier caso, los legisladores que orquestaron la destitución forzosa deben de haber sentido que su "juicio político exprés" era un pecadillo menor comparado con las violaciones de los derechos democráticos en otros países de la región que no tienen consecuencias diplomáticas.

En las elecciones de 2011 en Nicaragua, no hubo quejas latinoamericanas cuando el presidente Daniel Ortega se hizo reelegir para un tercer período presidencial pese a todo tipo de irregularidades. Casi todos los observadores internacionales coincidieron en que aquella candidatura de Ortega estaba prohibida por el artículo 147 de la Constitución nicaragüense, que prohíbe la reelección consecutiva o por más de dos períodos. Pero Ortega consiguió que los jueces sandinistas dictaminaran -en un procedimiento ilegítimo- que la cláusula constitucional no se aplicaba en ese caso.

De manera semejante, tampoco hubo quejas latinoamericanas cuando Hugo Chávez inhabilitó sin debido proceso a más de 270 líderes opositores en las elecciones para gobernadores estatales de 2008. Tampoco hubo reclamos regionales cuando Chávez decidió no renovar la licencia de la cadena televisiva independiente RCTV ni cuando desconoció la voluntad de los votantes venezolanos, que en 2008 eligieron al candidato opositor Antonio Ledezma como alcalde de Caracas. Tras la victoria electoral de Ledezma, Chávez creó un nuevo cargo por encima del alcalde de Caracas, le quitó a Ledezma casi todos sus poderes y, virtualmente, todo su presupuesto oficial.

En Bolivia, durante los últimos cuatro años, el presidente Evo Morales ha encarcelado o enviado al exilio a casi todos los gobernadores estatales opositores, sin someterlos a los procedimientos señalados por la ley. Al menos cinco gobernadores opositores, incluyendo algunos ex candidatos presidenciales de la oposición, han sido encarcelados u obligados a salir del país sin debido proceso.

Y el dictador militar de Cuba, Raúl Castro, en lugar de ser presionado para que permita elecciones libres, ha sido recibido con creciente calidez por los muchos de los presidentes que hoy denuncian la destitución de Lugo. En la reciente Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia, casi todos los países de la región amenazaron con no asistir a futuras cumbres entre Estados Unidos y Latinoamérica si Cuba no es invitada.

Mi opinión: la destitución del ex presidente paraguayo Lugo estuvo mal y merece la condena de la región.

Pero la indignación selectiva de Brasil, Argentina, Colombia y otros países por la violación de los principios democráticos en la región ha promovido este tipo de conductas. Es hora de que los países alcen la voz contra todas las violaciones de los principios democráticos, ya sea en Paraguay, Honduras, Nicaragua, Venezuela o Cuba.

martes, 3 de julio de 2012

El entorno internacional y las Instituciones.


Apertura Opina el 02 de julio de 2012
Al leer el artículo de Jorge G. Castañeda titulado “El regreso de la némesis de México” en donde se analiza el escenario más probable en las elecciones en México, (hoy ya sabemos que efectivamente ganó), que es el  del retorno del PRI al poder y se muestra optimista en cuanto a que no sea el regreso a la dictadura institucional que dicho partido construyó y mantuvo durante 70 años. Eso naturalmente depende del aprendizaje democrático de los mexicanos y del liderazgo del PRI, hacemos votos de que así sea.

En dicho artículo se encuentra los siguientes párrafos:

También las relaciones de México con el mundo han cambiado desde 2000. Hoy México está inmerso en una red de acuerdos de libre cambio y otros instrumentos internacionales que han establecido definitivamente su economía abierta, políticas macroeconómicas ortodoxas y compromiso con el gobierno democrático. Está sujeto a una observación extranjera constante, molesta y digna de beneplácito.

Ahora importa también la presión internacional. Otros países escucharán a México sólo si éste cumple con sus obligaciones en materia de relaciones laborales, medio ambiente, elecciones libres y justas, propiedad privada y derechos humanos. En esta época, el Gobierno no puede cometer impunemente robos de elecciones, encierros en la cárcel de oponentes políticos, expropiaciones de activos privados extranjeros o nacionales, corrupción en gran escala o gastos despilfarradores.”

De nuestra experiencia como ciudadanos de un país en el que la realidad  democrática es altamente deficitaria con ribetes de totalitarismo y expresiones que pudieran dibujar fascismo, sabemos que quizás esa confianza en el comportamiento de las relaciones internacionales es por decir lo menos exagerado.

