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martes, 14 de febrero de 2017

Una sociedad madura atiende las reglas con la misma seriedad que los niños, por Fernando Yurman



Fernando Yurman 13 de febrero de 2017

El respeto de las reglas del juego

El juego, que investigadores como Huizinga dictaminaron ejercicio originario de la sociedad, tiene como fundamento las reglas. En su estudio, Jean Piaget había enfatizado para el desarrollo infantil el pasaje al juego reglado, etapa paralela al vínculo con otros niños, juegos en grupo y primeras lógicas de cooperación. El equilibrio, la reciprocidad, la reversibilidad, la equivalencia, nacen de esa experiencia universal. El juego en grupo es quizás el primer esbozo de “ciudadanía”. Sin juego no hay reglas, y sin reglas no hay juego, como pronto aprenden los niños.

lunes, 12 de octubre de 2015

Congreso Nacional de Ciencias Sociales - UCAB, noviembre 2015, @LissetteCGA



Por Lissette González, 10/10/2015

En un contexto altamente polarizado y en el que se han debilitado las redes tradicionales a través de las cuales se mantenía la discusión académica entre las escuelas y centros de investigación del país, la Escuela de Ciencias Sociales de la UCAB se ha propuesto organizar un Congreso Nacional de Ciencias Sociales. Aquí les incluyo la invitación que la Escuela envió en días pasados:

Estimados profesores, estudiantes y amigos:

Ante todo reciban un cordial saludo. Les escribimos en esta oportunidad, para extenderles la invitación a un Congreso que hemos estado planificando desde la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello cuyo tema central es el "Análisis sobre la Convivencia, la Justicia y la Inclusión Social", el mismo se realizará en la sede la UCAB en Montalbán, durante los días 4, 5 y 6 de noviembre de 2015. Estamos muy entusiasmados con que puedan acompañarnos, dado que necesitamos espacios de encuentro y de discusión sobre temas de relevancia que tal vez, no se trabajan a profundidad en nuestras aulas de clases.

Agradecemos el apoyo que nos ha prestado el Laboratorio de Ciencias Sociales (LACSO), la Escuela de Sociología de la Universidad Central de Venezuela, El Centro de Estudios Políticos y Sociales de América Latina (CEPSAL) de la Universidad de Los Andes (ULA), la Escuela de Sociología de la Universidad del Zulia (LUZ), la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado (UCLA) y la Universidad Católica del Táchira (UCAT), por escuchar nuestras ideas, darnos orientaciones y difundir la información entre su cuerpo docente y de investigadores.

En archivo adjunto encontrarán el afiche de promoción del evento. Para formalizar su inscripción y a fines de llevar un registro, le invitamos a llenar el formulario de inscripción, haciendo click aquí


Lissette González
http://conjeturasparallevar.blogspot.com
@LissetteCGA

lunes, 11 de agosto de 2014

Vitrina Vergüenza, sobre embarazo adolescente



141 COIMBRA en asociación con FUNDANA realizó el día martes 29 de julio de 2014, esta activación en un centro comercial caraqueño con el fin de visibilizar un grave problema social que pretende impactar y motivar a cambios de conducta en la población afectada.

#hablacontushijos / #ofrecelesfuturo
@141COIMBRA / @FFUNDANA / www.fundana.org / www.facebook.com/3punto5Producciones

sábado, 26 de abril de 2014

La clase media y la crisis política venezolana, @LissetteCGA



Por Lissette González, 24/04/2014

Este artículo publicado hace un par de días en Foreign Policy propone que no es de extrañar que las protestas que han ocurrido en Venezuela en los últimos dos meses provengan de la clase media: según los cálculos que se presentan, la estructura de la sociedad venezolana ha cambiado de forma drástica después de 2007 y ahora la clase media es mayoritaria. ¿Es esta una interpretación correcta?

En algo estoy de acuerdo con el planteamiento de Javier Corrales: las protestas se han desarrollado principalmente por parte de la clase media urbana, sobre lo que escribí apenas un día después de la marcha del 12 de febrero que concluyó con el terrible saldo de 3 personas asesinadas (aquí). Su artículo no solo responde a las múltiples interrogantes que han surgido luego de dos meses de crisis política en nuestro país, también se inscribe en el creciente interés por parte de académicos y organismos multilaterales sobre la creciente clase media de América Latina (más sobre este tema en este post).

¿Es la sociedad venezolana predominantemente de clase media? Como casi todo en esta vida, depende. Depende de la definición teórica de clase que utilicemos y también de nuestras estrategias de medición. Aun cuando el ingreso puede ser información insuficiente para medir de forma exhaustiva las diferencias socio-económicas, es el indicador más utilizado sobre todo en los estudios internacionales ya que permite utilizar un parámetro sencillo y comparable de las condiciones de vida en distintos países.

Javier Corrales parte de la metodología propuesta por el informe del Banco Mundial sobre la clase media en América Latina puesto que utiliza los umbrales de ingreso que allí se proponen (en dólares per cápita) para identificar hogares pobres o de clase media y luego compara estos valores con el ingreso promedio de cada decil de la población venezolana. Este procedimiento le permite construir una serie de las proporciones de población pobre y de clase media desde 1990 hasta 2012, pero esta estimación resulta imprecisa al no partir del cálculo del ingreso per cápita en cada hogar de la muestra: ¡todos los hogares del decil 1 no tienen un ingreso per cápita igual al promedio de ese decil! De hecho, si la distribución es normal, aproximadamente la mitad de los hogares de cada decil tiene un ingreso menor a ese promedio. Por eso el cálculo, aunque ilustrativo, es incorrecto y sobreestima la proporción de personas y hogares en ingresos medios y altos.

Para un artículo de próxima publicación en la Revista SIC, hice también una estimación de la clase media venezolana a partir del ingreso, pero utilizando el método propuesto en un estudio realizado por CEPAL. Esta propuesta cuenta con la ventaja de que se trabaja con las líneas de pobreza nacionales, lo cual para el caso venezolano es una enorme ventaja por la sobrevaluación y, más recientemente, la coexistencia de múltiples tasas de cambio oficiales que generan problemas para llevar los ingresos a dólares sin sobreestimar su poder de compra.

