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jueves, 22 de diciembre de 2016

9 razones del corazón por @AmericoMartin


Por Américo Martín


El pavoroso caos madurista alteró la relación entre las ardientes emociones y la helada reflexión. Dicho metafóricamente: la residencia de las emociones es el corazón, y la de la razón, el cerebro. Son dos factores imprescindibles en cualquier lucha porque sin el calor de la pasión no hay iniciativa, riesgo o ímpetu, y sin la fría razón será difícil evitar el asalto de la anarquía, la egolatría y la pugna entre “salvadores”, cuyos pálpitos han de seguirse sin riesgosas vacilaciones. Durante los turbulentos años 60, en EEUU acuñaron la voz “hot headed” (intolerance, turbulense, explosión) para referirse a personas y movimientos ciegamente impulsivos. En esos mismos años, el presidente Betancourt llamó “cabeza-calientes” a los jóvenes que dividieron su partido y más tarde protagonizaron la desastrosa guerra de guerrillas.

El desastre que hoy padecemos revive esos conceptos, nuevamente en forma invertida: el cerebro en el corazón y el corazón en el cerebro. La justificada rabia colectiva podría dejar sin oficio la serenidad del juicio, sustituyéndolo por el desahogo emocional y la pérdida de espacios y formas de lucha que concurrirían al logro del resultado. El piano se toca con los diez dedos. Machacar una sola tecla da ruido monótono pero nunca melodía.

Las luchas victoriosas resultan siempre del mismo postulado: combinan, sí, cabeza y corazón, pero quedando claro que analiza y gobierna aquella; y proporciona heroísmo y fuerza de entrega, éste.

Desde la fundación de la MUD repetí en TalCual, El Nuevo Herald, ABC de la semana y numerosas entrevistas que su fuerza –escrito está- consiste en su pluralismo. La unidad de lo diverso es la única forma de unidad digna de ese nombre. Es falaz la supuesta unidad “granítica” de quienes aceptan una sola doctrina y un líder infalible, porque la sociedad es plural y termina rechazando las arbitrariedades monolíticas, así se refugien en prácticas totalitarias, poder absoluto, armas, dinero y fétida corrupción.


De allí la amplísima representatividad de la alternativa democrática, que le permitió hacer primarias inobjetables de millonaria participación, ganar las elecciones del 6D con tarjeta única, gozar de reconocimiento mundial y erigirse en holgada mayoría nacional, paladinamente reconocida por el régimen al abolir virtualmente el sufragio. Son éxitos extraordinarios que tienen al gobierno de Maduro contra la pared y contra su conciencia.

La fuerza de la unidad es también, paradójicamente, su debilidad. Una sola voz suministra rapidez, ciega obediencia y relación dictatorial contra la mayoría disidente, pero su representatividad será igual a CERO. Más vale “representatividad” que “pétrea unicidad”. Aquella es el futuro que va disolviendo el mando autocrático.

La MUD postula correctamente la vía pacífica, electoral y constitucional. Para eso fue creada. En elecciones, su desempeño es brillante, pero todo está cambiando. El régimen cierra ahora ese mecanismo. Fuera del marco electoral, la MUD es sobrepasada por la quemante lava social. El bravo pueblo venezolano -el estado Bolívar convertido en emblema- impone su reestructuración y ampliación.

Quizá haya tormenta perfecta en los albores de 2017. Mandan los mariscales Hambre y Miseria. La disidencia crece incluso en el seno del Poder civil y militar. Maduro es indefendible. Su renuncia o sumisión a comicios preservarían la amenazada paz. Para afrontar la crisis debe ampliarse la unidad democrática. El adversario no está aquí sino allá. Uno de los extravíos de la pasión escala epítetos contra la unidad, suponiendo que sus limitaciones provengan de “traiciones”, eternizadas como conjeturas que nadie confirma. Recomiendan acertadamente ampliar la unidad hacia la disidencia chavista, pero si hostigan lo que ya tienen es difícil ir más allá.

El notable matemático Pascal, en frase memorable, consagró en el siglo XVII el desencuentro entre razón y emoción. “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Excelente don Blas, pero usando palabras propias de su profesión, déjeme decirle que más vale sumar y multiplicar que restar y dividir.

21-12-16