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domingo, 18 de diciembre de 2016

Un camino que se decide día a día, por @scasanovam



Santi Casanova 17 de diciembre de 2016

Estos dos últimos días he compartido un retiro espiritual con más de 20 chicos y chicas de diecisiete años. Ellos acudieron al retiro con la mente y el corazón puestos en las decisiones que, en breve, van a tener que tomar acerca de la elección de unos estudios superiores en la Universidad. Como es natural, su sensación es que una etapa se termina y que, con esa decisión, una nueva etapa importante comienza. Pero esa naturalidad se transforma en angustia cuando muchos de ellos sienten que el futuro de sus vidas está en juego en esa decisión y cuando se percatan de que no tienen más que intuiciones, más o menos grandes, acerca de qué quieren estudiar, qué quieren ser, en qué quieren trabajar…

Durante estos dos días de retiro, entre silencio, trabajo personal y oración, todos hemos descubierto que lo más importante es fijarse un claro horizonte de vida. Esa es la clave para comenzar a coger la vida entre las manos. Pensar en el futuro, soñar con quién quiere ser uno, trabajar los dones personales y para quién pueden estar al servicio… Lo más importante, entonces, no es tanto la decisión de mañana sino la cadena de decisiones que, entre los múltiples caminos que se irán abriendo, nos vayan llevando hacia la meta que nos hemos marcado y a la que Dios, de una manera sutil pero perseverante, nos está llamando.

He comprobado la importancia de quitarles a estos chicos peso de su mochila vital en este momento que están viviendo. La vida no se juega en una decisión, por muy importante que sea ésta. La vida es un camino que hay que decidir andar y en el que hay que marcar un destino. Sin esto… ninguna decisión vale para mucho más que para ir viajando sin rumbo. En cambio, quitar presión y agobio y poner confianza, determinación, pasión y buen discernimiento… es, sin duda, lo mejor para hacer este camino como se merece.

Dios siempre quita peso. El camino hacia la felicidad no es fácil. Hay piedras, lobos, curvas… pero Dios siempre está ahí para poner una luz, una señal, una guía; para aligerar equipaje, para ofrecer brisa en los días calurosos y calor en las noches frías, para curar heridas superficiales y profundas, para insuflar el Espíritu necesario para llegar a buen puerto.

Espero que estos chicos y chicas descubran la Buena Noticia de caminar con los ojos de la fe y, con esa mirada, fijen rumbo y se dispongan a movilizar toda su mente y su cuerpo, su voluntad y su pasión más íntima, para alcanzar su felicidad. Si lo hacen, sin duda, el mundo será un lugar más habitable.

Un abrazo fraterno