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viernes, 12 de abril de 2024

Valencia tuvo su ómnibus en el siglo XIX, por @LaHistoria200


Además de los carruajes individuales, el ómnibus (su significado: “para todos”) también pertenecía al sistema de transporte terrestre, era un coche de ruedas halado por caballos y que por su gran capacidad ofrecía el servicio de transporte público, teniendo los pasajeros la oportunidad de llevar equipajes que dependiendo del peso cancelaban una cantidad extra al costo del boleto.

París era considerada la ciudad más famosa por contar con este medio de transporte desde hacía décadas atrás, ofreciendo el servicio de elegantes y de mayor dimensión coches negros conocidos como ómnibus y coches blancos conocidos como Damas Blancas, algunos incluían un tocador “para reparar el desorden que el viento haya hecho en sus peinados y adornos” y una vez andando el coche “se oye música, pequeñas piezas de la ópera la Dama Blanca, ejecutadas por un instrumento escondido debajo del asiento del cochero” toda una experiencia para 1828.

Sesenta años después llega la propuesta de establecer un tren de ómnibus color blanco a la ciudad de Valencia, proyecto planteado por el señor Abraham de Castro quien lo presenta a la municipalidad y luego de que una comitiva estudia el caso, se aprueba la propuesta y el 7 de agosto de 1888 se establece el contrato con ciertas cláusulas a las que Abraham de Castro frente al procurador Municipal José María Rivero, se debe comprometer:

Avenida de Camoruco, Valencia, 1893. Foto vía Rebeca Figueredo.

A establecer el servicio de ómnibus tirados por dos o más caballos y capaces de transportar más de seis pasajeros a la vez, mantener suficientes números de carruajes de esta clase según le requiera el tráfico de la población, también debe pagar un impuesto a la municipalidad de cuarenta bolívares mensuales si tiene cuatro o menos carruajes, si se excede en cantidad de carruajes al establecido entonces deberá pagar diez bolívares extra mensual por cada carruaje.

A través del procurador se le informa a Abraham de Castro que el Concejo Municipal le otorga el derecho exclusivo de “ejercer la mencionada industria” desde ese mismo momento hasta que se cumplan tres años y que ninguna otra persona pueda ofrecer durante esos tres años servicios de ómnibus y “Deja libre la empresa ómnibus del servicio de bagajes y de cualquier otro gravamen a más del impuesto ya expresado” y por último concede el derecho a Abraham de Castro “de vender o traspasar este contrato con previo consentimiento del Concejo”.

Ya luego, el señor de Castro solicitará al concejo que se le exonere los cuarenta bolívares al que está obligado a pagar por el contrato, además que se le extienda la exclusividad del servicio a diez años ya que tres le parece poco, también ofrece la propuesta de que sea reparado el empedrado de las calles, situación que afecta directamente a su negocio.

Plaza Bolívar, Boulevard Sur. Valencia. Foto vía Rebeca Figueredo.

Valencia disfrutó de este servicio por un tiempo, al igual que grandes ciudades disfrutaban de este beneficio, para las fechas del 24 de junio de 1889, cuando se inaugura el Monumento de Carabobo en la plaza Bolívar de Valencia, se ofreció el servicio lujoso y cómodo del ómnibus, haciendo la carrera desde la plaza Bolívar a la estación del ferrocarril porque al igual que en París, las rutas no podían ser tan extensas, de igual manera ofrecía el servicio de mudanzas y también la reserva de uno de los coches para rutas privadas familiares.

Para muchos ciudadanos el ómnibus representaba incómodo tráfico, accidentes casuales, ruidos molestos al pasar frente a templos mientras se celebraban los oficios divinos, entre otras razones tan válidas y comunes como en cualquier otra ciudad del mundo, sin embargo, esta diferencia que tan sensible se hace en pueblos menos adelantados indudablemente marcaba un antes y un después en Valencia, llevándonos a la reflexión que ciertamente alguna vez estuvimos a la vanguardia.

Tomado de:

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domingo, 31 de marzo de 2024

Las dos muertes del capitán Ricaurte, por @LaHistoria200


Mirada severa, adusta, a la altura del soberbio acontecimiento que estaba protagonizando. Las sombras se llevan la mayor parte de su cuerpo, pero se alcanza a ver su mano izquierda tomando su sable. En la derecha, iluminada, la pistola de chispa apuntando al barril de pólvora.

Martín Tovar y Tovar imaginó así, en 1874, al héroe colombiano Antonio Ricaurte en su cénit: su inmolación, frente a las tropas realistas, en la batalla de San Mateo, el 25 de marzo de 1814.

Antonio Ricaurte, por Martín Tovar y Tovar.

Los historiadores han reproducido, con respeto reverencial, el episodio del capitán neogranadino en tierras del actual estado Aragua. En el himno de Colombia se le dedica unos versos: “Ricaurte en San Mateo, en átomos volando, deber antes que vida con llamas escribió”. El heroísmo en carne y hueso, fuego y espanto.

Solo uno niega el hecho: Simón Bolívar. El Libertador confesó que él fue el autor de la historia. El Diario de Bucaramanga, escrito por el coronel Luis Perú de Lacroix entre marzo y junio de 1828, recoge las palabras del caraqueño sobre Ricaurte en San Mateo: el capitán murió a tiros y lanzazos, y no en la explosión.

No obstante, la tradición cubre de silencio al Diario, y la versión generalizada es la del sacrificio del neogranadino. “Deber antes que vida”.


La historia de Antonio Ricaurte

Antonio Ricaurte nació el 10 de julio de 1786 en Villa de Leyva, actual Departamento de Boyacá. Era hijo de Esteban Ricaurte y María Clemencia Lozano, pertenecientes a la clase alta. Estudió en el elitesco colegio bogotano de San Bartolomé. Para 1810, casado con Juana Martínez Camacho y secretario del Tribunal de Cuentas del Virreinato, se unió a las revueltas del 20 de julio.

