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lunes, 3 de agosto de 2015

Cinco alimentos “se esfumaron” en 15 días de la lista de mercado de los Quiroz por @marilachang en Efecto Cocuyo


María Laura Chang



“Hace 15 días yo resolvía con mil o mil 500. Ahora, estas cuatro bolsitas me salieron en 2.300 bolívares. Muy caro todo, sobre todo el tomate y la cebolla”, refirió Miguel Aquino al preguntarle por su compra de este 31 de julio. Según la lista de mercado que prepara Efecto Cocuyo, efectivamente en 15  días los precios de ambos  son los que mostraron una variación más marcada: el kilo de tomate pasó de Bs. 236 a Bs. 380 ( 61%), mientras que la cebolla de Bs. 195 a Bs.  330  (69%). El jamón de espalda también subió, de  Bs. 710 a Bs. 1.090 (53,5%). Lo otro alarmante fue la cantidad de veces que se escuchó “no hay” durante el recorrido.

Desde el 16 de junio Efecto Cocuyo realiza la lista del mercado de la familia Quiroz Pérez. Para este 31 de julio, 5 de los productos que allí se incluían no aparecieron por ningún rincón del mercado de Guaicaipuro. Caraotas negras y arvejas “tienen tiempo que no llegan”, según los vendedores. A los granos desaparecidos se unen las lentejas criollas que ya cumplen semanas sin verse. En su lugar, hay lentejas europeas o caraotas rojas, cuyos precios superan los Bs. 700 por kilo.

La carne roja también tiene tiempo escasa. “Lo último que vendimos fue molida, pero desde hace como 10 días no nos llega nada”, dijo uno de los carniceros.  En otra de las neveras solo quedaban seis gallinas enteras, peropollos completos no se venden desde hace tres semanas. De los pescados, tienen mero, lebranche o sardina, pero en esta ocasión la merluza “no llegó”.

En los últimos dos años la familia de Miguel Aquino se ha decantado por solo adquirir en el mercado de Guaicaipuro las frutas, vegetales y legumbres de su dieta, debido a que los precios de la proteína animal aumentaron mucho.  El padre de la familia dijo que aunque tenga que hacer cola, ahora busca en el Bicentenario el resto de los alimentos porque le salen más económicos. El aumento drástico del tomate y la cebolla le afectó directamente en la compra de este viernes. “Ahora tendré que llevar medio kilo y rendirlo”, aseguró.


De calcular la lista completa de los Quiroz  tomando en cuenta los últimos precios marcados de los productos ausentes, el total de la compra saldría en Bs. 18.363, cerca de 400 bolívares más que hace 15 días. De querer sustituir los granos que consumían por los importados, esta cifra se dispararía mucho más. También ocurriría, por ejemplo, si se buscan otros cortes de pollo, como  las milanesas que ya cuestan 900 por kilo.


domingo, 17 de mayo de 2015

Navajazos a la Patria, @Golcar1



Por Golcar Rojas, 16/05/2015

Cinco de la tarde. Sábado de quincena. En mi tienda ha habido tan poco movimiento que supongo que la gente está haciendo cola en los supermercados para hacer la compra. Para comprar lo que haya, no lo que en verdad necesitan.

Decidimos cerrar antes de tiempo e irnos a la zona del bachaqueo para ver si conseguimos algo de alimento para perros y, sobre todo, para gatos que hace tiempo se nos agotó y no nos ha llegado, porque el distribuidor no tiene. La idea es comprar algunos sacos grandes para detallarlos, más con la intención de poder cubrir la necesidad de los clientes que pasan roncha por toda la ciudad buscando el alimento de sus mascotas, que por lo que podría implicar como lucro. Vender dos sacos de Dog Chow de 22 kilos o uno de Gatsy de 15 kilos, “kileados“, no nos va a sacar de pobres, pero al menos le ofreceríamos el producto al cliente que lo necesita.

Al recorrer las calles de la ciudad vemos que, en efecto, los supermercados tienen las colas de gente afuera. Seguimos camino, rumbo a la aventura del bachaqueo.

Primer navajazo
Ya en la zona de nuestro destino. Al pasar frente a un comercio, paramos en seco. El local está atiborrado de alimento para perros y gatos. Si, justo el Dog Chow, elGatsy y el Cat Chow que a mi negocio no llega, porque el distribuidor no tiene. Pregunto en cuanto me venden los sacos grandes:

-No tenemos sacos grandes para la venta. Esos los vendemos por kilo.
El kilo de Gatsy que yo vendí en mi tienda la última vez a 200 bolívares, allí está a 250. El Cat Chow de medio kilo que vino a mi negocio la última vez con el “precio justo” marcado de fábrica a 377 bolívares, allí lo tienen a 450.
Desilusionado, me monté en el carro dispuesto a irme a mi casa.

Segundo Navajazo
Ya que estamos por la zona y está más o menos tranquilo el lugar, decidimos averiguar si hay algunos productos que necesitamos y que ha sido imposible conseguir en los supermercados: arroz, harina de trigo, aceite de girasol, papel higiénico…
Paramos en un localcito donde quienes atenden están bebiéndose sus cervecitas del sábado. Una mujer sentada en su silla de plástico me pregunta qué busco:

-¿Tenéis arroz?
-Sí.
-¿A cómo?
– Cien bolívares.
El estómago me da un brinco. Según el gobierno, el arroz está regulado alrededor de los 20 bolívares el kilo. Disimulando mi molestia, le pregunto de cuál arroz tiene -pensé que podría tratarse de alguna de las variedades que no están reguladas y que llegan a costar poco más de 40 bolívares el kilo-.

Me enseña el paquete. No solo es arroz del regulado, sino que el empaque ostenta unas letras rojas en las que leo “Venezuela socialista”. El brinco del estómago se convierte en punzada.

Tercer navajazo
En un local próximo al anterior, entro a preguntar por el arroz. Cuesta los mismo que en el otro, pero es de otra marca. También del tipo regulado. Veo que tienen varios tipos de aceite y en el estante descubro algunos litros de aceite de girasol Vatel, de ese que hace más de un año vi por última vez en un supermercado y que desde entonces brilla por su ausencia.

