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miércoles, 15 de febrero de 2017

Cómo vamos a sobrevivir por @RobertoPatino


Por Roberto Patiño


La crisis alimentaria ya no es indiferente a ninguno de los venezolanos y nos afecta a todos en lo más profundo. El informe al respecto de Caritas, la organización católica internacional, con larga experiencia en la realización de estudios sobre la pobreza, publicaba la semana pasada lo que a ojos vista se vive en el país: personas que se ven forzadas a “comer en la calle”, el terrible eufemismo para hablar de la búsqueda, en contenedores de basura en supermercados y restaurantes, para encontrar algún tipo de alimento. El aumento de casos de desnutrición y enfermedades relacionadas. La orientación a la dependencia del Estado y el escaso alcance para atender la magnitud de la emergencia de la iniciativa gubernamental CLAPs .

Las consecuencias de esta crisis se presentan en diferentes formas. Unas descarnadas y terribles: los micro-saqueos y los crímenes por hambre, cuyo exponente más dantesco se vio en un sonado caso hace unos días: un hombre asesinó a su hermano por negarle un trozo de pan con mantequilla, comida que la víctima reservaba para alimentar a sus hijos.

Otras expresiones muestran lo mejor de nosotros, nuestra fibra más humana, que es sacudida frente a los padecimientos que vemos en nuestros familiares, amigos y vecinos, y nos lleva a actuar positivamente para transformar la situación: las iniciativas particulares, espontáneas, que se han producido en los últimos meses en las que personas dan comida a los venezolanos en situación de riesgo en calles, hospitales públicos y sectores de la ciudad.

Lo hemos vivido personalmente, con el apoyo continuo (en insumos, fondos y voluntariado) recibido con el plan de Alimenta la Solidaridad.  En días recientes, a la salida de un programa radial donde informábamos al respecto, recibimos la llamada de un señor que se comunicaba desde el estado Lara. Conmovido, nos decía que donaba parte de su pensión porque sencillamente él aún podía conseguir alimentos para mantenerse y “no podía vivir” sabiendo que los niños pasaban hambre.


No puede negarse la responsabilidad de Gobierno y Estado en la crisis. El régimen madurista no ha establecido puentes y ni se ha articulado en redes con otros sectores del país para abordar la situación. Muy por el contrario, ha negado sistemáticamente el reconocimiento del problema, culpado a innumerables enemigos internos y externos e impulsado iniciativas sectarias e ineficientes como los CLAPs. Ha aprovechado el problema que él mismo ha creado, escudándose en un falso discurso de atención a los pobres y lucha contra el acaparamiento. Poniendo en función mecanismos para controlar y someter a los venezolanos como el Carnet de la Patria, humilla y juega inmoralmente con las necesidades de las personas, amenazando con dejar sin alimentos, prestaciones sociales y opciones de vivienda a quienes no se inscriban en ella.

¿Cómo sobreviviremos a la crisis?

El régimen madurista apuesta a lo peor del ser humano, a explotar descarada e indignantemente los problemas. A la normalización del empobrecimiento, el hambre y la violencia para continuar un proceso de afianzamiento de su Estado dictatorial.

Para nosotros existe la certeza de que hay que reconocer los problemas y actuar en la organización y articulación de las personas. En apelar a lo mejor de nosotros para reconstruir la convivencia y generar cambios (sociales, económicos y políticos) para transformar la realidad.

Esto lo ha experimentado el mismo Nicolás Maduro en carne propia. Hace unos días en el programa “En Contacto con Maduro”,  la estudiante de 16 años DulbiTabarquino, solicitó ayuda para su liceo y evidenció la terrible situación que se vive en muchas escuelas del país, donde los alumnos se desmayan en las aulas por no haber comido, y los programas de comedores escolares, de grandísima importancia para las familias, han sido abandonados por el Gobierno. Dulbi también dio una lección de liderazgo y valentía. Hizo un reclamo respetuoso y articulado. Y no individual, sino en nombre de sus compañeros, su colegio, el Benito Canónico, y su comunidad.

Las respuestas que dio Nicolás Maduro a sus solicitudes, fueron vacíos llamados a la manifestación y torpes afirmaciones de desconocimiento, que evidenciaron las bases de irresponsabilidad y de mentira que cimientan su supuesta  autoridad.

¿Cómo sobreviviremos a la crisis? Como Dulbi, una muchacha que a sus 16 años apenas termina el  bachillerato y tiene el valor, la responsabilidad y el sentido de oportunidad de reclamar al presidente la ayuda y atención que el Estado debe al grave problema que afecta a su comunidad. Una muchacha que es la voz de un grupo unido, que se manifiesta y articula en función de sus necesidades comunes.

¿Cómo sobreviviremos a la crisis? Sin ser indiferentes. No solo frente a la situación y los padecimientos de los demás, sino también frente al reconocimiento del valor que tienen nuestros actos para transformar esta dura realidad que estamos viviendo.

Coordinador de Movimiento Mi Convive

Miembro de Primero Justicia

13-02-17