“El Chispero” le decían, de acuerdo con Javier Ocampo López, en un artículo que escribió sobre el héroe. Era parte de su carácter decidido, imbuido en el espíritu de la Ilustración. Ricaurte se unió al batallón de infantería de Guardias Nacionales como teniente.

En la lucha entre federalistas y centralistas se decidió por los últimos, siguiendo los combates bajo las órdenes del prócer Antonio Nariño. Participó en Ventaquemada (1812), hecho de armas donde coincidió con el marabino Rafael Urdaneta.

Antonio Ricaurte.

Un año después se unió al ejército que comandaba Bolívar y que, desde Nueva Granada, invadió Venezuela para realizar la Campaña Admirable, barriendo a los realistas desde los Andes hasta Caracas. La Grita, Carache, Niquitao y Taguanes fueron prueba de la bravura del boyacense.

Pero la reacción monárquica, en las lanzas de la legión infernal de José Tomás Boves, no dio respiro a la joven República. El año 1814 fue el de los miles de llaneros que, al grito del “Taita” español, se lanzaron a sembrar de sangre y candela a Venezuela.

El triunfo de Boves y sus huestes en La Puerta, el 3 de febrero, les dejó vía libre para conquistar Caracas. Pero los frenó, en primera instancia, José Félix Ribas en La Victoria, el 12, destrozando a las fuerzas que mandaba Francisco Tomás Morales. En Charallave (20 de febrero) y Ocumare (20 de marzo), el “Invicto” venció a Francisco Rosete.

A Bolívar le tocaba bailar con la más fea: Boves. Escogió sus propiedades en San Mateo para recibir a los casi siete mil efectivos del terrible asturiano. El Libertador organizó a sus fuerzas defensivamente dejando a Manuel Villapol en el cerro El Calvario y en Cantarrana a Manuel Gogorza. El mismo Bolívar estaba al frente de la zona central. Allí se atrincherarían el 28 de febrero.

Antonio Ricaurte en San Mateo, por Antonio Herrera Toro.

El ataque arrollador, pero disminuido por la geografía (es un valle, y las tierras están surcadas por el río Aragua), lo que le restaba potencia a los lanceros de Boves, fue repelido por los republicanos, en buena parte por el batallón Barlovento, liderado por Vicente Campo Elías. El contraataque de Bolívar por el centro, combinado con las acciones de la izquierda de Gogorza, decidió la jornada.

Campo Elías, español al servicio de Venezuela, resultó herido y moriría el 17 de marzo.

San Mateo, el final del capitán neogranadino

El 25, Boves y compañía volvieron a cargar contra los patriotas. Esta vez el Libertador colocó a su derecha al coronel Ramón Ayala y a la izquierda al capitán Ricaurte, protegiendo el trapiche y la llamada Casa alta de la hacienda de San Mateo. La artillería estaba bajo las órdenes del coronel Lino de Clemente.

El ataque total de los realistas hizo ceder a las fuerzas en el cerro El Calvario. Morales y su columna se acercaron a hacerse de la Casa alta, con Ricaurte defendiéndola.

Tomás Mosquera, militar neogranadino, narra el hecho en sus Memorias sobre la vida del general Simón Bolívar.

“Viendo Ricaurte que era inútil hacer con sus 50 hombres una defensa infructuosa y el sacrificio inútil de su gente, les ordenó la retirada replegándose al cuartel general y ofreciéndoles que él solo salvaría en ese duro trance el parque y quizá el ejército. El enemigo, que vio desfilar el destacamento hacia la llanura, se acercó con grande gozo a tomar las municiones de que carecía, y en desorden y tumulto se precipitaron sobre la casa. El impertérrito Ricaurte, al verlos sobre sí, da fuego a las municiones, y la inesperada explosión con un terrible estruendo destruye en gran parte la columna enemiga, y el resto huye despavorido, abandonando el lugar en que un solo hombre combatió por la salud del ejército”.

Bolívar, jugándose al todo o nada, enardeció a sus tropas. ¡Ricaurte se había inmolado para evitar que el parque cayera en manos de los realistas! ¿Lo dejarían así? La respuesta la llevaron las lanzas y los fusiles patriotas, que reconquistaron el sitio.

Ayala volvería a tomar el cerro El Calvario, y otro contraataque de Bolívar terminó de expulsar a las fuerzas monárquicas, obligándolas a retirarse hasta Villa de Cura. La victoria era patriota.

Antonio Ricaurte, por Antonio Bosch Penalva.

“Es difícil describir con exactitud este combate, que más bien debe llamarse una matanza”, consideró el general Pedro Briceño Méndez en su Relación Histórica, suerte de memoria de esos años. “La suerte fue tan varia aquel día que tan pronto favorecía a unos como a otros. El pueblo de San Mateo, que era el principal punto de ataque, alternativamente era de este y del otro ejército hasta que al fin quedó por nuestras tropas”.

Pero, ¿qué había sucedido con Ricaurte? Bolívar encomendó realizar honores a su memoria, difundiendo la versión de la inmolación. La muerte en aras de la libertad de la patria. Mosquera rememora: “Bolívar conservaba siempre tal respeto por la memoria de este valiente oficial, que con un entusiasmo guerrero nos decía un día: ‘¿Qué hay de semejante en la historia, a la muerte de Ricaurte? Este suicidio para salvar la patria, al ejército y a mí, sin más esperanza que el amor a la independencia y a la libertad, es digno de cantarse por un ilustre genio como Alfieri”.

La versión de Simón Bolívar en el Diario de Bucaramanga

Culminada la Guerra de Independencia, con Bolívar intentando mantener a la Gran Colombia unida, ante los movimientos secesionistas de Venezuela y Nueva Granada, reapareció el nombre de Ricaurte. Era el símbolo mayor de la hermandad entre ambas tierras, que conformaban a la gran nación.