-¿En cuánto tenéis el litro de girasol?
-Doscientos cincuenta bolitos. -Responde la chica gorda sin moverse de su puesto. El precio regulado es de 25 bolívares.

Echo una ojeada alrededor y veo jabón de baño Palmolive, Prótex y algún otro de marca desconocida, pero de los que no se consiguen en ningún supermercado regular desde hace tiempo y de los que solo te venden, cuando hay, un paquete de tres pastillas por persona a la semana. Como no necesito, decidí ahorrarme la arrechera y no pregunté el precio.

Descubro que tiene harina de trigo Robin Hood que según marcan los empaques tiene un “precio justo” de “Bs.F 50,00″ y le pregunto en cuánto está.

La navaja centellea en mi mente: “200 bolívares el paquete”.

Cuarto navajazo
En otro puesto de bachaqueros, pregunto por el precio del papel tualé. Tienen a 800 bolívares el paquete de doce rollos que está regulado, si mal no recuerdo, a menos de 50. Y el de cuatro rollos lo tienen a 400 bolívares. El marca Floral, porque el marca Scott de 12 rollos lo tienen en 1.200 bolívares.

Mientras trato de digerir los navajazos, desde su carro, pregunta un hombre:

-¿En cuánto me dejáis ese paquete de pañales?
-Dos mil quinientos. -Dice la mujer sin moverse de su asiento.

Navajazo final
El hombre se baja del vehículo y se desarrolla el siguiente diálogo:

Hombre (Con voz tronante): Esos pañales son para el guardia que siempre te los compra a vos y que vos se los dais más baratos.
Bachaquera (Recelosa): ¿Guardia…? Aquí no compra ningún guardia.
Hombre: Sí. Valecillos, el Guardia Nacional. El siempre te compra a ti los pañales.
Bachaquera (Con risa irónica): Aquí no es, porque aquí los guardias no compran nada. Cuando vienen, se lo llevan gratis. Se lo roban.
-No. No. Este no roba. Él los compra y se los dan más baratos.
Bachaquera (Fastidiada): Pues aquí no es. Aquí cuando vienen los guardias se roban todo.

Hasta aquí puedo aguantar. Con los navajazos del socialismo de Chávez asestados en el gentilicio, me subo al carro para salir de allí. Siento que con cada incisión de la navaja, la patria agoniza. Se desangra.

Un carro nos adelanta en la autopista y en su vidrio trasero leo en letras rojas:

Mi hermana es psicóloga

El vehículo sigue y pienso:
“Posiblemente, dentro de unos meses, allí dirá: “Mi hermana, la psicóloga, es bachaquera“.



sábado, 9 de mayo de 2015

El verdadero revolcón, @MiguelVelarde



Por Miguel Velarde, 04/05/2015

Esto no es casualidad ni tampoco ineficiencia, es parte del modelo

La expectativa por el discurso que Nicolás Maduro pronunció con motivo del Día del Trabajador era grande. Incluso, con varios días de anticipación, él mismo se encargó de anunciar que vendría con una serie de medidas que significarían un “revolcón económico”. Sin embargo, como ya se hizo costumbre, fue más lo que se dijo que lo que se hizo.

Maduro anunció un incremento del salario mínimo y de pensionados del 30%, el cual será dividido en dos partes: el 20% se realizará a partir de este 1° de mayo y el otro 10% a partir de Julio. El salario mínimo pasará de 5.622 bolívares a 7.309,22 bolívares, luego del aumento de 30%. De la misma forma, se anunció el ajuste de toda la tabla salarial de la administración pública y de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Maduro también aprobó 11.900 millones de bolívares a todas las gobernaciones del país para pagar obligaciones laborales de los trabajadores.

Según cifras extraoficiales, la inflación acumulada en lo que va del año ya sobrepasaría el 50%. El incremento anunciado ni siquiera se acerca a ese número. A tasa Simadi, con el 30% de incremento, el salario mínimo se ubicará en 36,9 dólares, es decir, 1,23 dólares diarios, y continúa siendo el más bajo de la región después del de Cuba. El aumento en el salario mínimo por día será de 56,17 bolívares, algo que no alcanza ni para un café.

La crisis económica es aguda. Tener la inflación más alta del mundo, niveles de escasez de alimentos, medicinas y otros productos de un país en guerra, índices de violencia e inseguridad de los peores de la región, entre muchas otras dificultades, hacen que la situación en el país se haga cada día más insostenible.

Por si esto fuera poco, las medidas que se han tomado en cada una de estas áreas solamente han empeorado los problemas; basta con revisar las cifras para darnos cuenta de esto, incluso las oficiales. La realidad es que esto no es casualidad ni tampoco ineficiencia. Es parte de un modelo que no funciona y cuyas consecuencias son tan terribles como predecibles.

Hoy, cada venezolano es víctima de la escasez, la inflación, la inseguridad, la incertidumbre y el miedo. Eso, en su conjunto, es el verdadero revolcón que padecemos a diario.

Miguel Velarde
@MiguelVelarde



lunes, 4 de mayo de 2015

La verdad sobre la escasez de medicamentos, @AIPOPTWITT


Por Dr. Edgar Jiménez Salas, 19/04/2015
Boletín 229 AIPOP

Conocido, como es, el fracaso del sistema de salud creado por los actuales gobernantes, donde se acabó, no solo una red hospitalaria y de atención primaria, la cual pudo satisfacer todas y cada una las necesidades de todos los venezolanos que acudían con el fin de recibir atención médica, y el grave y continuo ataque a la industria farmacéutica, tanto nacional como trasnacional, quizás con el fin maquiavélico de inculpar a dicha industrias en la escases y en ser en forma absoluta la culpable de que las autoridades sanitarias no pueden cumplir con esa atención primaria tan importante y necesaria para los pacientes de menores recursos de nuestro país y poder perpetuar, desde las alturas del régimen, la condena de muerte con la implementación de un sistema de acceso al medicamento el cual solo pretende demostrar ante la población que el MPPS está atacando la falla de medicamentos cuando en realidad se trata de ocultar el fracaso que han tenido en todas las áreas de la salud.

