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lunes, 17 de junio de 2024

América Latina y el Caribe necesita una transición energética que no sea importada, por @el_pais


El último Reporte de Economía y Desarrollo de CAF, lanzado en Chile, da pistas de cómo debe ser un sistema energético bajo en emisiones y que aborde los problemas de la región. Duplicar la electricidad e impulsar las renovables será clave

MARÍA MÓNICA MONSALVE S.

En los últimos 80 años, el producto interior bruto por habitante a nivel mundial se ha casi quintuplicado. Pero, paralela y “lamentablemente, las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) se ha multiplicado por siete debido a este crecimiento formidable del ingreso por habitante y al aumento de la población”. Esta es una de las primeras frases con las que inicia el último Reporte de Economía y Desarrollo (RED) de CAF – banco de desarrollo de América Latina y el Caribe, que, por primera vez, le pone la lupa a la transición energética justa que necesita la región. Un camino que, si se hace bien, no solo les permitirá a los países desarrollarse, sino hacerlo de manera sostenible.

América Latina y el Caribe, explica Lian Allub, economista principal de la dirección de Investigaciones Socioeconómicas de CAF y coautor del informe, aún tiene un rezago en desarrollo si se compara con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sufre de un fuerte problema de desigualdad, y sus emisiones, que solo representan alrededor del 11% a nivel mundial, no vienen en su mayoría del sector energético: para 2019 casi el 65% provenían del cambio y el uso del suelo. Pero esto no la hace inmune al cambio climático. Por eso, este último informe que presenta CAF y que se lanza este jueves en la Universidad Adolfo Ibañez en Santiago de Chile, gira en torno a hacer una transición energética que no sea heredada o importada. Sino una, dice Allub, “que no les dé la espalda a los viejos problemas de desarrollo y a las necesidades de la región”.

La pista para lograrlo se esconde en un concepto fundamental: el desacople. “Típicamente e históricamente, el crecimiento económico ha generado aumento de las emisiones responsables del cambio climático”, explica Fernando Álvarez, también autor del informe y economista senior de la misma dirección que Allub en CAF. “Así que el desacople es lograr crecimiento económico sin que las emisiones crezcan”. Aunque el concepto suena sencillo, lograrlo no lo es. Y una transición energética en Latinoamérica y el Caribe no solo requerirá el cambio a un sistema con menos combustibles fósiles y más renovables no convencionales, sino evoluciones que van desde cómo se determina la tarifa de la energía, pasando por de dónde obtiene los ingresos la región hasta el rol que tienen las personas como consumidores.

A esto se suma que, por ser una región heterogénea, no se tratará solo de una transición sino de muchas. “Cada país experimentará la transición energética con la velocidad que le convenga, adoptando estrategias y políticas adecuadas a su realidad y sus posibilidades”, es una de las conclusiones que lanza el informe.

Oferta: duplicar la electrificación

Aunque las diferencias entre países son varias, Álvarez cree que hay una especie de mantra que se podría aplicar a toda la región: duplicar la electrificación. Es usual escuchar que América Latina tiene una matriz eléctrica baja en emisiones, ya que su principal insumo son las hidroeléctricas, no los combustibles fósiles. Pero la electricidad es solo uno de los muchos tipos de energía que consume América Latina. También está la energía del transporte, que implica gasolina y otros combustibles líquidos, o el gas que se usa para cocinar. Ambos ejemplos son energías, pero no son energía eléctrica.

Dejando eso claro, lo que también hay que saber es que el 20% del consumo energético de la región viene de la generación eléctrica, y aunque es un porcentaje que está ligeramente por debajo a la de los países de la OCDE (22%), la región tiene la ventaja que esta electricidad, en un 57%, viene de fuente renovables, lo que supera el promedio mundial (36%). Con esa garantía de que se trata de una matriz eléctrica baja en emisiones, hay que “pensar en un futuro en el que el 40% de la energía de América Latina y el Caribe venga de la electricidad”, insiste el experto, ligándolo a algo que también menciona el informe. “En el escenario de compromisos anunciados de la Agencia Internacional de Energía, la tasa de electrificación para la región asciende al 41% en 2050″.

