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domingo, 4 de diciembre de 2016

El amor de Dios libera, sana y expulsa todo mal, por @Pontifex_es



Papa Francisco 03 de diciembre de 2016

Santo Evangelio según San Mateo 9,35-10,1.6-8

La misión de anunciar el Evangelio: En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias. Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen pastor.  Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para su cosecha. Jesús convocó a sus doce discípulos y les dio el poder de expulsar a los espíritus impuros y de curar cualquier enfermedad o dolencia. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente" Palabra del Señor.

Reflexión del Papa Francisco
 
Jesús envía a sus apóstoles y les da las instrucciones para la misión que les espera. Son indicaciones muy sencilla... Una misión de salvación, añade Jesús, que consiste en curar a los enfermos, resucitar a los muertos, purificar a los leprosos y expulsar los demonios.

Se trata de una misión para acercar a los hombres al Reino de Dios, para darles la buena noticia de que el reino de Dios está cerca, es más, ya está aquí. Pero el Señor quiere para los apóstoles sencillez de corazón y disponibilidad para dejar espacio al poder de la Palabra de Dios.

Por lo demás, si ellos no hubieran tenido una gran confianza en la Palabra de Dios, tal vez hubieran hecho otra cosa, pero no habrían anunciado el Evangelio.

La frase clave de las consignas de Cristo a sus discípulos es precisamente: «Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente»: palabras en las que se comprende toda la gratuidad de la salvación. Porque no podemos predicar, anunciar el reino de Dios, sin esta certeza interior de que todo es gratuito, todo es gracia...

Por lo demás, que la predicación evangélica nace de la gratuidad lo testimonian diversos episodios de la vida de los primeros apóstoles.

San Pedro no tenía una cuenta en el banco y cuando tuvo que pagar los impuestos, el Señor le mandó al mar a pescar para encontrar dentro del pez la moneda con la cual pagar.

Y Felipe, cuando encontró al ministro de la reina Candace no pensó crear una organización para sostener el Evangelio, no negoció; al contrario, anunció, bautizó y se marchó.

La buena noticia, por lo tanto, se difunde sembrando la Palabra de Dios. Jesús mismo lo dice: "el reino de Dios es como la semilla que Dios da, es un don gratuito"

[...] Al anuncio del evangelio debe pasar por el camino de la pobreza, por el testimonio de esta pobreza. "No tengo riquezas, mi riqueza es sólo el don que he recibido de Dios. Esta gratuidad es nuestra riqueza". Es una pobreza que nos salva de convertirnos en organizadores, empresarios.

El Papa es consciente de que se deben llevar adelante obras de la Iglesia y que algunas son un poco complejas, pero es necesario hacerlo con corazón de pobreza, no con corazón de inversión o como un empresario.

La Iglesia no es una ONG: es otra cosa, más importante. Nace de esta gratuidad recibida y anunciada (Homilía en Santa Marta, 02 de juinio de 2013)

Oración de Sanación

Mi buen Dios, gracias por el don de la vida y por hacer presencia en mi vida de la manera menos pensada, por ser mi fortaleza y mi impulso para desprenderme de todo aquello que no me deja crecer. Tú eres mi norte, mi promesa de libertad, y mi tarea diaria debe consistir en propagar tu amor y salir de mis propias comodidades para darte a conocer a los que aún no se han encontrado con la dulce sensación y felicidad de tenerte y seguir tus pasos.

Así como he recibido gratis tu misterio de amor, debo también emprender el viaje de tu anunciación, buscando nuevos horizontes, mirando nuevos rostros, descubriendo en ellos sus preocupaciones, tristezas y aflicciones.

Ayúdame a ser un abanderado de tu compasión, a entregarme confiado a tu providencia para que, con gran valentía, hacer sentir tu cercanía, tu amistad y tu sanación a todo aquel que esté buscando la paz de su alma.

Ayúdame, Dios de mi vida, a ser coherente con tu Palabra, a curar heridas con el bálsamo de tu gracia, a llevar alegría a los corazones tristes y acongojados, a no darme por vencido en la construcción de tu Reino

Ayúdame a ser semilla de fe y esperanza, para que con tu luz y tu verdad, pueda romper toda barrera y así sembrar ánimo y esperanzas más allá de las fronteras del dolor y la frustración.

Que pueda yo, Señor mío, con tu poder y tu gracia, liberar a los tuyos de la opresión del mal y de las ataduras de los vicios y la corrupción. Confío en que Tú eres mi escudo y me proteges del espíritu malo, para llevar a cabo esta misión con un corazón decidido y valiente, que mantenga viva la llama de tus promesas. Amén

Propósito para hoy

Mirar hacia atrás un poco en mi vida pasada, pedir perdón al Señor por mis actos no tan buenos, y proponerme dar lo mejor en cada situación de mi vida

Frase de reflexión:

"La guerra destruye, mata, causa pobreza. Señor, danos tu paz". Papa Francisco