Este sistema, inconsulto y desconocido por los actores principales en la comercialización de productos farmacéuticos, importadores, fabricantes, distribuidores y expendedores, no es más que otra cortina de humo que busca enmascarar las verdaderas causas de la escasez de los medicamentos, que no es otra que la falta del pago de 4 mil millones de dólares que el gobierno adeuda por no haber cancelado a los proveedores de materias primas y productos terminados, lo que impide poder reponer los inventarios, entonces ¿de dónde se van a suministrar los medicamentos de calidad a los que estamos acostumbrados los venezolanos? O es esta la cristalización de una idea de vieja data, de introducir al país medicamentos de dudosa procedencia y desconocida calidad, o productos que en Venezuela han sido ventajosamente sustituidos desde hace varios años.

Esta decisión arbitraria, reguladora e inconsulta afecta el derecho a la salud y al libre acceso al medicamento de todos los venezolanos.

Aunado a esto el Ministro ha indicado que en Venezuela existe un alto índice de consumo de medicamentos y eso hay que cambiarlo, y que el SIAMED servirá para combatir la guerra económica y el bachaqueo. Caramba señor Ministro, pareciera que con su nombramiento ha olvidado que: “El medicamento es un bien de primera necesidad no enmarcado en la libre oferta y la demanda, cuya cadena de comercialización es efectiva y está cubierta por la guía de transporte por lo que la distribución de cada unidad es conocida por el gobierno (al cual usted sirve), un hecho harto conocido que impide la extracción. Acusar al paciente de la compra compulsiva de medicamentos es otro embuste, y también es bueno recordarle que el alto costo de los medicamentos y su fecha de vencimiento, impide al ciudadano “almacenar”.

En conclusión el problema de base no es otro que la cancelación de la deuda y asignación de divisas para que tengamos un inventario suficiente para satisfacer la demanda.

Ciudadano Ministro usted conoce las causas del problema del desabastecimiento tan prolongado; asegure primero la disponibilidad de medicamentos de calidad, eficientes y seguros, como siempre hemos tenido en Venezuela y luego anuncie el sistema para regular y registrar el buen uso de los fármacos, o controlar el mercado negro si existiera.

La escases se debe a la falta de capacidad para manejar el problema, lo demás es continuar haciendo demagogia y política barata con los venezolanos.


martes, 31 de marzo de 2015

¿Dónde firmo?, @yedzenia



Por Yedzenia Gainza, 29/03/2015

Desde el pasado 20 de marzo y hasta el próximo 9 de abril, Nicolás Maduro pretende recoger 10 millones de firmas contra el decreto de Barack Obama en el que declara a Venezuela como “una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y política exterior de EE.UU”. Un decreto que incluye sanciones como la prohibición de entrada al país, y lo más doloroso para los que se llenan la boca hablando de lo malo que es ser rico, la congelación de los activos financieros de siete altos funcionarios del régimen venezolano involucrados en las violaciones a los derechos humanos. Las joyitas en cuestión son:


  • Gustavo Enrique González López, Director General del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) y presidente del Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria (CESPPA).
  • Antonio José Benavides Torres, Exdirector de Operaciones de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).
  • Justo José Noguera Pietri, Presidente de la Corporación Venezolana de Guayana y excomandante general de la GNB.
  • Katherine Nayarith Haringhton Padrón, Fiscal 50º del Ministerio Público.
  • Manuel Eduardo Pérez Urdaneta, Director de la Policía Nacional Bolivariana.
  • Manuel Gregorio Bernal Martínez, Exdirector General del SEBIN.
  • Miguel Alcides Vivas Landino, Inspector General de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB).
Con una movilización sin precedentes, el régimen ha visitado barrios y trasladado reclusos para que firmen el documento de rechazo a unas medidas que no castigan al conjunto de nuestra sociedad, pero sí a señores que aún no han justificado cómo y a cuenta de qué consiguieron sacar de un país con control de cambio cantidades de dinero que se supone están fuera del alcance de funcionarios públicos.

Como esto no es suficiente para alcanzar 10 millones de nombres y apellidos, el aparato del régimen ha despedido a los empleados públicos que se han negado a firmar, y para colmo, ha obligado a los niños que aún no saben hacerlo, a poner su huella, escribir cartas o dibujar mensajes contra Obama -de quien no es creíble lo de justiciero hasta que deje de comprar petróleo venezolano-.

Quién sabe si en la estrategia de la campaña para conseguir el apoyo de los ciudadanos, Nicolás Maduro tendrá los pantalones de presentarse en alguna de las multitudinarias colas para comprar comida. Seguro que allí bajo el sol y durante tantas horas encontraría muchos voluntarios dispuestos a utilizar el bolígrafo. La duda es cómo…

La morgue de Bello Monte también es un sitio estupendo para recolectar firmas. Es probable que entre la desesperación por dar con una urna y/o el dinero para un funeral, los familiares de los desafortunados que pasarán por allí estos días tengan tiempo para preocuparse por las cuentas corrientes de los 7 magníficos de moda del chavismo.

En las universidades donde han perseguido, detenido y asesinado estudiantes también deberían recoger firmas. Igualmente en las colapsadas estaciones del Metro de Caracas, lugares en los que entre fallo y fallo los usuarios podrían entretenerse defendiendo el visado de los antiimperialistas que no quieren renunciar a las compras y las vacaciones en esa nación que tanto asco les produce.

Los consulados alrededor del mundo donde se ignoran las peticiones de más de 25 mil estudiantes que hasta están pasando hambre porque el régimen no les permite cambiar moneda para pagar sus estudios, son garantía de éxito para lograr el objetivo de Maduro.  Las familias y amigos que permanecen en la puerta del SEBIN, la cárcel política en la que están encerrados y son sistemáticamente torturados decenas de venezolanos que un día decidieron decir lo que pensaban, podrían ayudar a engrosar la cantidad de rúbricas recogidas.

Puede que las farmacias en las que casi es necesario llevar al niño desnudo para poder comprar pañales, no sea muy complicado conseguir un autógrafo a cambio de la promesa de un paquete para cuando haya. Por último, en las salas de espera de los hospitales en los que las heridas de bala, el cáncer, la hepatitis, la diabetes, y por supuesto la mengua están diezmando a la población, es posible recopilar aunque sea la huella dactilar de algún moribundo resentido con el malvado Obama que por haberse fundido las ganancias del barril de petróleo por encima de los 100$, no le permite tener el tratamiento adecuado. Porque el dinero lo desapareció Obama, ¿no?

