Félix Palazzi 28 de julio de 2018
La
tolerancia en un sentido negativo puede ser entendida como convivencia con el
error. De esta forma tolerar significaría sobrellevar, permitir, soportar el
“error” o aquella actitud o conducta que se considera “errónea” en función de
alcanzar la convivencia. Tolerar bajo el presupuesto de encontrarse en plena
posesión de la verdad no es tolerancia, sólo es una tregua o pacto en el
conflicto permanente. En la ardua tarea de la tolerancia la tentación de
creerse poseedores de la verdad es tan real como la de aceptar todo como
igualmente valedero y valioso, o pensar que todo es igual. Ambas tentaciones
llevan consigo al desanimo, al fundamentalismo y a la indiferencia que son
claras consecuencias de la intolerancia.
El
ejercicio de la tolerancia, más que una cuestión social, se nos ha convertido
hoy, más que nunca, en el ejercicio de nuestra humanidad. La crisis social que
vivimos afecta fundamentalmente a nuestra forma de comprendernos, de
expresarnos, de ubicarnos en la historia y en la realidad. Ante esta crisis la
respuesta más efectiva parece ser abandonar la realidad, irse del país.


