En una de sus charlas con sus generales durante la Convención de Ocaña, que se convertiría en un golpe más al sueño grancolombiano, Bolívar se expresó con vehemencia sobre los primeros años de la Independencia y cómo favoreció a los neogranadinos. El fin, según Bolívar, lo reprodujo Perú de Lacroix en el famoso Diario de Bucaramanga, en la parte del día 5, mes de junio.

Habla el Libertador, luego de una larga crítica a los oficiales neogranadinos: “Ya desde el año 13, que meditaba la unión de la Nueva Granada con Venezuela, mi política tendía en hacerme bien valer y querer a los granadinos, y después del año 19 seguí el mismo plan para la conservación de la unión que había logrado”.

Antonio Ricaurte.

Y confiesa, luego de comentar los honores a los restos del antioqueño Atanasio Girardot, fallecido en Bárbula: “Ricaurte, otro militar granadino, figura en la historia como un mártir voluntario de la libertad, como un héroe que sacrificó su vida para salvar la de sus compañeros y sembrar el espanto en medio de sus enemigos; pero su muerte no fue como aparece: no se hizo saltar con un barril de pólvora en la casa de San Mateo, que había defendido con valor. Yo soy el autor del cuento. Lo hice para entusiasmar a mis soldados, para atemorizar a los enemigos y dar la más alta idea de los militares granadinos. Ricaurte murió el 25 de marzo del año 14, en la bajada de San Mateo, retirándose con los suyos. Murió de un balazo y un lanzazo, y lo encontré en dicha bajada tendido boca abajo, ya muerto y las espaldas quemadas por el sol”.

¿Era realidad lo que decía Bolívar o solo un “despecho verbal”, ante el desmoronamiento de la Gran Colombia, atacando a los neogranadinos? ¿Quizá una tergiversación de Lacroix? Mientras la mayoría de historiadores apuntan a las segundas opciones, exaltando a Ricaurte, otros, como el español Salvador de Madariaga, reconocen como ciertas las palabras del Libertador en 1828.

“No es cosa de discutir aquí la gloria de Ricaurte (al fin y al cabo, siempre salva, ya que de cualquier modo murió como bueno)”, dice Madariaga en su biografía del Libertador. “Se trata aquí de Bolívar. El toque que apunta Lacroix se amolda perfectamente a su carácter. En todo momento de su carrera puso Bolívar al servicio de la causa una imaginación fértil en expedientes para atraerse a la multitud con escenas dramáticas. Poesía en sumo grado el sentido épico sin el cual no es posible llevar a los pueblos”.

Bolívar narró las dos muertes del capitán Ricaurte. Heroicas las dos, pero aún más soberbia la que pertenece a la historia oficial: “En átomos volando”.

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miércoles, 28 de febrero de 2024

Acta del Cabildo de Maracaibo, por @LaHistoria200


El ciudadano Francisco Delgado, Gobernador público, intendente y comandante militar provisional, a nombre del pueblo, hago saber al público el acta siguiente:

El Muy Ilustre Ayuntamiento (MIA) de esta ciudad de Maracaibo, a 28 de enero de 1821, reunido en Cabildo abierto en la Sala Consistorial para tratar y resolver lo que sea más conveniente a la salud pública, orden y gobierno de este pueblo, después de disentir y conferenciar lo que cada uno de sus individuos tuvo a bien disponer sobre el tocado objeto, teniendo en consideración que siendo la primera más noble en su representación, poner y restituir al pueblo en el uso y goce de la libertad soberana, para darse el gobierno que le sea más grato y conveniente;

Cuando se halla convencida esta Corporación del anonadamiento y degradación política en que el gobierno de España mantiene a los pueblos de América que restan bajo su ominosa dominación solo por el sistema opresivo de sus mandatarios, a tiempo que es ocioso demostrar la impotencia que ha tenido, tiene y tendrá siempre la España de dar la felicidad a este grande y distante Continente;

Acordó este MIA:

Que protestando como protesta ante el Ser Supremo la sinceridad y justicia de sus sentimientos, debe en su consecuencia declarar como declara al pueblo de Maracaibo libre e independiente del Gobierno español, cualesquiera que sea su forma desde este momento en adelante; y en virtud de su soberana libertad se constituye en República democrática y se une con los vínculos del pacto social a todos los pueblos vecinos y continentales, que bajo la denominación de República de Colombia defienden su libertad e independencia, según las leyes imprescriptibles de la naturaleza.

Publíquese el presente acuerdo por bando, a son de caja, repiques de campanas y todas las manifestaciones de gozo y alegría que tenga a bien prevenir el ciudadano Francisco Delgado, a quien provisionalmente, y hasta que la autoridad de la República organice el gobierno de este pueblo, se le encarga a nombre de él, del gobierno político, militar e intendencia para que sostenga su libertad e independencia y cuide de su seguridad y tranquilidad. Así lo proclama este pueblo reunido en la Plaza Pública, y los padres de familia y demás personas que quisieron entrar en la Sala del Cabildo.

Firmados: Presidente, Bernardo de Echeverría. Regidores: Manuel Benítez, Bruno Ortega, José Ignacio González Acuña, José María Luzardo, Ignacio Palenzuela, Miguel Vera, Manuel Benítez, Bruno Ortega, José Ignacio González Acuña, José María Luzardo, Ignacio Palenzuela, Miguel Vera, Manuel Ramírez. Síndico Primero, Juan Ignacio Suárez. Procurador: Mariano Troconis, Secretario.   