De entrada podemos afirmar que si el gobierno de un país decide subsidiar, mantener, pagar de los recursos de su población necesidades de otros países encontrará sin dificultad que el mundo internacional se olvidará de los derechos humanos, propiedad privada, elecciones libres y justas, relaciones laborales y cualquier otro derecho de los ciudadanos.

La lista que podemos hacer de hechos ocurridos en nuestro país en cuanto a derechos y valores democráticos y que ha sido obviado o ignorado por el mundo de los países democráticos es abundante. La ceguera internacional propiciada por el plato de lentejas fijo u ocasional y luego por la amenaza de suspenderlo causa a lo interior la mayor desazón.

Que algún despistado, o tal vez interesado, presidente democrático venga a decirnos “éste”, -refiriéndose a Chávez-“es el mejor presidente que a tenido Venezuela” u otro que salga, quizás buscando pago de viejas deudas, con “garantiza la estabilidad de la región” son duros golpes a sus propias convicciones democráticas. Eso de cambiar la verdad para beneficiar a sus pueblos contiene en si mismo un alto desprecio por el ser humano en general. La realidad es que un gobernante aunque es elegido por su población, si tiene valores éticos humanistas, se preocupa y defiende al ser humano, del lugar que sea. El pragmatismo está afectando a la humanidad.

A lo interno se va fortificando la convicción de que el problema es nuestro y que su solución está en nuestro esfuerzo y constancia y que debemos olvidarnos de un apoyo externo. Lo que naturalmente si debemos exigir y exigimos es que no presten su apoyo a este régimen, por lo menos los países democráticos. De los países del mismo signo de éste no podemos esperar otra cosa que el apoyo entre pares.

En el caso mexicano la protección que pudieran tener proviene exclusivamente de la solidez en el respeto a la institucionalidad democrática que hayan construido y en la formación ciudadana de su población. Si lograron ampliar y fortalecer la participación ciudadana tendrán sin duda una importante vacuna a las veleidades originarias del Partido de la Revolución Institucional.

lunes, 25 de junio de 2012

LA DESTITUCIÓN DEL PRESIDENTE DE PARAGUAY


Fernando Mires, 25 de junio 2012.
 
La destitución de Fernando Lugo, Presidente de Paraguay, es anti-política y por lo mismo, ilegítima. Los demócratas latinoamericanos deben asumir la defensa de la continuidad republicana en Paraguay, o donde sea. No hacerlo significa ceder la defensa de la democracia a quienes más la niegan: las autocracias del continente, las mismas que mantienen estrechos contactos con las dictaduras más tenebrosas del mundo

