Ramón Peña 28 de agosto de 2018
¿Es
coherente el plan de recuperación económica del régimen, presumiblemente ideado
para sacar al país de la pobreza? Veamos qué puede tener en común con la manera
cómo otras dictaduras comunistas han enfrentado situaciones comparables
derivadas de su propio modelo económico.
En
1921, Lenin, ante ante la miseria que se agudizaba en la temprana Unión
Soviética, propuso un sistema económico mixto, La Nueva Política Económica
(NEP), que toleraba libre mercado y capitalismo y exigía rentabilidad a las
empresas estatales, para generar riqueza y contener el deterioro de las
condiciones de vida. En 1976, en China, Deng Tsiao Ping, para frenar la
hambruna que diezmaba a millones, sencillamente abrió el camino hacia el
capitalismo económico. Para infortunio de los ciudadanos soviéticos, la NEP no
sobrevivió al dogmatismo de Stalin y la URSS, con su infinito potencial
natural, terminó hundiéndose, en tanto que China, respetando la ruta trazada
por Deng, inició la erradicación de su inmensa pobreza y hoy es la segunda
economía del mundo. En ambos casos, naturalmente, la alternativa económica no
perturbaría el poder político del partido comunista.

