Una refinería de Petróleos Mexicanos (Pemex) en Tula, una de las ciudades más contaminadas del país. NAYELI CRUZ

Esto implica algunos retos lógicos, como superar la intermitencia de un sistema eléctrico cuyo insumo son factores variables - como el agua, el viento y el sol –, o crear infraestructura para transmitir y distribuir la electricidad (la red eléctrica de la región es de 20 kilómetros por cada 10.000 habitantes y para lograr un escenario de cero emisiones netas en 2050, requerirá el doble). Pero también hay otros desafíos no tan lógicos. Por ejemplo, el informe propone modificar la fórmula de cómo actualmente se saca la tarifa de la energía, ya que esta está pensada bajo las reglas de los combustibles fósiles. “Ante la penetración de las renovables no convencionales”, dice el documento, una buena practica sería la de “incluir los esquemas de precios diferenciados por bloques horarios”.

La transición, por parte de la demanda de la energía, también implicará otros cambios importantes. El documento de CAF destaca mejorar los sistemas energéticos para que no existan fugas tan grandes – ya que al transformar energía térmica en electricidad hay perdidas en promedio del 56% - y apostarles a combustibles bajos en emisiones, haciendo énfasis en el hidrógeno y el combustible de origen agropecuario.

Demanda: el reto de las industrias de difícil descarbonización

Pensar en electrificarlo todo viene con un talón de Aquiles: hay industrias claves para el desarrollo de los países, como la del cemento, el acero y el químico, que necesitan cantidades tan altas de calor que la electricidad no es suficiente. Por esto son llamadas industrias de difícil descarbonización. “La industria genera el 11% de las emisiones directas y el 24% de las emisiones energéticas de América Latina y el Caribe. De estas, los subsectores del cemento, el acero y el químico representan el 57%”, alerta el informe. Esto, en otras palabras, significa que, incluso en el escenario climático más anhelado, algo de combustibles necesitarán las matrices energéticas de la región. Pero como dice Allub, la conclusión no es pensar que hay que quedarse de brazos cruzados, sino, de nuevo, “pensar en desarrollar combustibles de bajas emisiones, como los biocombustibles – cuidando de que no compitan con la seguridad alimentaria – el hidrógeno verde”, y no descartar una tecnología que, según el informe, aunque aún es incipiente, será necesaria: la captura de carbono.

A esto, agrega Álvarez, hay que incorporarle una pieza de la que el mundo climático también habla mucho: la economía circular. “Hay que transformar los procesos industriales. Por ejemplo, utilizar chatarra para producir acero reduciría las emisiones”. El insumo del acero, usualmente, es el mineral de hierro que se pone en hornos que llegan a altísimas temperaturas y que son alimentados con combustibles fósiles. Pero, si el insumo es la chatarra, se puede utilizar un horno de arco eléctrico, cuya fuente es la electricidad. Incluso, el documento de CAF señala que “algo que distingue a América Latina y el Caribe del resto del mundo es que ambos métodos de producción [mineral de hierro y la chatarra] se utilizan en proporciones similares. Esta diferencia y el hecho de que la matriz eléctrica de la región sea relativamente limpia explican, en parte, que sus emisiones por tonelada de acero producida sean menores que el promedio global”. En 2019, esas emisiones fueron un 12% menores que en el resto del mundo y 25% inferiores a las de China.