Ante tantas opciones, no es descabellado imaginar que al régimen que pretende hacernos creer que nos afectarán las sanciones hacia 7 funcionarios que viven angustiados por cuentas bancarias cuyos jugosos saldos explican el mastodóntico esfuerzo de Nicolás Maduro en convocar al país entero para ponerlo en pie de guerra contra el mundo, no le será muy complicado obtener espontánea u obligatoriamente las firmas a las que aspira.

Y mientras los poderes del Estado se dedican a este teatro en lugar de resolver el caos en el que han hundido a este país, queda una pregunta en el aire, ¿dónde se firma para salir de esta pesadilla?



domingo, 29 de marzo de 2015

Se agudiza la crisis alimentaria, @AIPOPTWITT


Por Luis Hidalgo Parisca, 23/03/2015
Perito Agropecuario
Boletín 223 AIPOP

La crisis actual que experimenta el país en materia de abastecimiento alimentario, no es otra cosa que la cosecha del fracaso que se comenzó a “sembrar” a partir del año 2000. En efecto, durante ese año se produjeron las primeras “invasiones” de fincas en plena producción auspiciadas por funcionarios del gobierno nacional con el apoyo y protección de la Guardia Nacional. Luego, a finales del año 2001, se le concedió “carta roja” a toda clase desmanes y abusos en el medio rural mediante la aprobación de la Ley de Tierras y de la Ley de Pesca, fuentes originarias de la destrucción “apegada a derecho” del sector productor nacional de alimentos.

Desde esa época y de manera ininterrumpida a lo largo de 16 años el sector agroalimentario en general, y los productores agrícolas en especial, grandes, medianos y pequeños, han sido objeto de todo tipo de agresiones: desconocimiento de sus derechos de propiedad; discriminación en el otorgamiento de financiamiento oficial por razones de carácter ideológico; ataques impunes del hampa común y política que se expresa en asaltos, asesinatos, secuestros, robo de cosechas y de maquinarias; abandono de la infraestructura física (vialidad rural, sistemas de riego, electrificación, centros de acopio); ocupaciones ilegales de empresas y decomiso arbitrario de mercancías; amenazas y descalificaciones públicas permanentes; establecimiento de excesivas regulaciones y controles, acompañadas de inspecciones y fiscalizaciones constantes en búsqueda de supuestos ilícitos legales, administrativos o sanitarios sin fundamento, en fin, creación y mantenimiento de un clima de hostilidad hacia la iniciativa privada que se ha traducido en desestimulo, abandono o reducción de las actividades agroproductivas.

Si a lo anterior agregamos la existencia de un régimen de control de cambios no transparente, que ha impedido el acceso a las divisas necesarias para la importación de maquinarias, repuestos, agroquímicos, medicinas veterinarias, materias primas e insumos en general, más la vigencia irracional de un control de precios que ha llevado a los productores a trabajar a pérdidas, tenemos entonces la combinación perfecta para la creciente generalización de escases y desabastecimiento de alimentos en todo el país.

Es necesario aclarar que esta dramática situación de carencia alimentaria, no es consecuencia de la caída en el precio internacional del petróleo. En todo caso esa reducción lo que ha hecho es agudizar la crisis, porque los índices de escases de alimentos se vienen presentando en el país desde hace por lo menos 7 años, cuando el barril petrolero estaba en niveles superiores a los $ 100. Tampoco es producto de ninguna guerra económica, ni obra de la especulación o el acaparamiento, como manipuladoramente nos intentan convencer los voceros oficiales.

Lo cierto es que el gobierno está cosechando lo que sembró. Después de 16 años de aplicar políticas agrarias, agrícolas y alimentarias, absurdas, fantasiosas, incoherentes, contrarias a la sana lógica de una acción económica orientada a la generación de riqueza y al logro del bienestar de productores y consumidores, no podían obtenerse resultados diferentes. Lo único que ha crecido en este tiempo en el sector agroalimentario es la burocracia y la corrupción.



lunes, 9 de febrero de 2015

La unión hace la fuerza o que me corten un brazo, @Golcar1



Por Golcar Rojas, 8/02/2015

¿Será que de tanto manosear la frase, ésta ha perdido sentido?

¿Será que de tanto no ponerla en práctica perdimos el sentido de lo que significa?

¿Será que en un país tan dividido no tiene sentido intentar ponerla en práctica?

¿Será que en regímenes como el venezolano la frase es un sin sentido?

¿Será que en este socialismo la frase tiene un sentido que puede ser usado en tu contra?

En Venezuela está todo el mundo sobreviviendo por su lado. Tratando de salvar lo poco que nos queda a cada uno.

Vemos como vienen por el vecino. Y a pesar de sentir que cada vez están más cerca nuestro, parecemos impotentes ante lo que se avizora. Cada uno toma la medida individual que cree que lo salvará de las garras del lobo que se ceba con la carne de quien vive al lado.

Sentimos a través de los muros los dentellazos sobre el vecino y corremos a bajar la santamaría. “Cerramos por inventario”. Cooperamos. Colaboramos. Bailamos al son que nos tocan a la espera de pasar desapercibidos, pero a sabiendas de que nada de eso nos salvará y un día, en cualquier momento, cuando menos lo esperemos o aún esperándolo, vendrán por nosotros.

Uno lee la desoladora crónica de Tamoa Calzadilla sobre la rueda de prensa de Bernardo  Zubillaga, vicepresidente comercial de Farmatodo, Vicepresidente de Farmatodo: “No tienen idea de lo que es ser empresario en Venezuela”, y puede sentir la impotencia del empresario que trata a toda costa de proteger el centenario negocio familiar:

“No tienen idea de lo que es ser empresario en estos momentos en Venezuela. Deberían hacer algo sobre eso, las regulaciones, los dólares, las inspecciones. Debemos ser de las empresas más inspeccionadas por las instituciones del gobierno. Yo diría que a Farmatodo la vigilan más que a ninguna otra (en el comunicado señalaron que solo en enero de 2015 recibieron más de 60 inspecciones en sus tiendas).”