Trabajé con las bases de datos de la Encuesta de Hogares por Muestro de los años 2003, 2007 y 2011 y aquí les doy el tubazo de los resultados:

Ciertamente, la clase media ha aumentado, pero si dejamos fuera de este grupo aquellos hogares con un ingreso que está muy cerca de la línea de pobreza y, por tanto, son vulnerables de caer en esta condición ante cualquier contingencia, la clase media venezolana no es mayoritaria y agrupó en el mejor momento (2007), 22% de los hogares. La volatilidad de estas ganancias en los ingresos y su asociación con periodos de expansión del gasto público por incremento en los precios petroleros es patente, puesto que ya en 2011 (antes de la inflación de los años siguientes), crece la pobreza y disminuye la clase media.

Sobre si ha habido un cambio estructural de la sociedad venezolana que impedirá “volver a la sociedad previa a 2006”, creo que no. La razón es que los problemas en las redes de servicios públicos básicos que permiten el desarrollo de las capacidades de los ciudadanos (salud y educación, principalmente) siguen estando presentes y son pocas las ganancias que allí se han logrado. Tal como describí en un post anterior: la máquina de producción de desigualdad sigue funcionando.

A la crisis de los últimos treinta años en la educación y salud pública, ahora se suman: la precariedad laboral, desindustrialización masiva, alta inflación, escasez e inseguridad. Obviamente la clase media protesta, ella es quien más duramente sufre las consecuencias de un modelo económico que ha cerrado casi todas las posibilidades de desarrollo autónomo de la población venezolana.


Lissette González
http://conjeturasparallevar.blogspot.com
@LissetteCGA

lunes, 19 de agosto de 2013

La mirada sociológica


Por Lissette González, 18/08/2013

Hace unos meses circuló en las redes sociales esta caricatura sobre un par de estudiantes de sociología. En pocas palabras dice mucho sobre nuestro oficio. Confieso que cuando escucho a mis estudiantes diciendo cosas como “la sociología me cambió la vida” u otras por el mismo estilo, me suelo sentir un tanto hastiada, porque dicho así no parece que el joven en cuestión esté describiendo sus primeros pasos en una disciplina científica, sino más bien una suerte de conversión religiosa. Pero mirando el asunto con mayor frialdad, es cierto que una vez que empiezas a adentrarte en la teoría sociológica no puedes volver a mirar lo que te rodea con los mismos ojos. La sociología ofrece, sin duda, una forma de mirar la realidad.

Mientras a nuestro alrededor a todos les parece normal que los hombres solo puedan vestir pantalones, nosotros sabemos que eso es un elemento cultural, no natural. Mientras hoy en Venezuela hay tantos que se niegan incluso a considerar la igualdad de derechos para la comunidad sexo diversa, nosotros sabemos que igualmente inadmisibles eran las luchas de las mujeres a comienzo de este siglo y el panorama hoy es radicalmente distinto a aquella época. Sabemos que nuestras reglas de juego, nuestro orden social aparentemente sagrado e inmutable, es tan creación humana como la silla sobre la que estoy sentada o como esta computadora en la que escribo. Todo lo que nos rodea, lo que consideramos normal o real, es una construcción social.

Una vez que el estudiante ha pasado por los cursos introductorios de sociología y sus primeras lecturas, con conceptos como cultura, relativismo cultural, socialización, expectativas de rol, entre muchos otros, resulta que sus profesores, como Morfeo, le están ofreciendo una pastilla azul y una roja: “¿quieres saber cómo es la realidad? Estudia, lee, aprende a mirar”.

Y, ciertamente, todo cambia. Las fiestas de primera comunión, quince años, graduaciones o matrimonios ahora son solo "ritos de pasaje". El día de la madre, del padre, de los enamorados, etc., son solo "estrategias comerciales" para aumentar las ventas. La obsesión con la cirugía estética es el reflejo de la reducción de la mujer a la condición de objeto sexual, por tanto, de las diferencias de género que persisten en nuestra sociedad a pesar de la mayor igualdad en diversos aspectos de la vida cotidiana. Y así, tal como en matrix, después de la píldora roja todo lo que antes era tan normal, tan real, ahora nos parece un artificio.

No es casual, entonces, que nuestros estudiantes se conviertan en rebeldes, con causa o sin ella. Que cuestionen lo que se da por cierto, incluso las explicaciones que han leído y aprendido en clase. Que miren con curiosidad y planteen nuevas preguntas. Que se dediquen a emprender proyectos de muy diversa índole porque saben que la sociedad es un proyecto en construcción.

Pero esta mirada crítica tiene también su aspecto negativo y es la ausencia de seguridades o certezas. Puede resultar aterrador, pero yo encuentro que es fascinante el mundo que se abre a quien decide asumir este oficio. ¡Bienvenidos!


Lissette González
@LissetteCGA

viernes, 19 de julio de 2013

Vivir juntos: modo de empleo

Jan Bielicki 17 julio 2013

¿Qué significa la cohesión social de un país y de qué depende? Según un estudio realizado en 34 países industrializados, la felicidad colectiva no proviene siempre de donde se espera.

Ahora que la campaña electoral está en pleno apogeo, casi todos los partidos hablan de "justicia social". Todos reaccionan ante el sentimiento que tienen muchos electores de que ya no existe equidad en este país, así como ante la preocupación que, según los sondeos, comparten tres cuartas partes de los ciudadanos alemanes de que la sociedad se está desmoronando: la Alemania superior y la Alemania inferior, los ricos y los pobres, el este y el oeste, los guetos de inmigrantes y los lugares de prosperidad. Sin embargo, los resultados de Alemania no son tan negativos en materia de cohesión.

Si bien no se encuentra en la primera posición del palmarés internacional, el país se sitúa en la mitad superior de la clasificación. Es el resultado de un nuevo y ambicioso estudio comparativo, para determinar el grado de cohesión de 34 países industrializados. Para establecer este "barómetro de la cohesión social", presentado por la Fundación Bertelsmann el 16 de julio, un grupo de sociólogos de la universidad Jacobs de Bremen han desarrollado su propio índice para ilustrar y comparar el nivel de cohesión entre unas sociedades y otras. El resultado es que, en materia de cohesión, los países escandinavos se encuentran en las primeras posiciones del estudio comparativo, mientras que los países del sudeste de Europa ocupan los últimos puestos.