En cuanto a la demanda, el informe también habla de otras transiciones importantes, como promover la eficiencia energética en los hogares y cambiar la tecnología con la que se cocina. Pero hay una recomendación que podría parecer inesperada. En transporte – que genera el 12 % de las emisiones directas y el 25 % de las emisiones energéticas de la región – el informe propone apostarle más a un urbanismo que le permita a las personas usar un transporte público eléctrico y moverse en bicicleta, por encima de los carros eléctricos. Por lo menos, en cuanto al transporte en la ciudad. ¿Por qué? “Los ingresos de la región no dan para carros eléctricos, demandan una infraestructura de carga que no existe y no resuelven un gran problema: el tráfico”, comenta Álvarez. Y hay una cifra que lo respalda. “Para un latinoamericano y caribeño promedio, pagar un auto que funciona con combustibles fósiles requiere entre 6 y 14 años de ingreso, mientras que para el vehículo eléctrico más barato hacen falta casi 17 años”.

Este informe de CAF es una señal clara que la transición energética en América Latina y el Caribe necesitará de grandes apuestas y no son, necesariamente, las que están haciendo Europa o Estados Unidos. Se trata de una transición con oportunidades y desafíos propios. Una que, a la vez que garantice la energía limpia, no olvidé la transición de empleos, de ingresos, de regulaciones, pero que, sobre todo, no deje atrás una lucha histórica de la región: la de la desigualdad.

Tomado de:

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jueves, 8 de febrero de 2024

¿Qué puede hacer un banco por la salud del planeta? por @el_pais


Aunque no siempre se piense en la banca como un sector relacionado con las urgencias medioambientales, las entidades tienen mucho que decir. Unicaja Banco se alinea con las políticas verdes y sostenibles tanto en su filosofía como con sus productos y servicios. Así son sus principales líneas de actuación

La entidad financiera ha actualizado su oferta de tarjetas de crédito, débito y prepago para hacerlas más sostenibles. Se elaboran con plástico PVC 100% reciclado.

Si la recurrencia en las noticias fuera solo alarmismo, no se hablaría de ellas todos los días en prensa, radio y televisión. Un día el periódico anuncia que la FAO (Agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) vaticina que para 2050, a este ritmo de crecimiento de la población, no habrá posibilidad de dar de comer a tantas bocas. Al día siguiente, la Cumbre del Clima, auspiciada también por la ONU cada dos años, advierte por enésima vez de la urgencia de atajar la emisión de gases de efecto invernadero, para evitar el calentamiento del planeta.

Una palabra de seis sílabas condensa todas estas inquietudes: sostenibilidad. Es mucho más que una moda, se trata de una urgencia que exhorta a toda la humanidad a conservar su entorno. Ser sostenible es pensar en los demás y en la Tierra, para que lo que consumen sus habitantes no se agote y para que los procesos comerciales e industriales no minen los recursos naturales.

En banca, se entiende por sostenibilidad la capacidad de una organización para captar recursos orientados a sus actividades, a partir de criterios no exclusivamente financieros, sino también ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG, por sus siglas en inglés: Environmental, Social and Governance). Unicaja Banco asume el reto de la sostenibilidad como una oportunidad de desarrollo y de mejora de su actividad diaria. Ha implantado esa filosofía en todas sus políticas: tanto en su estrategia corporativa y en sus instrumentos de gestión financiera como en la comercialización de productos y servicios financieros y en el desarrollo de sus planes de actuación.

sábado, 20 de enero de 2024

Un periodismo sin mujeres en Afganistán: “Detener el trabajo de las reporteras es una forma más de violencia contra nosotras”, por @el_pais


Tras el retorno de los talibanes al poder en 2021, la presencia femenina en los medios de comunicación ha desaparecido prácticamente. Trabajar desde el exilio, en casa o en secreto son las opciones de quienes no quieren abandonar el oficio

ELLAHA RASA

Las amenazas han perseguido a Baran (nombre ficticio) en los seis años que lleva trabajando en los medios de comunicación. Pero desde que los talibanes se hicieron de nuevo con el poder, en 2021, su trabajo se ha tornado prácticamente imposible. Esta joven de 24 años es un ejemplo del destino que sufren la mayoría de las periodistas de Afganistán, que han tenido que dejar de trabajar, escribir de forma clandestina o directamente abandonar el país, muchas de ellas debido a las graves amenazas sufridas.