Sucede en situaciones que llevan a la caída o destitución de un mandatario que quien la ha promovido recurre no a una argumentación política sino a una jurídica, o mejor dicho: leguleya. Como si el acto de destitución fuera deducible de una suerte de automatismo mediante el cual los presidentes son enjuiciados no por personas, no por intereses, no por partidos, sino por leyes situadas más allá del bien y del mal y, lo que es peor, de toda política.
Todavía me parece escuchar las interpretaciones de los juristas de Pinochet cuando justificaban el “pronunciamiento militar”, eufemismo que enmascaraba la horrible carnicería cometida. Mas todavía: de acuerdo a una interpretación formalista de la Constitución, el golpe fue presentado como constitucional. ¿No habían declarado en Junio de 1972 la Corte Suprema y la Cámara de Diputados “ilegal” al gobierno de Allende? La interpretación de una Constitución – y a eso voy- es en la vida política un asunto de simple mayoría parlamentaria.
El acto de destitución y derribamiento de un presidente obedece en cualquier país a motivos políticos y no jurídicos. Todo el acopio de legalismos, en algunos casos bien formulados, no son más que artilugios confeccionados después del acto destituidor. Eso quiere decir: primero se decide la destitución de un mandatario  –así ocurrió en Paraguay- y después se busca el maquillaje jurídico “adecuado”.
Hablando sin rodeos: Fernando Lugo perdió la  mayoría parlamentaria, perdió el apoyo de las instituciones, y no tenía mayoría activa que lo defendiera en las calles. La “clase política”, sentándose en cualquiera formalidad, procedió entonces a expulsarlo del gobierno. Así no más: brutalmente.
La cosmetización jurídica de la  caída de Lugo se vio, además, facilitada, por la enorme imprecisión que ostenta en esa materia la Constitución paraguaya. En efecto, el artículo 225 dice así:
El Presidente de la República, el Vicepresidente, los Ministros del  Poder Ejecutivo, los Ministros de la Corte Suprema de Justicia, el Fiscal General del Estado, el Defensor del Pueblo, el Contralor General  de la República, el Subcontralor y los integrantes del Tribunal Superior  de Justicia Electoral, solo podrán ser sometidos a juicio político por  mal desempeño de sus funciones, por delitos cometidos en el ejercicio de  sus cargos o por delitos comunes.
En ninguna parte se dice “por violación de la Constitución”, de ahí que los tres puntos mencionados, particularmente el primero, “mal desempeño de sus funciones”, están librados a la pura y simple interpretación de la mayoría opositora. No deja de ser sintomático, por ejemplo, que en el “libelo acusatorio” presentado por la Cámara de Diputados, toda la argumentación de los partidos destituyentes descansa sobre  el “mal desempeño de sus funciones” (ver anexo) . De acuerdo a esa línea, cualquier mandatario que pierde la mayoría parlamentaria en cualquier país puede ser destituido sin problemas, lo que, bajo la vigencia de una democracia parlamentaria es comprensible; mas no en una presidencial, como es la de Paraguay. Debido a esa misma razón, el caso paraguayo no puede ser comparado con el caso Zelaya, en la Honduras del 2009.
A diferencias de Lugo, Manuel Zelaya, al introducir en las elecciones la “cuarta urna” que aseguraba de modo ilícito la perpetuación presidencial (al estilo de Ortega y Chávez) incurrió en flagrante violación de la Constitución, lo que motivó el golpe militar que desacreditó por un breve tiempo la política de ese país. En Paraguay, en cambio, no hubo golpe militar sino -algo muy distinto- una destitución institucional (no constitucional) de un presidente democráticamente elegido.
Sin embargo, en un punto la clase política paraguaya cometió grave equivocación. La evaluación de la correlación de fuerzas que llevo a cabo para realizar el acto destituyente fue realizada sobre el plano local y no sobre el internacional. El resultado: Federico Franco y los suyos se encuentran en estos momentos internacionalmente aislados.
Naturalmente, no hay ninguna razón para afirmar que un presidente, como sucede con cualquier empleado público, no pueda ser destituido. Sobre todo si se tiene en cuenta que Lugo no era un dechado de eficiencia ni de moralidad. Sin embargo, Lugo no violó la Constitución o, al menos, no fue acusado de violarla. Si su puesto debía cesar, debió ocurrir como resultado de la decisión del pueblo elector. No haber esperado las próximas elecciones para que así tuviera lugar el acto de relevo, delata la absoluta desconfianza en la voluntad popular manifestada por la clase política de Paraguay. 
Los parlamentarios paraguayos decidieron meterse en el bolsillo el principio de la soberanía popular. Luego, aún en el caso de que la destitución de Lugo hubiera sido legal fue, desde un punto de vista político -que es el que en este caso importa- ilegítimo. Y la diferencia entre legalidad y legitimidad –diferencia en la cual están de acuerdo los más renombrados juristas-  es, en este caso, políticamente decisiva.
Una legalidad que no reposa sobre ninguna legitimidad no reposa sobre nada. Hecho más grave todavía si tenemos en cuenta que la tradición política latinoamericana es –nos guste o no- presidencialista.
Incluso en democracias parlamentarias como la italiana la frecuente destitución de mandatarios ocurre como resultado de largas discusiones en las que participan los ciudadanos y sus organizaciones públicas (caso Berlusconi). En Paraguay, en cambio, la destitución de Lugo fue decidida entre gallos y medianoche, de espaldas al pueblo, como producto de una conspiración, y del modo más anti-político que es posible imaginar. Todas las formas democráticas fueron descuidadas. Asunto no menor: la democracia es y será siempre formal. La democracia es su “puesta en forma”. Sin esas formas, no hay democracia.
Tienen razón por lo tanto sectores democráticos latinoamericanos cuando se pronuncian en contra de tan inaudita destitución presidencial. Por supuesto, hay quienes de modo irreflexivo se alegran con lo ocurrido, pues Fernando Lugo carecía del más mínimo prestigio internacional; además, era aliado íntimo de los gobiernos menos democráticos del continente. No obstante, más allá de simpatías o antipatías, la destitución presidencial no puede ni debe convertirse en hecho precedente; en ningún país.
 Baste recordar que por ejemplo en Venezuela hay generales que se han manifestado públicamente por el no-reconocimiento de los resultados electorales en caso de que Hugo Chávez pierda –como todo hasta ahora indica- las elecciones. En ese caso, esos generales estarían dispuestos no solamente a no reconocer sino, además, a destituir a Capriles, aduciendo, naturalmente, motivos legales. Esa es la razón por la cual la oposición democrática venezolana debe manifestarse -y con mucha fuerza- en contra del acto de destitución ocurrido en Paraguay.
 Son los sectores democráticos de cada nación quienes deben plantearse en defensa del derecho al ejercicio de la soberanía popular y no, como está ocurriendo en estos momentos, los gobiernos más autocráticos.
 Es simplemente obsceno observar a algunos gobernantes latinoamericanos, justamente los mismos que aplauden las horrorosas masacres cometidas en Siria, los mismos que se alinearon en torno a Gadafi, los mismos que reciben con honores militares a Ahmadineyah (el carnicero de la “revolución verde” de Irán) es decir, los mismos que se codean con las dictaduras más tenebrosas del planeta, quienes aparecen hoy como defensores de la democracia en Paraguay.
 La defensa de la democracia debe ser tarea de demócratas, no de autócratas.
 Anexo:
Ver Libelo acusatorio en contra de Fernando Lugo en:
http://www.ultimahora.com/adjuntos/imagenes/000/432/0000432478.pdf