En Dinamarca es donde la cohesión social es más sólida, seguida de cerca por Noruega, Finlandia y Suecia. Las siguientes posiciones las ocupan países tradicionalmente de acogida y de obediencia anglosajona, como Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos. En cambio, en Rumanía, Grecia y Bulgaria es donde la cohesión entre los grupos sociales deja más que desear.

Amistad, confianza, aceptación

La clasificación es secundaria para los investigadores reunidos en torno a los sociólogos Klaus Boehnke y Jan Delhey. Su principal objetivo es medir lo que a primera vista no se puede medir: el grado de cohesión de una sociedad. Para ello, han adoptado como modelo una serie de indicadores de referencia, como el índice de desarrollo humano, en el que se basa Naciones Unidas para evaluar el bienestar de una población. Entonces, ¿en qué consiste la "calidad de la vida en común dentro de una población que reside en un espacio geográfico delimitado"?

Según los investigadores, se compone de tres niveles: las relaciones sociales entre los individuos, los vínculos emocionales que mantienen con la colectividad y por último, su sentimiento de responsabilidad con respecto al interés general. Por lo tanto, los investigadores han querido determinar en primer lugar cuáles eran las interconexiones entre las personas, en qué medida confiaban en sus semejantes y cuál era su grado de tolerancia ante personas y modos de vida distintos, por ejemplo, ante los inmigrantes. Según los investigadores, esta tolerancia es uno de los principales vectores de cohesión en las sociedades modernas, caracterizadas por la diversidad.

A continuación, se interesaron por la forma en la que la gente se identificaba con la sociedad, la confianza que tenían en el Estado, en los responsables políticos, en los jueces, en los policías, en los médicos y luego en el nivel de equidad que asociaban a su sociedad. En tercer lugar, querían saber en qué medida la gente ayudaba a sus semejantes, respetaban las leyes y las normativas y se implicaban en la vida de la colectividad.

Los científicos aislaron 58 factores, desde determinar si a los ciudadanos les molestaría tener como vecino a una persona de otro color, hasta saber en qué medida las personas respetaban el código de circulación. También recopilaron los resultados de una docena de sondeos, encuestas y bases de datos realizados en todo el mundo desde 1989, antes de sintetizarlos progresivamente para elaborar su índice.

La prosperidad, vector de la cohesión

Las cifras publicadas hoy ofrecen algunos resultados que a primera vista apenas sorprenden y otros que, comparativamente, sí llaman la atención. De esta investigación se desprende claramente que la prosperidad y una redistribución equitativa de los ingresos son vectores de cohesión. Los países más ricos por lo general ocupan las primeras posiciones de la clasificación y los más pobres, las últimas. Los países caracterizados por grandes diferencias salariales, como Grecia o Polonia, no destacan por su grado de cohesión.

El estudio invalida de una forma sorprendentemente clara el temor de que un alto nivel de inmigración pondría en peligro la estructura interna de la sociedad. Así, países que acogen a muchos inmigrantes, como Canadá, Australia o Suiza, presentan una sólida cohesión social, al contrario que Rumanía o Bulgaria, en los que sin embargo la inmigración es escasa. En definitiva, el estudio llega a la conclusión de que la proporción de inmigrantes no influye de un modo notable en el grado de cohesión de un país. La disposición de una sociedad a aceptar la diversidad de sus miembros y sus culturas resulta un criterio mucho más determinante.

Las conclusiones de la investigación no confirman el supuesto de que la cohesión social se apoyaría fundamentalmente en la existencia de una base intacta de valores culturales y morales. Más bien apuntarían en la dirección contraria: en la mayoría de los países en los que la religión desempeña a diario una función importante, por ejemplo, Rumanía, Grecia, Portugal o Italia, la cohesión social es más bien débil. En cambio, en los países de los seis primeros puestos de la clasificación, la religión ocupa un lugar relativamente restringido en la vida diaria de los habitantes.

Las cifras del barómetro tampoco dejan lugar a dudas en un aspecto: en los países en los que la cohesión es fuerte, los habitantes tienen una imagen mucho más positiva de su vida que los demás, de ahí la conclusión poco científica de los autores del estudio: "La cohesión crea felicidad".

Traducido por Jean-Baptiste Bor


domingo, 7 de abril de 2013

La clase media como problema


Por Lissette González, 05/04/2013

En un post anterior les había comentado la importancia de los planteamientos de Marx en el desarrollo de los estudios sobre estratificación social en la sociología del siglo XX (y XXI). Y ello no se debe únicamente a que los sociólogos posteriores hayan tendido a clasificarse como marxistas o no marxistas. Uno de los pronósticos de Marx sobre el desarrollo futuro de las sociedades capitalistas era su tesis de la pauperización: la creciente acumulación de capital iría acabando progresivamente con las clases pre-capitalistas (especialmente, la pequeña burguesía) y dejaría un desolador paisaje de amplísimas desigualdades cuando solo quedaran los muy ricos burgueses y el proletariado empobrecido. Y no hace falta ser anti-marxista para reconocer que esta tesis no se cumplió, porque si hubo algo característico del siglo XX fue, justamente, el crecimiento de la clase media asalariada.

Frente al dato empírico, incuestionable, de las clases medias urbanas en las sociedades occidentales la pregunta de las sesenta mil lochas era (y sigue siendo): ¿cómo definir a la clase media? Frente a este cuestionamiento ha habido múltiples respuestas: desde la distinción entre propiedad de los medios de producción y la autoridad dentro del proceso productivo (Dahrendorf), el concepto de “nueva pequeña burguesía” (Poulantzas) hasta las formulaciones más contemporáneas que proponen esquemas de estratificación complejos, en los que diversas dimensiones -capital social y cultural / nivel micro y macro- explican la posición social de los actores (Bourdieu, Giddens), o concepciones más amplias de la explotación que intentan explicar la obtención de parte de las utilidades por parte de trabajadores con alto conocimiento técnico o en posiciones de autoridad (E. O. Wright) o los riesgos en las distintas modalidades de contratos de trabajo y la captura de renta por parte de ciertos tipos de asalariados (Goldthorpe).