Es entonces cuando uno piensa ¿Y los otros empresarios? ¿Y los sindicatos? ¿Y los gremios? ¿Y los colegios profesionales? ¿Y los líderes políticos?

Está cada uno tratando de sobrevivir. Tratando de pasar desapercibido. Invisibilizándose. Retrasando la embestida como puedan. Farmatodo no es más que un paradigma. Como lo es Día a Día. Como lo es ese carnicero en Mérida a quien le llegó el Indepabis y lo obligó a vender en 100 bolívares el pollo que compró a 154, mientras observaba cómo los funcionarios llamaban a sus amigos y familiares para que se aprovecharan de la rebatiña.

Dice Calzadilla en su texto sobre la rueda de prensa, que Zubillaga “explicó que fue a hacer inmersión en una de sus tiendas en San Cristóbal y lo que vio “da como para hacer un libro”. Estaba convencido de que el mayor contingente era “bachaquero”, personas que se dedicaban a comprar a bajo precio y luego a revender, incluso más allá de la frontera. Mujeres con niños, “pacientes” en camillas y sillas de rueda que siempre estaban en cola y volvían a hacerla una y otra vez. Esa situación lo hacía pensar en que era cierto que más de 60% de quienes hacían colas era para revender, según les había revelado un estudio de una firma consultora que no mostraron”.

Y uno vuelve a preguntarse entonces ¿Desde cuando revender es un delito? ¿Por qué revender se ha hecho un negocio rentable? ¿En qué país normal y con economía sana comprar en un supermercado para revender en la puerta de la casa es un negocio? ¿Quién en un país normal va a preferir ir al porche de una vivienda a comprar un paquete de pañales al 300 por ciento más de su precio pudiendo ir a adquirirlo en un comercio regular al momento que lo quiera y lo necesite sin el temor de no encontrarlo? ¿Por qué la gente le compra a los revendedores al precio que sea? ¿Por qué en muchos casos es más económico adquirir un producto en un supermercado que comprarlo a un distribuidor para vender en tu negocio? ¿A qué se debe la perversión actual del comercio en Venezuela?

Entonces los empresarios, en su afán de supervivencia y por las amenazas directas o veladas de expropiación, asumen funciones de control que no les corresponden. Se sienten obligados a convertirse en “policías”, como dijo Zubillaga:

“…tomamos esa medida porque dijimos, mira, eso es como si te ocurre algo y el médico te pregunta: “te corto el brazo o pierdes la vida”. Nosotros nos estamos cortando el brazo. Entendemos que es una medida dolorosa, aunque no es el captahuellas exactamente, pero era eso o morir.”

Y los supermercados tratan de organizar el caos, también “se cortan el brazo” para sobrevivir. Ponen captahuellas, exigen documento de identidad, exigen colas, limitan la cantidad de productos que se pueden comprar, venden por terminal de número de cédula, marcan a la gente con números en el brazo, llaman a las fuerzas del orden público para que controlen a la gente en las colas…

Y uno vuelve y se pregunta ¿Por qué tiene un empresario que asumir esas funciones? ¿Por qué un comerciante tiene que limitar la cantidad de productos que puede comprar una persona? ¿Por qué son los comerciantes quienes tienen que ejercer las funciones de vigilancia y control que solo le competen al Estado?

Si una persona quiere comprar toda la existencia de un producto, no tendría por qué negarse el empresario a venderlo. En todo caso es el gobierno el que tiene que ver cómo hace para perseguir al que compró y ver con qué intenciones lo hace. En un país con economía sana, si alguien compra toda la existencia de pañales en un supermercado, la gente sabe que va al lado y conseguirá el que necesita. No hay temor de “desestabilización” por desabastecimiento. La abundancia de productos no hace de la reventa una opción rentable.

El problema no es el comercio. El problema está en que el régimen acabó con el aparato productivo y el excesivo control de la economía ha pervertido el mercado. Los revendedores -aunque los estigmaticemos- sólo son el resultado de una economía enferma. El comerciante que venda y el gobierno que vea a ver como resuelve el problema de producción y escasez que ha hecho que este país se llene de colas en todos lados.

Desde hace días uno no puede, en Maracaibo como en muchas otras ciudades del país, acceder a su supermercado habitual porque ya las colas de horas a pleno sol, todo el día, van por tres tipos simultáneos:

Una para quienes van a comprar solo productos regulados.

Otra para quienes van a comprar productos no regulados.

Y una tercera para las personas mayores o con discapacidades.

Eso si no hay pañales para niños o adultos. Entonces, la gente debe llevar la partida de nacimiento del recién nacido o el informe médico de la persona enferma que justifique que de verdad necesitan comprar los pañales.

Luego de acceder al supermercado vienen otras horas de cola para pagar. Y, como nunca hay de todo lo que uno necesita en un solo lugar, la gente pasa cuatro horas en una cola para comprar un champú y de ahí va a otro sitio por tres horas más para comprar dos kilos de Harina Pan.

Cierra Calzadilla la crónica sobre la rueda de prensa del vicepresidente de Farmatodo con este párrafo lapidario:

“Tres meses después están declarando en el Sebin, con amenazas del propio Nicolás Maduro de expropiación, condena pública  y “sugerencia” judicial de mano dura, durísima.”

Y es cuando uno recuerda la manida frase “La unión hace la fuerza”.

¿Seguiremos así, cada uno sobreviviendo por su lado, cortándonos un brazo, hasta que vengan por nosotros?

Algún día no nos quedarán brazos ni piernas que ofrecer en sacrificio.


domingo, 8 de febrero de 2015

El infierno de las colas en Venezuela: Trescientos cincuenta y dos, @yedzenia


Por Yedzenia Gainza, 6/02/2015

Dicen que ojos que no ven corazón que no siente, y probablemente eso es lo que pasa en el mundo cuando los venezolanos contamos lo que padecemos. Cuando decimos lo que ocurre en el país parece que contáramos una historia de terror o de ciencia ficción. Nos miran raro, a veces hasta con incredulidad. Piensan que somos presa de los sentimientos y por eso exageramos. La gente no entiende, y es normal, cada vez es más difícil explicar cómo un país tan rico está hundido en la más profunda de las desgracias.

