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sábado, 15 de junio de 2013

Contexto urbano

Miguel Méndez Rodulfo Caracas 14 de junio de 2013

Corría el año 1974 y un recién electo alcalde de una ciudad intermedia de un país suramericano, se proponía convertir la más importante arteria comercial de la ciudad en un boulevard, donde los peatones reinaran y los automóviles tendrían el paso vedado. La idea tropezó con una gran resistencia de los comerciantes, de los dueños de vehículos, de los residentes de la zona y en general de la colectividad. Se argumentaron en contra desde razones económicas como que las ventas descenderían dramáticamente, sería más difícil la descarga de mercancía, la gente no accedería con facilidad a los negocios, etc. Los dueños de vehículos que estacionaban en la calle, tenían razones de sobra para oponerse, sobre todo en una ciudad que no ofrecía la opción de un buen servicio de transporte público. Semejantes razones argumentaban los residentes y la colectividad en general, se oponía por no poseer una referencia que les hiciera pensar que podía haber algo mejor que lo que existía.

Nuestro alcalde, terco como corresponde a una persona que va tras un sueño, ideó un plan ingenioso. Esperó hasta las 4 de la tarde de un viernes, después que habían cerrado las oficinas públicas y sobre todo los tribunales, para soltar sobre la calle un ejército de obreros que con picos, palas, martillos hidráulicos y miles de matas. Entonces procedió a modificar las aceras, creó una isla peatonal en el medio y colocó plantas pequeñas en macetas y sembró otras más grandes de manera frenética desde esa hora hasta las 6 am del día lunes. En ese lapso los comerciantes y transeúntes observaron con estupor como cambiaba el paisaje urbano, pero mientras los primeros criticaban, los segundos se sentían complacidos. Lo cierto es que al iniciarse la jornada laboral el primer día de la semana, mucha gente acudió a ver los cambios efectuados y aprovechó para comprar, haciéndolo en mayor medida que lo correspondiente a otro lunes anterior. De inmediato el alcalde Jaime Lerner, de Curitiba, Brasil, implementó una serie de actividades para los niños y otras más de tipo cultural (tuvo que reponer por un tiempo las matas que la gente se llevaba, hasta que dejaron de hacerlo) que convencieron a los escépticos y consolidaron la idea del boulevard.

Lerner posteriormente pondría en marcha el mejor y más económico sistema de transporte público para la ciudad, precursor del Transmilenio de Bogotá y del Transantiago de Chile, así como cientos de kilómetros de carriles para bicicleta. El camino del alcalde de Curitiba lo siguió admirablemente el Alcalde de Bogotá Enrique Peñaloza, cuya labor transformó y embelleció a la capital de Colombia; sin embargo, algunas acciones suyas no siguieron el comportamiento respetuoso de la propiedad privada y del ciudadano que exhibió Lerner; en efecto en el año 2000, Peñaloza dictó una polémica expropiación de las canchas de polo del Country Club de Bogotá, bajo el argumento de hacer públicos unos terrenos de uso privado. Su sucesor en el cargo el Alcalde Moreno, desestimó la expropiación si el avalúo de los terrenos pasaba de 10.400 millones de pesos, “porque era mucho mejor invertir una cantidad semejante en hospitales y escuelas que en un parque”. Doce años después, una decisión del Tribunal Superior de Bogotá determinó que el monto a pagar alcanzaba la cifra de 202.000 millones de pesos. Está por verse si al alcalde Petro que hoy gobierna la ciudad puede pagar tal precio por un parque; si se desestima la acción, o si se van a realizar allí conjuntos residenciales, con lo cual la sombra del negociado rodearía la decisión de Peñaloza en el año 2000. Trece años después ni hay cancha de polo, ni hay parque para los ciudadanos. ¿Quién ganó?

