Por Golcar Rojas, 19/04/2017
La noche del 18 dormí poco -casi nada- y mal. Pero, con ardor en los
ojos y aún medio embotado por la falta de sueño, me levanté a las ocho de la
mañana, saqué a pasear a las perras, desayuné y me vestí para salir a la marcha
convocacada para todas las ciudades del país.
Una franela blanca manga larga y con capucha, una gorra, un short,
zapatos cómodos, un rosario al cuello y un pote de agua con hielo. Ya a las
nueve y pico llegaba a la Plaza de la República, lugar de concentración en
Maracaibo para caminar hasta la Defensoría del Pueblo en el centro de
Maracaibo.
El calor y la humedad eran sofocantes. Ya desde antes de arrancar a
caminar, la franela y el pelo estaban empapados de sudor. La gente iba llegando
por montones. En pocos minutos la zona estaba a tope de manifestantes y cerca
de las diez empezamos a andar.
