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jueves, 24 de junio de 2010

Una nueva estrategia para una victoria de verdad


Por Radar de Los Barrios

Chávez quiere un país en el que los pobres tengan misiones; La oposición convencional quiere que los pobres tengan misiones sin tener que ponerse una franela roja; A diferencia de ambos, la alternativa democrática que es necesario construir debe procurar la existencia de un país en el que no haya pobres, un país en el que “los ricos” sean el pueblo y el individuo, no el gobierno y el Estado…

Construir la fuerza social y política necesaria para enfrentar y vencer al proyecto totalitario tiene como punto de partida la certeza de que al totalitarismo no se le vence en su lógica, sino oponiéndole una lógica radicalmente distinta. Si en aras de la “eficacia política” terminamos asumiendo la lógica del totalitarismo, es decir, si para “derrotar a Chávez” terminamos asumiendo que “necesitamos ser tan compactos como el chavismo, tan disciplinados como el chavismo, tan repetidores de consignas como el chavismo” y -sobre todo- “tan obedientes al cogollo como el chavismo”, entonces el desenlace será inevitable: Frente al proyecto totalitario no seremos alternativa sino copia, y no deberá extrañarnos entonces que, ante la disyuntiva de tener que elegir entre un original y una copia, el pueblo siempre opte por el original…

SI SE HACE LO MISMO, RESULTA LO MISMO…
Esta no es, por cierto, una disquisición “ideológica” o “esotérica”. NO. En realidad es un problema político mayor, pues tras definir cual lógica enmarca nuestro accionar, esta a su vez será determinante a la hora de definir objetivos, estrategias y actividades. Pongamos un ejemplo concreto: Como vimos la semana pasada, la lógica inherente al proyecto totalitario lo lleva a establecer los siguientes objetivos: 1) Cohesionar el tercio del país que sigue al Presidente; 2) Desmoralizar al tercio de país opositor y 3) Paralizar al tercio “ni-ni”, a fin de que la contienda electoral del 26 de Septiembre sea una “competencia de maquinarias” que resulte un triunfo fácil para la maquinaria del Estado, colocada al servicio de la parcialidad pesuvista. Si los sectores que se oponen al proyecto totalitario asumen la lógica de éste, entonces sus objetivos serían simétricos e inversos: 1) Cohesionar al tercio de país opositor, 2) Desmoralizar al tercio de país chavista y 3) Buscar que el tercio “ni-ni” deje de serlo, aunque para ello haya que irrespetar su propia existencia, diciendo cosas como “ser ni-ni en estas circunstancias es ser cómplice del tirano”, y otras “delicadezas” por el estilo...

Para nosotros, desde nuestro diario trabajo en los sectores populares, es claro que conductas definidas por la búsqueda de objetivos como esos, expresos o implícitos en cierta forma de “hacer política”, están condenados al fracaso. Por eso es que los resultados de recientes encuestas no nos han sorprendido…

Efectivamente, no nos han sorprendido pero tampoco nos han mortificado los resultados de algunos sondeos, reveladores de que el Presidente de la República habría experimentado un repunte, tan modesto como inestable. No nos sorprende porque si Chávez es el único que esta en el escenario, entonces por deficiente que sea su desempeño siempre estará ganando. La famosa “estrategia” de “Chávez contra Chávez” termina siempre en que el único ganador posible… ¡Es Chávez! En eso concluyen todos esos pretextos como el “silencio estratégico” y otros excusas.

DOBLE RUPTURA, DOBLE ACEPTACIÓN…
Pero tampoco nos mortifica porque una situación como esta puede y debe ser detonante de un nuevo dato en la política venezolana: la necesaria doble ruptura, entendida como la decisión de buena parte de la ciudadanía por romper tanto con los objetivos y las prácticas del proyecto totalitario como con la inercia de la vieja política, esa que cree que la sociedad terminará aceptando la restauración del pasado por la peregrina tesis de que “esto es lo que hay”. Esta doble ruptura no es un “espasmo”, ni una “contracción”, consecuencia de la desesperanza o de la “arrechera”. Es, por el contrario, una conducta serena, producto del aprendizaje de 11 años de lucha. Es esa doble ruptura la actitud que nos permitirá llegar a una doble aceptación: la de que nuestro país debe asumir la democracia como armazón institucional y como forma de vida, y también la aceptación de que el compromiso por alcanzar una sociedad de bienestar, una sociedad sin pobreza, es el objetivo que debe galvanizar todas las energías y recursos del país por al menos las siguientes dos generaciones.