“Es insoportable”, resume Baran desde el oeste del país, denunciando que hay una “discriminación de género” y una “misoginia” generalizadas por parte de las autoridades de facto, que solo quieren tratar con hombres. “Como somos mujeres y no tenemos una carta de acreditación de la oficina del gobernador, los funcionarios no quieren reunirse con nosotras, darnos entrevistas o responder a nuestras llamadas”, detalla.

Tras volver al poder, los fundamentalistas comenzaron a tomar medidas enérgicas contra la presencia de las mujeres en los medios de comunicación, así como en la mayoría de los sectores profesionales, exceptuando la salud y la educación, donde, por necesidad, hay una mayor aceptación de las profesionales del sexo femenino. En general, las restricciones severas han hecho que las mujeres afganas desaparezcan de la mayoría de puestos de trabajo. Oficialmente, los talibanes aluden a la necesidad de un “ambiente adecuado” para que puedan seguir ejerciendo.

Baran, licenciada de la Universidad de Kabul ha trabajado para medios locales y extranjeros y se ha desplazado dentro del país para realizar coberturas, pero las restricciones impuestas por los talibanes a los movimientos de las mujeres también le impiden seguir viajando. Los fundamentalistas obligan a las afganas a estar acompañadas por un hombre de su familia para este tipo de desplazamientos. “Necesito hacer entrevistas y reportajes de vídeo. Para ello, debo ir al lugar, hablar con la gente, pero no puedo ir libremente a los distritos de la ciudad y menos a zonas remotas”, lamenta.

Baran cuenta que su marido fue incluso detenido e interrogado sobre su trabajo por los talibanes, que le obligaron a firmar una especie de carta de compromiso. “Le dijeron que las críticas que yo había hecho no eran aceptables y le hicieron prometer que no haría más denuncias contra el gobierno talibán”, detalla.

Varias mujeres periodistas del oeste de Afganistán explican que funcionarios del Ministerio para la Propagación de la Virtud y la Prevención del Vicio visitan las oficinas de los medios de comunicación al menos una vez al mes para comprobar que las mujeres visten de acuerdo con sus normas y que hombres y mujeres están separados.

Miedo a ser detenidas

En noviembre de 2021, los fundamentalistas publicaron un edicto de ocho artículos en el que se prohibía a las mujeres actuar en obras de teatro y series de televisión. También se ordenó a los jefes de los medios de comunicación afganos que no emitieran ningún contenido que pudiera oponerse a la sharia o ley islámica, incluyendo programas de televisión y de música extranjeros, y se estableció que las presentadoras de informativos debían cubrirse integralmente

“En los dos últimos años, las reporteras que han asumido las dificultades y han continuado con su trabajo temen ser detenidas por publicar noticias contrarias a la ideología de los talibanes”, afirma Samira (nombre ficticio), que lleva cuatro años trabajando como reportera. La joven acude a su oficina con un largo hiyab que cubre su cabeza y su cuerpo hasta los tobillos, porque sabe que los funcionarios talibanes pueden aparecer en cualquier momento para ver cómo van vestidas las mujeres. Muchas de sus colegas han optado por trabajar desde sus casas.

Las reporteras que han asumido las dificultades y han continuado con su trabajo temen ser detenidas por publicar noticias contrarias a la ideología de los talibanes.
Samira, periodista

Por ejemplo, Nasima (nombre ficticio), de 22 años, que es directora de un programa de radio en el oeste del país que graba desde su hogar y lo envía a la emisora. No se le permite tener invitados o entrevistados del sexo masculino y tampoco puede participar en conferencias, actos oficiales o ruedas de prensa de organismos públicos.

