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miércoles, 18 de septiembre de 2024

Es la hora de despertar / Antonio Pérez Esclarín @antonioperezesclarin

 


La larga y muy compleja crisis humanitaria que sufrimos debería impulsarnos a alimentar el espíritu de la reconciliación y del amor sincero a Venezuela y a los hermanos que tanto sufren, y dejar de un lado los enfrentamientos, la soberbia, el odio y el autoritarismo. ¡Basta ya de pugnas estériles, de actitudes arrogantes y de egoísmos destructores! ¡Es la hora de arrancar la política de la ideología y ponerla al servicio de una vida digna para todos! Para ello, hay que recuperar la ética y el valor para cambiar de rumbo y no seguir con prácticas y actitudes que nos siguen llevando al despeñadero. Es la hora de sustituir discursos por acciones, de derrotar la retórica con servicio y con trabajo eficiente, orientado a resolver nuestros gravísimos problemas...Es la hora de volver a la Constitución y cimentar sobre ella discursos, acciones y propuestas. Es la hora de pensar en Venezuela, de superar nuestras visiones mediocres, interesadas y egoístas y de abocarnos todos a combatir con valor el hambre, la miseria, la inseguridad, la impunidad, los pésimos servicios, el miedo, la resignación y la desconfianza. Es la hora de que fortalezcamos entre todos los dos pilares del progreso y la dignidad humana que hoy languidecen: la salud y la educación: el derecho a la vida y el derecho a un conocimiento profundo capaz de impulsar una economía próspera, al servicio del desarrollo humano. Es la hora de fomentar la imaginación creativa, la crítica y autocrítica, de superar el miedo, el fatalismo, la resignación y el individualismo para gestar la nueva Venezuela. Es la hora de recuperar la política, como modo de convivencia en la diversidad y de búsqueda del bien común. Es por ello, también. la hora de los auténticos políticos, con vocación de servicio, verdaderos estadistas, acérrimos defensores de los derechos humanos, intolerantes con la corrupción, cercanos a la gente, capaces de compartir su vida y sus problemas. Por ello, es la hora de dejar a un lado y para siempre a los politiqueros arribistas y corruptos, charlatanes y mentirosos, que utilizan el poder para lucrarse. Es también la hora de empresarios honestos, emprendedores, dispuestos a asumir riesgos por salvar a Venezuela, y que entienden que la economía debe estar al servicio de la vida y de todas las personas.

 En breve, necesitamos todos despertar el alma, aprender a mirar nuestras vidas, mirar el país y mirar a nuestros conciudadanos, sin importar su ideología, raza, religión, cultura, con ojos nuevos, cariñosos y compasivos. Necesitamos despertar del sueño de nuestra inconsciencia y nuestro egoísmo individualista a la verdad de lo que somos, a la necesidad de cambiar de valores y de rumbo. Despertar al convencimiento de que no somos un país rico sino que tenemos un país quebrado y en ruinas. Para salir de esta crisis tan profunda, van a hacer falta muchos sacrificios y esfuerzos, y el convencimiento de que no podemos seguir enfrentados ni caminar aislados, que necesitamos unir nuestras fuerzas y recuperar la política como espacio para el diálogo y la negociación. Despertar a la sencillez, la verdad, la humildad y la solidaridad; a la necesidad de una vida más humana y más justa para todos.

Un hombre verdaderamente libre como el Dalai Lama nos dice: “Estamos en este planeta como de visita. A lo más, durante 90 o cien años. Durante ese período, debemos tratar de hacer algo bueno y útil, debemos tratar de alcanzar la paz con nosotros mismos y ayudar a otros a compartir dicha paz. Si logramos contribuir a la felicidad de los demás, habremos encontrado la meta verdadera, el sentido de la vida”.

pesclarin@gmail.com

www.antonioperezesclarin.com

https://www.eluniversal.com/el-universal/190959/es-la-hora-de-despertar

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miércoles, 11 de septiembre de 2024

Vivir como un regalo para los demás / Antonio Pérez Esclarín @antonioperezesclarin

 


Posiblemente, todos hemos oído estos versos del poeta hindú Tagore:

Yo dormía

y soñaba que la vida era alegría.