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miércoles, 21 de febrero de 2024

Las principales frases del Discurso de Angostura, por @LaHistoria200


El 15 de febrero de 1819 Simón Bolívar instala el Congreso de Angostura, a orillas del río Orinoco. El Libertador presenta un boceto de Constitución para la naciente República de Colombia, que reuniría a Venezuela y Nueva Granada tras la victoria patriota en Boyacá, el 7 de agosto de ese año.

Presentamos las frases más destacadas del Discurso, que duró poco más de una hora y que presenciaron 26 diputados de los 30 elegidos.

“Nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

Simón Bolívar, por Abdón J. Romero

“No somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derecho, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores; así nuestro caso es el más extraordinario y complicado”.

“Uncido el pueblo americano al triple yugo de la ignorancia, la tiranía y del vicio, no hemos podido adquirir ni saber, ni poder ni virtud”.

“Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza, y por el vicio se nos ha degradado más bien que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción”.

“Un pueblo pervertido, si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla, porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexible, y todo debe someterse a su benéfico rigor; que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”.

“Nuestros débiles conciudadanos tendrán que robustecer su espíritu mucho antes que logren digerir el saludable nutritivo de la libertad. Entumecidos sus miembros por las cadenas, debilitada su vista en las sombras de las mazmorras, y aniquilados por las pestilencias serviles, ¿serán capaces de marchar con pasos firmes hacia el augusto templo de la libertad?”.

Entrada de Bolívar en una ciudad. Ilustración de Antonio Bosch Penalva

“Más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”.

“Son los pueblos más bien que los gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía”.

“Ni remotamente ha entrado en mi idea asimilar la situación y naturaleza de dos estados tan distintos como el inglés americano y el americano español”.

“No era dado a los venezolanos ganarlo (el sistema federativo) repentinamente al salir de las cadenas. No estábamos preparados para tanto bien: el bien, como el mal, da la muerte cuando es súbito y excesivo”.

“Nuestro pueblo no es el europeo, ni el americano del Norte, es más bien un compuesto de África y América que una emanación de la Europa; pues que hasta la España misma deja de ser europea por su sangre africana, por sus instituciones y por su carácter”.

“La mayor parte del indígena se ha aniquilado, el europeo se ha mezclado con el americano y con el africano, y éste se ha mezclado con el indio y con el europeo. Nacidos todos del seno de una misma madre, nuestros padres, diferente en origen y en sangre, son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis; esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia”.

Bolívar, diplomático. Cuadro de Aita (Rita Matilde de la Peñuela)

“La diversidad de origen requiere un pulso infinitamente firme, un tacto infinitamente delicado para manejar esta sociedad heterogénea cuyo complicado artificio se disloca, se divide, se disuelve con la más ligera alteración”.

“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

“Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios”.

“Luego, extendiendo la vista sobre el vasto campo que nos falta por recorrer, fijemos la atención sobre los peligros que debemos evitar”.

“(Debemos) reconocer la insuficiencia de la democracia absoluta para regir ninguna especie de sociedad, ni aún la más culta, morígera y limitada, porque solo brillan con relámpagos de libertad”.

“Los códigos, los sistemas, los estatutos por sabios que sean, son obras muertas que poco influyen sobre las sociedades: ¡hombres virtuosos, hombres patriotas, hombres ilustrados constituyen las repúblicas!”.

Venezuela recibe los símbolos patrios, por Pedro Centeno Vallenilla

“Un gobierno monstruoso y puramente guerrero elevó a Roma al más alto esplendor de virtud y gloria, y formó de la tierra un dominio romano para mostrar a los hombres de cuánto son capaces las virtudes políticas y cuán indiferentes suelen ser las instituciones”.

“Roma y la Gran Bretaña son las naciones que más han sobresalido entre las antiguas y las modernas; ambas nacieron para mandar y ser libres; pero ambas se constituyeron no con brillantes formas de libertad, sino con establecimientos sólidos”.

“El Senado de Venezuela no solo será un baluarte de la libertad, sino un apoyo para eternizar la República”.

“Que se fortifique, pues, todo el sistema de gobierno, y que el equilibrio se establezca de modo que no se pierda, y de modo que no sea su propia delicadeza una causa de decadencia”.

“Abandonemos las formas federales que no nos convienen; abandonemos el triunvirato del Poder Ejecutivo, y concentrándolo en un Presidente, confiémosle la autoridad suficiente para que logre mantenerse luchando contra los inconvenientes anexos a nuestra reciente situación al estado de guerra que sufrimos y a la especie de los enemigos externos y domésticos, contra quienes tendremos largo tiempo que combatir”.

Busto de Bolívar en la Casa del Congreso de Angostura, en la actual Ciudad Bolívar

“La educación popular debe ser el cuidado primogénito del amor paternal del Congreso. Moral y luces son los polos de una República, moral y luces son nuestras primeras necesidades”.

“Yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos como imploraría mi vida y la vida de la República”.

“(A Colombia) ya la veo sentada sobre el trono de la libertad empuñando el cetro de la justicia; coronada por la gloria, mostrar al mundo antiguo la majestad del mundo moderno”.

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domingo, 28 de enero de 2024

El joven Francisco de Miranda, por Caracciolo Parra, por @LaHistoria200


Por Kiko Perozo

En su obra Historia de la Primera República de Venezuela, Caracciolo Parra Pérez describe cómo era Francisco de Miranda para 1783, cuando abandona su puesto en el ejército español con 33 años de edad. A continuación, los párrafos que apunta el merideño sobre el Precursor de la Independencia Sudamericana.

“Al abandonar su puesto de oficial español, Miranda revela que ya está formada aquella su personalidad vigorosa y distinta que le conoce la historia. Es criollo, es decir blanco. Tiene cinco pies y cuatro pulgadas de alto, cabellos negros, ojos grises llenos de fuego, ancha frente, nariz perfilada y boca perfecta que sabe sonreír.

Francisco de Miranda.

Elegante en el vestido, derecho como una espada, con el pecho saliente, su marcha es decidida y militar.

