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viernes, 12 de enero de 2024

La habilitación de María Corina Machado y las elecciones presidenciales de 2024 / José Ignacio Hernández @ignandez

 


“Mientras todos están pendientes de la decisión que tome el TSJ, lo cierto es que el tiempo ha ido pasando, al punto de colocar en riesgo la posibilidad de implementar las reformas electorales esbozadas en el Acuerdo de Barbados, y que no son, ni mucho menos, exhaustivas”.

Para el momento en el que escribo estas líneas, la Sala Político Administrativa (SPA) del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) no ha dado respuesta a la demanda presentada por María Corina Machado (MCM) el pasado 15 de diciembre de 2023, a los fines de permitir el pleno ejercicio de sus derechos políticos como candidata unitaria.

La demanda, como MCM explicó, es parte de las negociaciones políticas entre la Plataforma Unitaria y Nicolás Maduro derivadas del Acuerdo de Barbados, celebrado el 17 de octubre de 2023, y que contiene un listado de reformas electorales mínimas. Tomando en cuenta el apéndice Blinken, el 30 de noviembre la Plataforma Unitaria y Maduro anunciaron el acuerdo político para extender un lapso de 15 días, dentro del cual cualquier interesado podría acudir a la SPA a los fines de revisar su situación jurídica frente a las inhabilitaciones.

Solucionar problemas políticos con mecanismos judiciales no es, necesariamente, una buena idea. De allí la pertinencia de analizar los escenarios relacionados con la demanda presentada por MCM.

Una trampa difícil de sortear

El mecanismo político acordado para revisar las inhabilitaciones fue diseñado pensando en los casos en los cuales el Contralor, con base en una previa sanción, impone la inhabilitación administrativa. A pesar de que la inhabilitación es administrativa, en la práctica, la Contraloría, el TSJ y el Consejo Nacional Electoral (CNE) han considerado de manera errada que quienes han sido inhabilitados no pueden participar como candidatos en elecciones.

Por ello, el mecanismo político acordado no fue pensado para el caso de MCM. Así, no existe ninguna resolución dictada por el Contralor que, actualmente, inhabilite a MCM. Lo que existe es un oficio firmado por la Dirección General de Procedimientos Especiales que certifica que MCM está inhabilitada. Este oficio, como ya expliqué, no puede generar efecto alguno, pues mal puede certificarse la existencia de un acto que no existe.

De allí la trampa a la que se enfrentaba MCM: si acudía al TSJ con base en el mecanismo, podía verse forzada a reconocer que sí existía un acto que la inhabilita y que, precisamente, ella pretende la revisión judicial de ese acto.

Cómo María Corina Machado sorteó la trampa

La solución implementada por MCM fue ingeniosa: en lugar de demandar la nulidad de la inhabilitación -que no existe- presentó una demanda en contra de vías de hecho. En términos muy sencillos, la vía de hecho es el conjunto de actuaciones materiales que violan derechos fundamentales. Así, MCM alegó que la Dirección de la Contraloría, con su “certificación”, estaba violando, en los hechos, sus derechos fundamentales. Como medida cautelar, además, fue solicitada la protección de sus derechos, especialmente, políticos.

Como se observa, la demanda cumplió con los términos del acuerdo político, al mismo tiempo que fue consistente con lo que MCM ha señalado: que ella no ha sido inhabilitada por resolución del Contralor.

sábado, 21 de octubre de 2023

Las sanciones no se levantaron, no todavía / José Ignacio Hernández @ignandez

 


“La licencia a PDVSA tiene una vigencia de seis meses, y a diferencia de la licencia de Chevron, la prórroga no es automática. La prórroga, de acuerdo con la nueva política, debe estar atada a genuinos avances en el cumplimiento del acuerdo electoral. Es Maduro a quien corresponde la carga de la prueba, y luego de su experiencia intentando engañar a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, sabe que no bastará con aparentar reformas electorales”.

En la tarde del miércoles 19 de octubre, la OFAC anunció varias licencias relacionadas con Venezuela. De inmediato, un rumor comenzó a rodar: levantaron las sanciones a PDVSA. Algún titular de prensa así lo indicó, incluso, señalando que la PDVSA de Nicolás Maduro se había reinsertado en el mercado internacional.

Yo mismo caí en la confusión, intoxicado por centenares de cadenas de WhatsApp. Hasta que me acordé de Sherlock Holmes: no es bueno sacar conclusiones antes de evaluar la evidencia.

Cuando se analiza la evidencia, puede concluirse que las sanciones a PDVSA no se levantaron. No por ahora.