martes, 3 de abril de 2012

DAVID, GOLIATH Y LA POLÍTICA


Por Fernando Mires en el Blog POLIS 3-04-2012

Desde Irán al Caúcaso, desde Rusia y Bielorusia, pasando por Hungría, hasta llegar a Nicaragua y Venezuela, vemos, si no lo mismo, algo parecido: la emergencia de autocracias electorales; es decir: gobiernos ultra autoritarios que controlando los tres poderes del estado aplastan la libertad de prensa y ganan elecciones apelando a todos los métodos, incluyendo los ilícitos. Razón más que suficiente para que miles de politólogos se hayan dado un festín teórico buscando designar con diferentes tipologías a esas democracias que usan medios dictatoriales o a esas dictaduras que usan medios democráticos (el límite no está muy claro)

Lo cierto es que en periodos electorales los nuevos autócratas parecen invencibles. ¿Cómo derrotar a esos monstruos de la política moderna?  

Al usar la palabra monstruo mi primera asociación fue King Kong; la segunda fue Godzilla. Pero, pensándolo mejor, esas figuras son más bien comparables con dictadores de antiguo cuño: Trujillo, Somoza, Pinochet, Kim il Sung, o los Castro. Las autocracias electorales, en cambio, se encuentran, por el sólo hecho de realizar elecciones, en un estadio semipolítico. Por un lado, al estar amparadas por siniestros generales conservan  rasgos típicos del gorilaje clásico. Por otro, al buscar legitimación electoral forman parte de una especie, si no democrática, por lo menos republicana. En fin, se trata de híbridos políticos. Son -si tuviera que sugerir alguna analogía– los Goliaths de nuestro tiempo.

Como el Goliath bíblico, los autócratas electorales gozan de poderes omnímodos y están armados hasta los dientes. No obstante Goliath tenía ciertos conocimientos políticos. Por lo menos sabía que en determinados momentos la guerra debe asumir, al igual como hoy la política, una expresión representativa. Goliath se erigió así como representante único del partido de los filisteos, obligando al partido contrario, los israelíes, a erigir también un representante único, papel que asumió ese escuálido pastorcillo llamado David.

Debo decir, corriendo el riesgo de recibir reprobaciones teológicas, que me siento tentado a reivindicar en parte la figura histórica de Goliath. Pues cuando el gigante desafió a sus enemigos lo hizo con el propósito de evitar un mayor derramamiento de sangre. Goliath se erigió así como representante de todo un pueblo. Y aquí ya tenemos por lo menos un elemento propio a la lucha política: la elección de representantes.