Nervioso, en perpetuo movimiento, habla en axiomas con imperio y elocuencia. Posee el don de persuadir, en varias lenguas. Da a sus auditores, cualesquiera que sean, la impresión de tener conocimientos universales, sagacidad y sobrehumana energía. Jomini nota en su actividad en la guerra de Bélgica.

Modelo de templanza, excepto para los que él mismo llama placeres de Venus, come el rancho de la tropa, solo bebe de ordinario agua azucarada, duerme apenas seis horas, lucha, lee, piensa, escribe sin descanso. Por pasatiempo, toca flauta como el gran Federico y el archiduque Carlos, sus contemporáneos.

Francisco de Miranda. Bocetos de Augusto Ferrer Dalmau.

Irrítale el obstáculo y la contradicción. Su cólera manifiéstase con estrépito y es inexorable su justicia. Su tenacidad no tiene límites. Hábil y flexible diplomático, es también esencialmente probo.

El más grave defecto de su carácter es el desmesurado orgullo que le lleva a escuchar con agrado la lisonja. Gusta sobremanera de discurrir sobre sí mismo y narra con frecuencia los accidentes de su vida, sus acciones y sufrimientos”.

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jueves, 18 de enero de 2024

Boves, el venezolano perdido, por Ángel Lombardi Boscán, por @LaHistoria200


Que José Tomás Boves sea celebrado de manera subrepticia formando parte de las efemérides nacionales causa escozor en muchos. Su situación de asturiano y partidario de la guerra de colores en la rebelión popular del año 1814 que puso finiquito a la Segunda República con Bolívar a la cabeza es un muy grande estigma. De hecho, es uno de nuestros más famosos exiliados históricos.

Boves es tan venezolano como la arepa pelada. Además, es un venezolano arquetípico, que muy bien nos representa. Un escritor famoso del siglo XIX pasado, Juan Vicente González, lo bautizó como el Padre de la Democracia. Y yo concuerdo con esto. Democracia como nivelación social. Eso sí, a lo bravo.

José Tomás Boves, por la Inteligencia Artificial Midjourney. Vía Hechos Criollos.

La violencia que nos talla la Historia de Venezuela como tragedia y frustración. Giovanni Papini, un excelso comentador de la Biblia, sostiene que hay tres reacciones universales ante la violencia. La más usual es la venganza, la muy vieja Ley del Talión; el famoso: “Ojo por Ojo y Diente por Diente”. La violencia en estos casos se equipara tanto a nivel del agresor como en el caso de los justicieros y se hace intercambiable. Además, no remite, sino que se perpetúa en el tiempo. Los agravios no se perdonan.

La segunda reacción es la huida del injuriado. Lo cual fortalece al agresor y le da renovados motivos para seguir haciéndolo. La tercera reacción es la del Cristo: “No resistir”; la incomprendida poner la otra mejilla que es la más valerosa de todas y la única capaz de apaciguar al violento. Esta es una propuesta poética. Y diríamos también, que inhumana.

En el año 1814; un año de la desdicha infinita para los venezolanos de ese entonces, ni Bolívar, y mucho menos Boves, van a optar por el comportamiento de hombres únicos de la estirpe del Cristo. Ellos son viscerales y vengativos; mundanos y ególatras. Ellos hicieron de la violencia un proyecto de liberación de coordenadas imprecisas y caóticas.

Boves, un bandido y contrabandista, proveniente de España, terminó recalando en Calabozo, un pueblito llanero dónde aprendió las artes de ser criollo indómito. Su extranjería fue borrada cuando aprendió a mimetizarse con el clima y las costumbres de un medio bárbaro y salvaje representado por los llaneros. Se ha dicho que los llaneros fueron el arma más eficiente para ganar la guerra de la Independencia. La Caballería Infernal de Yánez y Boves hundió a Bolívar y la Segunda República en ese fatídico año 1814. Y luego Páez los va a capitalizar aprovechando que Morillo los despreció.

Llanero. Boceto de Tito Salas.

Además, la biografía de Boves es la biografía de una insubordinación. Su pelea fue estrictamente privada. Su plan político, sí es que lo tuvo, fue atacar los cimientos de una sociedad colonial sostenida en la desigualdad étnica y social. Boves atentó contra los patricios criollos y blanquitos porque son los integrantes de la elite colonial dueña de la riqueza.

Su misión como guerrero es la misión del agraviado. El rey de España no pinta mucho en este episodio de una historia de sangres contada a medias. Boves reúne a los pardos, a los llaneros, a los esclavos y a los indios en un solo batallón. Y les promete mediante la práctica del pillaje, el saqueo y el robo lo que los blancos les niegan bajo los auspicios de unas leyes que sólo vigilan sus privilegios. Matar a los blancos sin capítulo.

Al igual que en Haití (1791-1804) en Venezuela se avanzó en una guerra de exterminio racial. La única diferencia es que su principal intrigante era un blanco, aunque pobre, iracundo y resentido. Y esto representa la sociología esencial del venezolano en su historia: una historia alentada por la violencia popular como déficit de las oportunidades para ascender socialmente. Nuestro igualitarismo o es mocho o es subversivo. Y las élites siempre han logrado traicionar al Pueblo. Incluso, las que se autoproclaman socialistas.

Bauman tuvo que haber leído a Vallenilla Lanz y su famoso y esclarecedor libro, Cesarismo Democrático, del año 1919. Ya que Bauman señala: «Al contrario, los objetos de deseo cuya ausencia causa más resentimiento hoy son muchos y variados, y su número, al igual que la tentación por tenerlos, aumentan día a día. Por ello la ira, la humillación, el despecho y el rencor por no tenerlos también aumentan —tanto como el impulso por destruir lo que no se puede tener—. El saqueo y el incendio de tiendas derivan de este mismo origen y satisface el mismo anhelo». No hay diferencias entre los explotados del siglo XIX o del siglo XXI.