Luego de este muy apretado resumen de algunas de las principales propuestas que desde la sociología se han hecho para conceptualizar la población que llamamos “clase media”, debo decirles que este interés no solo sigue vigente, sino que se ha acrecentado en años recientes. Desde los organismos multilaterales se ha constatado como a lo largo de la última década los países de América Latina y, en general, los países en vías de desarrollo, está creciendo la proporción de población cuyos niveles de vida están por encima de los umbrales de pobreza. Los pobres parecen ser menos importantes en términos relativos.

Los recientes trabajos de Castellani y Parent (2011), Cruces, López Calva y Battiston (2011), Conconi et al. (2007), así como el último número de la revista Pensamiento Iberoamericano (2012) y el muy reciente informe del Banco Mundial sobre la movilidad social y la clase media en la región, dan cuenta de los esfuerzos realizados para la medición de los cambios ocurridos en América Latina, producto tanto del crecimiento económico registrado en la última década, como de la ampliación de programas de transferencias condicionadas, especialmente en Brasil y México.

Todas estas investigaciones parten de una definición de las clases sociales basada en el ingreso. Para no entrar en detalles sobre las diferencias, que son pocas, la clasificación propuesta por el informe del Banco Mundial es como sigue: pobres (ingreso per cápita menor a 4$ diarios); vulnerables (ingreso entre 4$ y 10$ diarios); clase media (ingreso entre 10$ y 50$ diarios) y la población restante sería la acomodada o clase alta. Entre clase media y vulnerable se agrupa el 68% de la población de América Latina.

La elección de estos umbrales de ingreso se basa en el análisis de la movilidad en torno a la línea de pobreza: se consideran parte de la clase media a aquellos hogares cuya probabilidad de caer en pobreza es menor a 10%. Sin entrar a discutir la pertinencia de estos puntos de corte, me preocupa qué tan sólida es la conceptualización planteada. Para ello debo volver a las diferentes formas de definir las clases sociales.

Al tratar de hacer un recuento sobre las diversas teorías sobre la estratificación que se han propuesto en la sociología, me ha parecido insuficiente partir de la dicotomía marxistas – weberianos que es común en la literatura. Esta división impide reconocer los puntos en común entre diversos autores y obliga a dejar fuera de la clasificación algunos autores y propuestas. Por ello he propuesto la siguiente clasificación:
Al cruzar las categorías: 1) factor en el que la teoría propone que se basan las desigualdades sociales y 2) existencia de conflicto entre las clases, obtenemos cuatro grupos de teorías. Para no alargarme, quisiera centrarme en el cuadrante superior derecho, que aparece solo con un guión. A mis estudiantes suelo decirles que si una teoría considera que las desigualdades son sólo económicas y no propone la existencia de conflicto, dominación u otra forma de relación entre las clases, allí no hay sociología. En este cuadrante estarían todos los nuevos estudios propuestos sobre clases sociales en América Latina.

Si las clases se definen únicamente por sus niveles de ingreso o consumo, ¿podemos distinguir con ellas grupos cualitativamente distintos en cuanto a identidad, conductas o actitudes? No lo parece, en estos mismos estudios no se logró identificar un conjunto de valores específicos de la clase media en la región. Pero, más aún, si un hogar o un grupo de población alcanza un ingreso de clase media, ¿podemos suponer que ha cambiado su situación socio-económica de forma significativa y sostenible en tiempo? Para responder esto, resulta interesante el caso español: si la adscripción de clase se basara solo en el ingreso, resultaría difícil explicar el empobrecimiento que ha resultado de la crisis. ¿Está causado por factores estructurales o son solo experiencias individuales de desclasamiento o mala suerte?

Frente a esta conceptualización tan restrictiva sobre la clase media en América Latina, contrasta el nuevo esquema de clases sociales que propone la Asociación Británica de Sociología, que incluye ingreso, tenencia de la vivienda y activos del hogar, así como indicadores de capital social y cultural. Siendo que muchos de estos indicadores están disponibles en las Encuestas de Hogares de la mayor parte de los países de la región, no parece haber justificación para crear clasificaciones con muy débil sustento teórico y escasa capacidad explicativa.

sábado, 7 de abril de 2012

Sociólogo de escritorio


Por Lissette González, 02/04/2012

Dícese de aquel  investigador o consultor que emite conclusiones basándose únicamente en sus análisis estadísticos o sus modelos teóricos, teniendo poco o ningún contacto con esa realidad que pretende conocer. (La caricatura es de El Roto, tomada de El País

Cuando era joven y daba mis primeros pasos en esta carrera empecé a trabajar, como casi todo el mundo, de encuestadora. En el marco de proyectos diseñados por investigadores más experimentados, visité zonas populares urbanas y rurales recogiendo datos, observando, conversando con la gente y luego transmitía toda esa información a quienes  correspondía analizar y redactar el informe.

Al iniciarse el Proyecto Pobreza ya mi estatus había mejorado y entonces trabajé en el diseño del cuestionario, en el muestreo, en el entrenamiento de los encuestadores y una que otra visita de supervisión. Desde entonces, no he vuelto a trabajar en ningún proyecto que implique mi trabajo directo en campo, lo cual tiene que ver con mi creciente interés por el análisis estadístico y la construcción de modelos explicativos, que sólo requieren del acceso a una buena base de datos.

En los últimos años, sin embargo, me ha preocupado si toda esa sofisticación metodológica da cuenta de lo que ocurre en la realidad. Esta inquietud no es  en absoluto original, múltiples manuales de metodología abordan este problema: a medida que el proceso de investigación se estandariza, se objetiva, se formaliza con el propósito de asegurar la confiabilidad de la información recolectada, crece la distancia entre el investigador y las situaciones sobre las que intenta dar cuenta. Por ello, además de probar neuróticamente mis hallazgos usando distintas fuentes, distintos métodos estadísticos, como mi trabajo trata de explicar la pobreza y la desigualdad, no suelo perder oportunidad de visitar comunidades populares con cualquier excusa.