Peñaloza estuvo recientemente en Caracas y lo primero que propuso en su declaración fue la expropiación del CCC. También se pronunció contra los estacionamientos, el uso de vehículos y en favor de los motorizados. Creo que no se paseó el ex Alcalde de Bogotá, porque en Venezuela la palabra expropiación es una mala palabra; tampoco consideró que decir que no hacen falta estacionamientos, le da la razón al gobierno cuando para la GMVV violó esta disposición contemplada en las ordenanzas municipales; omitió que no hay un sistema de transporte público que permita por ahora prescindir del carro y por último no consideró que los mototorizados circulan por la autopista violando la ley, frente a un gobierno permisivo.

 
Miguel Méndez Rodulfo
Caracas 14 de junio de 2013


sábado, 9 de febrero de 2013

Público Vs Privado


Por Miguel Méndez Rodulfo, 08/02/2013

La eterna discusión de lo que corresponde a la esfera pública y lo que es de la esfera privada, pareciera no acabar nunca, sobre todo si se coloca desde el plano del favorecimiento a las mayorías versus el privilegio de unos pocos. Visto así, en principio, cuesta mucho no tomar partido a favor de la culminación de privilegios indebidos. Esto sobre todo tuvo razón en la época en que la aristocracia detentaba el poder del Estado, pero hoy en día la situación es exactamente al revés: una mayoría detenta el poder por la vía democrática y una minoría es controlada por los gobiernos de los países. Los ricos de hoy no son la aristocracia de ayer fundada su fortuna en la posesión de tierras. Los que hoy poseen grandes bienes de capital, en general son emprendedores del mundo industrial, financiero, comercial o de la tecnología, aunque claro los nuevos ricos rusos, como los boliburgueses venezolanos, han amasado fortunas inmensas al amparo de negociados corruptos con los gobiernos, de manera que hay que distinguir entre quienes crean riqueza y los que se las roban.

Ahora, la historia reciente del mundo nos ha revelado con meridiana claridad que estos emprendedores, por listos y creativos que son, porque pueden contratar a los mejores cerebros para buscar los resquicios legales y sacar provecho indebido a sus capacidades, deben ser cuidadosamente regulados por el Estado para evitar que lesionen a los más débiles como a la sociedad misma tal como aconteció con Enron, con Lehman Brothers, con Madoff, etc., estafas todas que en su conjunto contribuyeron a la crisis financiera que 5 años después aún azota al mundo. Sin embargo la respuesta de los países ha sido imponer leyes más severas que minimicen las corruptelas del sector financiero. Increíblemente hoy el gobierno británico que tiene a la “City” londinense como la joya de la corona, acaba de anunciar que se propone desmantelar aquellos grandes bancos cuya posibilidad de quiebra pueda ser posible, a fin de evitar que los gobiernos y la gente pague por los pecados de los banqueros. Además, al igual que el gobierno alemán, se propone que se establezcan unas previsiones contables que permitan contar con fondos propios a la hora de una quiebra y que tengan un “testamento” o procedimiento de liquidación, en caso de ser necesario.

Todo esto viene a colación por los artículos anteriores sobre la intervención de los campos del golf, ya que hay que dejar claro que los ricos están regulados por la sociedad, a la vez que deben ser estimulados a que inviertan, porque esa es la verdadera vía para generar desarrollo y prosperidad en las naciones. Entonces si la regulación existe, dejémosle que paguen lo que quieran por sus privilegios y que tengan los bienes y divertimientos que se puedan procurar. En todo caso los intelectuales, los poetas, los pintores, los políticos, las mujeres bellas, las atractivas, los políticos, los académicos, etc., no son de los ricos, lo que nos compensa a nosotros como para no sentir envidia de ellos.

Quiero dejar sentado que mi querido y estimado amigo no dijo en Aló Ciudadano que él quería expropiar los campos del Country, sólo habló de abrirlos al público. Tal cosa yo mismo dije, pero como me había referido antes a Barreto y sus expropiaciones, mi amigo me pidió aclarara esto, cosa que hago con mucho gusto. Sin embargo agrego que en otras capitales suramericanas o norteamericanas, como en el Country Club de Bogotá, en el Lima Golf, en Miami, etc., existen campos de golf enclavados en la ciudad, y nadie está pidiendo que los conviertan en parques. ¡No porque los gobiernos hayan faltado a sus obligaciones de hacer parques para la ciudad, le vamos a arrebatar los suyos a los particulares!