El contexto: un acuerdo electoral bastante genérico

El Gobierno de Estados Unidos ha insistido, especialmente desde la Declaración de Bogotá de abril de 2023, que cualquier revisión de las sanciones dependerá de avances concretos en el proceso de democratización en Venezuela. Con esto mente, el 18 de octubre Maduro y representantes de la Plataforma Unitaria firmaron dos acuerdos: una suerte de declaración política en apoyo a Citgo y el Esequibo, y un acuerdo electoral.

Del acuerdo electoral no creo deba hacer mayor análisis. Ya se ha observado que se trata de un acuerdo genérico e impreciso, en el que las partes se comprometieron a acordar, en un momento futuro, condiciones electorales basadas en un listado de condiciones que, más o menos, va en sintonía con lo que se ha venido exigiendo a la fecha. No es de extrañar la desilusión: después de tantas negociaciones y mesas, este acuerdo no era, precisamente, lo que muchos esperaban.

De allí la incredulidad de algunos al leer que, como “premio” por tan limitado avance, se habían levantado las sanciones a PDVSA. Ya lo dice el dicho: música paga no suena.

Había que leer la letra pequeña y el contexto. En realidad, las sanciones no se levantaron. A pesar de las apariencias, el Gobierno de Estados Unidos -y otros actores de la comunidad internacional, que refrendaron la Declaración de Bogotá- todavía mantienen un rol importante para garantizar que el acuerdo electoral se implemente.

Para ello, hay que evaluar tres aspectos: (i) Los seis meses de la licencia de PDVSA, (ii) Lo que yo llamo el apéndice Blinken, y (iii) La ilegitimidad de Maduro en Estados Unidos.

Una licencia por seis meses sin prórroga automática

La licencia a PDVSA tiene una vigencia de seis meses, y a diferencia de la licencia de Chevron, la prórroga no es automática. La prórroga, de acuerdo con la nueva política, debe estar atada a genuinos avances en el cumplimiento del acuerdo electoral. Es Maduro a quien corresponde la carga de la prueba, y luego de su experiencia intentando engañar a la Fiscalía de la Corte Penal Internacional, sabe que no bastará con aparentar reformas electorales. Por el contrario, va a tener que demostrar su intención de implementar reformas alineadas, entre otros, con el informe de la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea.

“La licencia debe verse como una especie de muestra médica: PDVSA podrá iniciar su normalización en Estados Unidos, sí y solo sí hay avances genuinos en la ruta electoral”

Esto implica que lo único cierto es que la ventana que abrió la licencia es de seis meses, un lapso muy breve como para estimular las inversiones a largo plazo que el sector de gas y petróleo necesita. Una posición prudente de los inversionistas privados será esperar a ver qué pasa en estos seis meses y, si acaso, emprender algunas actividades de limitado alcance, quizás, solo para cobrar alguna deuda. Poco más.

Con lo cual, la licencia debe verse como una especie de muestra médica: PDVSA podrá iniciar su normalización en Estados Unidos, sí y solo sí hay avances genuinos en la ruta electoral. Para ello, Maduro debe pasar un examen antes del 28 de abril de 2024, cuando vence la licencia.

martes, 10 de octubre de 2023

Por qué Venezuela no ha perdido a CITGO, 12 razones basadas en hechos / José Ignacio Hernández @lagranaldea

 


“CITGO no se ha perdido gracias a la estrategia diseñada en 2019 por la Asamblea Nacional de 2015. No hay ninguna sentencia de la Corte de Delaware que diga que el Gobierno interino desvió recursos. Se ha citado la sentencia del 23 de marzo de 2023, pero esa sentencia no habla de apropiación alguna ni tampoco se refiere a 19.000 millones. Con errores y aciertos, CITGO sigue siendo propiedad de PDVSA gracias a esa estrategia de defensa. CITGO es hoy una empresa rentable y exitosa”.

Ningún régimen autoritario contemporáneo puede triunfar sin escritores, intelectuales, panfletistas…

Anne Applebaum

El régimen de Nicolás Maduro y sus aliados ha vuelto a acudir a la mentira para esconder su responsabilidad por los riesgos que pesan sobre CITGO. Con artificios -y empleando las mismas tácticas de persecución que hoy están en investigación ante la Corte Penal Internacional- ahora se ha señalado que el llamado Gobierno interino desvió 19.000 millones de dólares, basado en una supuesta sentencia de la Corte de Delaware, todo ello en el marco de la narrativa según la cual CITGO se perdió.

Hay 12 hechos que deben aclararse -con evidencias sólidas y comprobables- para explicar por qué CITGO no se ha perdido, y por qué los riesgos que hoy pesan sobre la empresa son consecuencia del endeudamiento irresponsable promovido por los regímenes de Chávez y Maduro.