“Las reporteras que trabajan con medios extranjeros temen ser detenidas y encarceladas. Algunas ni siquiera obtienen el carné de periodista del Gobierno, lo que las obliga a trabajar en secreto y, por tanto, a no realizar trabajo en el terreno”, apunta Muzhda (nombre ficticio). Esta reportera ha intentado cubrir reuniones oficiales a las que sí están invitados sus colegas masculinos, pero dice que la paran en la puerta de entrada y no la dejan entrar. También considera que todas estas restricciones se traducen también en una mayor discriminación por parte de los empleadores. “Los responsables de los medios de comunicación se aprovechan de la situación actual y contratan a reporteros varones. Y si contratan a mujeres, lo hacen con un salario mucho más bajo que el de los hombres”, explica.

La ONU cree que las afganas podrían ser víctimas de un “apartheid de género”, un duro término que define el acoso sin tregua y la progresiva reducción de los derechos más elementales por el simple hecho de ser mujer. En este momento, ninguna niña de más de 12 años puede ir a la escuela o la universidad en Afganistán. La ONU subraya que es “el único país en el mundo” donde esto ocurre. Primero, los talibanes cerraron a las mujeres las puertas de los institutos de secundaria y, en diciembre de 2022, les prohibieron el acceso a la universidad.

Afganistán ocupa el último lugar (177º) en el último Índice Global de Paz y Seguridad de las Mujeres, elaborado por el Instituto de Georgetown para las Mujeres, Paz y Seguridad y el Instituto de Investigación de la Paz de Oslo (PRIO, por sus siglas en inglés) y publicado en octubre de 2023.

Silenciar las voces femeninas

Sohaila Erfani, profesora de Periodismo y Comunicación en la Universidad de Herat (oeste), recuerda que esta región fue pionera en la formación de reporteros y recibió a estudiantes de todo el país. La Facultad de Periodismo de Herat abrió sus puertas en 2011 con dos departamentos (Periodismo y Comunicación Pública) y, según esta docente, el interés de las afganas por trabajar en los medios de comunicación fue en aumento hasta representar la mitad de los estudiantes justo antes del retorno de los talibanes al poder. Los derechos de la mujer afgana ya retrocedieron de forma alarmante entre 1996 y 2001 durante el primer régimen talibán.

No se nos permite hacer nuestro trabajo, lo cual ha provocado problemas mentales en muchas mujeres.
Parwana, periodista

Pero desde 2001, las mujeres habían reconquistado su lugar en la sociedad en prácticamente todo el país, salvo en áreas rurales más tradicionales. La situación actual consterna a Erfani. “Una periodista puede comunicarse mejor con otras mujeres, transmitir mejor sus sentimientos, su dolor, escribir desde su punto de vista. Pero al imponer todas estas restricciones, se han silenciado las voces de todas las mujeres”.

Según Rukhshana Media, antes de la toma del poder por los talibanes había al menos 100 mujeres que trabajaban en los medios de comunicación en la provincia de Herat. Actualmente, es imposible saber a ciencia cierta cuántas siguen trabajando.

Atifa Ghafoori, antigua responsable del departamento de la mujer del Comité para la Protección de los Periodistas en esta región oeste de Afganistán, afirma que el importante descenso de la actividad de las mujeres en la información y en los medios de comunicación indica una crisis fundamental en este campo. “Una periodista ha sentido los problemas de las mujeres en carne y hueso. En los últimos 20 años, las periodistas afganas han luchado contra la violencia y la discriminación y detener el trabajo de las reporteras es una forma más de violencia contra nosotras”, estima.

Parwana (nombre ficticio), de 25 años, que fue presentadora y reportera en una de las emisoras de radio locales de la provincia de Farah, también en el oeste del país, dejó de trabajar cuando los talibanes llegaron al poder. “Farah es una región con valores muy tradicionales. Antes de la caída de Afganistán en manos de los talibanes, ya había amenazas contra las mujeres periodistas, pero ahora, simplemente, no se nos permite hacer nuestro trabajo, lo cual ha provocado problemas mentales en muchas mujeres”, explica la joven, que, al ver las puertas del mercado laboral cerradas, ha comenzado a estudiar obstetricia. “Me esforcé mucho para ser periodista, pero mis objetivos y mis sueños se han esfumado”, concluye Parwana.

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