Ciertamente, y ahí reside el carácter no político de Goliath, su desafío lo llevó a cabo sólo porque estaba absolutamente convencido de que nadie entre los israelíes tenía condiciones para derrotarlo. Si hubiera tenido alguna duda, no habría hecho ningún desafío.

Hay entre ese pasaje bíblico y la política de nuestro tiempo, otra analogía: Goliath concentró el poder del ejército filisteo en su propia persona, arriesgando todo: Si era derrotado, los filisteos correrían la misma suerte que Goliath. En otras palabras, Goliath no dejaba ninguna posibilidad para un “goliathismo sin Goliath”.

Del desigual enfrentamiento entre David y Goliath conocemos sus pormenores. Sin embargo, una lectura no literal -es decir, inteligente- de la Biblia, lleva a descubrir el enorme significado simbólico de la épica confrontación. Por de pronto, el uso de una simple honda en contra de un gigante armado nos dice claramente que nunca, en condición de inferioridad militar o política (en este caso da lo mismo), hay que usar las armas del enemigo, como proponía de modo ingenuo Saúl. 

No obstante, previo a que David enviara el piedrazo que partiría la frente (el pensamiento) del desdichado Goliath, hay indicios que permiten afirmar que David ya había derrotado a Goliath. Veamos:

David aceptó el desafío, desconcertando a Goliath. Eso llevó a Goliath a decir (según 1. Samuel 17) 43: ¿“Soy yo perro para que vengas a mí con palos?” – Y maldijo a David por sus  dioses. 44: Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo”. A lo que David respondió, 46: ”Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y quitaré tu cabeza de ti: y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra: y sabrá la tierra toda que hay Dios en Israel”.
En breves palabras, David no se dejó insultar ni intimidar.

Extrapolando el conflicto bíblico a la escena política –al fin y al cabo la política viene de la guerra- es posible afirmar que para derrotar a un enemigo más poderoso hay, en primer lugar, que aceptar el desafío. En segundo lugar hay que aceptar la personalización del conflicto. Paso muy importante pues, observando los procesos electorales que han tenido lugar en Bielorrusia y en Rusia, pudimos ver como los candidatos opositores rara vez nombraban a Lukashensko o a Putin, como si les tuvieran miedo. Por ejemplo, casi siempre en sus discursos se referían a “este gobierno”, pero nunca al gobernante. Grave error.

Una elección es siempre entre personas y la despersonalización de la lucha por un contrincante lleva a su derrota segura. Eso significa: si el enemigo te insulta, tú debes responder con firmeza. Y si te tutea, tutéalo tú también, aunque el otro sea presidente. Lo peor que se puede hacer, tanto en la política como en la guerra, es ignorar al adversario. Casi nadie quiere votar por un candidato disminuido.

David enfrentó las amenazas de Goliath. Jamás se dejó intimidar. Sin insultar, respondió con la dureza necesaria. Mas todavía: tomó la iniciativa retórica (no hay política sin retórica) descolocando verbalmente a Goliath. Las frases de David, obsérvese, fueron más largas y más precisas que las de Goliath. Solo así logró David entusiasmar a su pueblo. La honda y el piedrazo –si se toman en cuenta las condiciones descritas- juegan en esta historia un papel altamente secundario.

Así fue y así será: tanto en la paz como en la guerra.


miércoles, 21 de marzo de 2012

Chávez en Cuba o Cuba en Chávez



YOANI SÁNCHEZ en El Pais 19 MAR 2012

Los más de 100.000 barriles diarios de petróleo que se importan desde Venezuela, podrían desvanecerse si el presidente de ese país fallece


Mostrar a Chávez en la televisión, anunciar su pronta recuperación, es como darle una fe de vida al castrismo


¡Estos son los últimos caramelos! ¡Así que aprovechen! gritó Olga —apodada la Guajira— en medio del albergue de nuestro preuniversitario en el campo. Mi vecina de litera revendía alimentos que le proporcionaban los técnicos soviéticos, quienes compraban en tiendas donde los nacionales no podíamos entrar. Corrían los últimos meses de 1990 y la comunidad de “camaradas” rusos que se inmiscuía en la realidad cubana comenzaba a hacer las maletas. Por toda la ciudad numerosas casas quedaban vacías ante la estampida de estos residentes extranjeros, mientras languidecía el mercado negro que ellos fomentaban. Aquella golosina envuelta en un tosco papel, fue para mí la primera señal de que el subsidio enviado por la URSS se cortaría abruptamente. El heraldo de las malas nuevas se presentó así ante mi paladar adolescente, bajo la forma de un dulce que se ausentaba para siempre.