1. CITGO no se ha perdido

Comienzo por destacar lo obvio: CITGO no se ha perdido. Hoy sigue siendo una filial de PDVSA y su gestión es más que exitosa.

En diciembre de 2018, la situación era muy distinta: CITGO ya se daba por perdida, en especial, por el inconstitucional colateral sobre sus acciones, tanto a favor de los Bonos 2020 como de Rosneft.

A pesar de todo y contra todo, CITGO no se ha perdido. No se puede decir lo mismo de otros activos de PDVSA bajo control de Maduro. Así, entre otros casos, cabe mencionar la desaparición del 35% de las acciones en Nynas; el opaco canje de deuda que llevó a PDVSA a ceder sus acciones en la refinería de República Dominicana; la expropiación de las acciones en la refinería de Jamaica, cuya indemnización fue embargada; el embargo de las acciones de Propernyn, filial de PDVSA en los Países Bajos; el embargo sobre activos en Bonaire y Curazao, o el embargo sobre cuentas bancarias en el Novo Banco.

La verdadera pregunta, entonces, es por qué CITGO no se ha perdido. Y la respuesta, como explico en este libro sobre la defensa frente a la deuda pública legada (pp. 276 y ss.), es que CITGO no se ha perdido gracias a la estrategia diseñada en 2019 por la Asamblea Nacional de 2015.

No voy a negar los errores cometidos por la Asamblea Nacional y el llamado Gobierno interino (eliminado en enero de 2023). Yo mismo he sido crítico en algunos puntos. Pero, con errores y aciertos, CITGO sigue siendo propiedad de PDVSA gracias a esa estrategia de defensa.

2. La subasta de las acciones de PDV Holding, Inc. no es inminente (y los intereses económicos tras algunas de las críticas sobre las sanciones)

La subasta de PDV Holding, Inc. no es inminente. El 23 de octubre iniciará el proceso de subasta que, en principio, podría concluir en junio de 2024. Solo entonces la Corte de Delaware podría estar en posición de adjudicar la venta de las acciones al comprador seleccionado, lo que en todo caso dependerá de la licencia que la OFAC debe emitir. Todavía quedan meses de ligios y otros trámites para que, en el peor de los escenarios, se ejecute la venta forzosa de las acciones.

Es importante explicar, además, el efecto que tienen las sanciones. Algunas de las críticas solo se centran en los efectos adversos de éstas sobre ciertos intereses económicos, como en especial sucede con los títulos de la deuda. Estas críticas piden “levantar las sanciones”, no para atender sus efectos humanitarios, sino para favorecer a esos intereses económicos. Si estas sanciones son “levantadas”, solo ganarían algunos intereses, pero no el pueblo venezolano. Además, “levantar” estas sanciones afectará la calidad de la protección suplementaria sobre CITGO.

“Hay que aclarar que el mayor riesgo sobre CITGO deriva de la inconstitucional decisión de Maduro de ceder en garantía las acciones de CITGO Holding, Inc. a favor de acreedores extranjeros. La defensa judicial emprendida en 2019 ha impedido que esos riesgos se activen”

Esta protección suplementaria derivada de las sanciones fue establecida por la OFAC en diciembre de 2019, y apoyada por el Gobierno de Estados Unidos ante la Corte de Delaware, como explico en mi libro (pp. 333 y ss.). Lamentablemente, a inicios de este año el Gobierno de Estados Unidos redujo el grado de protección, permitiendo a la Corte de Delaware dictar embargos, todo lo cual ha generado incentivos para que acreedores acudan a la Corte. Esto explica por qué los acreedores de Chávez y Maduro han corrido a la Corte de Delaware: no es por la “corrupción de la Asamblea Nacional”, sino por los efectos adversos de la flexibilización de las sanciones.

Además, en pocos días podría entrar en vigor la licencia general 5 que podría permitir a los tenedores de los Bonos PDVSA 2020 tomar control sobre las acciones de CITGO Holding, Inc., que inconstitucionalmente fueron cedidas en garantía. La fuerte narrativa de “levantar las sanciones” también se dirige a permitir la entrada en vigor de esa licencia, en beneficio de los tenedores y en perjuicio de los venezolanos.

3. El valor de CITGO (o de cómo las adecuadas reglas de gobernanza rescataron a una empresa al borde del colapso)

CITGO es hoy una empresa rentable y exitosa, pues su gobernanza fue rescatada en febrero de 2019, en la estrategia que fue diseñada en el Estatuto de Transición aprobado por la Asamblea Nacional, y que como el jurista Allan R. Brewer-Caríasexplica, restableció la autonomía de PDVSA y de CITGO.