Conseguir que nos crean que un kilo de pollo cuesta al cambio unos 60€, y sobre todo, hacer entender el sistema cambiario venezolano es más complicado que resolver problemas de trigonometría cuando en plena adolescencia las hormonas monopolizan el cerebro. Y si a eso le sumamos el alto nivel de represión a los medios de comunicación que aún no han sido cerrados ni comprados por el régimen chavista-madurista donde cualquier ciudadano puede ser encarcelado por el simple hecho de fotografiar una de las humillantes colas para comprar comida, mientras que los afectos al régimen se autocensuran mostrando un mundo bonito y multicolor como si Venezuela fuera el escenario de un cuento de hadas, la cuestión se convierte en misión imposible.

Las fotos que circulan por la red requieren ser revisadas una y otra vez para poder asegurarnos de su autenticidad, y si no hay forma de comprobarlas o no vienen de una fuente de confianza, es mejor no difundirlas.

Este miércoles aprovechando la ausencia de sus hijos y en compañía de una amiga, mi mamá se fue a hacer eso que mis hermanos –y yo cuando estoy– intentamos evitarle a toda costa (hacer una cola de muchas horas para comprar comida). En mi familia creemos que la mejor forma de compensar a nuestros viejos el habernos cuidado hasta convertirnos en personas de bien, es ahorrarles cualquier tipo de penurias. Sin embargo, en esa misma familia manda una señora que no está acostumbrada a quedarse de brazos cruzados y mucho menos a obedecer a sus hijos. Bueno ¿cuál madre lo hace?  ¿Quién puede decirle a una sexagenaria que no haga cola para ver si encuentra leche para sus nietos?

Después de más de 5 horas bajo el ardiente sol del Caribe, con el número 352 en el brazo como si se tratara de ganado en venta o de una esclava del siglo XVIII, mi madre pudo entrar al supermercado. Consiguió hacer varias fotos de la cola y de la abominable marca de tinta que recuerda tragedias antes ajenas a nuestra tierra. El local daba vergüenza, distaba mucho de esos en los que ella tantas veces hizo la compra para nosotros y donde los anaqueles repletos de productos de diferentes marcas salían de la industria nacional. Distaba mucho de esos que le hacen saltar las lágrimas cuando está fuera del país, lágrimas llenas de la misma amargura e impotencia que sentí al ver esos tres números. Mi mamá no se merece esto, ningún ser humano se lo merece.

Es lamentable, pero la buena suerte de un venezolano ahora se mide por el éxito de no sufrir un desmayo en una cola, no ser aplastado en una avalancha de gente desesperada por pollo, ni tiroteado por llevar una bolsa con pañales o harina de maíz. De modo que cuando por fin llegó a casa sintiéndose indignada por padecer el resultado de los dieciséis años más corruptos que haya conocido, y al mismo tiempo afortunada porque tuvo “la suerte” de volver sana, salva y con artículos que en plena escasez se hallan cada vez con más dificultad, publiqué la foto del número de la vergüenza: 352.


352 son las bofetadas que como mínimo se merece cada uno de los ladrones que han arruinado este país, 352 son dos números más que el artículo de la Constitución que desde hace mucho tiempo TODOS los venezolanos deberíamos aplicar a una cuerda de sinvergüenzas que se han permitido el lujo de autorizar el uso de armas de fuego contra quienes protestamos, no les lamemos las botas ni estamos dispuestos a aplaudir como focas. 352 son los días que hasta ayer (05 de febrero de 2015) llevaba preso Leopoldo López. 352 son los millones de maldiciones que han caído sobre el régimen que espera resolver la escasez con el maná que según ellos Dios proveerá. 352 las carcajadas que dejó alrededor del mundo el presidente que recurre a la limosna internacional porque las ganancias de quince años de la mayor renta petrolera de nuestra historia no han sido suficiente para cubrir tanta codicia, despilfarro y corrupción. 352 son los años de cárcel que espero le caigan a todos los responsables del régimen que ha inundado de miseria y sangre nuestras calles. 352 son menos de la mitad de los contenedores de alimentos podridos que se encontraron sólo en los almacenes de PDVAL en Tinaquillo el 2 de junio de 2010. 352 es el número que no representa ni la milésima parte de las toneladas de comida que se han perdido ni de los millardos de dólares que se han regalado. 352 son los cadáveres que superan las tres cuartas partes de los ingresados este enero a la morgue de Bello Monte.


En fin, 352 para estos mezquinos es un número más en una cola más de un supermercado más en una ciudad más de este gran país destrozado que no les importa para otra cosa que seguir exprimiendo el poco jugo que le queda. Un número que refleja la realidad que por más cadenas, por más represión, por más amenazas que nos hagan, no pueden ocultar. Porque el sol no se puede tapar con un dedo, y aunque Venezuela esté viviendo sus horas más oscuras, el amanecer está por llegar.
Una vez más, gracias mamá.


sábado, 7 de febrero de 2015

Comunicado de Día a Día Practimercados


Día Día Practimercados es una cadena de 35 pequeñas tiendas a nivel nacional, dedicada a servir a los sectores populares del país, ofreciendo en un ambiente digno productos de la cesta básica a precios justos. Desde sus inicios en el año 2005, Día Día ha crecido para emplear a 800 venezolanos quienes con su trabajo y compromiso atienden a todos nuestros clientes a nivel nacional.

Nuestra cadena opera con eficiencias logísticas a través de un único almacén central ubicado en La Yaguara que hace posible el surtido continuo de todas las tiendas. Dado que las mismas son pequeñas para estar ubicadas lo mas cerca posible de la gente en los sectores populares, no tienen amplio espacio de almacenamiento, y dependen de despachos muy frecuentes (2 veces al día hasta interdiario) para su surtido en forma equitativa. Para ser eficientes, es normal que en nuestro almacén central contemos con la mayor parte de nuestro inventario de productos, el cual cubre regularmente pocos días de venta. Por ejemplo, para el caso de cesta básica y particularmente harina de maíz contamos regularmente sólo con 3 días de las 197 toneladas diarias que se venden en todas las tiendas.

Toda la mercancía que entra al almacén central es despachada a tiendas. Así lo sabe el gobierno pues desde hace años todos los despachos de proveedores que recibe Día Día en su almacén central y de salida a tiendas son 100% autorizados por el Ejecutivo Nacional a través del sistema SICA, de manera que el Gobierno Nacional conoce en tiempo real el movimiento, las cantidades y los tipos de productos que entran y salen de dicho almacén.

