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sábado, 5 de octubre de 2024

Una radiografía sociológica de Venezuela tras 25 años de chavismo / Santiago de Oviedo*/Latinoamérica21 @Latinoamerica21

  


El cuadro socio-demográfico de Venezuela, que se ha ido modificando en los últimos 25 años por la devastadora obra del chavismo, nos ayuda a entender el comportamiento de los venezolanos, incluyendo el destierro hacia España del presidente electo, Edmundo González Urrutia (EGU). Esta devastación ha producido varios fenómenos como el empobrecimiento de la clase media; la emigración de millones de venezolanos -muchos jóvenes- con el consiguiente envejecimiento de la población; el nacimiento de nuevos ricos al amparo de la corrupción; la dependencia creciente de los pobres del asistencialismo del gobierno; y el surgimiento de la clase militar como casta privilegiada.

Hagamos un poco de historia

El grueso de la oposición al chavismo desde que Hugo Chávez llegó a la presidencia en 1999 la compone la clase media. Todo empezó con aquel primer movimiento en 2001 bajo el lema “con mis hijos no te metas” contra la reforma de la educación. Siguió con el levantamiento de los empleados gerenciales de Pdvsa en 2002, quienes sufrieron despidos, persecución y humillaciones. Después con la derrota de Chávez en el referéndum constitucional de 2007 (“victoria de mierda”, la calificó el fallecido mandatario). Y continuó con los jóvenes que salieron a protestar en 2007 (año del cierre de la televisora RCTV) y 2017 contra las políticas de censura, hambre, y represivas de Maduro. La clase media se echó ese peso encima con su trágico saldo de asesinados, presos y exiliados.

Se estima que 8 millones de venezolanos han dejado el país (casi 27% de la población) desde que Chávez llegó al poder, con un aumento exponencial bajo el gobierno de Maduro. Las diferentes olas migratorias son el síntoma de un descontento generalizado que atraviesa a todos los grupos sociales.

El resultado electoral del 28J

Una mayoría de electores, harta de la pésima gestión de gobierno, la represión y la corrupción durante la nueva etapa del chavismo encabezada por Maduro votó por un cambio. El 29 de julio una primera reacción indicaba descontento ante lo que ya parecía un abierto fraude perpetrado por el Consejo Nacional Electoral (CNE). Provenientes de los barrios de Petare, la gran zona pobre del este de Caracas, los venezolanos más afectados caminaron por avenidas para protestar por el robo del resultado electoral.

En varias partes del país, jóvenes y no tan jóvenes tumbaron estatuas de Chávez y destruyeron pancartas gigantes con el rostro de Maduro. Miles fueron apresados y acusados de terrorismo e incitación al odio, entre ellos, cientos de menores de edad. Una veintena de personas perdieron la vida durante las protestas.

Después vinieron algunas concentraciones pacíficas convocadas por María Corina Machado (MCM) en Caracas y en algunas ciudades del interior del país. El régimen de Maduro desplegó a guardias nacionales y policías, y sacó a sus simpatizantes motorizados para impedir el paso de los protestaban. La campaña represiva ha seguido, ahora enfocada en apresar a dirigentes opositores.

En este clima de terror, las convocatorias de MCM ya no son tan masivas. En los barrios populares el sistema de control social a través del llamado “poder comunal” y los comités de alimentación CLAP que distribuyen comida subsidiada, ha tenido un impacto en la campaña de miedo. Los “sapos” (soplones) han estado muy activos acusando a vecinos que fueron testigos electorales y a quienes expresan descontento por el fraude.

La “normalidad” bajo Maduro

La mermada clase media, que todavía representa el corazón de la débil protesta contra el robo electoral, tiene que volver a sus labores para sobrevivir. Otros piensan en salir del país, lo que ya se comienza a ver en las fronteras con Colombia y Brasil. El desgaste físico y psicológico ha sido brutal para quienes tenían esperanzas de que las presidenciales del 28 de julio abrirían las puertas a una transición democrática. Los pobres, más dependientes de los subsidios y dádivas del régimen de Maduro, y muchos más expuestos al sistema de delación y vigilancia de los comisarios chavistas, no tienen otra opción que ir pasando por el aro de la “normalidad”.

