«¿Hace falta creer en algo? ¡En nada! Es el comienzo de la sabiduría».
Gustave Flaubert a George Sand, 1871.
Introducción a la Historia es un libro progresista. Y fue escrito desde la más grande honestidad intelectual. No existe en ninguna de sus páginas la pretensión de convencer a nadie. Introducción a la Historia no impone sino que propone.
Agotados por una época de verdades arrogantes; de ciencias militantes del cambio social que no cambiaron nada y si lo cambiaron fue para imponerse al lado de los nuevos explotadores: la propuesta del rector Lombardi es contraria a los universos unidimensionales.
Diríamos que se trata de una obra sólo apta para mentes abiertas en capacidad para el asombro y la reflexión crítica. El joven estudiante y el lector acucioso encontrarán una estimulante guía de aprendizajes sin etiquetas de por medio. Podrá descubrir a los autores clásicos y modernos más representativos de la ciencia histórica.
No hay en el autor ningún plan doctrinario preconcebido. Al contrario, bebe en todos los pozos y encuentra muchas virtudes en cada uno de ellos. Introducción a la Historia es tan fascinante porque el humanismo es una convicción que no merece ninguna promesa de fidelidad. Se asume y punto.
«Introducción a la Historia sin pretenderlo terminó siendo una antropología filosófica personal abrevada en la cultura contemporánea y sus raíces humanistas». Palabras textuales de su propio autor.
Introducción a la Historia tiene ya cinco reediciones: 1977, 1988, 1996, 2010 y ésta de 2023. Cada edición ha sido revisada, corregida y ampliada para ponerla a tono con el momento actual.
Su vigencia radica en sus muchos aportes en torno a la duda metódica y sobre las formas más idóneas de cómo pensar los intrincados problemas que conforman el vasto cuerpo de la ciencia histórica.
Encarar la docencia e investigación con un sentido de compromiso profesional gratificante, y hasta festivo, es una preocupación permanente en Introducción a la Historia. Este es un libro que se elaboró proponiendo debates y no soluciones.
Incluso, existen en el libro, las premisas sobre la imposibilidad de recuperar el pasado en el presente. Y que el epicentro del oficio del historiador son las hipótesis que nos conducen a certezas débiles y precarias. Por lo tanto, toda conclusión es provisional.
Ludwig Wittgenstein decía que como intelectual no se dejaba influir. El rector Lombardi hace otro tanto porque es un hombre de convicciones firmes y capaces de cambiarlas también si éstas han perdido vigencia y pertinencia.