El Gobierno Nacional a través del Ministerio de Alimentación( SUNDEE) realizó el fin de semana un proceso de fiscalización a la empresa para el cual hemos prestado total colaboración y acceso a nuestras instalaciones, incluyendo nuestro almacén central ubicado en La Yaguara. A pesar del espíritu colaborador que ha tenido la empresa y el personal ante tal fiscalización, numerosos empleados fueron detenidos arbitrariamente incluyendo Gerentes de tienda y personal del almacén. Actualmente sigue detenido e imputado de forma arbitraria e irregular en las instalaciones del Sebin nuestro Director General, Manuel Morales. El señor Manuel Morales fue detenido por la DISIP en las puertas del Palacio de Miraflores cuando salía de una reunión a que fue convocado por el Ministro de Alimentación. La empresa está haciendo uso de los recursos legales disponibles para obtener su liberación.

En ninguna de las tres actas levantadas por la SUNDEE quedó demostrada la comisión de hecho punible por Día Día. ¿Entonces, por qué se persigue a quien lo hace bien?

Día Día, desde su fundación, ha cumplido con llevar a la zonas populares alimentos y productos de calidad a tiempo y en perfecto estado. Día Día ha cumplido con todas sus obligaciones laborales con sus trabajadores, con todos sus proveedores y relacionados, y con el pago oportuno de todos los impuestos nacionales y municipales que graban su actividad.

Somos Día Día, gente joven, honesta, profesional y trabajadora. Estamos con la frente en alto, y deseamos seguir creciendo prestando nuestro valioso servicio cada dia a mas sectores populares de forma eficiente y apegada a la ley, tal y como lo hemos venido haciendo en los últimos 10 años.

El equipo de Día Día
6 de febrero de 2015

jueves, 5 de febrero de 2015

La Venezuela del Siglo XXI - CNN en español (COMPLETO), @patriciajaniot



Venezolana cuenta el infierno que se vive en las colas, @yusnaby


Por Yusnaby Perez, 04/02/2014

Las colas se convierten en el epicentro del descontento en Venezuela. Adquirir productos básicos no es más que uno de los tantos problemas que sufren hoy en día los venezolanos. Algunos expertos en el tema señalan que acostumbrarse a esta nueva realidad no será tan fácil como antes mientras otros predicen un futuro incierto para la nación.

Alina Espinosa, ingeniero industrial residente en Barquisimeto, Estado Lara; se ha visto afectada directamente por la cantidad de colas que hay que hacer para conseguir determinados productos y por el tiempo que pierde en ellas. Cuenta a CubaNet cómo se viven el socialismo del siglo XXI hoy día en el país sudamericano.

Alina se queja de que debe hacer colas de dos horas para comprar detergente y que además, lo racionan a dos bolsas de 1 Kg por persona.

“Si tienes suerte y haces una cola, puedes encontrar jabón de baño y a veces champú. Hoy hice una cola por más de tres horas y sólo pude comprar dos paquetes de pañales para mi sobrino talla G de 20 unidades cada uno”, explicaba.

Los productos que más escasean y que requieren la necesidad de esperar largas horas al sol para comprarlos son la leche en polvo, detergente, suavizante, jabón de baño, desodorante, pañales, toallas húmedas, mantequilla, harina pan, azúcar, café, toallas sanitarias y medicinas. Alina explica que la venta de distintos equipos electrodomésticos como neveras, cocinas y lavadoras están siendo regulados por el Gobierno y destaca que el cemento “está completamente desaparecido”.

“Hace 15 años recuerdo con claridad que iba con mis padres a los supermercados, se encontraba de todo y no se hacía cola. Antes éramos un país normal; podías comprar la cantidad que quisieras. Hoy en día sólo te venden una o dos unidades de cada producto, si los encuentras”, recuerda Alina.

Lo cierto es que muchos de los que hacen cola luego revenden el producto en la calle al doble y hasta el triple del precio. La escasez en Venezuela provoca que los llamados bachaqueros (revendedores) abusen de la necesidad de la gente.

“Creo que muchos venezolanos se están acostumbrando, sin embargo, pienso que la mayoría estamos a punto de explotar. Ya se siente la tensión en la gente”, resalta mientras cuenta los detalles de la más reciente cola que hizo.

“Lo que más me sorprende de las colas es que vemos a mujeres embarazadas, otras con hijos en brazo dándoles el pecho y a personas de la tercera edad,” opina Alina “Ahora nos marcan en las manos con números para poder estar en la cola. Hoy se vivieron momentos de tensión cuando varios revendedores quisieron entrar a la tienda y la gente empezó a gritar. Los militares son los que organizan las colas. Yo era la número 349 y sólo había para vender hasta el número 350. Mucha gente se quedó molesta sin poder comprar luego de haber hecho toda la cola.”

Alina teme que la situación pueda acabar en hechos de violencia pero está segura de que por el momento nada mejorará. Mientras tanto seguirá viviendo esta rutina donde la escasez no afecta solamente a los más pobres, sino a un sector cada vez más creciente de la sociedad.

“Yo trabajo con cubanos y ellos están mandando a buscar todos estos productos que escasean a Cuba con otros compañeros que llegan la semana que viene. ¡Fíjate lo mal que estamos! ¡Estamos peor que Cuba!”


domingo, 1 de febrero de 2015

Las colas vinieron para quedarse a causa del fracaso económico del Gobierno, @atraem1



Por Alfredo Padilla, 30/01/2015

Los venezolanos han tenido que convertir en rutina el pasar numerosas dificultades para poder adquirir los productos de primera necesidad, donde se incluyen largas filas que se arman frente a los comercios desde horas de la madrugada. Ante esta realidad la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios (Atraem) afirmó  que este escenario se prolongará en el tiempo que la razón principal de la escasez es la destrucción del aparato productivo del país y las malas política económicas que se caracterizan por los excesivos controles.