En diciembre de 2010 visité refugios de damnificados en Antímano y Carapita con los voluntarios de la UCAB, en marzo de 2011 visité comunidades rurales beneficiarias del Programa Hambre Cero de la Gobernación de Miranda, hace un par de semanas visité Catuche en Caracas donde se iniciará pronto un trabajo de nuestros estudiantes para cumplir su servicio comunitario y hace 5 días visité nuevamente comunidades rurales de Miranda donde un nutrido grupo de estudiantes realiza su trabajo de campo.

Salir de la cotidianidad, de la oficina implica la posibilidad de observar tantos detalles: como el incendio de los bucares en flor rodeando la vía, como el estado de las carreteras rurales que si llueve impide la salida de las cosechas, como la publicidad que adorna las múltiples obras inconclusas. Pero, por supuesto, lo más valioso es la gente que conoces en ese breve viaje. Como la señora Luisa que gentilmente nos ofreció café en Tapipa y al final nos dijo “Nosotros también tenemos nuestro Guarapiche”, mientras nos mostraba cómo salía agua lodosa de la tubería recientemente instalada por el gobierno nacional. O los señores de mantenimiento de la Gobernación de Miranda que encontramos en Salmerón con su uniforme, que nos cuentan los múltiples enfrentamientos con la Alcaldía (oficialista) para poder cumplir con su trabajo.  O Luis Carlos, el promotor de la Gobernación que me acompañó en el viaje, un muchacho de 25 años con tanto entusiasmo por su trabajo, que conoce el nombre y las necesidades de los promotores de cada parroquia, que  tiene una hija de 2 años a la que adora, que quiere seguir estudiando, que ahora que la niña está más grande también quiere que estudie y eche pa’lante su mujer, con tanta esperanza, tantos planes. Y en ese momento calladamente yo me pregunto cómo nos la hemos ingeniado para construir una institucionalidad capaz de frenar tanto empuje.

Como ven, en estas visitas no recojo sistemáticamente nada que pueda ser de utilidad directa para cuando esté en mi computadora escribiendo sobre movilidad social, sobre los factores que inciden en mayores o menores oportunidades para distintos grupos de población. Sin embargo, es importante no olvidar que la gente no se reduce a las variables de nuestros estudios, que cuando hablamos de la pobreza o de los pobres no nos estamos refiriendo a víctimas que están esperando nuestra gesta sociológica heroica. De hecho, ellos se las arreglan sin tener la menor conciencia de nuestro trabajo, sin esperarlo. Cada comunidad, por pobre que sea, cuenta con grupos de gente que se organiza, que trabaja todos los días para mejorar esas condiciones adversas de su entorno.

Volviendo al tema del oficio del investigador social, muchas veces creemos que nuestro trabajo es valioso porque usamos los métodos estadísticos que acaban de publicarse en el último journal, porque tenemos muchos lectores o porque nos invitan a programas de radio y televisión. Creo que nada de eso da cuenta de la validez de nuestras investigaciones, de su capacidad de acercarse a la realidad que queremos estudiar. Sin embargo, en el investigador este problema es relativamente inocuo: si su trabajo no representa fielmente el problema que está estudiando, futuros investigadores falsearán sus conclusiones y el conocimiento avanzará en el sentido correcto. Más complicado es el rol del sociólogo que asesora, el que toma decisiones de política. Ahí sí sus conclusiones, válidas o no, tienen efecto directo sobre la vida de cientos, miles, millones de personas. Son, en su mayoría, sociólogos de escritorio, como yo misma: tanto trabajo, tanta responsabilidad no deja tiempo para dedicar mucho espacio a conocer en directo esa realidad sobre la que decide. Ojalá a ellos también eso les preocupe, ojalá no hayan olvidado que como en cualquier otra ciencia lo que corresponde es la duda metódica, ojalá no vayan por ahí convencidos que son dueños de verdades incontrovertibles.

Tomado de:

viernes, 9 de diciembre de 2011

Transición al anarquismo



Luis Pedro España en ANALITICA.COM
Viernes, 9 de diciembre de 2011


Venezuela parece más en transición al anarquismo que al socialismo. Estamos en presencia de un orden social espontáneo producto de la inviabilidad del normativo

A la eterna queja de que las leyes dicen una cosa y se hace otra, hay que añadirle otra peor. Hoy las leyes hablan de un orden que no existe, y desconocen otro que brota según la circunstancia y la localidad. El Gobierno lleva años haciendo normas inaplicables. El resultado es obvio: la realidad que se quiso cambiar, no sólo permanece tozudamente allí, sino que empeora producto del caos que proviene de leyes o decisiones insensatas. ¿No me cree?

I.- Vaya a un refugio de damnificados o a una cárcel. Trate de ser atendido en un hospital, sáquese un permiso para viajar con menores, lidie con algunos de los múltiples permisos o solvencias que se requieren para operar una empresa. Pretenda que los empleados u obreros acaten los lineamientos de la gerencia, para que vea lo que es el empoderamiento alzao, de los prototipos de azotes de barrio que tiene adentro, y sin inspectoría del trabajo que califique el merecido despido.

Móntese en el Metro de Caracas (sin comentarios). Lidie con el tránsito de cualquiera de nuestras ciudades y, por favor, deje de echarle la culpa del caos a los conductores. Ese comportamiento caótico es producto de unas normas de tránsito que no tienen nada que ver con la vialidad, la autoridad, las sanciones o la señalización, incluidos los motorizados y vendedores ambulantes que nos acompañan en las colas.

Trate de viajar por Venezuela sin ser un experto de la vía (o tener a la mano un GPS) y llegar sin perderse dos o tres veces. Usted será merecedor de un premio si logra salir a tiempo en un aeropuerto de este país y no ser matraqueado o abordado por alguien con pinta de atracador que le ofrece dólares o traslado por tierra.

También podríamos dar otro premio si logra llegar a salvo en un "aeroejecutivo" o montarse en un ferry (nacionalizado o no) donde, independientemente del retraso, al menos la travesía dure lo que dicen. Mejor no hablamos de su carro particular, los repuestos, las reparaciones o el riesgo a que se lo roben o lo maten para quitárselo.