Hoy, más de 20 años después, hay indicios un tanto amargos de otro posible colapso material. Pero esta vez el riesgo no emana del Kremlin sino de un palacio más cercano, el de Miraflores. Hugo Chávez está en Cuba y sobre su salud se tejen infinitas especulaciones y algunos alarmantes escenarios futuros. Los más de 100.000 barriles diarios de petróleo que se importan desde Venezuela, podrían desvanecerse tan rápido como se deshace un caramelo en la boca, si el presidente de ese país fallece a consecuencia del cáncer que lo aqueja. En las calles habaneras, las interrogantes van más allá de la morbosidad en torno a temas médicos, para convertirse en preocupantes vaticinios del mañana. Una mujer, con el rostro agriado por la cotidianidad, le dice a otra de forma tajante: “Si a Chávez le pasa algo, nos va a caer encima un segundo Período Especial”. Y el énfasis que pone en cada sílaba me recuerda a aquella adolescente proclamando los últimos dulces enviados desde la Unión Soviética. La historia es así de caprichosa, a veces se repite camuflada en almíbar… otras en acíbar.

Hemos tenido la dolorosa oportunidad de aprender —como país— la lección de la dependencia; de prometernos a nosotros mismos que nunca más el futuro de esta Isla quedaría colgando de un presidente foráneo o de un partido extranjero. Pero a principios de 1999, con la asunción de Hugo Chávez al poder, quedó claro que la autonomía económica sería sólo una fantasía nacional postergada una y otra vez. El desequilibrado intercambio comercial entre Cuba y Venezuela ha permitido al gobierno de Raúl Castro evitar el colapso a pesar de la improductividad del país. Sin embargo, este subsidio también genera una alarmante fragilidad, una vez que puede ser cortado en cualquier momento. El magno paciente operado en La Habana, se erige como la garantía principal para que las reformasraulistas puedan mantener su tímido paso y sus objetivos de permanencia en el poder. Mostrar a Chávez en la televisión, anunciar su pronta recuperación en los periódicos, es como darle una fe de vida al castrismo. Cuando nos enseñan el rostro sonriente del presidente venezolano, no esperan que leamos solo el estado de salud de un hombre, sino también el pronóstico político de dos países. De ahí que la propaganda oficial se afane en hacer coincidir la supuesta “victoria” sobre el tumor físico con el triunfo de todo un proyecto ideológico.

Los gobiernos mantenidos, los regímenes subsidiados, tienen la falsa ilusión de que pueden aprender a vivir sin sus mecenas. Alardean de que lograrán dar pasos en solitario una vez que cese el apoyo del otro. Pero en realidad, durante el largo período de la dependencia sólo han aprendido a buscar una nueva fuente de la que beber, un nuevo socio al que expoliar. Su disfunción económica no puede ser reparada en el plazo de tiempo en que avanzan las células malignas por un organismo. Un sistema donde la ineficiencia ha hecho metástasis hasta en la producción de papas, ladrillos o detergente para fregar, sabe que cada paso que dé en solitario es un paso hacia su final. Queda claro entonces que Hugo Chávez vino a Cuba a tratarse su dolencia física porque las garantías de discreción sobre su situación son garantías de silencio sobre el estado real de nuestro país.

Así que aquí estamos otra vez, en esta situación que conocemos bien: el muro de Berlín cae o el cáncer se instala en el cuerpo de un hombre; laglasnost destapa la basura de 70 años o un médico comete una imprudencia con un enfermo; los técnicos soviéticos hacen sus maletas en La Habana o los cubanos sopesan sus pertenencias en Venezuela; una jovencita advierte que los caramelos made in URSS se acabaran en breve o una señora desilusionada habla de otro posible colapso material; un presidente ve cómo el mapa de un bloque político se desgaja en fragmentos diversos o un ajado gobernante mira asustado el reporte de una tomografía axial computarizada.

Yoani Sánchez es periodista cubana y autora del blog Generación Y.

© Yoani Sánchez / bgagency-Milan.

Tomado de: http://elpais.com/elpais/2012/03/08/opinion/1331223054_109796.html