Boves no acaudilló ejércitos de soldados, sino de bandidos. Y su contraparte en el bando republicano, hizo otro tanto. Razón por la cual, la Independencia como conflicto entre el sector blanco, quedó relegado a un segundo plano por la rebelión popular del año 1814. Hoy sabemos que los blancos criollos caraqueños se reunieron con los blancos monárquicos en Puerto Cabello solicitando una mediación de Inglaterra para alcanzar una tregua pactada y unir fuerzas para acabar con la plebe alzada en rebelión contra ellos. El dato, un tanto misterioso, lo aporta Juan Uslar Pietri.

Taita Boves, por Iván Candeo. Detalle.

A su vez, el Pacificador Morillo, llegó a Venezuela en los primeros meses del año 1815 con un ejército de 12.000 soldados veteranos y europeos, no para acabar con Bolívar que ya estaba acabado y en fuga. Sino para someter al sublevado Boves y su guerra de colores hecha con la más grande saña y crueldad. No le hizo falta a Morillo profundizar la guerra civil venezolana, verdadera carta de identidad de la Independencia, porqué en la Batalla de Urica, el 5 de diciembre de 1814, Boves fue muerto por un lanzazo.

El padre de la Democracia venezolana fue Boves. Y esa aspiración colectiva de cada venezolano con nacimientos desventajosos por ser persona, hoy, sigue pendiente. Aún no se explica por qué Boves no está en el Panteón Nacional.

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jueves, 4 de enero de 2024

El comandante Manuel León y el batallón Caracas en Ayacucho, por Vicente Pesquera Vallenilla, por @LaHistoria200


La Batalla de Ayacucho, que selló la Independencia de Sudamérica, contó con el liderazgo de Antonio José de Sucre al frente del Ejército Unido Libertador. Bajo su mando estuvieron varios batallones de diversas partes del continente, incluyendo Venezuela: destacó el Caracas, antes llamado Zulia.

El comandante Manuel León estaba al frente del batallón Caracas el 9 de diciembre de 1824. Pocos datos se han difundido sobre su vida, pero Vicente Pesquera Vallenilla, en su biografía sobre el Mariscal Sucre, contó varios detalles.

Primero debemos recordar que el batallón Caracas era el antiguo Zulia, que por las bajas desde 1821 fue reuniendo soldados de otras agrupaciones. Sucre, en su arenga previa a Ayacucho, le dedicó unas palabras:

Antonio José de Sucre en Ayacucho

“¡Caracas! ¡Guirnalda de reliquias beneméritas (del Caracas, el Zulia y el Occidente, escribe Pesquera Vallenilla), que recordáis tantas victorias cuantas cicatrices adornan el pecho de vuestros veteranos! Ayer asombrastéis al remoto Atlántico en Maracaibo y Coro; hoy, los Andes del Perú se humillarán a vuestra intrepidez. Vuestro nombre os manda a todos ser héroes. Es el de la Patria del Libertador, el de la ciudad sagrada que marcha con él al frente de la América. ¡Viva el Libertador! ¡Viva la cuna de la Libertad!”.

Pesquera Vallenilla cuenta cómo fue la intervención del batallón Caracas, con Manuel León como comandante, durante la Batalla de Ayacucho:

“Habiendo pedido el Libertador a las autoridades de Venezuela un batallón auxiliar, se hizo la recluta en 1824 y se organizaron 3.000 hombres escogidos. El mando de esta fuerza se le confirió al entonces coronel José Gregorio Monagas; pero este jefe tan valiente como denodado, era inexperto para la organización de tropas, y condujo la división hasta la isla de la Pupá, ría de Guayaquil, en un estado de desorganización lamentable.

Súpolo Bolívar, y nombró al general Valerio (Antonio Valero de Bernabé, puertorriqueño, nde) para que se hiciese cargo de ella, la que recibió en la expresada isla, cuando ya no existían de los 3.000 soldados venezolanos sino 1.000.

Al llegar al Callao esta fuerza, dispuso el Libertador se formase con la mitad de ella un batallón al que dio el nombre de Caracas, dejando el resto como auxiliares del sitio del Callao.

Batalla de Ayacucho

El expresado batallón se destinó al Ejército Unido, al mando del comandante Manuel León (barquisimetano), oficial valeroso e inteligente, quien en la marcha, al irse a incorporar al general Sucre, lo fue disciplinando.

Pocas horas antes de romperse las hostilidades en Ayacucho, como cuerpo moderno, formó Caracas a vanguardia de la división del general Córdova, quien llegando a su frente cuando arengaba las tropas independientes, y no teniendo glorias que recordarle detuvo su caballo para interrogarlo.

‘¡Caracas!’, díjole, ‘¿qué pruebas me das de valor?’. El comandante León, león en bravura y coraje, salió al frente de sus soldados y con voz atronadora mandó la siguiente evolución.

‘¡Batallón! ¡Firme! ¡Al hombro, aus! Segunda fila, dos pasos a retaguardia! ¡Descansen, aus! ¡Cartucheras al frente! ¡Cartuchos a la espalda!’, y botando todo el pertrecho se volvió hacia el general Córdova, diciéndole:

-¡Esa, mi general!

Versión de la Batalla de Ayacucho, por Tovar y Tovar

Los generales Sucre y Córdova quedaron admirados de este rasgo sin igual de valentía, y en el fragor de la lucha dedicaron parte de su atención en observar el orden en que se batía este cuerpo, pero fue grande su sorpresa al contemplar que siendo objeto de repetidas cargas al arma blanca por parte del enemigo, no cejaba un palmo de terreno.

Este batallón conquistó en el campo de batalla el glorioso nombre de Ayacucho y fueron tan extraordinarias sus proezas en el combate, que de trescientos fusiles que se recogieron de los muertos pertenecientes a él, la generalidad tenían tapados los cañones con sangre coagulada, porque solo hicieron uso los soldados de la bayoneta, sacando varias heridas en el rostro su indomable comandante Manuel León”.

En nota al pie de página, Pesquera Vallenilla habla del cruel destino de León finalizada la Guerra de Independencia:

“El comandante León era rechoncho, de brazos sumamente cortos, por lo que con dificultad podía desenvainar la espada con la destreza que el arma requiere; y cada vez que tenía que ejecutar esta operación, corría hacia adelante para poderla llevar a efecto.

Heroico basta la temeridad, el comandante Manuel León alcanzó merecido renombre por su heroísmo desplegado en la cruenta guerra de la emancipación americana; pero cúpole, como a casi la mayor parte de los jefes que decidieron la batalla de Ayacucho, trágico fin.

Sentenciado a muerte en Guayaquil a principios de 1831, siendo Comandante de Armas e Intendente General de la Provincia el general León de Febres-Cordero, en virtud de mandato de un Consejo de Guerra, por haberse alzado contra las instituciones del Ecuador y tratar de incorporarse al General (Luis) Urdaneta que se hallaba en Cuenca; y no obstante las súplicas, de todas las corporaciones, de los pueblos y del mismo Consejo de Guerra que lo condenó, para que se le conmutara la pena, el Gobierno del Ecuador no accedió, y aquel bravo soldado, con sus sienes orladas con los laureles del mártir y vencedor, fue fusilado.

En aquellos tiempos de odios y rencores, tal vez los magistrados de Guayaquil creyeron obrar bien.

Paz a sus manes”.

Tomado de:

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jueves, 28 de diciembre de 2023

El asesinato de José Francisco Bermúdez. por @LaHistoria200


El 15 de diciembre de 1831 muere el general en jefe José Francisco Bermúdez, héroe de la Guerra de Independencia, por un balazo en Cumaná, su ciudad natal. El joven Rafael Berrizbeitia fue acusado del asesinato.

Bermúdez era una de las figuras más controversiales de la época: violento, sanguinario e impetuoso hasta el exceso, el historiador marabino Rafael María Baralt lo definió como “mozo inquieto, turbulento y petulante, de una audacia imponderable”.

Adherido al movimiento de Independencia desde 1810, luchó como subteniente en 1811 bajo las órdenes de Vicente Sucre. En 1813 formó parte de la Invasión de Chacachacare, comandada por Santiago Mariño para liberar la zona oriental de Venezuela.

Busto de José Francisco Bermúdez en el Campo de Carabobo

En 1814 luchó en Bocachica, la primera Batalla de Carabobo y en la segunda de La Puerta, en Maturín y en Cumaná.

Para 1815 se exilió a las Antillas y un año más tarde Simón Bolívar lo expulsa de la expedición de Los Cayos, por serias diferencias que en algún momento casi llegan a un duelo. Reconciliados, en 1817 el Libertador lo nombra comandante de la provincia de Cumaná, tras la ejecución de Manuel Piar, enemigo de ambos.

La llamada Diversión de Bermúdez, en 1821, resta efectivos a las fuerzas realistas con la incursión del cumanés sobre Caracas, en los días previos a la Batalla de Carabobo. Dos años después, junto con José Antonio Páez, rinde la plaza de Puerto Cabello.

Bermúdez pide licencia para retirarse a la vida privada, concedida por el Libertador en 1826. Y allí es cuando comienza su capítulo final, narrado por Laureano Vallenilla Lanz en 1914 y resumido en lahistoria200 en 6 puntos.

Miniatura de José Francisco Bermúdez

1. Rafael Berrizbeitia era proveedor de la División expedicionaria bajo el mando del capitán de navío José María García. Hijo de vascos, durante la Guerra de Independencia Berrizbeitia se muda con su familia a Puerto Rico, retornando para 1830 a Venezuela. “De carácter inquieto y algo atrabiliario, y por sus relaciones de parentesco con algunos patriotas, demostró pronto su ansia de figurar”, recuerda Vallenilla Lanz. “De luego a luego se mezcló en la cuestión política reinante en aquella época tan azarosa de la separación de Venezuela de la gloriosa Colombia”.

2. El capitán García exhortó a Berrizbeitia a entregarle unos montones de plátanos para la tropa, que solo contaba con una ración de pan. El proveedor ignoró al militar, dándole la espalda, y García, “bien conocido por su carácter despótico y con las ínfulas con que se exhibían en toda ocasión los jefes colombianos libertadores, levantó la mano y descárgole golpe fuerte en el pescuezo, cayendo Berrizbeitia de redondo sobre uno de los montones de plátanos”. Desarmado, el ofendido solo alcanzó a reclamar, abandonando su puesto para acusar ante Bermúdez la acción de García.

3. “Es de suponerse con qué términos le despidió y quizás le despreció Bermúdez”, apunta Vallenilla Lanz. Ante el comandante Francisco Antonio Carrera, Berrizbeitia juró matar a García o a Bermúdez para reivindicar su honor.

José Francisco Bermúdez, por Felipe Franco

4. El 15 de diciembre de 1831 García invita a Bermúdez a su buque y en la noche el general regresa a la ciudad, “algo alterado por las libaciones de costumbre, a las cuales tanto él como García era bien afectos”, según Vallenilla Lanz. Uno de los ayudantes de Bermúdez “le metió un chisme contra el comandante Carrera”: el general insistió en ir a su casa, y lo hizo con fuete en mano.

5. En la casa se encontraban Carrera y Berrizbeitia. El primero se escondió en el fondo de la galería, mientras que el segundo, con una pistola, disparó a quemarropa a Bermúdez. “Le hirió en la mitad del pecho y le derribó muerto en tierra. Una de las bellotas del dormán que portaba se introdujo detrás de la homicida bala y casi cerró el agujero, lo que impidió que fuese abundante la expulsión de sangre”.

6. Berrizbeitia fue condenado a diez años de presidio en el Castillo Libertador, en Puerto Cabello. En 1832, el general Francisco Carabaño y el comandante García, amigos del difunto Bermúdez, mandaban en la zona. Se prometió la libertad del preso por 30 onzas de oro, siendo recibido el fugado por un patrón de embarcación pescadora llamado Pedro Pablo Domínguez. Tenía una orden el pescador: matar a Berrizbeitia en venganza por el asesinato de Bermúdez. Domínguez, acompañado de dos sujetos más, terminaron con la vida del joven.

Tomado de:

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viernes, 15 de diciembre de 2023

La Batalla de Ayacucho, por el general Héctor Bencomo Barrios, por @LaHistoria200


El 6 de diciembre llegó el Ejército Unido a la pampa de Ayacucho, en las cercanías del pueblo de Quínua (Perú), donde el general Antonio José de Sucre lo distribuyó con el siguiente dispositivo: la división Córdoba* (4 batallones) en el ala derecha; la división La Mar (4 batallones) en la izquierda; la división Miller (2 regimientos de caballería) en el centro; como reserva, la división Lara (3 batallones), detrás del centro.

El 8 llegó al campo el ejército realista comandado por el general José de La Serna y se estableció en las faldas del cerro Condorcunca, frente a la línea formada por Sucre.

Antonio José de Sucre en Ayacucho

La división Valdés (4 batallones) en la derecha; la división Monet (5 batallones) en el centro; la división Villalobos (5 batallones) en el ala izquierda; la división Ferraz (caballería) entre las divisiones Monet y Villalobos; las 14 piezas de artillería, unas con las divisiones y otras emplazadas delante de la línea.

En la mañana del 9 de diciembre, los realistas iniciaron el ataque, cuando la división del general Jerónimo Valdés avanzó para desbordar el ala izquierda republicana, al tiempo que las divisiones de los generales Antonio Monet y Alejandro González Villalobos se adelantaban para lanzar su ataque contra el centro y derecha de Sucre, tan pronto como Valdés cumpliese su cometido.

Batalla de Ayacucho, Martín Tovar y Tovar

Esta maniobra fracasó gracias al contraataque de la reserva, en la izquierda. La acción siguiente de Sucre fue la orden para que Córdoba contraatacase los cuerpos de Monet y Villalobos, los cuales aún no habían entrado al ataque.

La división del general José María Córdoba cargó contra las unidades realistas, en proceso de despliegue en batalla, y el resultado fue una gran desorganización en estas unidades, seguida de la persecución que realizaron los batallones de Córdoba. Igual suerte corrió la caballería de La Serna cuando fue acometida por la caballería republicana.

Rendición española en Ayacucho, por Denis Auguste Marie Raffet

La reserva de Sucre intervino nuevamente, esta vez para reemplazar las unidades de Córdoba, hasta que los realistas, imposibilitados para sostener el combate por más tiempo, pidieron una capitulación.

Tomado de:

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sábado, 9 de diciembre de 2023

Pablo Morillo, por Baralt: “Era duro y cruel por sistema más que por inclinación”, por @LaHistoria200


Pablo Morillo representó la última esperanza real de España de mantener sus colonias americanas. La rebelión de Rafael del Riego en 1820, la resistencia patriota, las bajas en sus tropas y los efectos de una herida terrible en Semén, mermaron sus posibilidades en Venezuela.

Aunque llegó con la intención de ofrecer la amnistía a los republicanos, el levantamiento de Juan Bautista Arismendi en Margarita, luego que había depuesto las armas, hizo que Morillo optara por la vía militar en lugar de la diplomática.

En la Nueva Granada mandó a fusilar a cientos de patriotas, guerreando de nuevo en Venezuela hasta el Armisticio firmado con Simón Bolívar en noviembre de 1820.

El abrazo de Santa Ana entre Pablo Morillo y Simón Bolívar. Obra de Ivan Belsky

A continuación, leeremos a Rafael María Baralt describiendo a Morillo, en el Resumen de Historia de Venezuela publicado en 1841. El español había fallecido en Francia en 1837, a los 59 años de edad.

“Morillo era duro y cruel por sistema más que por inclinación: distinto de Morales, Puy, Antoñanzas y otros monstruos que figuran con fama infernal en los fastos coloniales, no estaba desprovisto de sentimientos generosos, y puede decirse que mató por precaución más que por ferocidad.

Pablo Morillo. Miniatura vía Archivos de la Historia.

Lo que le hacía mayormente temible era su profunda ignorancia en todas materias, y la necesidad en que se veía de oír los consejos de algunos perversos, sedientos de oro y sangre americana.

De estos el peor era el brigadier de marina don Pascual Enrile, su segundo en el ejército y jefe de su Estado Mayor; sujeto de buen entendimiento, pero cruel, rapaz y de torpes inclinaciones.

Pablo Morillo

Tenía Morillo, es verdad, dos cualidades que con frecuencia mancharon en sangre sus manos: una, la cólera de que se dejaba arrebatar fácilmente; otra, una suma desconfianza, rara por cierto en un hombre de genio franco y de un valor a toda prueba.

Más brillantes que sus dotes intelectuales y morales, eran sus dotes guerreras. En él no había la ciencia profunda que combina en el gabinete un vasto plan de campaña, ni la inteligencia rápida y luminosa que lo improvisa en el campo de batalla; pero sereno en el conflicto, enérgico y activo, mantenedor severo de la disciplina, y querido por el soldado, era no ya un general en jefe sobresaliente, pero sí un caudillo muy propio para la guerra americana, donde solo se obraba con pequeñas fuerzas”.

Tomado de:

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