Por último, y para no dispararme lo que queda de espacio en esta letanía caótica, vaya a un mercado. Lidie con 25% de inflación y 23% de desabastecimiento. Lo reto a que consiga carne fresca y no empaquetada, a que encuentre al menos tres litros, kilos o frascos de cualquiera de los productos controlados en el mismo establecimiento, o que llegue a alguno de los operativos de venta de artículos navideños hablando mal del Gobierno, para que vea cuantos perniles, gallinas u hojas de hallaca se va a llevar antes de que más bien se lleve un buen insulto o pescozón por malagradecido.

II.- ¿Por qué todo esto? No por latinos. Por cómo vamos: el Caribe y Centroamérica comienzan a parecerse a Suecia comparado con nosotros.

Lo que ocurre es que a la tradicional "apariencia o disimulo", con el cual el Estado pretendió ordenar la vida social en Venezuela, se le ha añadido cierta lógica de imprudencia o de cortoplacismo político interesado, que le impide a los actuales gobernantes planificar más allá de la próxima elección, lo cual es extremadamente grave dado que llevamos 12 de ellas en menos de 13 años.

Al parecer todo puede o debe posponerse para cuando el Gobierno este estabilizado y cuente con el suficiente poder para cambiar a la sociedad. Pero esto nunca ocurre, ni ocurrirá. Los ideólogos que están detrás de esto aseguran disponer de los requisitos políticos necesarios justo después de cada elección, para luego darse cuenta que necesitan otra más, para tener más poder para aplicar lo inaplicable, con lo cual priorizan nuevamente el corto plazo desmantelando el orden que creen poder establecer, para volver a dase cuenta que no, y así, reiniciar el círculo vicioso en el que estamos metidos.

Mientras el Gobierno destruye la institucionalidad pretérita sin poder consolidar otra alternativa, la vida sigue. La sociedad no se va a detener a esperar a que el ministro de planificación dé una nueva vuelta a sus cavilaciones para explicarse (o explicarle al jefe) por qué el último invento no pudo con la violencia, o con los precios, o con la vivienda, o con la movilidad, o con la producción.

Las personas se las arreglan para darse seguridad por sí mismos, pagan los bienes al precio que lo encuentren, trazan reglas semi-penitenciarias en refugios e invasiones que manejan mafias que se hacen pasar por autoridades (o a la inversa), se las ingenian para viajar tres en una moto o retan a todas las leyes físicas cargando camiones más allá del límite de ejes, cauchos o frenos.

De la Procuraduría General de la República brotan leyes y reglamentos para las empresas, pero que sólo podrán cumplir media docena de ellas por sector, mientras que el resto seguirá la lógica de regímenes esclavistas e informales, donde trabajadores y consumidores son igualmente explotados y vejados, sin que existan normas que los protejan. Ellas están muy lejos por inaplicables y ellos (las víctimas de siempre) demasiado cerca de las necesidades para esperar que las teorías se vuelvan práctica.

Cuando las leyes no son razonables con la realidad, entonces la realidad desconoce a las leyes y sigue operando por su cuenta. Se monta un orden caótico desde el punto de vista de la ley, pero único posible para dar cuenta de las necesidades que las personas deben satisfacer.

Es la cara del orden espontáneo, ese del que eran partidarios los anarquistas y del que tanto se quejaban los socialistas que lidiaron con ellos. ¿Será entonces que no somos socialistas, sino anarquistas? ¡Revísense camaradas!

Tomado de: http://www.analitica.com/va/politica/opinion/2761860.asp

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El ABC de Axel Capriles / Psicólogo social y escritor



Entrevista de Manuel Felipe Sierra a Axel Capriles, Dec 2nd, 2011 en abcdelasemana.com

“Hay liderazgos con fuerza política pero no facilitan el desarrollo de la sociedad”

El petróleo es un amortiguador que no nos deja tocar fondo. Venezuela tiene un Estado arriba y una sociedad abajo. El populismo se basa en el mito de El Dorado, señala el autor del libro “Las fantasías de Juan Bimba”.


Ha profundizado en la psicología social venezolana y en el rescate de los mitos y arquetipos que nutren la sociedad y definen el carácter de nuestra sociedad. Axel Capriles es psicólogo social, profesor universitario, columnista ampliamente reconocido y autor de numerosos estudios cuya comprensión resulta necesaria para abordar las actuales circunstancias del país. Sobre su última obra “Las fantasías de Juan Bimba”, y su visión de la revolución bolivariana, conversó para los lectores de ABC de la Semana.


El psicólogo habla sobre “liderazgo tóxico”, “liderazgo psicopático” y “liderazgo patológico”.


- “Las fantasías de Juan Bimba” rescata mitos que aún nos dominan, y estereotipos que nos confunden. ¿Por qué recurres a Juan Bimba cuando parece un personaje anacrónico, focalizado en la Venezuela de los años 40?


- Porque independientemente de la vestimenta, las actitudes mentales, las actitudes colectivas, las motivaciones, las disposiciones psicológicas, la relación con el Estado, el concepto de la civilidad y la sociedad civil, siguen siendo lo mismo en el pueblo venezolano de hoy en día. Por eso es que hablo de la permanencia de Juan Bimba, y de cómo los distintos modelos políticos que hemos tenido a lo largo del siglo XX lo que han hecho es hacer perdurar, mantener a Juan Bimba como una personificación del pueblo, necesaria para lo que fue el populismo en la época de la democracia o lo que es la revolución bolivariana. Ambos necesitan de Juan Bimba que es el pueblo dependiente, el pueblo que se siente víctima, el pueblo que se siente vapuleado y que entonces necesita de una figura protectora, de un Estado que lo proteja y que le dé su cuna y su alimentación. Entonces se crea una masa dependiente de las figuras que la gobierna.


- América Latina está el indígena boliviano, el campesino colombiano, etc. Pero Juan Bimba es como una expresión mucho más global de la sociedad venezolana.


- Sí. Juan Bimba nace sobre el año 30, uno de los primeros que empieza a hablar de él es Andrés Eloy Blanco, de su experiencia en la cárcel después del año 29, cuando comienza a contactar a cualquier tipo de personas en la cárcel: campesinos, obreros, gente que venía de todos los lugares de Venezuela pero que en definitiva eran el pueblo excluido del gobierno, de las bondades del Estado, y de los beneficios que ya comenzaba a reportar el petróleo. Ese personaje pasa a convertirse en una caricatura que daba cuenta de esa Venezuela hambreada que todavía permanecía en el siglo XIX que y no se había incorporado a la bonanza petrolera.