Si usamos la lógica “RR-AA” (doble ruptura, doble aceptación) entonces los objetivos del país alternativo ante la contienda del 26-9 podrían ser: 1) Lograr que quienes integran el tercio de país no chavista recuperen su poder como ciudadanos, superando la paralizante dependencia de un -por ahora inexistente- “centro de dirección política” y asumiendo la responsabilidad de ser convocantes en vez de convocados a iniciativas de distinta escala y magnitud, que expresen siempre el compromiso de luchar por una Venezuela que en lo político sea DEMOCRATICA Y CIVILISTA y en lo social se caracterice por ser INCLUYENTE Y SOLIDARIA; 2) Promover la comunicación intensa y no prejuiciada con el tercio de país que aun cree en el liderazgo del Presidente de la República, respetando su esperanza y acompañándolo en el proceso de contrastar las ofertas que ese liderazgo hace con las realidades que ese liderazgo permite y promueve; 3) Reconocer la legitimidad de la existencia del tercio de país que toma distancia por igual de los extremos de la actual dinámica polarizada (los mal llamados “ni-nis”), aprender tanto de lo que reconocen como de lo que critican a los actores de la ya agotada polarización y promover procesos, situaciones y jornadas de luchas concretas en las que se pueda avanzar en la conquista del bien común por encima del divisionismo ideológico.

JUNTOS PERO NO REVUELTOS
Siendo esta la nueva lógica y estos los nuevos objetivos, la igualmente nueva estrategia sería ya no “vencer EN la polarización” sino vencer LA polarización. Esta estrategia determinaría la construcción de un discurso no sólo electoral, sino además político y social. Un discurso de alegría, de rescate y promoción de lo mejor que somos. Un discurso que supere la búsqueda de “culpables” y se concentre en la búsqueda de soluciones. Un discurso que en vez de establecer quien es peor, promueva el reconocimiento a los mejores. Un discurso, en fin, para cuya construcción en vez de escoger los “issues”, cuestiones o puntos a partir de lo que digan las encuestas, se establezca primero que principios y valores se desea promover, y se asuma que los temas del discurso son apenas pretextos para la pedagogía política sobre esos principios y valores.

La buena noticia es que esta lógica, estos objetivos y esta estrategia pueden ser asumidas por la ciudadanía democrática independientemente de que coincidan o no con la “estrategia electoral” de la oposición convencional. Convencidos como estamos de que en estos momentos el adversario principal de la vida en libertad es el proyecto totalitario, resulta obvio que los ciudadanos demócratas votaremos y llamaremos a votar por los candidatos de la alianza de partidos opositores, y ese en definitiva es el propósito de la campaña que tal alianza desarrollará, cuando por fin arranque. Pero que los ciudadanos asumamos desde ya esta lógica de la doble ruptura y la doble aceptación permitirá que en el futuro inmediato no sigamos votando por lo menos malo sino que votemos y llamemos a votar por lo mejor, y que podamos conquistar al resto de los compatriotas no sólo para decirle “NO” a un caudillo, sino para decirle “SI” a una nueva y factible esperanza: La de una Venezuela donde nadie "niegue" a nadie, donde se recoja y reivindique lo mejor que somos como país, independientemente de "a quien se le haya ocurrido"; Una Venezuela donde el petróleo se siembre en la gente, y -como dijimos al principio de este trabajo- “los ricos” sean el pueblo y el individuo, no el gobierno y el Estado.

Publicado por:

Radar de Los Barrios

Sigue al Chuo Torrealba en twitter: @radardebarrios

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