Miguel Méndez Rodulfo
mmendezr_3@hotmail.com

sábado, 27 de octubre de 2012

Desarrollo urbano de las ciudades venezolanas


Miguel Méndez Rodulfo Caracas, 26/10/2012

El desarrollo urbano de las ciudades venezolanas ha sufrido una involución en la última década. Si observamos el vecindario de los países latinoamericanos notaremos un creciente y dinámico nivel de desarrollo económico y social, pero también urbano. Esto no se ha producido por casualidad, sino que responde a la implementación de un modelo de desarrollo económico, de libertad política y de responsabilidad social, que garantizó la paz ciudadana y en consecuencia aseguró la viabilidad del modelo, así como la gobernabilidad en esos países. Colombia es un ejemplo palpable con Bogotá y Medellín como dos luminarias en el concierto latinoamericano, pero es que Ecuador, por ejemplo, no se queda atrás y Quito y Guayaquil son ciudades emprendedoras que atraen inversión extranjera, tecnología e innovación, generando altas tasas de empleo para sus ciudadanos y riqueza para el país.

En general en Latinoamérica, desde que Curitiba en 1974 marcó un hito histórico en materia de desarrollo urbano, se ha venido produciendo, primero lentamente y ahora con bastante velocidad, un crecimiento sostenido de la calidad de vida de las principales urbes del subcontinente. El modelo brasileño se estudió en las universidades y centros de pensamiento, de allí se divulgó al componente político y cuando este viajaba podía comprobar como un cambio de paradigma en la concepción del manejo de las ciudades hacía posible un orden urbano planificado que propiciaba el progreso y el desarrollo: diseño y creación de espacios públicos amplios para el esparcimiento del ciudadano, incorporación de grandes lotes de áreas verdes (plazas, parques, jardines), incorporación de las áreas de menor desarrollo relativo a la ciudad, construcción de edificaciones culturales (museos, teatros, salas de ópera, salas de concierto), edificaciones deportivas, instalaciones hoteleras, ampliación y mejoramiento de la vialidad, sistemas de transporte público, mejoramiento y ampliación de la red de servicios públicos (agua, electricidad, gas, cloacas, drenajes, teléfono, internet), disminución de los delitos e incremento de la presencia policial, independencia judicial en cuanto a la aplicación de las leyes, respeto a la propiedad privada, reglas claras para los inversionistas, facilidades para constituir empresas, diseño de ofertas que hagan atractivas y competitivas a las ciudades (organización de ferias, espectáculos musicales, festivales de teatro, semana de la ópera, torneos deportivos, certámenes gastronómicos, seminarios internacionales, etc.).

Cuando uno observa la cantidad de áreas que hay que mejorar e integrar coordinadamente para hacer de las ciudades venezolanas, espacios para la vida, el disfrute y el desarrollo de las potencialidades de sus ciudadanos, no se puede omitir la sensación de estar abrumado por la ciclópea tarea que hay por delante; sin embargo si los peruanos, colombianos, brasileños, ecuatorianos y chilenos lo hicieron, nosotros también podremos. Eso es una cosa, el optimismo, y otra es la realidad. La verdad es que Venezuela está seriamente rezagada en esta materia. Desde los años 50 hasta los 80, del siglo pasado, las principales ciudades del país, sobre todo Caracas, destacaron por su pujanza, modernidad y nivel de desarrollo. Pero, desde 1982 hasta 1999 el crecimiento se ralentizó, aunque del 99 para acá ha habido un deterioro galopante del patrimonio urbanístico venezolano. Si consideramos que desde 1999 hasta la fecha a Caracas, por ejemplo, no se le ha hecho ninguna nueva arteria vial de importancia mientras que el parque automotor creció, tendremos una medida del desgobierno de la ciudad que caracteriza al régimen.