Alfredo Padilla, director general de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios, señaló que la cola ya no es algo ocasional para los venezolanos, sino al haber un desabastecimiento importante de productos de la canasta básica el ciudadano sale a hacer cola sin saber realmente que podrán adquirir para llevar a la casa: “La sensación de desabastecimiento, la cual es real y confirmada por el Gobierno, lleva a los venezolanos a un clima de agitación cada vez que llega un producto tipo pollo, carne o papel de baño, e incentivando en muchos casos por la ausencia del mismo que el consumidor compre más de lo que necesita. Debemos afirmar que las colas vinieron para quedarse a causa del fracaso económico del Gobierno y si esté de verdad rectifica la solución no será inmediata”, expresó.

Padilla calificó de show culpar de las grandes colas a la guerra económica y dirigir la responsabilidad sobre el pequeño comerciante acusándolo de acaparador o bachaquero, recordando que el trabajador por cuenta propia es doblemente afectado ya que debe hacer magia para abastecer su negocio para poder subsistir y prestar servicio a la comunidad, pero él no deja de ser consumidor y de igual forma realiza esa kilométricas colas para conseguir los productos de la canasta básica. “El dueño de la panadería debe sufrir mucho para harina para mantener activo su comercio, asimismo como venezolano debe recorrer varios locales para llevar la medicina o comida para su hogar, es doblemente afectado”.

El analista explicó que alrededor de las grandes colas  se ha creado un entramado que incluye nuevos oficios, siendo lícitos o no existen, ya que las dificultades para comprar los productos están creando gran ausentismo laboral e incluso familiar. “La personas deben escaparse del trabajo para buscar comida y eso ocasiona parálisis del aparato productivo, pero igualmente ahora surgieron nuevos oficios como la persona que hace la fila y cobra por el tiempo destinado, el alquiler del banquito o en el peor de los casos quien vende los productos a altos precios”.

Reveló que uno de los orígenes principales de la reventa de productos a altos precios y la grave especulación es la corrupción del sistema de distribución de alimentos, recordando que los que están más cercas de los productos son lo que se encuentran en más altos niveles de Gobierno. “El Estado te maneja todo el acceso y colocación de la comida y medicinas, pero personas ligadas al ejecutivo hacen negocio al sacar por los caminos verdes los productos y por la escasez venderlo en cifras estratosféricas, esto es causa por un sistema totalitario de control”, afirmó.

Exhortó al Poder Ejecutivo a rectificar lo antes posible sus mala políticas económicas, donde las expropiaciones, controles excesivos de las divisas y corrupción han golpeado gravemente la producción nacional y las empresas privadas, colocando a Venezuela en la penosa realidad que el 90% de los productos son importados y con la caída del precio del petróleo ya no es posible tener alcance a las divisas, “Proponemos como una medida innovadora incorporar a los buhoneros y trabajadores por cuenta propia como canales de distribución de alimentos, si seabastece a PDVAL y Mercal, por qué no colocar productos a precios justos en la economía informal y estos venderlos al pueblo sin especulación”.

Contacto:
Alfredo Padilla: Director General de la Asociación de Trabajadores Emprendedores y Microempresarios (ATRAEM)
Telf. 0414-1363474
@atraem1
Atraem51@gmail.com


martes, 20 de enero de 2015

Colas para la comida, @CentroGumilla



Por Raúl González Fabre SJ., 20/01/2015

La economía real venezolana puede compararse a un avión con dos motores: uno público basado en la propiedad gubernamental sobre el petróleo, hidrocarburos, minerales e hidroelectricidad; y otro privado que estriba en la producción habitual de la mayoría de los bienes y servicios. En los países comunes, la economía pública depende casi enteramente de la privada, porque se alimenta de los impuestos sobre esta. Pero no en Venezuela, país muy rico en recursos naturales propiedad del Estado.

Los gobiernos venezolanos habían intentado usar el motor petrolero para, de diversas maneras según su ideología, desarrollar una economía privada competitiva internacionalmente. El éxito que obtuvieron es perfectamente descriptible pero, bueno, algo consiguieron. Por el contrario, el hacer económico del socialismo del siglo XXI vino a consistir en apalear al sector privado, pasando cada vez más funciones económicas del motor privado al público. En otro lugar hemos descrito algunos problemas de ese programa. Con él en efecto se han sustituido bienes producidos en Venezuela por importaciones, creando sumideros de recursos públicos (gente que vive del Estado) allí donde había fuentes (gente que producía y pagaba impuestos).

Eso ha dejado al sector privado en Venezuela reducido básicamente a servicios que se prestan los venezolanos unos a otros, más vendedores y revendedores de productos importados, sin capacidad ninguna de exportación formal. Hay bastante exportación informal a Colombia, de todos los bienes que el Estado venezolano subsidia para consumo interno (empezando por la gasolina, básicamente gratuita). Pero en realidad no se exporta el bien sino el subsidio. Al precio de coste venezolano la mayoría de esos productos no podrían venderse en Colombia; se venden más baratos que los productos colombianos porque el Estado venezolano los subsidia. Estas “exportaciones” son así otro sumidero de recursos para el país, no una fuente como en el resto del mundo.

Lógicamente, si la economía real acaba apoyándose en la producción pública de minerales y semejantes, resultará extremadamente sensible a los precios internacionales. Basta ver lo que ha pasado en el último año con el precio del petróleo, para entender por qué está el presidente buscando alguna salida para dar de comer a los habitantes (cualquiera menos la única que funcionaría: volver el suministro de alimentos seriamente al sector privado, y dejar al Estado la sola función de asegurar que ese sector sea competitivo y no oligopólico, tanto en producción como en distribución). También se explica por qué faltan muchos alimentos básicos en las tiendas de Venezuela, por qué hay colas para comprar comida y por qué está prohibido (con mucha vigilancia pero poco éxito) tomar fotos tanto en los supermercados como de las colas afuera de ellos.


Evidentemente, un gobierno socialista del siglo que sea si no consigue dar de comer a su población no puede considerarse exitoso, menos aún si tampoco consigue reducir el número de asesinatos por cien mil habitantes (36 veces mayor que la cifra española). Son de temer por ello novedades sociales en Venezuela, tal vez también políticas.

Si el lector está interesado en análisis independiente de partidos, los encontrará en la revista SIC del Centro Gumilla de los jesuitas en Caracas, que además ha reseñado amablemente la salida de entreParéntesis.

Tomado de: