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sábado, 4 de febrero de 2017

Valores dignidad y carnet por @perroalzao


Por Arnaldo Esté


Escribo en el marco de una crisis general con un gobierno autoritario y dictatorial que pretende hacer todo, sea legal o ilegal, para conservarse en el poder.

Hay una ruptura ética en crecimiento. La ética se refiere a los valores y los valores son los grandes referentes para las decisiones y proyectos de vida. Más grave que el hambre, que ya es bastante, es la pérdida de sí mismo, el propio extravío que le quita el sentido a todo gesto, a toda vida.

Venezuela ha seguido un proceso de maceración ético-cultural ecológico, de conjunción de valores en un cierto espacio que implica grandes esfuerzos de creación y producción. Pero ahora el gobierno se enfrenta al país sustituyendo, otra vez, creación y producción por limosnas proselitistas carnetizadas.

Los síntomas y dolencias son inocultables, tan así, que llevan a ser documentadas. El carnet de la patria es un certificado de agotamiento.

La matrícula en educación media y superior, por primera vez en la historia cae. Profesores y estudiantes huyen.

Uno se la pasa estudiando y proponiendo calidad educativa, pero mucho más fuerte que esas propuestas es el desgano, esa desintegración ética, esa desesperanza.


El gobierno triunfa, el país está derrotado, con daños duraderos. Tan así que refuerza la imagen del gendarme necesario: al ser improductivo e infértil hay que someterse a un caudillo. Hay un millar de generales velando esa necesidad.

En nuestras propuestas educativas ponemos énfasis en la formación, precisando que la formación atiende al logro y establecimiento de valores y competencias: formarse en una cultura, la que a la vez se profundiza con el arraigo y ejercicio de esos valores y competencias.

Las competencias van mucho más allá de lecciones y memorizaciones. Una competencia –pedagógicamente hablando– resulta de la convergencia en una persona o en un grupo de saberes y conocimientos, habilidades y destrezas, experiencias y actitudes para desempeñarse en un cierto contexto. Atiende, por tanto, a la eficacia y eficiencia de los aprendizajes, lo que supone una práctica, un hacer.

Pero el adecuado ejercicio de una competencia debe estar referido a valores, más aun a un sistema de valores, a una cultura, que es la que ha estado en maceración en Venezuela. Unos valores aún no establecidos y, por lo tanto, no expresados en instituciones. En esa débil condición se mete el santón con sus improvisaciones y pegostes mal digeridos de origen europeo, y, como si eso fuera poco, designa unos herederos eficientes en destrozos, como elefantes en cristalerías. Desfiles, disfraces, días feriados, nacimientos y renacimientos de la desplumada Pdvsa.


04-02-17