Desperté y comprendí que la vida era servicio.

Serví y encontré la alegría.

Ciertamente, la puerta a la felicidad nunca la abre el rencor, la envidia, los celos, la violencia, la maldad. La abren la amabilidad, el esfuerzo, la honestidad, la solidaridad, el servicio. No somos Tagore, pero a lo largo del día y de la vida nos encontramos con otras personas, cercanas o lejanas, y podemos hacer que, cuando se alejen de nosotros, se vayan más ilusionadas o más pesimistas, más seguras o más confundidas, más amables o más violentas.

Si servir es un privilegio, pues “hay más alegría en dar que en recibir”, aprovecha las oportunidades de servir que te ofrece la vida y da gracias por ellas. Acepta también agradecido lo mucho que recibes de los demás y trata de responderles con generosidad. Es lo que hacía Albert Einstein que llegó a escribir: “Cien veces al día recuerdo que mi vida interior y exterior depende del trabajo que otros están haciendo ahora. Por eso, tengo

.que esforzarme para devolver por lo menos una parte de esta generosidad, y no puedo dejar ni un momento vacío”.

Atrévete a vivir preocupándote por los demás, ocupándote de ellos, regalando sonrisas, saludos, palabras cariñosas y amables, sembrando vida, esperanzas, acercando corazones. Vive cada día como un regalo para los demás en los mil pequeños detalles que nos ofrece la vida. Sé amable, escucha intensamente, interésate en las cosas de tus familiares, compañeros y vecinos, felicítales por sus éxitos y logros, acompáñales y tiéndeles la mano en sus problemas. Cuando veas que alguien (chofer, cocinera, empleado, obrero…,) hace bien las cosas, felicítalo aunque no lo conozcas. Vive alegre y alegra, pues en el mundo hay demasiada tristeza, dolor y soledad. Haz que la gente se sienta valorada y querida. Evita toda palabra ofensiva. No permitas que la rabia, el desamor o la violencia de otros te arrebaten la alegría y la paz del corazón. Derrota la agresividad y la violencia con dulzura y amabilidad.

Tal vez sea oportuno recordar la historia de aquel jefe indio que le contaba a su nieto que sentía que dentro de su corazón habitaban dos lobos, uno amable y servicial, y el otro egoísta y violento, que se la pasaban siempre peleando. Cuando el nieto le preguntó cuál de los dos ganaría la pelea, el anciano le respondió con una amplia sonrisa: “Aquel al que yo alimente”. Podemos alimentar nuestra amabilidad o nuestro egoísmo, nuestro perdón o nuestro rencor, nuestra esperanza o nuestra desesperanza. Pero, para ello, debemos comenzar aceptando que dentro de nosotros habitan dos lobos, un lado positivo y un lado negativo, y que ganará el que alimentemos: si alimentas el egoísmo, actuarás con egoísmo y sembrarás dolor; si alimentas la generosidad, actuarás con generosidad y recogerás alegría, pues cada uno cosecha lo que siembra. Todos podemos llevar una vida rastrera, sin ideales ni metas, dedicados a sembrar dolor y malestar, o podemos levantarnos de nuestro egoísmo y comodidad para emprender el vuelo de una vida libre, servicial y generosa.. Todos tenemos una misión en la vida que debemos esforzarnos por conocer y realizar. Todos somos instrumentos de Dios que nos necesita para cumplir en este mundo su proyecto de amor.

Para ello, debemos fortalecer nuestra voluntad y nuestro carácter. De la comodidad, la flojera, la rutina, las quejas o la autoconmiseracíón no suele salir nada valioso o importante.

pesclarin@gmail.com

www.antonioperezesclarin.com

https://www.eluniversal.com/el-universal/190424/vivir-como-un-regalo-para-los-demas

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miércoles, 30 de agosto de 2023

La vida como don, tarea y aventura / Antonio Pérez Esclarín @pesclarin

 


En un mundo que nos invita al individualismo como medio para alcanzar la plenitud; que canibaliza nuestras relaciones e impone el darwinismo social y la sobrevivencia de los más fuertes, inescrupulosos o inmorales; que considera la violencia un medio eficaz de resolver los conflictos y fomenta los enfrentamientos y las guerras; que pretende degradar a los ciudadanos a meros consumidores o clientes; el objetivo esencial de todos los programas educativos debe ser la formación de personas libres, respetuosas y honestas, y de ciudadanos productivos, solidarios y comprometidos con el bien común..

Como ya lo afirmaron los filósofos griegos, el objetivo de la educación debe ser el conocimiento y valoración de sí mismo. Hoy todo nos invita a vivir ajenos a nosotros, nos incapacita para adentrarnos en nuestra interioridad y escuchar las voces calladas de nuestra conciencia.

La vida es un don que se nos regaló por puro amor, pero es también una tarea y deberíamos hacer de ella una aventura apasionante. Nos dieron la vida, sin pedirla ni merecerla, pero no nos la dieron hecha. Nos toca a nosotros vivir nuestras vidas de un modo consciente y responsable, para desarrollar nuestros talentos y potencialidades. Los seres humanos siempre somos seres inacabados, proyectos inconclusos, que estamos en posibilidad de cambiar, de crecer, de ser cada vez más amables, más creativos, más serviciales, pero también más insensibles e inhumanos. Lamentablemente, hoy son muy pocos los que se plantean cómo vivir y todavía son menos los que saben hacerlo. La mayoría vive de un modo rutinario, sin preguntas, sin atreverse a asomarse al misterio de sus vidas, sin tratar de labrar su propio camino. Hacen lo que todo el mundo hace o lo que les dicen que hay que hacer. Propiamente, no viven, son vividos por los demás: se dejan programar y moldear por una cultura que promueve la acumulación, la sumisión, la superficialidad, las apariencias. De hecho, muchos nacen, viven y mueren sin haber estrenado sus vidas.

La vida de toda persona necesita de un norte, de un itinerario, de un ideal. No puede ser una sucesión de días iguales y sin dirección. Cada persona ha de esforzarse en darle sentido a su vida proponiéndose proyectos y metas que merezcan la pena y le levanten de la resignación, la superficialidad y el vacío. Para plantearse con valor qué hacer con la vida y vivirla de un modo consciente, para tomar las riendas y ser dueños de ella, es necesario tener el valor de responderse con sinceridad algunas preguntas claves: ¿Quién soy yo? ¿Cómo enfrento y vivo mi vida? ¿Cuáles son las cosas que más aprecio y valoro? ¿Cómo me gustaría ser? ¿Cómo son las personas que más admiro y quiero? ¿En qué debo mejorar y cambiar? ¿El país y el mundo serían mejores o peores si todos fueran como yo? ¿Qué huellas voy a dejar en la vida? ¿Cómo voy a ser recordado cuando muera?

viernes, 2 de julio de 2021

China: Abuelita, ¿por qué te volviste comunista? Por @dw_espanol

Por Mu Cui

Mi abuela cumplió 90 años, solo diez menos que el Partido Comunista de China. La familia se los celebró en Shanghai. Debido a la pandemia, yo solo la pude llamar. Pero aproveché para preguntarle: "¿Cómo se te ocurrió unirte a una organización comunista entonces prohibida y clandestina en 1948?"

Yo conocía muy bien la historia de mi abuela y mi familia. Pero esos locos y azarosos tiempos de Mao siempre me interesaron más. Mis abuelos sufrieron mucho durante el periodo más tenebroso del Partido Comunista Chino. Pero, ¿por qué una colegiala de 17 años se hizo comunista incluso antes de que el partido llegara al poder en 1949?  Le pregunto ahora.

"Mi profesora era comunista y nos llevaba por los barrios bajos de Shanghai. Así conocimos la flagrante desigualdad social que reinaba en China. Los pobres apenas podían enviar a sus hijos a la escuela, y si lo hacían, no tenían suficiente para el almuerzo", cuenta mi abuela.

Promesas de democracia, libertad y prosperidad

¿Creías que el PCC podía acabar con esa miseria? "Claro. Nos decían que los comunistas estaban ahí para los pobres. Así que empecé a llevar un poco más de comida a la escuela para poder compartirla con mis compañeros. Más tarde, convencí incluso a mis padres para que ofrecieran trabajo a los padres de un compañero de clase que tenía problemas".