La base de consumo que soporta la actividad económica depende mucho de varios factores que se han ido instalando bajo el amparo y los intereses de personas cercanas al régimen y sus cómplices. No hay que olvidar el papel de la legitimación de capitales en la economía venezolana. Si bien no es posible cuantificarlo -pues ese dinero no pasa por los controles fiscales-, es obvio que muchos comercios y servicios funcionan como lavadoras de dinero proveniente de la corrupción y del delito (tráfico de droga, venta ilegal de oro, tráfico de personas, entre otros).

Una clase de nuevos ricos, asociados directa e indirectamente con el estamento político-militar dominante, invierte y consume en un país que se ha convertido en un coto cerrado del que no pueden salir sin ponerse a riesgo de ser arrestados por sus vínculos con el crimen y las violaciones de derechos humanos.

Por otro lado, ha surgido una nueva clase media, compuesta de funcionarios medios del aparato burocrático chavista en un contexto donde el Estado se ha convertido en el principal empleador del país. Allí se encuentra el núcleo duro del apoyo a Maduro en las recientes elecciones (parte del 30% de los votos que obtuvo). Aunque sus salarios no son altos, sus posiciones en el enjambre “revolucionario” les da acceso a las migajas que dejan los grandes negocios que se hacen al amparo de los jerarcas del gobierno. A su manera y con sus posibilidades, esta clase media emergente también contribuye a la apariencia de una normalidad económica.

jueves, 8 de octubre de 2015

Sobre Corrupción, @carlosvilchezn



Por Carlos Vilchez Navamuel, 07/10/2015

La palabra corrupción es cada día más utilizada en los medios de comunicación y entre los ciudadanos, pensamos que hay tanta corrupción en el planeta que nuestra impresión es que toda actividad humana está contaminada de esta acción como veremos de seguido.

El DRAE define la palabra corrupción en su primera acepción así: Acción y efecto de corromper, lo que significa alterar y trastrocar la forma de algo,  echar a perder, depravar, dañar, pudrir. Sobornar a alguien con dádivas o de otra manera. Pervertir o seducir a alguien. Estragar, viciar. Corromper las costumbres, el habla, la literatura. Como ven, con esta definición nadie se salva.

martes, 22 de septiembre de 2015

América Latina, en el umbral de perder el lustro 2015-2019, @jesusalexis2020



Por Jesús Alexis González, 21/09/2015

América Latina, se encuentra en una situación parecida (pero más devastadora) a la denominada “década perdida 1980-1990” lapso durante el cual no hubo crecimiento económico , al tiempo de mostrar un deterioro de los principales indicadores económicos internos tal como que en 1983 disminuyó el PIB en un 2,8%, empeoró el paro económico, se aceleró el ritmo de la inflación hasta un 66%, el producto por habitante cayó algo más del 9% con respecto a 1980 haciéndose equivalente al alcanzado ¡en 1977! con obvio efecto sobre el retroceso del nivel de vida al disminuir el ingreso nacional por habitante en un 12%, mientras que la entrada de capitales aumentó solo un 7% mucho menor al 23% registrado en promedio entre 1978-1981. Es de resaltar, que la significativa disminución de los flujos financieros a la luz de la caída vertical del ingreso neto de capitales (aunado a la recesión internacional) que empezó a disminuir en 1979 y seacentuó durante 1982-83, propiciando el impago de la deuda externa habida cuenta que hasta 1981 estuvo recibiendo un volumen de capitales que excedía ampliamente a la suma de amortizaciones de capital e intereses, lo cual permitía pagar el servicio de su deuda mediante los nuevos préstamos e inversiones recibidas.

En la América Latina del presente, el Estado empresario que aupado por la tendencia creciente del precio de las materias primas y por la “bondad” (¿?) de las instituciones financieras mundiales se permitió imponer un populismo donde el crecimiento económico fue posible gracias a un creciente gasto publico impulsado por una irracional política monetaria,se encuentra en entredicho so pena de revivir la indeseable década perdida antes referenciada. Las perspectivas de crecimiento de la economía Latinoamericana reflejan un retraso, siendo que en  este  2015 se estima crecerá  un ¡0,4%! y  apenas un ¡1,9% en 2016 con evidente  caída del PIB ; todo elloapuntalado por los efectos asimétricos inducidos por el descenso en precio del petróleo,   y a unos 4 años previos de desaceleración de la demanda interna,   menor demanda externa, endurecimiento del mercado financiero internacional, cuentas fiscales deficitaria, altas tasas de inflación, moderado crecimiento de EEUU (motor del crecimiento de la economía mundial) de un 2,7% en 2015 y un 2,8% en 2016, y muy especialmente por la ralentización  de la economía China; o lo que es lo mismo el  crecimiento económico chino se volverá más lento y se desarrollará con menor rapidez al reducir su velocidad.

La economía China, se estima crecerá en 2015 un 6,8% (en el I Semestre  creció un 6,3%) frente a un 7,4% en 2014 (el peor desde 1990), y en un¡6%! durante el lustro 2015-2019 siempre y cuando se acometan reformas estructurales para apuntalar el sistema de mercado como opción obligante para procurar un crecimiento económico sostenido en el futuro hasta llegar a depender menos de las exportaciones emanadas de su “fabrica global”; motivadas dichas reformas  luego de transitar por un terremoto bursátil que bajó la actividad en un 40% desde mediados de junio provocando pérdidas que superan 5,6 billones de dólares; y por una devaluación de la moneda en un 4,6% con respecto al dólar como una estrategia para mejorar la competitividad del país en el exterior. Resulta una perogrullada señalar, que la desaceleración de la economía China  al agotarse el modelo de apertura  impuesto hace 40 años en conjunto con una actual inestabilidad económica que obligó a una participación de las autoridades monetarias en agosto 2015 por unos 93.900 millones de dólares de sus reservas internacionales, tendrá repercusiones muy negativas sobre las economías emergentes básicamente en lo que respecta a sus exportaciones de materia prima que se han hundido por la reducción de la demanda asiática, al flujo de capitales que prácticamente se ha detenido desde agosto 2015, al  mercado laboral y al “adelgazamiento” del fondo de financiamiento del imperio chino; en un contexto global que según la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) entre 1990 y 2000 los países emergentes aumentaron de 12 a 65 y se estimaba que para el 2030 aportarían el 57% del PIB mundial. Tal  acontecer, inducirá devaluaciones persistentes de su moneda con el propósito de intentar mantener su espacio en el comercio internacional; mientras que desde un ángulo complementario se infiere que los países emergentes petroleros  serán los que mayormente verán decrecer el porcentaje del PIB como Venezuela con un -6,1% en 2015 y -3,1% en 2016 (onceavo productor con unos 2.623 millones de b/d), como Brasil con -1,4% en 2015 y 1,0% en 2016 (treceavo productor con unos 2.114 millones de b/d) y como Rusia con un -3,3% en 2015 y un -0,3% en 2016 (segundo productor con unos 10.788 millones de b/d).

En fin, la especulación prospectiva sobre el devenir económico en el lustro 2015-2019 es suficiente razón para que los Gobiernos instrumenten de inmediato medidas de ajuste para enfrentar  la vulnerabilidad económica con especial énfasis en el desequilibrio macroeconómico; en caso contrario se hará necesaria la presión de la Sociedad Civil para evitar que se destruya el orden institucional,  para que, como señaló M. Gandhi, en un futuro cercano al mirar a nuestros hijos a los ojos no tengamos que decirles que viven así porque no nos animamos a pelear.


Economista Jesús Alexis González 
@jesusalexis2020