¿Cómo es posible que el llamado Gobierno interino y la Asamblea Nacional de 2015 hayan restablecido exitosamente la gobernanza de CITGO, si según la versión que ahora se nos presenta, esa gestión es tan corrupta e ineficiente como la gestión de 24 años de Chávez y Maduro?

No se puede ser y no ser al mismo tiempo. Salvo, claro está, que se manipulen los hechos.

El primer informe público presentado por PDV Holding, Inc., da cuenta de la precaria condición en la que se encontraba CITGO:

“Los últimos cuatro años, desde el 2015, CITGO tuvo acceso restringido al mercado dado que CITGO -bajo la administración del régimen de Maduro- se endeudó en 2.800 millones de dólares y aceptó cláusulas financieras que comprometieron los dividendos futuros de CITGO”.

Este endeudamiento de CITGO, promovido por Maduro, se dirigió a lograr un fraudulento dividendo a PDVSA, que desapareció en la voracidad de la cleptocracia criminal que se ha instaurado en Venezuela.

Hoy CITGO ha refinanciado esa deuda legada de Maduro, y muestra una gestión exitosa. El riesgo que pesa sobre ella no es propio, sino ajeno: la deuda pública externa legada de Chávez y Maduro.

En especial, hay que aclarar que el mayor riesgo sobre CITGO deriva de la inconstitucional decisión de Maduro de ceder en garantía las acciones de CITGO Holding, Inc. a favor de acreedores extranjeros. La defensa judicial emprendida en 2019 ha impedido que esos riesgos se activen.

Así, la garantía sobre los Bonos 2020 está suspendida por orden judicial, mientras la Corte Suprema de Justicia de Nueva York decide sobre la demanda de nulidad planteada en 2019 por la Junta Administradora ad hoc de PDVSA. Y recientemente, esa junta logró recuperar colateral a favor de Rosneft, reduciendo de manera importante los riegos sobre la empresa.

4. El irresponsable nivel de endeudamiento de Chávez y Maduro colocó a CITGO en riesgo

La deuda pública externa de Chávez y Maduro es irresponsable. No solo la deuda derivada de expropiaciones e incumplimientos financieros, sino la deuda basada en títulos valores, de cerca de 60.000 millones.

Hay, aquí, un tema pendiente: examinar las condiciones que permitieron ese endeudamiento irresponsable, no solo desde la destrucción del Estado de Derecho, sino desde los propios mercados financieros internacionales que, junto con sus analistas, se hicieron la vista gorda frente a la debacle de Venezuela, contribuyendo a la Emergencia Humanitaria Compleja y a la sistemática violación de derechos humanos. Cuando era evidente la crisis de la deuda -hacia 2014– todavía algunos sectores alentaban a Venezuela a endeudarse más y más. El resultado fue cerca de 60.000 millones de dólares en bonos que desparecieron en la cleptocracia trasnacional de Chávez y Maduro.

5. Fue Maduro quien declaró de manera unilateral la moratoria de la deuda (la culpa no es de las sanciones)

Para lavarle el rostro a Maduro, se ha señalado que éste no pudo renegociar la deuda en 2017 debido a que Estados Unidos se lo prohibió, con una orden ejecutiva de 2017.

Como expliqué en su momento, fue Maduro quien decidió no solo incumplir la deuda sino además, obviar la renegociación, pues para ello requería del control de la Asamblea Nacional electa democráticamente en 2015, y que Maduro decidió desconocer, en especial, con la ilegítima asamblea nacional constituyente. Cualquier limitación derivada de las sanciones hubiese podido levantarse con una licencia.

6. Las cuentas bancarias en Estados Unidos no fueron transferidas al Gobierno interino, impidiendo a Maduro pagar la deuda

También es falso que Maduro estaba pagando la deuda hasta que las cuentas “bancarias de Venezuela en Estados Unidos fueron ‘transferidas’” al llamado Gobierno Interino. Esta imagen de un Maduro actuando como diligente administrador es, simplemente, falsa.

En noviembre de 2017 Maduro ordenó el pago de los Bonos PDVSA 2017 (los que no lograron ser canjeados con la emisión de los Bonos 2020) y unilateralmente suspendió los pagos de la deuda, ordenando una renegociación, promesa que nunca cumplió.

Salvo el Bono 2020, Maduro solo pagaba los reclamos que constituían una amenaza importante, referidos a las expropiaciones de Chávez. Pero no lo hacía por medio de cuentas en EE.UU. sino de cuentas en Europa, como Novo Banco, tal y como puede leerse en la sentencia que recientemente “desbloqueó” 1.500 millones a favor de Maduro. Investigaciones para la prevención de la legitimación de capitales impidieron a Maduro seguir pagando a algunos de esos acreedores de PDVSA, quienes entonces, reclamaron su deuda ante la Corte de Delaware.