- Pero el personaje llega a identificarse plenamente con el militante de Acción Democrática.


- Lo que sucede es que este campesino que irrumpe en la época urbana y petrolera de los años 40 coincide con las exigencias de las transformaciones democráticas y por eso es que Juan Bimba va a personificar de alguna manera el planteamiento de Acción Democrática.


- También insistes en el mito de El Dorado. ¿Hasta donde la riqueza petrolera del siglo XX guarda una relación con ese mito de la riqueza inconmensurable?


- Se trata de la psicología de la abundancia, que es muy diferente a un pensamiento económico de la escasez. El mito de El Dorado lo que plantea es la existencia de una riqueza que está allí en abundancia, que ya existe y que no es necesario que sea creada. Entonces, el asunto es el del reparto, que convierte la productividad en un problema moral porque el tema es si quien reparte es bueno o es malo, es justo o es injusto, lo hace de una manera equitativa o lo hace de una manera egoísta, hay altruismo o no hay. Y como las sociedades son complejas resulta que el problema de la pobreza y de las riquezas de las naciones no tiene que ver con buenas o malas voluntades, tiene que ver con procesos de producción y de distribución. El mito de El Dorado es convertido en realidad a través del petróleo y tiene un peso importante en la psicología colectiva venezolana porque todo nuestro ingreso entra en una cuenta mental que es la de la ganancia fortuita. En psicología económica vemos que los seres humanos dividen su mente en diferentes cuentas, lo que entra por trabajo diario se aplicas a la casa, a las necesidades cotidianas, al mercado, al estudio de los hijos; pero lo que entra por la lotería se decide gastarlo por ejemplo en un viaje o en una fiesta porque eso es una ganancia fortuita y tiene una propensión marginal al consumo superior a la ganancia ordinaria. Pensemos que Venezuela si lo vemos como una persona tiene una cuenta mental que es de ganancia fortuita que es donde entra a jugar la renta petrolera, donde no participa el esfuerzo de la mayor parte de la población ya que es una minoría quien la produce.


- Además es resultado de una casualidad geológica…


- Y de los mercados internacionales que suben o bajan. Entonces es algo que no está directamente relacionado con el trabajo de la población y eso hace que sea un tipo de ingreso que tiende a ser volcado muchísimo más al consumo, que tiene que ser volcado al gasto y por eso vemos una sociedad consumista a pesar de sus niveles de pobreza.

“La ganancia fortuita tiene una propensión marginal al consumo” – Axel Capriles.


Élite y coraje


- A partir del primer boom petrolero a finales de los años ‘20 esta situación fue advertida por Alberto Adriani y Uslar Pietri. Del segundo boom fue beneficiario Pérez Jiménez y en los años 70 ese ingreso alimentó la “gran Venezuela” de CAP. ¿Por qué el país no tomó conciencia de la necesidad de sembrar el petróleo?


- Porque el mismo liderazgo que planteó la situación no hizo esfuerzos para cambiar el modelo porque ello resulta demasiado difícil. Imagínate que una persona llega a ser Presidente y tiene aquella inmensa cantidad de dinero a su disposición para ejercer el poder, para gobernar, para mandar o para realizar los proyectos que cree que son buenos para el país ¿Los vas a sacrificar? ¿Va a dejar de tener ese ingreso? No ha habido realmente una élite política, una élite nacional que haya tenido el coraje verdadero para cambiar este modelo económico.


- Seguramente porque tampoco hemos vivido guerras o catástrofes que hayan obligado a una mayor disciplina en la distribución de la riqueza.


- Porque el mismo petróleo es a veces como una especie de amortiguador que no nos deja tocar a fondo porque siempre está allí un ingreso continúo que aunque sea muy poco, los niveles de la población van bajando a mínimo y siempre ese mínimo puede ser cubierto con la renta petrolera. Lo que sucede es que casi todas las naciones del mundo viven de lo que producen sus sociedades, la sociedad trabaja y genera una riqueza de la cual le da una parte a través de los impuestos al Estado y éste administra y juega como árbitro en esas sociedades. Venezuela es de los países en donde la sociedad vive del Estado, Venezuela tiene un Estado arriba y una sociedad abajo, y ese Estado le salpica y le da migajas a la sociedad para mantenerla contenta. Tenemos que voltear esa pirámide y poner a la sociedad arriba y el Estado abajo, pero eso pasa por una concepción totalmente diferente del petróleo, hoy en día nadie que está con facilidades de acceso al poder lo está planteando como una verdadera revolución.


- En algunos casos se ha intentado modificar el modelo rentista, Carlos Andrés Pérez en el plan de ajuste del 89 fracasó por incomprensión de los factores que iban a ser beneficiarios de él.


- Sí, después de la crisis financiera, del control de cambio, del llamado “Viernes Negro” de Luis Herrera Campíns en 1983, se pensó que el país había tocado fondo y hubo la idea de que había ocurrido un cambio de conciencia.


- Se habló de la Venezuela postpetrolera…


- De la Venezuela postpetrolera con una economía diversificada, de una Venezuela competitiva, pero ese modelo no cuajó. Hay una psicología colectiva que es sobre la cual tenemos que trabajar y sobre la cual yo hablo en “Las Fantasías de Juan Bimba”. Hay una serie de elementos muy engranados en la forma de concebir el mundo y es allí donde tenemos que trabajar porque nosotros no podemos imponer modelos que vienen de afuera sin tomar en cuenta cual es el cuerpo psicológico de la población, cuales son nuestras actitudes colectivas o cuales son nuestras disposiciones o nuestras tendencias. Por ejemplo, no se puede hablar en Venezuela de economías de mercados sin comprender y concebir realmente cual es el concepto de propiedad que existe y que es predominante en Venezuela.


Herencia de Canaima


- Luego de esos intentos, con el advenimiento de Chávez y la revolución bolivariana, devolvimos la película porque el proyecto del chavismo es un proyecto de regresión.


