Hezbollah, el grupo militante chií libanés, ha mantenido una presencia en América Latina desde la década de 1980 utilizando la región como base para la recaudación de fondos y operaciones terroristas. ¿Cómo operan y cómo se puede abordar esta problemática?
La infraestructura financiera de Hezbollah en América Latina se sostiene sobre actividades ilícitas como el narcotráfico, la falsificación y el contrabando. Estas actividades generan ingresos significativos y proporcionan un medio para el lavado de dinero. Al mismo tiempo, el grupo se integra en sectores económicos legítimos, utilizando empresas fachada y asociaciones comerciales para ocultar sus operaciones ilegales.
El especialista en terrorismo Emanuele Ottolenghi, senior fellow de la Fundación para la Defensa de las Democracias, afirma que «la presencia de Hezbollah en la región ha sido facilitada por la diáspora libanesa, que proporciona una red de apoyo cultural y financiero». Lugares como la Triple Frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay se han convertido en focos de actividad para Hezbollah, con consecuencias directas para la seguridad de estos países.
Ottolenghi también señala que el grupo cuenta con apoyo desde las comunidades de su diáspora global para construir redes de lavado de dinero e invertir recursos a través de su iniciativa Dawa Global, que mantiene la lealtad de la diáspora y su apoyo concreto. Estas inversiones incluyen fondos para mezquitas, escuelas, centros culturales, movimientos de jóvenes y asociaciones de beneficencia.
La organización envía clérigos, instructores y maestros para liderar estas instituciones, garantizando el adoctrinamiento de las comunidades y su continua lealtad.
Este sistema ha facilitado que algunas comunidades estén culturalmente alineadas con los objetivos de Hezbollah. Se trata de una estrategia multifacética que asegura un flujo constante de recursos y apoyo, y le permite operar con relativa impunidad en la región. Como apunta Ottolenghi, la infraestructura social que sostiene a Hezbollah es fuerte y su influencia es cada vez más expansiva.
La universidad que exporta la Revolución Islámica
Añadamos un poco de contexto. El régimen iraní comenzó a ganar terreno en América Latina poco después de la Revolución Islámica de 1979. En 1983, el clérigo Mohsen Rabbani fue enviado a Argentina para dirigir la Mezquita Al-Tawhid en Buenos Aires, marcando el inicio de una influencia profunda en la región que culminó con el atentado de la AMIA en 1994. Tras regresar a Irán, Rabbani estableció el sistema de adoctrinamiento más organizado del régimen en el extranjero, con América Latina como su principal objetivo a través de la Universidad Al-Mustafa, fundada en 2007 en Qom por orden del Líder Supremo Ali Jamenei.
Con un presupuesto anual de 74 millones de dólares, la Universidad Al-Mustafa se ha convertido en un centro de difusión de la ideología del jomeinismo. La institución entrena a clérigos de todo el mundo para propagar la ideología chiíta revolucionaria y sirve como principal centro de reclutamiento y formación para conversos extranjeros. Un departamento específico dedicado a América Latina, el Instituto Cultural Islámico Americano, dirigido por Mohsen Rabbani, selecciona discípulos y distribuye textos en español y portugués. Esta estructura asegura un flujo constante de recursos y mantiene la lealtad de las comunidades mediante inversiones en mezquitas, escuelas y centros culturales.
IranWire resalta que la estrategia de Al-Mustafa es metódica: con un generoso paquete de incentivos financieros, se atrae a estudiantes internacionales, quienes reciben apoyo económico para sus estudios en Irán y en sucursales en el extranjero. Un gran porcentaje de ellos son latinoamericanos, que luego se encargan de propagar las doctrinas de la Revolución Islámica, creando centros culturales y partidos locales alineados con Hezbollah. Las actividades de Al-Mustafa, que incluyen reclutamiento para milicias extranjeras, han llevado a sanciones por parte del Departamento del Tesoro de EE.UU., que advierte sobre su papel en la estrategia global de Irán para exportar su ideología y extender su influencia.
No solo se trata de adoctrinamiento. Hezbollah ha sido señalada como responsable de diversos ataques en América Latina, siendo los más conocidos los perpetrados en Argentina durante la década de los 90.
Operaciones financieras y criminales
La creciente amenaza que representa Hezbollah en América Latina está vinculada a sus actividades de narcotráfico y lavado de dinero. Según resalta la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD), a través de operaciones como Project Cassandra y Operation Cedar, se ha revelado la profundidad de la participación de Hezbollah en el crimen organizado, utilizando redes complejas para lavar dinero proveniente del narcotráfico.
A pesar de los esfuerzos de las autoridades internacionales, la operatividad de Hezbollah en América Latina sigue siendo robusta, con incidentes recientes en Brasil que han demostrado su capacidad de planificar ataques terroristas. La colaboración con cárteles de drogas en América Latina ha fortalecido sus capacidades logísticas y financieras, una problemática agravada por la falta de designación como organización terrorista en varios países de la región.
Precisamente, la Triple Frontera se ha convertido en un epicentro del lavado de dinero para Hezbollah. Allí, el grupo aprovecha la porosidad de las fronteras y la debilidad de los controles financieros para blanquear millones de dólares anualmente, utilizando empresas fachada, casas de cambio y casinos para lavar dinero proveniente de actividades ilegales, como el narcotráfico y las extorsiones.
Por su parte, para fortalecer sus redes financieras, Hezbollah ha establecido vínculos con cárteles de drogas mexicanos y grupos terroristas locales, como las FARC en Colombia, colaboraciones que facilitan el tráfico de drogas y armas. De este modo, utilizan rutas de tráfico de drogas ya establecidas en América Latina para transportar cocaína y metanfetamina hacia Europa y Medio Oriente. Las ganancias de estas acciones son incalculables para la organización.