- Claro. El chavismo se afinca y se engarza en algunos aspectos del carácter social venezolano que está muy afincado a lo tradicional y en el pasado. Él se fija y se identifica con una serie de mitos que son perniciosos para la modernidad, para la concepción contemporánea de lo que es el mundo y la productividad, y de las necesidades para afrontar sociedades complejas y cada vez más amplias. Entonces, el chavismo nutre su liderazgo del mito del héroe con ese énfasis en lo bolivariano, en Simón Bolívar. Ahora, el héroe desde el punto de vista ciudadano, es una figura perniciosa porque es un individuo único, que se destaca él solo pero que va siempre en detrimento de la vida colectiva, de la vida en equipo, porque para ser héroe lo primero que tenemos que hacer es estar por encima de los demás, no podemos ser iguales a otros si somos héroes. La heroicidad desde la antigüedad ha sido vista como un problema para la vida civil, para la vida ciudadana. Además, la economía heroica es muy complicada. Nadie ha visto, que yo sepa, a un héroe ordeñando a una vaca o cultivando plátano, los héroes no trabajan, ellos ubican donde hay riquezas y van y las conquistan, la saquean. Ese modelo mental no se adapta a las necesidades de una economía de los tiempos contemporáneos que tiene que ser competitiva en los mercados de punta tecnológica. Entonces, ese es uno de los fundamentos de la revolución bolivariana, otro es la abundancia, el populismo que se fundamenta y que se basa en el mito de El Dorado; otro es que se ha alimentado mucho del resentimiento y por eso esos ataques continuos y esa polarización de la sociedad.


- Hablando de venganza, rescatas también la herencia de Canaima.


- El espíritu de Canaima como el espíritu de venganza de las razas vencidas que fue despertado por la revolución como fue despertado por Boves en la Guerra de la Independencia y que fue despertado en la Guerra Federal para ser utilizado políticamente. A fin de cuentas estamos viendo diferentes tipos de liderazgos, hay liderazgos que se nutren y toman su fuerza psicológica para modelar y para tener el apoyo y la emoción de la gente, que se nutren de patrones que están anclados y fijados en la cultura y que por ese mismo hecho son patrones regresivos, pero están allí y tienen fuerza y emoción. Nosotros tendemos a quedarnos fijados en ciertas pautas de nuestro pasado y lo difícil en la vida es adelantar, cambiar y transformarnos continuamente.


- Has mencionado en otro momento el llamado “liderazgo tóxico”.


- Ciertamente, hay liderazgos que se alimentan de aspectos o de emociones negativas que tienen mucha fuerza y que sirven para dinamizar los procesos políticos pero que pueden ser muy destructivos para una sociedad. Ese tipo de liderazgo es lo que hoy se llama en los estudios sobre liderazgo “liderazgo tóxico” o “liderazgo psicopático” o “liderazgo patológico”, que se apoyan en aspectos que le dan mucha fuerza política pero no permiten ni facilitan un desarrollo dinámico de la sociedad. En cambio, hay otros tipos de liderazgo que estarían abiertos hacia la construcción de nuevas formas de interacción social, de nuevas formas de crear consensos y acuerdos para solucionar problemas y avanzar hacia delante.


jueves, 2 de septiembre de 2010

Optimistas frente a pesimistas, derrotistas y catastrofistas


Por Carlos Vilchez Navamuel

Pesimista es aquella persona que tiene propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más desfavorable. Derrotista es aquel que tiende a propagar el desaliento en el propio país con noticias o ideas pesimistas acerca del resultado de una guerra o, por extensión, acerca de cualquier otra empresa. Catastrofista el que tiene la actitud de quien, exagerando con fines generalmente intimidatorios, denuncia o pronostica gravísimos males, y en oposición a ellos el optimista, propende a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable.

Los pesimistas, derrotistas y catastrofistas -los PDC- son entonces esas personas que tienden a ver la vida y los problemas de forma desfavorable, negativa, propagando el desaliento y exagerando para intimidar como si no hubiera otras maneras de interpretar lo que sucede, son “amargados” por naturaleza y -supongo yo- sufren más.

Mientras que los optimistas -los O- ven la vida y actúan de forma totalmente contraria, miran las cosas en positivo, eso los hace mas alegres, se ven más saludables, menos enfadados con la vida y observan las oportunidades en todas partes incluyendo cuando son afectados por alguna crisis.

Algunas personas famosas han escrito sentencias “lapidarias” donde critican el pesimismo y ponen en evidencia de esa forma lo hecho por los optimistas, por ejemplo, la escritora Hellen Kéller anotó “Ningún pesimista descubrió jamás los secretos de las estrellas, o exploró una tierra no cartografiada, o abrió ningún cielo nuevo para el espíritu humano’ o cuando Dwight Eisenhower dijo “El pesimismo nunca ganó una batalla”

Buena parte de los PDC de hoy día son fanáticos ambientalistas, resentidos sociales, comunistas desilusionados, políticos y gente de izquierda perturbados que no han comprendido los cambios, y que se han quedado en el tiempo, también nos encontramos personas que sufren de baja estima y creen que el mundo que les rodea se cae a pedazos, cuando la realidad es todo lo contrario.

Si hiciéramos un gráfico generalizado sobre la evolución de la humanidad desde hace 10.000 años, veríamos una línea en constante ascendencia que nos indicaría sin duda alguna que la humanidad hoy día está mejor desde cualquier punto que se le analice.

Nunca antes en la historia de la humanidad conocida se había logrado bajar la pobreza extrema en el mundo como bien nos señala el último informe de la ONU.
http://www.univision.com/contentroot/wirefeeds/world/8241081.shtml

Nunca antes en la historia de la humanidad se había tenido las expectativas de vida que se tienen en esta época y nunca antes habíamos tenido tan cerca la igualdad de género, nunca antes tuvimos tanta gente alfabetizada en el mundo como ahora, nunca antes habíamos tenido tantos científicos, médicos, ingenieros y profesionales en general trabajando juntos para mejorar nuestra sociedad, y nunca antes se tuvo mas conciencia ambiental que en esta época en que vivimos.

Nunca antes tantos países decidieron tomar la senda de la democracia en el orbe como en esta época y nunca antes habíamos tenido tantas facilidades para comunicarnos los unos con otros en todo el mundo como lo hacemos con la Internet o la telefonía móvil “motores” de un cambio radical en nuestra historia.

Publicado por:
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